¿Y cómo te lo vas a poder creer si nadie puede meterse en la mente ajena y menos aún en una que funciona de otra manera? Pero, de acuerdo con lo que dicen los expertos sobre el mundo autista, me parece un buen intento. Suerte, Guillem.
Si ya de por sà es difÃcil transmitirle a un narrador «normal» lo que imagina el autor de un relato, tratar de ponerle voz a un autista es tan arriesgado que lo único que se consigue es incredulidad.
Pero no se desanime, porque el mercado editorial está plagado de iluminados narrando ese túnel oscuro con una luz al final que nos llama a media voz. Y encima hay quien logra hasta venderlo.
Dulce, dulce dulce.
Mucha suerte
He de suponer que su historia intenta reflejar el pensamiento de un niño autista, y lo malo es que no llego a creérmelo…
Suerte.
¿Y cómo te lo vas a poder creer si nadie puede meterse en la mente ajena y menos aún en una que funciona de otra manera? Pero, de acuerdo con lo que dicen los expertos sobre el mundo autista, me parece un buen intento. Suerte, Guillem.
Si ya de por sà es difÃcil transmitirle a un narrador «normal» lo que imagina el autor de un relato, tratar de ponerle voz a un autista es tan arriesgado que lo único que se consigue es incredulidad.
Pero no se desanime, porque el mercado editorial está plagado de iluminados narrando ese túnel oscuro con una luz al final que nos llama a media voz. Y encima hay quien logra hasta venderlo.
Con lo complicado que es contar una historia con una voz directa y verosÃmil, estos experimentos deberÃan reservarse para segundas opciones, quizá después de haber llegado un par de veces a la final de un concurso regional y con el halo de estrella que le permita banalizar sobre casi todo.
Aproveche esa buena mano que tiene para las descripciones y escriba algo más cercano y creÃble. Seguro que merecerá la pena leerlo. Yo lo harÃa.
Saludos
original, eso sÃ. a guillem habrá que agradecerle la invención de una palabra: «nomeacostumbro»
Esa palabra la inventé yo. la que guillem inventó es «meacostumbro»
Cuando uno se mete en una guerra lo menos que puede hacer es ganarla. Este cuento es una guerra contra la lógica de la fabulación, ya que el protagonista-narrador reflexiona en base a planteamientos sensitivos digamos que tirando a heterodoxos (no entro en si autista, psicótico o sencillamente superdotado, porque no lo sé).
Entiendo que la guerra la gana el autor. La estrategia, de manual. Harina de otro costal son los muertos y heridos dejados por el camino.