{"id":646,"date":"2009-04-06T15:24:55","date_gmt":"2009-04-06T13:24:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=646"},"modified":"2009-04-06T15:24:55","modified_gmt":"2009-04-06T13:24:55","slug":"115-el-servicio-por-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=646","title":{"rendered":"115-El servicio. Por Silencio"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 150%; font-family: Verdana;\">La ambulancia llega a la direcci\u00f3n desde la que se ha recibido la llamada. Diego la estaciona y baja con Raquel, su compa\u00f1era de turno, unos a\u00f1os m\u00e1s joven, con menos experiencia y mucho m\u00e1s habladora. El servicio se presume de transporte, contusi\u00f3n en la cabeza, es probable que deban trasladar al herido al hospital.<!--more--><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 150%; font-family: Verdana;\"><span style=\"mso-tab-count: 1;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/span>Suben las escaleras del rellano que conducen hasta el ascensor, de los pocos que perviven con las puertas de seguridad manuales. A trav\u00e9s del esqueleto de protecci\u00f3n lo ven llegar a planta baja, suben, el ascenso al segundo piso se inicia con una sacudida id\u00e9ntica a la que les despide cuando se detiene. La \u00fanica puerta del rellano se abre. Una mujer les recibe, edad indefinida que lo mismo pueden ser cuarenta que cincuenta, ropa de calle mal conjuntada, cabellos de un negro azabache artificial peinados con agua a prisa y corriendo, quiz\u00e1 una pasada de quita ojeras de \u00faltima hora. Est\u00e1 en la cocina, informa. Ha recuperado la conciencia. La casa huele a rancio, del z\u00f3calo de las paredes nace una capa de polvo que se eleva como restos calcinados de un peque\u00f1o incendio que hubiese afectado todas las habitaciones. En la cocina, el hombre est\u00e1 sentado en el suelo, manos sobre la cabeza y expresi\u00f3n de dolor. Un olor fuerte impregna el cuarto, desinfectante, no, es otra cosa. Por el suelo quedan restos de vidrios que han sobrevivido al barrido desesperado. Diego se sit\u00faa en cuclillas al lado del hombre, camiseta sin mangas, pantalones cortos, mirada vidriosa. Desde tan cerca el aroma a alcohol es inconfundible, es el mismo que mezclado con otros sabores menores cubre la cocina con el fantasma de la resaca. D\u00e9jeme ver. Aparta las manos manchadas de sangre y ve la brecha, poca cosa, un par de puntos, podr\u00eda haber sido peor. Qu\u00e9 ha pasado. Murmura algo imposible de descifrar. Qu\u00e9 ha pasado, repite Raquel a la mujer, pregunta que acciona un dispositivo apagado en su cerebro, es escucharla y abalanzarse sobre su marido, comenzar a golpearle, borracho, que est\u00e1s loco, que nos vas a buscar la ruina, te odio, ojal\u00e1 hubiese hecho caso a todo el mundo y me hubiese ido con Mario, como le pase algo te mato. El hombre aparta los golpes como si fuesen peque\u00f1os picores, moscas revoloteando alrededor de su cuerpo. No entiende ni escucha una palabra. Raquel, murmura Diego. S\u00ed, por supuesto, comprende ella. Vamos fuera. Cruza su brazo con el de la mujer y le da unas palmadas en la mano. Vamos fuera, estaremos m\u00e1s tranquilas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 150%; font-family: Verdana;\"><span style=\"mso-tab-count: 1;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/span>Se sientan en un sof\u00e1 desgastado del sal\u00f3n. Peque\u00f1as figuras por el suelo insin\u00faan que aqu\u00ed tambi\u00e9n puede haber habido una limpieza de \u00faltima hora. La mujer solloza sin l\u00e1grimas y Raquel espera a que se tranquilice mirando las fotograf\u00edas que descansan sobre una mesita, tres marcos en los que aparecen una pareja de ancianos, un chico de unos catorce