- 7 Certamen de Narrativa Breve 2010 - https://www.canal-literatura.es/7certamen -

120- Gatillazo. Por Neopatafísico

  No es que esté de rodillas, es que soy así. Podéis decir que soy bajito, enjuto o pequeñito porque la verdad es que no supero el metro y medio. Esta esbeltez innata está acompañada de unas grandes orejas, una ceja que subraya ambos ojos y un pelo seco y sin brillo y diréis, ¡qué adefesio!. Pues no, al vivir aquí donde todo el mundo es igual ser un poco diferente tiene sus ventajas. No es por dármelas de Don Juan pero soy todo un experto en las artes amatorias. Os preguntaréis de dónde vengo, no os preocupéis, no hay mucho que decir de mi tierra ya que no conozco cuáles son sus límites. Un bloque de hormigón, otro igual, una foto de mi Rey, otra en la que posa sonriendo con el buzo de obrero colocando unos ladrillos; en  aquella esquina aparece disfrazado de médico auscultando con un estetoscopio a un niño que también sonríe. Sí, el Rey está en todos  lados, menos en la sopa, porque no hay sopa. Comemos arroz, y arroz, pero sólo cuando hay, que no es siempre. ¡Qué os creíais!, en sus celebraciones donde todos agitan sus abanicos y se disponen formando sus iniciales, ¿todos fingen una sonrisa?, es que estamos estreñidos de tanto comer arroz, podrían sustituirlo por un poco de fibra. Trabajo, porque estudiar, lo que se dice estudiar, poco. Lo único que sé es que nuestro Rey luchó contra dragones y escorpiones, mató a magos y a ladrones y rescató princesas que agonizaban en lúgubres torreones; no es que sea poeta, eso ponía en mis libros de historia. Como veis, mi Rey es todo un héroe. Yo, como no puedo matar más que  chinches, me dediqué a colarme por tuberías para limpiar nidos de pájaros, fui jockey en las carreras celebradas en el cumpleaños del monarca y ahora soy hombre-bala. Nunca me gustó el circo, pero como vivo desde siempre en uno, no bajo una carpa, sino bajo  nuestra bandera, te acostumbras. Realmente mi sueño era ser actor, y acompañar a Jackie Chan en todas sus hazañas, como su fiel escudero, que dos rubias de curvas voluptuosas me apretaran contra sus pechos y reñir a mis sirvientes porque mi bañera no tiene la temperatura adecuada ¡Eso sí que es vida!. Me habré visto esa película doscientas mil veces, mejor que las que echan en el cine, que una tras otra narran lo genial que es el Rey; ustedes qué creen… Mi último empleo no lo elegí al azar, es que no cabía nadie más en el cañón, es broma, lo que yo quiero es escapar de esta mierda. No sé de álgebra ni de aritmética, pero si mis estudios sobre velocidad, masa y peso son adecuados, esta noche conseguiré abrazar la libertad que se teñirá en esas dos rubias de mis sueños.

   Ya oigo al presentador hacer los honores. El foco iluminará al Rey y la Reina, todos se levantarán y aplaudirán. Durante el espectáculo los asistentes apretarán sus dientes, algunos sí que lo harán por miedo al Rey, pero la mayoría por el dolor de sus hemorroides, fibra es lo que queremos. Un poco nervioso sí que estoy, no siempre uno intenta escapar de un régimen férreo de esta manera. Los peones están moviendo el cañón para colocarlo en el centro de la pista. Es un viejo tubo oxidado decorado con las insignias del país, y como no, la cara del Rey.¡ La cara que se le va a quedar cuando me vea escapar!.

   Me metí en el cañón y oí cómo el presentador exageraba lo complicado del número, en realidad no tiene ninguna ciencia. El Rey se levantó aplaudiendo tímidamente siendo acompañado tras de sí por todo el gentío. Yo en la oscuridad sólo repetía 35º Sur, que era la graduación exacta, no se podía mover ni un centímetro. La noche anterior había marcado con una cinta adhesiva el lugar donde debía ser ubicado el artilugio. Espero que los peones no hayan sido unos ineptos. Todos expectantes, y yo acongojado, sólo me tranquilizaban los senos de esas rubias teñidas. Tres, dos, uno… el presentador encendió la mecha y, ¡pum! salí disparado.

   Volé por encima de todos y las gafas del Rey se cayeron de tanto voltear la cabeza. La gente no daba crédito a aquel espectáculo, parecía que me hubieran puesto un propulsor en los pies. Avanzaba más y más. Dejé atrás el circo y entre la penumbra yo me abría paso como una estrella fugaz. Debajo de mi se veía la verja que nos separaba de nuestros vecinos. Fue allí donde mi fuelle se acabó y caí en unos matorrales. La guardia fronteriza vino a mi encuentro. Rápidamente acudió un séquito de periodistas que no hacían más que alboroto, pues no entendía ninguna pregunta. Dos rubias me acogieron en sus senos y me mesaban el cabello, a pesar de no tener brillo, no existen acondicionadores en mi país. ¡Pobrecito! me decían ellas. Las rotativas del mundo entero pondrían mi foto en todos los periódicos, lo que iba a enfadarse el Rey. Incluso recibí una llamada del agente de Jackie Chan para que hiciera un cameo en una de sus películas… ¡ Esto es increíble!.

   Obviamente nada ocurrió así ¡Ojalá! Realmente salí expulsado a toda velocidad, pero los 35º debieron convertirse en 75º, porque acabe estrellado en el palco presidencial, arrojando conmigo todas las bebidas sobre el Rey y su Señora. No había visto esa cara  en ninguna de sus fotografías. Yo me acurruqué en el suelo y me agarré a los pies de la Reina. Le vi alzar la mano, eso sólo significaba pena de muerte. Temblaba todo mi cuerpo. ¡Con lo guapo que soy! ¡Morir tan joven!, eso es lo que pensaba yo. Miraba como un corderito degollado a la Reina. Ella se levantó y bajó la mano de su marido. Le susurró algo al oído.

   No me impusieron pena de muerte, sino ser el Gato Real de sus Majestades. He pasado de ser hombre-bala a hombre-gato tirado y jugueteando por todas las alfombras del Palacio Real. Cuento chistes en  presencia de la Reina e incluso me deja dormir a su lado si ronroneo. Me acarician como si fuera un felino, y ya voy bien al baño, ahora me dan golosinas. Y lo más divertido de todo, estoy aprendiendo nuevos idiomas, aunque aún sólo he aprendido tres palabras: Champán, Caviar y Jacuzzi.