{"id":869,"date":"2009-04-14T23:10:23","date_gmt":"2009-04-14T21:10:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=869"},"modified":"2009-04-14T23:36:57","modified_gmt":"2009-04-14T21:36:57","slug":"159-bimensual-por-irian-jaya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=869","title":{"rendered":"159- Bimensual. Por Irian Jaya"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cartel relumbraba con chispazos de milagro, se alquila, un n\u00famero de nueve cifras, la ventana adornada con un marco reci\u00e9n pintado. <!--more-->Elisa se dio un garbeo por la manzana antes de llamar y encontr\u00f3 un coqueto supermercado repleto de descuentos y un quiosco con publicaciones de todos los colores imaginables. Necesitaba ubicarse por si acaso instalaba su nuevo domicilio en la zona. El hombre que le atendi\u00f3 al otro lado de la l\u00ednea desliz\u00f3 una voz engolada en el auricular, por supuesto, se\u00f1orita, la lisonja tapada por la extra\u00f1eza ciega de las caras. Quedaron en verse en el portal, llevo una perilla canosa y una corbata con lunas amarillas. A Elisa le hizo gracia la asonancia de la descripci\u00f3n y rememor\u00f3 a un profesor del instituto que les ense\u00f1aba la lista de poetas de principios de siglo como si se tratara de un equipo de f\u00fatbol, Gerardo Diego en el centro del campo con el ocho. Se tom\u00f3 un caf\u00e9 con un trozo de tarta de ciruela en un bar aleda\u00f1o para hacer tiempo. El peri\u00f3dico abundaba en noticias escabrosas de amantes despechados convertidos en asesinos natos, la crisis econ\u00f3mica destruyendo las esperanzas de miles de ciudadanos, la nieve ya en lontananza con visos de helor cotidiano. Mientras masticaba record\u00f3 la bronca monumental que hab\u00eda tenido la v\u00edspera con su jefe, Elisa, no estoy nada satisfecho con tu labor. La erre final, marcada hasta la saciedad por su acento de ogro encargado de domar al personal, augur\u00f3 una ristra de disgustos y los reproches se entusiasmaron con la tensi\u00f3n portentosa del instante. Se dijeron de todo. Elisa sali\u00f3 perdiendo y abandon\u00f3 su mesa de supervisora de una revista dirigida a adolescentes, los papeles recogidos con prisa cabizbaja, las pegatinas del ordenador arrancadas de cuajo por la ira que colonizaba su ser a toda pastilla.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Otro caf\u00e9, por favor, y la pachorra del s\u00e1bado de noviembre se remans\u00f3 entre el ocio de los parroquianos, un hormigueo peculiar en las venas de Elisa, el humo denso.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Adem\u00e1s del empleo tambi\u00e9n perdi\u00f3 el chollo del d\u00faplex que, a un precio irrisorio, compart\u00eda con la hija del jefe en pleno centro, es que, los puntos suspensivos de su compa\u00f1era entremetidos en un mont\u00f3n de excusas dictadas por su padre. Elisa meti\u00f3 sus enseres en un par de mochilas y se larg\u00f3 echando pestes sobre la falta de \u00e9tica de algunos espec\u00edmenes humanos, la rabia afincada en el felpudo de la entrada, el portazo escuchado en todas las buhardillas de los alrededores. Deposit\u00f3 los bultos en la consigna de la estaci\u00f3n de autobuses y se dedic\u00f3 a holgazanear a la caza de anuncios de particulares, las agencias descartadas de antemano, los comerciales con un quintal de filater\u00eda en los labios. Se plant\u00f3 en el portal a la hora de la cita y enseguida apareci\u00f3 un hombre frontero a la cincuentena con ojos de gato mont\u00e9s, la gorra moderna encajada en una testa de emperador romano, el traje hecho a media por alg\u00fan sastre de los de antes. De inmediato se quit\u00f3 los guantes y apret\u00f3 las falanges de Elisa con soltura, un gesto de alacr\u00e1n en las cejas, los dientes deslavazados por la erosi\u00f3n de la nicotina. Subieron en el ascensor min\u00fasculo hasta el cuarto y Elisa intuy\u00f3 el avance de una confusi\u00f3n d\u00edscola en su vientre, la saliva espesa, una mudez de tumba en el interior del habit\u00e1culo. La cocina estaba nueva, un fulgor de alhaja en el microondas, los radiadores instalados con destreza en los puntos neur\u00e1lgicos de la vivienda. Se notaba que el piso hab\u00eda sido reformado con gusto, un olor a espliego al correr la cortina del ba\u00f1o, la cama perfecta en la amplitud rectangular del dormitorio. Elisa se sinti\u00f3 algo cohibida al apoyarse en la dureza bas\u00e1ltica del colch\u00f3n. El casero blandi\u00f3 un visaje de comadreja encelada, la astucia parapetada en las hebras de su americana, este es el ropero, un armario de cerezo con dos docenas de perchas. Los cincuenta metros cuadrados parec\u00edan m\u00e1s por un sexteto de espejos colocados con exactitud, una monada para una mujer como usted, el tratamiento abombado al rebotar contra las esquinas de los tabiques. De entrada ninguno de los dos habl\u00f3 del precio, un secreto a voces en el eco de ambas inteligencias, la cuant\u00eda a buen seguro demasiado alta para Elisa. Al cabo tuvieron que recurrir al enojo irremediable de las cifras, los dos ceros expulsados del para\u00edso con celeridad de bofet\u00f3n, el semblante de la futura inquilina alargado hasta los tobillos.