{"id":330,"date":"2009-03-13T23:10:29","date_gmt":"2009-03-13T22:10:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=330"},"modified":"2009-03-13T23:10:29","modified_gmt":"2009-03-13T22:10:29","slug":"47-la-becaria-por-ulrika","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=330","title":{"rendered":"47- La becaria. Por Ulrika"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">Mariv\u00ed hab\u00eda tenido un d\u00eda de perros. Llevaba todo el d\u00eda dando vueltas con el coche, de la ciudad al puerto, del puerto al laboratorio, y vuelta a empezar.<!--more-->\u00a0Estaba harta de su jefe y de sus recados. A fin de cuentas a ella no la hab\u00edan contratado para eso. Hab\u00eda dejado el coche mal aparcado para recoger un paquete que deb\u00edan haberle entregado unas horas antes, pero que alg\u00fan empleado negligente hab\u00eda olvidado por descuido en una estanter\u00eda, raz\u00f3n por la cual Mariv\u00ed se hab\u00eda visto obligada a regresar, instada por su jefe quien, para colmo, la hab\u00eda reprendido severamente por no haber comprobado la primera vez que el env\u00edo estaba completo. Esa noche, como tantas otras, hab\u00eda adoptado la firme determinaci\u00f3n de presentar a la ma\u00f1ana siguiente su carta de renuncia. S\u00ed, pens\u00f3, eso har\u00eda, se despedir\u00eda y buscar\u00eda un empleo en donde fuese tratada como merec\u00eda. De todas formas su sueldo mileurista no le daba ni para la gasolina del coche. Pens\u00f3 que hab\u00eda cometido un error volvi\u00e9ndose de Alemania, en donde estuvo un a\u00f1o y medio, primero con una beca de investigaci\u00f3n y los \u00faltimos meses con un contrato en el Instituto de Biolog\u00eda Experimental. All\u00ed las cosas no le resultaron nada f\u00e1ciles, pero ahora, en ese preciso instante, se preguntaba si no estar\u00eda echando de menos su trabajo en el Instituto. Record\u00f3 la sensaci\u00f3n que le invadi\u00f3 el primer d\u00eda, cuando su avi\u00f3n aterriz\u00f3 en el aeropuerto de Frankfurt. Le hab\u00edan dicho que con su ingl\u00e9s podr\u00eda entenderse bien entre los alemanes. Y una mierda, pens\u00f3 al recordarlo. All\u00ed los alemanes odiaban hablar en ingl\u00e9s, o eso le parec\u00eda a ella, y la sensaci\u00f3n que ten\u00eda era que todos la miraban con recelo, con un aire de superioridad que le irritaba. No hay peor sensaci\u00f3n que llegar a un sitio donde sientes que todos te desprecian. All\u00ed mismo, en el aeropuerto, notaba que los nativos la examinaban como a una objeto raro, con una mezcla de desd\u00e9n y curiosidad. Su piel llamativamente bronceada, algo que en Espa\u00f1a hubiera generado, a lo sumo, la envidia de algunas amigas o conocidas, all\u00ed era, iron\u00edas de la vida, como lucir en la frente la insignia de paria extranjero. Nada m\u00e1s llegar al Instituto de Biolog\u00eda Experimental (Institut f\u00fcr Entwicklungsbiologie) tuvo serias dificultades para hacerse entender por la secretaria de la administraci\u00f3n, una teutona que parec\u00eda sacada de una \u00f3pera de Wagner y que la doblaba no s\u00f3lo en edad, sino en el tama\u00f1o corporal. Trat\u00f3 sin demasiado \u00e9xito de hacerse entender en ingl\u00e9s y, tras el tercer intento frustrado de comunicaci\u00f3n oral, recurri\u00f3 desesperadamente a la m\u00edmica y al lenguaje escrito. Para ello, gesticulando cuanto pudo y alzando absurdamente el tono de voz, le mostr\u00f3 a la valquiria que ten\u00eda sentada enfrente la carta con su credencial de becaria, esperando quiz\u00e1s que, al ver su nombre escrito, aquel prodigio de humanidad iba a adivinar por fin que ella era la nueva colaboradora que el doctor Von Plfanzen estaba esperando. Pero tras examinar atentamente el papel por el derecho y el env\u00e9s, la secretaria permaneci\u00f3 imperturbable, lo que irrit\u00f3 a\u00fan m\u00e1s a Mariv\u00ed, que ya no sab\u00eda qu\u00e9 pensar. Su dilema era dilucidar si aquella gorda rubicunda ten\u00eda las neuronas desgastadas por la menopausia o si simplemente le estaba haciendo la vida imposible ex profeso, como si, m\u00e1s que no entender lo que Mariv\u00ed estaba