Mi relato apunta a ironizar sobre la fábula de âLa cigarra y la hormigaâ, tomando como base los errores de concepto del relato tradicional.
1) El ciclo biológico de la cigarra no le permite llegar viva al invierno como insecto adulto.
En principio, la ironÃa del relato se fundamenta en el âdescargoâ que hace la propia cigarra de que ninguna de su especie habrÃa podido ser jamás la protagonista de la fábula por razones biológicas objetivas. De paso, previene a su propia hija (la ninfa o pupa) para que no crea las mentiras que se dicen sobre su raza y familia.
En efecto, el ciclo biológico de la cigarra determina que no pueda superar el otoño en estado adulto, por lo que es absolutamente cierto que ninguna podrÃa morirse de hambre en invierno ni desplazarse hacia la boca de un hormiguero para pedir nada. Las cigarras subsisten en invierno en estado de pupas o ninfas dentro de cuevas al pie de los árboles, circunstancia que les garantiza alimentos y abrigo. Las adultas de la generación anterior ya murieron por vejez en otoño; no por frÃo ni por hambre.
La respuesta objetiva es simple: Si nuestra antepasada nunca pudo llegar viva al invierno, entonces toda la fábula es una mentira Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
2) De ser cierta la fábula, las cigarras hoy dÃa ya se hubieran extinguido.
Otro argumento objetivo y contundente es: si nuestra antepasada murió de hambre por cantar y haraganear en verano, ¿cómo no le ocurrió lo mismo al resto de sus contemporáneas que hicieron exactamente lo mismo? Y, de ser asÃ, ¿cómo entonces no nos hemos extinguido hace milenios?
La respuesta objetiva es simple: Dado que no nos hemos extinguido, entonces toda la fábula es una mentira Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
4) La propia historia de la literatura muestra que la cigarra tiene razón.
El origen de esta fábula se encuentra en Jean de la Fontaine (1621-1695), quien a su vez se inspira (pero a medias) en otra muy anterior de Esopo (c. siglo VIII a JC). Pero Esopo usó como modelo a un escarabajo, no una cigarra.
Luego, el argumento tácito es claro: si fuera cierto que las cigarras siempre fuimos tan haraganas, ¿cómo puede ser entonces que los humanos se hayan percatado de esto hace apenas unos siglos?, ¿cómo no lo vieron desde hace milenios?
La respuesta objetiva es simple: Si durante milenios, los humanos jamás nos vieron como haraganas, entonces toda esta fábula ârecienteâ es una mentira. Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
5) La fábula equivale a un juicio que aplica una sentencia injusta, pues se basa en argumentos subjetivos, no en pruebas objetivas.
En mi relato, la cigarra entiende que su raza fue llevada a juicio. De hecho, la fábula original es una metáfora contra el haragán (la cigarra) y a favor del industrioso (la hormiga), por lo que hay mucho de sentencia en el asunto, algo asà como un juicio contra la cigarra. Desde su punto de vista, la mala fama que le hicieran a su tata-tatarabuela habrÃa manchado de manera infame la reputación de todas las de su especie hasta hoy dÃa.
Pero EN UN JUICIO, LO QUE CUENTAN SON LAS PRUEBAS OBJETIVAS, no las subjetivas. Si alguien acusado de un hecho ilÃcito o inmoral logra probar que no estaba ni en el lugar ni al momento del hecho, sencillamente queda libre de culpa y cargo.
¡Y aquÃ, la cigarra de mi relato logra probar, por lo que vimos en los puntos 1, 2, 3 y 4, que ni las cigarras son haraganas o imprevisoras, ni las hormigas tan industriosas o previsoras!
7) La conclusión.
Creo que el relato es una ironÃa interesante. Puede gustar o no; cosa que no me inquieta demasiado porque se tratarÃa de una cuestión de preferencias personales, a la que todos tenemos derecho.
Pero lo importante es que demuestra, a manera de metáforas (en este caso, el relato tradicional de la fábula y el mÃo), cómo un mismo individuo, grupo polÃtico, clase social o raza queda expuesto a un juicio favorable o desfavorable, según se apliquen argumentos realmente objetivos o meramente subjetivos.
He aquà lo que, a mi entender, nos deja como enseñanza.