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El dinero no es un problema, y las palabras huyeron a la desbandada por los arabescos de la escayola, la calle envalentonada con el tr\u00e1fico sabatino, la vor\u00e1gine navide\u00f1a a punto de explotar en los t\u00edmpanos de Elisa.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hombre se explay\u00f3 con an\u00e9cdotas de su vida sin venir a cuento. Llevaba una existencia amparada en el refugio de poseer varios inmuebles en la ciudad, un personaje habituado a vivir de las rentas, la camisa planchada con primor por alguna sirvienta de lomos sumisos. Elisa no pod\u00eda dejar de pensar en el montante, ochocientos euros, una barbaridad inalcanzable para la exig\u00fcidad de su subsidio de desempleo, la tristeza aplatanada en su cuello de s\u00edlfide treinta\u00f1era. Las explicaciones masculinas se apelotonaban aburridas en un tr\u00e1fago de mil demonios, pero Elisa apenas prestaba atenci\u00f3n a la cascada infinito de detalles, la mente concentrada en pulir las asperezas del importe del alquiler, la angustia alborotada en su fuero interno. Se sentaron en un sof\u00e1 cama que reinaba en el sal\u00f3n, por si tiene invitados, un desliz procaz en el uso del usted, la calidad del aire rayada por un trazo de lujuria. Elisa hinc\u00f3 su turbaci\u00f3n en el nido de los cojines y esper\u00f3 el riesgo del regateo, la alfombra acogedora con sus motivos de flores encarnadas, la l\u00e1mpara con la tulipa decorada con eses tenues. Al final el hombre se acerc\u00f3 al perfil milim\u00e9trico de su silueta y zanj\u00f3 la situaci\u00f3n con una frase cordial, si t\u00fa quieres. La novedad del tuteo se regode\u00f3 con una alternativa a la crudeza de los n\u00fameros, podemos vernos un par de veces al mes, la oferta enjaulada en una c\u00e1rcel de barrotes inmisericordes. Elisa recul\u00f3 con aspavientos hacia un territorio m\u00e1s digno de confianza, pero qu\u00e9 se ha cre\u00eddo, se\u00f1or, el matiz de la entonaci\u00f3n subyugado por la proximidad del tipo, un no rotundo, construido con un cemento de renuencia f\u00e9rrea. Se despidieron sin que el hombre insistiera. La ausencia de acuerdo merm\u00f3 el apret\u00f3n de manos, la puerta blindada del piso con cuatro vueltas de seguridad a prueba de bombas, el tesoro extraviado por el momento detr\u00e1s de la nuca de Elisa.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si cambias de opini\u00f3n, ll\u00e1mame, y al entregarle la tarjeta le roz\u00f3 los nudillos, una centella invisible en el azul del mediod\u00eda, las campanadas de una iglesia vecina con rigor de misa.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Elisa lo vio alejarse. El l\u00e1piz de la conciencia bosquej\u00f3 espejismos en su seso y se imagin\u00f3 bajo las s\u00e1banas aferrada a aquellas espaldas fornidas, la mand\u00edbula con regusto a caf\u00e9, un interrogante en la tersura jovial de su cuello. Se hab\u00eda separado de su novio hacia m\u00e1s de un a\u00f1o y desde entonces acaparaba un vac\u00edo de anestesia en las ingles, la victoria de la abstinencia encopetada, los amigos de mentirijillas con intentos lascivos en cuanto quedaban para tomar una ca\u00f1a. Recogi\u00f3 sus cosas de la estaci\u00f3n de autobuses y se aloj\u00f3 en un hostal de una estrella. La se\u00f1ora, con la mosca detr\u00e1s de la oreja, inquiri\u00f3 con disyuntivas insidiosas, estudias o trabajas, la pregunta trufada de recelos por lo bajines. Cen\u00f3 un men\u00fa de sopa de fideos y platusa rebozada en un restaurante del barrio, la televisi\u00f3n con alaridos de pantera moribunda, una decena de ancianos con la barbilla hundida en el maremagno de los platos. Al observar el contorno de comensales Elisa sinti\u00f3 la punzada de la soledad y su coraz\u00f3n se arrug\u00f3 con una melancol\u00eda de felicidad pret\u00e9rita. Durmi\u00f3 mal, la