tratando de explicarle, fingiese no estar comprendiendo o, cuando menos, no se estuviera esforzando por hacerlo. Cuando ya estaba a punto de echarse a llorar, la fortuna quiso sonre\u00edrle y por la secretar\u00eda pas\u00f3 un empleado del Instituto que, al igual que ella, era espa\u00f1ol, y que se ofreci\u00f3 a ayudarla. Mariv\u00ed dio gracias al cielo y le pregunt\u00f3 ingenuamente c\u00f3mo se hab\u00eda dado cuenta de que ella era espa\u00f1ola, a lo que Roberto, que as\u00ed se llamaba el joven, le respondi\u00f3 con una sonora carcajada. \u201cAnda, ven conmigo y te presentar\u00e9 al director\u2026 Y m\u00e1s vale que vayas aprendiendo un poco de alem\u00e1n, o no lo vas a pasar demasiado bien\u201d. Y as\u00ed fue como comenz\u00f3 su andadura en el Instituto de Biolog\u00eda Experimental, con un director de beca cuyas primeras palabras de aliento fueron para decirle que olvidase todo lo que hab\u00eda aprendido en Espa\u00f1a, pues no le iba a servir de nada. Mariv\u00ed protesto, y trat\u00f3 de defenderse argumentando que sus estudios cubr\u00edan no s\u00f3lo la Licenciatura en Biolog\u00eda, sino que estaba realizando el doctorado, y que de hecho aquella beca formaba parte de su programa de estudios. \u201cS\u00ed, s\u00ed, s\u00ed -asinti\u00f3 el director al o\u00edrle decir eso- justamente lo que te estaba diciendo: olvida toda esa basura, no te va a servir de nada aqu\u00ed\u201d. No fue f\u00e1cil. Tuvo que aprender mucho en muy poco tiempo y el nivel de exigencia era muy alto. Cuando termin\u00f3 su periodo de aprendizaje, estaban satisfechos con ella y le propusieron quedarse, y ella firm\u00f3 el contrato pensando que a su vuelta, en Espa\u00f1a, se la rifar\u00edan y que tendr\u00eda un trabajo genial con un sueldo excelente. No pas\u00f3 mucho tiempo desde la firma de su contrato cuando le lleg\u00f3 una oferta de una empresa espa\u00f1ola, un laboratorio dedicado al an\u00e1lisis de residuos y control medioambiental. El trabajo no era demasiado interesante y el sueldo era m\u00e1s bien bajo, pero con todo y con eso, la mera posibilidad de regresar a Espa\u00f1a, y hacerlo por a\u00f1adidura en una localidad situada en plena costa mediterr\u00e1nea, le tent\u00f3 tanto que acab\u00f3 por renunciar a su trabajo en Alemania y prepar\u00f3 las maletas para regresar. Qu\u00e9 error, qu\u00e9 gran error, se lamentaba ahora. Pero claro, pens\u00f3, eso mismo se hubiese estado reprochando en Alemania de no haber aceptado la oferta de su empleo actual. Ya tendr\u00eda tiempo de buscar otra cosa, se dijo, mientras daba vueltas por una de las naves del puerto, esperando con impaciencia que le trajeran el encargo olvidado. Un instante despu\u00e9s lleg\u00f3 un empleado portando en un carrito el paquete, cuyo tama\u00f1o, dicho sea de paso, super\u00f3 ampliamente todas sus expectativas. C\u00f3mo se pod\u00eda haber olvidado de algo tan grande, pens\u00f3 con estupor mientras firmaba el albar\u00e1n de entrega, hecho lo cual, el empleado de turno se dio media vuelta sin molestarse en ayudarla a meter aquel bulto enorme en el maletero. \u201cYa no queda nadie con educaci\u00f3n\u201d, pens\u00f3 Mariv\u00ed con disgusto, mientras probaba a levantar en peso el paquete, para evaluar si podr\u00eda o no introducirlo ella sola en el maletero. En el intento, que logr\u00f3 llevar a cabo con alg\u00fan esfuerzo, tuvo la<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>mala fortuna de partirse una u\u00f1a. Despu\u00e9s de maldecir y patear el suelo tres o cuatro veces agitando la mano por el dolor, abri\u00f3 el maletero y casi seguidamente lanz\u00f3 un grito, apenas reprimido, por lo que encontr\u00f3 en su interior. Adentro hab\u00eda un hombre, un hombre negro que de hecho le pareci\u00f3 negr\u00edsimo, como el tiz\u00f3n. Joder, era lo que le faltaba para completar el d\u00eda: un emigrante ilegal que habr\u00eda estado deambulando por el puerto y ahora se le hab\u00eda colado en el coche, pero \u00bfc\u00f3mo lo hab\u00eda conseguido? \u00bfAcaso hab\u00eda olvidado cerrar las puertas? Y para colmo, pens\u00f3 con un cabreo incipiente, si el tipo aquel no sal\u00eda, no podr\u00eda meter el maldito paquete en el maletero. \u201cA ver, t\u00fa, Burundi, Bogambo, o como cuernos te llames -le espet\u00f3 con toda la mala leche que le sali\u00f3 del cuerpo-. Ya puedes salir de ah\u00ed echando hostias, que tengo que meter este jodido paquete. Y necesito hacerlo cuanto antes, que tengo que dejarle esta mierda a mi jefe y no quiero entretenerme ni un minuto, \u00bfme entiendes?