Una idea desperdiciada. No es un relato para niños (por el lenguaje utilizado y la forma de expresarlo) y, dirigido a adultos, peca de «moralina». En todo caso es de admirar su capacidad lógica… Demostrada en su explicación del relatillo, claro…
Va a necesitar que la suerte se ponga de su parte.
Es lindo tu relato,Variopinto, reinvicativo y tierno.
Que tengas suerte en el concurso. ð
Me parece bastante flojo. Peca de repetición de palabras y algunas frases inconsistentes. Tampoco llega el mensaje de forma muy clara y al final te preguntas para qué tanto texto y tanta retórica para llegar a ese final.
La historia siempre la escriben los vencedores. Ya es hora de que salgan más voces de cigarras.
Mucha suerte.
No he entendido el mensaje, pero igualmente te deseo suerte.
Mi relato apunta a ironizar sobre la fábula de âLa cigarra y la hormigaâ, tomando como base los errores de concepto del relato tradicional.
1) El ciclo biológico de la cigarra no le permite llegar viva al invierno como insecto adulto.
En principio, la ironÃa del relato se fundamenta en el âdescargoâ que hace la propia cigarra de que ninguna de su especie habrÃa podido ser jamás la protagonista de la fábula por razones biológicas objetivas. De paso, previene a su propia hija (la ninfa o pupa) para que no crea las mentiras que se dicen sobre su raza y familia.
En efecto, el ciclo biológico de la cigarra determina que no pueda superar el otoño en estado adulto, por lo que es absolutamente cierto que ninguna podrÃa morirse de hambre en invierno ni desplazarse hacia la boca de un hormiguero para pedir nada. Las cigarras subsisten en invierno en estado de pupas o ninfas dentro de cuevas al pie de los árboles, circunstancia que les garantiza alimentos y abrigo. Las adultas de la generación anterior ya murieron por vejez en otoño; no por frÃo ni por hambre.
La respuesta objetiva es simple: Si nuestra antepasada nunca pudo llegar viva al invierno, entonces toda la fábula es una mentira Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
2) De ser cierta la fábula, las cigarras hoy dÃa ya se hubieran extinguido.
Otro argumento objetivo y contundente es: si nuestra antepasada murió de hambre por cantar y haraganear en verano, ¿cómo no le ocurrió lo mismo al resto de sus contemporáneas que hicieron exactamente lo mismo? Y, de ser asÃ, ¿cómo entonces no nos hemos extinguido hace milenios?
La respuesta objetiva es simple: Dado que no nos hemos extinguido, entonces toda la fábula es una mentira Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
3) La fabula miente al aseverar que las hormigas no buscan alimento en invierno.
Quizá trabajen un poco menos, pero de hecho se ven hormigas fuera del hormiguero buscando alimento en dicha estación del año. Si esto es asÃ, entonces no tienen llenos sus almacenes en la época frÃa. Luego no aprovechan tanto el verano ni son tan industriosas ni previsoras como pretende la fábula.
La respuesta objetiva es simple: Si la hormiga también busca su alimento en invierno, entonces toda la fábula es una mentira. Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
4) La propia historia de la literatura muestra que la cigarra tiene razón.
El origen de esta fábula se encuentra en Jean de la Fontaine (1621-1695), quien a su vez se inspira (pero a medias) en otra muy anterior de Esopo (c. siglo VIII a JC). Pero Esopo usó como modelo a un escarabajo, no una cigarra.
Luego, el argumento tácito es claro: si fuera cierto que las cigarras siempre fuimos tan haraganas, ¿cómo puede ser entonces que los humanos se hayan percatado de esto hace apenas unos siglos?, ¿cómo no lo vieron desde hace milenios?
La respuesta objetiva es simple: Si durante milenios, los humanos jamás nos vieron como haraganas, entonces toda esta fábula ârecienteâ es una mentira. Luego, no es cierto que las cigarras somos haraganas.
5) La fábula equivale a un juicio que aplica una sentencia injusta, pues se basa en argumentos subjetivos, no en pruebas objetivas.
