Me has hecho sentir la soledad del alma del protagonista. Se alegra de la felicidad de los otros, sintiéndose totalmente desconectado. Las imágenes son muy buenas.
Con un remate de comparación entre el futuro al que apunta y el borracho que hace el ridículo.
El cuento podría tener la mitad de extensión sin perder su valor. O tal vez lo aumentaría, ya que un exceso en la aportación de detalles tangenciales distrae del dibujo de los personajes, sus circunstancias y el ambiente.
Otro estudio de la soledad. Y, en lo fundamental, bien trabajado.
Buena descripción de un perdedor, uno de tantos personajes que se encuentran perdidos, fuera de los cánones de la sociedad.
Por cierto, he descubierto una palabra nueva: epatar. Un galicismo de raro uso.
Suerte.
Gracias también a vosotros La ciudad, Francis Drake, por vuestros comentarios. No pensaba que «epatar» fuera una palabra poco común. Aquí lo que intenté es utilizar un léxico sencillo y un tono coloquial.
Un relato con buenas descripciones y con un final agridulce que te hace pensar. Eso para mí es muy importante en una historia. Utilizas un lenguaje sencillo como la vida misma, eso hace que te entre con facilidad.
Te deseo mucha suerte
Croqui, pues no sé, «epatar» a lo mejor es común, aunque no lo sea para mí, o es común en determinadas zonas de España y no en la mía. En cualquier caso, no recuerdo haberla leído y, si la leí antes, se me había olvidado. Ya no se me va a olvidar.
Fíjate que, leyendo tu relato, al pasar por la palabra pensé que ponía «etapar» a los turistas = ponerles tapas, typical Spanish, jajaja.
¿Me das un gallifante?
Gracias por vuestros comentarios, Nesteia y Francis Drake. Igual es eso y el uso de «epatar» va por zonas, la verdad es que no recuerdo a quién he leído u oído la palabra. Pero el «etapar» desde luego que merece un gallifante, incluso podría llegar al rosco de Pasapalabra.
Saludos.
Antístenes, Hank, ¿no se animan a comentarme algo? ¿Será que no entran en relatos mediocres? Sin sus críticas no me siento en el concurso.
No teman ofenderme, ya intente ser una persona sensible y no funcionó.
Trato de comentar todo lo que puedo, Croqui, sin prejuzgar la calidad hasta que no lo leo, y no dude que en cuanto tenga un rato libre leeré con gusto su relato y trataré de darle mi opinión sincera al respecto. Mientras, y aunque no me hace demasiada gracia ese paralelismo en el que me une con el afamado Antístenes, me siento muy halagado por su petición.
Me está resultando divertido este concurso, a pesar de los pesares.
Croqui, este comentario suyo me ha conmovido. No he leído su relato, pero le prometo que lo haré y aunque no sea referente comentarista, le dejaré mi opinión sincera. Está usted en este concurso de lleno caballero. Hank concuerdo con usted en que está resultando divertido y ameno 🙂
Un día conocí a un tipo que escribía casi tan bien como usted, Croqui. Algunos años después, he vuelto a verle, y ahora firma libros de relatos en una caseta del Retiro. Estoy convencido de que en cuanto escriba usted algo más atractivo que este paseo por Cuenca, me encontrará haciendo cola en busca de una dedicatoria.
Tengo cientos de ideas que me encantaría tener tiempo y pluma como la suya para poder darles forma. Y no crea que no vaya a secuestrar más de un detalle de su relato, aunque nunca se entere.
Suerte, Croqui. Y cuéntenos algo con miga, no sea tacaño.
Muchas gracias por atender mi llamada, Hank. Gracias tambi´en por su indulgencia con mi prosa y su sinceridad respecto a mi argumento. Espero contar algo m´as de su agrado en futuras ocasiones.
Saludos.
Leo el relato predispuesto a que, cuando llegue a la línea final, asegure que me ha gustado: tengo una extraña (y para mis amigos y familiares preocupante) afición a las historias llenas de melancolía y con finales trágicos. Ante la presión «popular» para que escoja argumentos más positivos me he parado a analizar el motivo por el que «padezco» esta debilidad, y he llegado a la conclusión de que, por un lado (y desde el punto de vista del potencial literario) siempre tiene más interés saber si un perdedor o un sufridor puede cambiar su destino que describir los aciertos de un triunfador. Está claro que la carga dramática es completamente distinta. Y, por otro lado, a lo mejor, y afectado por una absurda superstición, escribiendo mis tristes historias trato de espantar las desgracias sobre mi familia. Lo sé, suena un poco friki, pero, tras mucho meditar, creo que los tiros pueden ir por ahí.
