Ella sabía que iniciaba su acto sexual desde el momento en el que juntaba los ingredientes para preparar los platos que tanto le gustaban a Jesús.
La gente se sorprendía al verla pues era la gorda más gorda de todas las gordas con unos senos que se escurrían entre tanta grasa, sus enormes glúteos no entraban en las sillas. Era una gorda tan blanca que iluminaba un cuarto oscuro, de piernas rollizas y cara realmente hermosa. Era tierna como las gordísimas muñecas que habitaban su alcoba, pero además de su ternura, la gorda llevaba escondida a una meretriz, se llama María como la virgen, aunque de virgen tenía sólo el nombre, pues desde chica había padecido el síndrome de “vagina pública”. Dicho síndrome se experimenta desde temprana edad y en su caso los primeros síntomas se presentaron en el jardín de infancia, cuando en el receso escolar, detrás del parque, los pequeños amiguitos de María hacían fila para divertirse tocándole la vagina y lamiéndole con la lengüita el clítoris. Antes de iniciar sus tertulias infantiles, ella se iba calladita al baño, se quitaba la pantaletica y se la ponía a su gordita muñeca. Con estas experiencias experimento sus primeros orgasmos y así fue aumentando su deseo. María creció y se fue transformando en la gorda más bella de su barrio, comenzó a ser conocida en secreto por algunos jóvenes practicando con ellos las extrañas posiciones que veía en las películas que tomaba prestadas del cuarto de su padre, también espiaba a sus vecinos que follaban como conejos. Ella aprovechaba espiar todo acto sexual por más insignificante que pareciese . María tenía sexo con muchos, María se besaba con muchos, María atacaba a muchos, María se masturbaba mucho, de esta forma descubrió algo sin querer y queriendo, descubrió que ella, a través de su pasión por comer, podía atraer al único hombre que deseaba en su lista sexual, un joven llamado Jesús, bendito sea Jesús ya que era el único chico que no había caído en esos rollos y curiosamente era el chico que mas deseaba. No era amor lo que ella precisaba obtener, era sexo y sólo sexo su meta. El amor era un sentimiento muy banal que la desconcentraba de su objetivo de vida que no era otro que estar en un orgasmo eterno.
María estudiaba su secundaria en el colegio de las Carmelitas. Las monjitas la iniciaron en su falsa fe y la introdujeron al ayuno como acto de humildad y oración, acto que a su vez ella fingía ante ellas y al mínimo descuido de las monjitas ella se metía al cuarto de las hostias y robaba paquetes enteros para comerlas con mermelada.
Su primera vez ocurrió en ese mismo cuarto de hostias, con un sacerdote, a quién sedujo luego de la misa ofrecida a nuestra santísima virgen María. En ese colegio existía una delgadita chica compañera de su Jesús, esa flaca lo seducía en la clase y además lo acosaba echando por la borda sus deseos de tentarlo hacía ella pero la gorda Maria no lo iba a permitir.
Un día, María logra acercarse por primera vez a Jesús y pedirle el número de teléfono para invitarlo a comer a casa. Semanas enteras pasó la gorda María preparando postres y cuanta receta veía en el canal de cocina para ganarse a Jesús. Aprovechando las horas de ausencia de sus padres la gorda iniciaba sus tertulias con Jesús en casa preparando grandes banquetes. Durante 39 días no cayó en la tentación pero al día 40 logró ceder a la grasosa María quién luego de terminar de comer le robó al papá una botella de vino sirviéndole una copa a Jesús con la perfecta excusa de bajar la comida. De este modo Jesús, repleto de tanta comida, terminó por beberse la botella entera que María le brindo; luego del vino, María, sin dudarlo, se sacó una teta “accidentalmente” para provocar al embriagado Jesús a quién le tomó la mano y la metió en su blusa. Jesús respondió, al mismo tiempo, metiendo su otra mano debajo de la falda y tocándole compulsivamente el clítoris. La vagina de María se inundó de placer y Jesús no pudo ni siquiera reaccionar ante el diluvio cuando ya estaba siendo desvestido por la obesa María quién le succionaba el pene. Como ternerito alimentándose de la vaca ella se alimentaba de ese jugo de placer y sentía como ese monstruo crecía en su boca, por fin lo había logrado y deseaba incluso morir asfixiada por ese bello monstruo, seria todo un suceso en el barrio que la gente se enterara de esa muerte tan envidiable. Cuando la gorda chupaba el chico respiraba acelerada y ruidosamente a punto de morir infartado. El olor y el sabor de semejante miembro era la segunda cosa más buena que experimentaba (la primera era comer). La gorda María deseosa admiraba a su vez la ropa interior destilada de semen bajada ya hasta los tobillos. Llevando al chico hasta su cuarto lo lanzó a la cama y sin pensarlo comenzó a hacerlo suyo, tomó su pene y ella misma se lo metía y sacaba compulsivamente; el sonido de la penetración la excitaba y mojaba aun más. Ella ejercía una succión con su vagina fundiendo el pene de Jesús en ella.
Bendita tú eres María, bendita tú eres siendo reina de ese encuentro calculado ávidamente, de este modo se cerraba el pacto sexual entre la gorda y el bello Jesús que al día 40 cayó en tentación eyaculando excesivamente y bañando por dentro a María con sus múltiples emanaciones. María lloraba de placer sintiendo ese semen caliente y bendecido por la santísima eyaculada, Jesús a su vez estaba pensando que vagina es vagina fuese gorda o delgada y supo desde ese día que tendría disponible una generosa vagina que se abriría de vez en cuando para él y a una gorda que seguiría preparándole deliciosos manjares pues a fin de cuentas estaba gozando de dos de los mejores placeres de la vida , comer y fornicar y pensándolo un poco, también puede decirse que las dos cosas, comida y pene, entran. Jesús poseía una relación excitante y carnal, sin el molesto amor que le exigían las chicas delgadas. Dio gracias por haber cedido a los deseos carnales de la gorda María que en ese preciso instante celebraba con un orgasmo y con otro orgasmo y con otro orgasmo más su triunfo. Desde ese día y los que le siguieron llegaba a la secundaria como la más bella de todas, riéndose en la cara de las chicas delgadas, quienes extrañadas, no entendían el significado de la risita tonta de la gorda que se contoneaba con sus rollos, muerta de risa, sabiendo que se comía al chico mas delicioso de toda la secundaria mientras se decía para sus adentros, MARIA LLENA ERES DE GRASA BENDITA TÚ ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES Y BENDITO LOS PLATOS QUE LE DAS A JESÚS.