En mi relato, la cigarra entiende que su raza fue llevada a juicio. De hecho, la fábula original es una metáfora contra el haragán (la cigarra) y a favor del industrioso (la hormiga), por lo que hay mucho de sentencia en el asunto, algo asà como un juicio contra la cigarra. Desde su punto de vista, la mala fama que le hicieran a su tata-tatarabuela habrÃa manchado de manera infame la reputación de todas las de su especie hasta hoy dÃa.
Pero EN UN JUICIO, LO QUE CUENTAN SON LAS PRUEBAS OBJETIVAS, no las subjetivas. Si alguien acusado de un hecho ilÃcito o inmoral logra probar que no estaba ni en el lugar ni al momento del hecho, sencillamente queda libre de culpa y cargo.
¡Y aquÃ, la cigarra de mi relato logra probar, por lo que vimos en los puntos 1, 2, 3 y 4, que ni las cigarras son haraganas o imprevisoras, ni las hormigas tan industriosas o previsoras!
6) La explicación psicológica de la fábula: la haraganerÃa del hombre y el sÃndrome de trabajadora compulsiva de la hormiga.
Asimismo, la cigarra de mi relato no solo alega (y prueba) con elementos objetivos y convincentes de que las cigarras nunca fueron como se dice, sino que además hace una explicación psicológica del porqué de la fábula: la necesidad del hombre de justificar su propia haraganerÃa poniendo por debajo a otras especies supuestamente más haraganas que él mismo y el complejo innato de esclava o de adicción al trabajo que tendrÃa la hormiga.
7) La conclusión.
Creo que el relato es una ironÃa interesante. Puede gustar o no; cosa que no me inquieta demasiado porque se tratarÃa de una cuestión de preferencias personales, a la que todos tenemos derecho.
Pero lo importante es que demuestra, a manera de metáforas (en este caso, el relato tradicional de la fábula y el mÃo), cómo un mismo individuo, grupo polÃtico, clase social o raza queda expuesto a un juicio favorable o desfavorable, según se apliquen argumentos realmente objetivos o meramente subjetivos.
He aquà lo que, a mi entender, nos deja como enseñanza.
Dios mÃo, Variopinto, si necesitas tantas palabras para explicar el relato como las que contiene el relato mismo, es que algo ha salido mal…
Mira, mira bien. Las repeticiones que aparecen son para intentar un lenguaje coloquial, más aún de una madre a su niña (la cigarra y su hija) y una forma de llamar la atención (pensemos en las repeticiones de nuestro MÃo Cid, «el que Valencia ganó» o «bien oireÃs lo que dirá»)
Si es largo el relato, es por la necesidad de demostraciones en una argumentación. Si es es corto en comparación con las aclaraciones de Variopinto, es porque seguramente él sigue la teorÃa del iceberg de Hemingway, quien hablaba de toda una investigación que se precisa para hacer verosÃmil una historia, pero que no debe aparecer en ella, solamente la punta, como el iceberg. Esto es mérito del autor y se hace sentir.
Como el nuevo fabulista, pienso que es cuestión de gustos, más aún cuando no se saben estas cuestioness de Ãndole literaria. Ni las históricas.
A mà me parece ingenioso y le deseo mucha suerte
Una idea desperdiciada. No es un relato para niños (por el lenguaje utilizado y la forma de expresarlo) y, dirigido a adultos, peca de «moralina». En todo caso es de admirar su capacidad lógica… Demostrada en su explicación del relatillo, claro…
Va a necesitar que la suerte se ponga de su parte.
La fábula de la cigarra y la hormiga RELOADED.
con la explicación que nos dió Variopinto, ya puedo dormir y morir tranquilo.
Soy biólogo de formación y me ha sorprendido (y agradado) el conocimiento sobre la biologÃa de estos insectos que demuestras en algunos párrafos del texto. Me parece muy original tu nueva interpretación de esta fábula-Como verás en mi relato, también me parece un campo que puede dar mucho de sà (aunque no hemos descubierto nada, ¿no?).
Mucha suerte en el certámen
De un mérito indiscutible este monólogo en segunda persona, bien escrito, desde luego, de una cigarra a su ninfa.
Dudo si resulta o no apropiado para un concurso de relatos, pero me falta experiencia para opinar.
Acabo de leer la explicación del autor. Doble mérito.