antig\u00fcedad del somier con relinchos de rocinante, las pesadillas entretejidas con el vaiv\u00e9n de la almohada. Se despert\u00f3 con un desierto en la lengua, una especie de resaca barriobajera en la garganta, el agua del grifo del lavabo comunitario con sabor a cloro viejo. Se visti\u00f3 y fue al banco, la contrase\u00f1a marcada con desgano en el cajero autom\u00e1tico. El saldo se amustiaba \u00ednfimo en el papel alabeado, la penuria gruesa hasta que llegara la primera transferencia del paro, el futuro ennegrecido a marchas forzadas. Se vio pernoctando en el hostal a perpetuidad y una llantina de jabalina herida se apoder\u00f3 de su rostro, la belleza robada, el hipo contumaz. La monoton\u00eda se enredaba en la b\u00fasqueda infructuosa de una ocupaci\u00f3n, los escaparates de las empresas de trabajo temporal atestados de ofertas rid\u00edculas, el vaticinio trunco. Por las noches, harta de patear las calles con su curr\u00edculo a cuestas, fantaseaba con viajes ex\u00f3ticos y placeres prohibidos, pero la verdad se tatuaba impepinable en las grietas del techo del cuarto. La desaz\u00f3n de Elisa crec\u00eda oronda mientras escuchaba a la patrona parti\u00e9ndose el eje con los chistes de un gordo pelirrojo al otro lado de la pared. Tras un par de semanas, difuminadas en el horizonte de su existencia sin apenas darse cuenta, termin\u00f3 telefoneando al casero.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Te lo puedo dejar en trescientos, si t\u00fa quieres, y el tuteo combinaba la picard\u00eda con un tono de gara\u00f1\u00f3n, Elisa rendida a las evidencias, la indecisi\u00f3n azotada por el l\u00e1tigo de las dudas.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Elisa daba vueltas y vueltas a la proposici\u00f3n en el duermevela de las albas, el porvenir temeroso, si t\u00fa quieres. La frase le sonaba a Elisa a melod\u00eda propia de un padre responsable. Pens\u00f3 en el suyo, en los juegos de la oca que hab\u00edan compartido en las tardes eternas del invierno, en la recompensa de los besos, en la sinceridad de la risa paterna. Su nostalgia se balanceaba en columpios de trenzas con lazos violetas, la carest\u00eda anquilosada en la tosquedad del presente, la incertidumbre tenaz. El tiempo corr\u00eda velos de pesadumbre sobre el d\u00eda a d\u00eda mientras Elisa se apalancaba en una indolencia de vaca. Llam\u00f3 al casero otra vez y a la postre silabe\u00f3 un s\u00ed t\u00edmido, arrollado en la espuma del sof\u00e1 cama que le aguardaba en su nueva casa. Quedaron y sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos firmaron un contrato entre particulares en el registro de la propiedad. El empleado, sorprendido al cotejar la cuant\u00eda del alquiler con los metros cuadrados y la ubicaci\u00f3n del piso, balbuce\u00f3 un ejem e iz\u00f3 la frente de la cuadr\u00edcula de los datos. Supuso que se hallaba delante de un mecenas apiadado de la muchacha, de un favor personal, de todo un se\u00f1or, pero enseguida se amorr\u00f3 sobre la caligraf\u00eda de sus obligaciones. Despu\u00e9s de las r\u00fabricas Elisa y el casero subieron en el ascensor sin tocarse. Un silencio de confesionario tronaba en la b\u00f3veda de sus bocas, ella inc\u00f3moda, \u00e9l atando cabos en su cerebro de macho. Levantaron las persianas y una luz decembrina penetr\u00f3 a raudales en las habitaciones, los rodapi\u00e9s atentos a las vicisitudes del encuentro. La letra peque\u00f1a se hizo grande en un periquete y ambos adoptaron la postura d\u00f3cil de la urbanidad, el arrepentimiento crucificado en el titubeo del alma femenina, un ardor de guerrero en el perineo viril.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ll\u00e1mame Ambrosio, y Elisa se tumb\u00f3 en la cama con la ropa puesta, las ganas fl\u00e1cidas, su pensamiento naufragado en el compromiso bimensual que acababa de adquirir.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cartel relumbraba con chispazos de milagro, se alquila, un n\u00famero de nueve cifras, la ventana adornada con un marco reci\u00e9n pintado.<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=869\"><span>Continuar leyendo<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/869"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=869"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/869\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=869"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=869"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=869"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}