{"id":883,"date":"2009-04-14T23:46:51","date_gmt":"2009-04-14T21:46:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=883"},"modified":"2009-04-14T23:46:51","modified_gmt":"2009-04-14T21:46:51","slug":"161-la-ingravidez-de-los-heroes-por-puzzle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=883","title":{"rendered":"161-La ingravidez de los h\u00e9roes. Por Puzzle"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\"><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>Los soldados esperan la se\u00f1al con la respiraci\u00f3n ansiosa. La noche y la tormenta de agua que golpea sobre sus cascos met\u00e1licos les impiden ver con claridad el entorno. <!--more-->El coraz\u00f3n late de prisa, palpita y resuena con violencia en sus cabezas. La sangre bulle, fluye veloz a trav\u00e9s de unas venas hinchadas. Los m\u00fasculos contra\u00eddos como rocas, las manos aferradas a su arma. El terror grita silencioso en sus rostros p\u00e1lidos de mirada impaciente. \u2013Adelante- Grita Marcus con el rifle en alto rompiendo el silencio de la noche. A todos les suena a despedida, pero saltan de su posici\u00f3n, toda la tensi\u00f3n contenida estalla en un grito de guerra o de miedo y avanzan. Avanzan hacia la oscuridad entre balas silbantes en el aire, serpientes luminosas que zigzaguean. Salen como animales de sus madrigueras, corren inconscientes bajo la lluvia como insectos amenazados entre el fuego cruzado del enemigo. Sus cuerpos se desplazan torpes, como en una pesadilla, entre el barro que engulle sus botas gastadas y los cuerpos heridos de quienes son alcanzados. El agua, las balas, los gritos les dejan sin mirada, tan solo avanzan hacia una nueva posici\u00f3n, pisando cuerpos, saltando alambradas, siempre en direcci\u00f3n a unas luces hostiles en el horizonte. La muerte huele, huele a tierra h\u00fameda, fuego, p\u00f3lvora y metralla quemada. Hombres que corren sin nombre encomendados a su suerte, sin prestar atenci\u00f3n al ob\u00fas indiscriminado que explota a su lado, o al grito partido que se difumina en la noche. Corren despavoridos, como si escaparan en lugar de avanzar, son h\u00e9roes que huyen de la muerte, huyen de ese impacto seco que les derribar\u00eda sobre la tierra, esos impactos que van sembrando el campo de batalla de h\u00e9roes, h\u00e9roes imberbes vencidos antes de regresar a casa. <span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\"><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0<\/span><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span>Algunos han alcanzado un destino propicio para detener la marcha, una trinchera que el enemigo abandon\u00f3 en su retirada. El fuego se calma. Extenuados se dejan caer sobre las paredes de tierra h\u00fameda bajo una noche cerrada y lluviosa. Sus cuerpos son una mezcla de sudor, sangre, y barro, sus caras est\u00e1n descompuestas por la respiraci\u00f3n entrecortada que se escapa entre sus labios, los ojos cerrados como mirando muy dentro, y una pel\u00edcula de agua que les recorre el rostro hasta gotear pausadamente desde la barbilla. No hay medicinas ni v\u00edveres, y el tiempo hace d\u00edas que se detuvo. Tan solo queda esperar a ma\u00f1ana y volver a avanzar, volver a correr entre la oscuridad de la noche y las balas, y sortear a la muerte un d\u00eda m\u00e1s. Son h\u00e9roes aunque no lo deseen, h\u00e9roes hambrientos y debilitados, h\u00e9roes con pies de barro. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\"><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0\u00a0 <\/span>La luz temprana y brillante del alba les despierta. El d\u00eda ha amanecido claro y luminoso. El oficial de mayor rango comienza el recuento. Nombra en alto a sus hombres. Sus voces como si se escaparan del propio aire se escuchan desde diferentes lugares. El oficial repite algunos nombres con insistencia, pero ya no responde Marcus, ni Alan, ni Jan, ni muchos m\u00e1s, y un silencio pesado cae ante cada respuesta que no llega. No hay l\u00e1grimas, sus emociones est\u00e1n secas, llevan dos semanas perdiendo compa\u00f1eros. Las bajas diaria se ha convertido en una rutina con la que convivir entre la lluvia, el fr\u00edo, la artiller\u00eda del enemigo y el miedo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 200%; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 10pt; line-height: 200%; font-family: Verdana;\"><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0\u00a0 <\/span>Mantienen su posici\u00f3n durante el d\u00eda, esperando la noche, esperando a la muerte. Algunos hablan con ellos mismos, con una foto, una carta, o con un recuerdo, como conoci\u00e9ndose, como record\u00e1ndose, que lejos quedan los cercanos d\u00edas de la universidad, los atardeceres en la colina, la reuniones familiares de Navidad, los besos en el puerto. Otros gritan de dolor por un miembro herido y sangrante, o de horror por un alma suicidada. Antes de caer del todo el sol llega un comunicado. El oficial de mayor rango va a informar al resto, pero su rostro se torna p\u00e1lido antes de hacerlo. Deja caer el papel sobre la tierra mojada, y se deja caer \u00e9l mismo, como si al fin esa bala que ten\u00eda reservada le hubiera impactado sobre su pecho. Otro soldado pr\u00f3ximo a \u00e9l recoge el papel. El comandante en jefe del estado mayor informa que la guerra ha finalizado, se ha firmado una paz beneficiosa para todos, les da la enhorabuena a todo el regimiento, que recibir\u00e1 la condecoraci\u00f3n merecida por su esfuerzo encomiable en el frente. El comunicado est\u00e1 fechado cuatro d\u00edas atr\u00e1s.<span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0 <\/span><span style=\"mso-spacerun: yes;\">\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0 Los soldados esperan la se\u00f1al con la respiraci\u00f3n ansiosa. La noche y la tormenta de agua que golpea sobre sus cascos met\u00e1licos les impiden ver con claridad el entorno.<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/?p=883\"><span>Continuar leyendo<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/883"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=883"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/883\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=883"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=883"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/6certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=883"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}