\u201d. El hombre la miraba con cara de susto, pero no reaccionaba y no parec\u00eda dispuesto a apearse del maletero. Entonces comenz\u00f3 a hablar aturulladamente en un idioma ininteligible para Mariv\u00ed, que le dej\u00f3 at\u00f3nita. \u201c\u00bfPero qu\u00e9 co\u00f1o dices? \u00bfTe crees que puedes venir aqu\u00ed, a mi pa\u00eds, confundir mi maletero con un autob\u00fas y, para colmo, hablarme en bant\u00fa? \u00a1Sal de ah\u00ed ahora mismo y deja que meta el jodido paquete!\u201d, grit\u00f3 al tiempo que comenz\u00f3 a atizarle con su bolso. El pobre hombre sali\u00f3 del maletero cubri\u00e9ndose como pudo de los golpes y empellones y, una vez fuera, levant\u00f3 las manos como dando a entender que se rend\u00eda. Sin dejar de hablar, sac\u00f3 del interior de su camisa un papel arrugado, en el que hab\u00eda algo escrito, y se lo mostr\u00f3 a Mariv\u00ed. \u00c9sta, soliviantada, no pudo m\u00e1s y le grit\u00f3: \u201c\u00bfY ahora qu\u00e9 quieres, carajo, que lea eso? Pero, a ver, \u00bfc\u00f3mo esperas que entienda lo que dice ah\u00ed, desdichado? Anda, d\u00e9jame en paz y b\u00fascate a alguien de tu pa\u00eds que entienda tu lengua. \u00a1Menudo desgraciado est\u00e1s hecho! \u00bfPara qu\u00e9 vienes aqu\u00ed si no tienes ni idea de lo que te espera? \u00bfAcaso pensabas que con ese papel ro\u00f1oso se te iban a abrir todas las puertas?\u201d. Y mientras vociferaba de esta guisa, cogi\u00f3 el paquete, que con los nervios, se le escap\u00f3 y rod\u00f3 por el suelo. \u201c\u00bfHas visto? \u00bfHas visto lo que has conseguido?\u201d, chill\u00f3 con un tono de voz hist\u00e9rico. El hombre la miraba entre perplejo y cohibido, como entendiendo pero sin entender. T\u00edmidamente, sin decir una palabra, el hombre se aproxim\u00f3 para ayudarla a recoger el paquete y lo carg\u00f3 en el maletero sin demasiado esfuerzo; a continuaci\u00f3n se retir\u00f3 discretamente del coche, qued\u00e1ndose a unos pocos pasos de distancia, como si estuviese aguardando. Con el paquete ya en el maletero, Mariv\u00ed parec\u00eda m\u00e1s sosegada. \u201cVale, gracias por tu ayuda \u2013dijo abriendo la puerta del coche y mont\u00e1ndose en el asiento del conductor-, pero si lo que esperas mir\u00e1ndome as\u00ed es que te lleve a la ciudad, y que te invite a comer a mi casa, \u00a1pues no puedo hacerlo! \u00bfMe entiendes? \u00a1Nunca debiste venir aqu\u00ed!<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>\u00a1Ni siquiera yo deber\u00eda haber venido aqu\u00ed!\u201d. Arranc\u00f3 el motor con furia y lanz\u00f3 una \u00faltima mirada al hombre. Lo vio guardarse nuevamente el papel en el interior de la camisa. Por el espejo retrovisor le pareci\u00f3 ver las luces de un coche de la polic\u00eda, acerc\u00e1ndose. Aceler\u00f3 a fondo, deseando salir de all\u00ed cuanto antes. No se volvi\u00f3 para mirar atr\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 200%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\"><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mariv\u00ed hab\u00eda tenido un d\u00eda de perros. Llevaba todo el d\u00eda dando vueltas con el coche, de la ciudad al puerto, del puerto al laboratorio, y vuelta a empezar.<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=330\"><span>Continuar leyendo<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/330"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=330"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/330\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=330"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=330"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=330"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}