a\u00f1os y un perro. La primera y \u00faltima parecen antiguas, no as\u00ed la del muchacho, mucho m\u00e1s actual. No encaja con el marco que la luce pues el fondo negro del interior de \u00e9ste aparece en el per\u00edmetro que cubre el cristal y contrasta con la pared blanca sobre la que est\u00e1 apoyado el muchacho. Es mi hijo. Es el mejor ni\u00f1o del mundo. Tiene un coraz\u00f3n que no le cabe en el pecho. Y no tiene las tragaderas de su madre, gracias al cielo. \u00c9l no pasa por lo que paso yo, no lo acepta, tiene un l\u00edmite que hace que su basta signifique basta. Jose se merece lo que le ha pasado. Cuando bebe m\u00e1s de la cuenta se vuelve agresivo, me pierde el respeto. De peque\u00f1o Mario lloraba y gritaba, poco a poco comenz\u00f3 a llorar en silencio hasta el d\u00eda en el que tambi\u00e9n dej\u00f3 de hacerlo. Pens\u00e9 que hab\u00eda pasado la fase de sorpresa y que hab\u00eda llegado al punto en el que, sin dejar de sufrir, aceptaba lo que pasara como algo inevitable, como una enfermedad peri\u00f3dica contra la que no existe medicina. Nada de eso. Uno de esos d\u00edas apareci\u00f3 corriendo en nuestro dormitorio y salt\u00f3 sobre su padre, ni dos palmos que levantaba del suelo contra una pared de hormig\u00f3n, del golpe mi \u00e1ngel sali\u00f3 disparado hacia el suelo y se golpe\u00f3 la nariz, c\u00f3mo sangraba, que ni sabia d\u00f3nde estaba y yo no pod\u00eda llegar a \u00e9l. Otro d\u00eda salt\u00f3 sobre su cuello, una defensa tan insignificante que al d\u00eda siguiente Jose ni recordaba lo que hab\u00eda pasado. Nunca recuerda nada. Sab\u00eda que esto acabar\u00eda pasando, ya se hab\u00edan enfrentado cara a cara en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Ten\u00eda miedo, no por m\u00ed, por \u00e9l, por los dos. Hoy ha llegado a casa, ni siquiera ha encontrado problemas, s\u00f3lo indicios de que acabar\u00edan pasando, se intuyen, se huelen desde la distancia. Una mirada, una manera de coger la botella. Mario lo ha notado nada m\u00e1s entrar, he de decir que ven\u00eda contento, le ha pasado algo en la escuela o la calle, no s\u00e9 el qu\u00e9, es muy reservado y nunca explica nada de lo que le ocurre fuera aunque yo no lo necesite para saberlo. Tampoco explica fuera lo que sucede en casa y as\u00ed su vida es una suma de piezas que unidas no forman ning\u00fan dibujo. Cuando ha visto a mi marido diciendo tonter\u00edas, aparentando ser, dif\u00edcil explicarlo, he visto con claridad la gota que se colmaba, que se deslizaba con delicadeza por el vaso del aguante de Mario, entonces algo, no s\u00e9 el qu\u00e9, algo le ha vuelto loco, quiz\u00e1 cuando ha visto que Jose me levantaba la mano, no creo que fuera nada, una mala interpretaci\u00f3n del gesto, se ha puesto a gritar, tirar cosas, golpear la pared. Le ha arrebatado la botella de la mano y se la ha estallado en la cabeza, mi marido que cae y yo que creo que le ha matado, a su propio padre, grito que qu\u00e9 ha hecho, me arrodillo a su lado, Mario a\u00fan de pie, sale corriendo, a la calle. Se ha ido. Nunca lo ha hecho, es un buen muchacho, noble, incapaz de hacer da\u00f1o a nadie. Esta fotograf\u00eda es de hace un mes, la \u00faltima que tengo de \u00e9l, tengo miedo, no quiero que sea la \u00faltima. Se lleva las manos a la cara. Llora. Se escuchan ruidos en la cocina. Raquel no sabe qu\u00e9 decir, mira la fotograf\u00eda, Mario de pie, brazos delicados cruzados, riendo con una naturalidad que contrasta con las mejillas sonrosadas que puede ser de cansancio o deberse a algo muy distinto. <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ambulancia llega a la direcci\u00f3n desde la que se ha recibido la llamada. 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