Lo fastidiado a la hora de tratar los personajes de este tipo de relato, para algunos deprimente, es que si no eres bueno describiéndolos el resultado final acaba oliendo muy mal. Y si la cursilada bienintencionada tira para atrás, la que versa sobre perdedores mata con su hedor. Ahora bien, si aciertas, como es el caso, …
En fin, que la historia, a parte de estar escrita con una pulcritud envidiable, es perfecta: destripar en el presente toda una vida pasada y dejarnos ver cómo de deprimente será en el futuro, en menos de 2.000 ágiles palabras. Y es que, como me pasa con otros concursantes, sólo puedo aplicarte mi mejor elogio: ojalá lo hubiese escrito yo.
Yo hubiese jurado que había dejado un comentario, pero… ¡En fin!
Bien escrito, pero demasiado lineal la historia. Una simple descripción en lo que más destaca y emociona son las collejas. En todo caso tiene la calidad ortográfica y sintáctica suficiente para darse un paseo hasta la semifinal…
Suerte.
Muchas gracias, Arponero y, finalmente, Antístenes por vuestros comentarios.
Todavía no he encontrado la manera de escribir sobre triunfadores sin que me salga el sarcasmo y la envidia por algún lado, me alegra que esta historia haya transmitido algo más que la anécdota del paseo por Cuenca a alguien.
También me siento muy halagado por la buena acogida de la prosa y las descripciones. Espero mejorar hasta el punto de emocionar utilizando recursos argumentales diferentes a las collejas.
Hay tantos relatos (y tengo tan poco tiempo) que cuando alguno no consigue engancharme en el primer párrafo lo dejo y paso a otro. En este caso he leído hasta el final, sin saltarme una línea. Es cierto que la historia no es sorprendente, ni suceden grandes cosas. Y por eso mismo tu relato tiene más mérito, consigues mantener la atención sin estridencias. No sé si llegará a la final, a veces, en los certámenes se busca otra cosa, algo impactante, pero creo que tu relato se merece estar entre los mejores.
A mí también me gustan los perdedores, dan mucho más juego.
Suerte
Muchas gracias Sol y Roberta B. , por leerme y contarme vuestras impresiones. Y tambi´en aprovecho para agradecer su visita a Enrique que se me qued´o en el tintero en su momento
En ocasiones he escrito historias m´as sensacionalistas, soy de los primeros que cuando va a ver una pel´icula y resulta que es de gente sentada hablando de sus cosas, a veces queda decepcionado.
Sin embargo, cuando escrib´i este cuentecillo me apetec´ia hacer algo m´as contenido. Adem´as que, total, doscientos setenta y tantos de los doscientos ochenta no vamos a cobrar un c´entimo por esto, as´i que por lo menos, nos podemos permitir contar lo que queramos.
Es un placer que les llegue a algunos lectores, gracias otra vez.
Y qué razón tienes Croqui, yo he escrito relatos a los que les tengo mucho cariño, con los que he disfrutado escribiéndolos, y que no se han comido una rosca en ningún certamen, ni falta que les hace. A mí me gustan, y a alguna gente que los ha leído también. Quiero pensar que ya tendrán su oportunidad algún día. Saludos.
Algunos tragos no saben a nada tampoco en la primera ronda.
Mucha suerte.
Croqui: un relato estupendo, muy bien narrado.
Me has hecho sentir la soledad del alma del protagonista. Se alegra de la felicidad de los otros, sintiéndose totalmente desconectado. Las imágenes son muy buenas.
Con un remate de comparación entre el futuro al que apunta y el borracho que hace el ridículo.
Excelente.
Un abrazo: Abeja.
El cuento podría tener la mitad de extensión sin perder su valor. O tal vez lo aumentaría, ya que un exceso en la aportación de detalles tangenciales distrae del dibujo de los personajes, sus circunstancias y el ambiente.
Otro estudio de la soledad. Y, en lo fundamental, bien trabajado.
Bien redactado y creo que totalmente autobiografico. Suerte
Impecable, con una redacción muy bien cuidada.
Excelentes descripciones.
Felicitaciones
Gracias a todos por vuestras observaciones, me son muy ´utiles.
Saludos.
buen trabajo. Muchos nos hemos sentido como tu personaje. felicidades Croqui
Buena descripción de un perdedor, uno de tantos personajes que se encuentran perdidos, fuera de los cánones de la sociedad.
Por cierto, he descubierto una palabra nueva: epatar. Un galicismo de raro uso.
Suerte.
Gracias también a vosotros La ciudad, Francis Drake, por vuestros comentarios. No pensaba que «epatar» fuera una palabra poco común. Aquí lo que intenté es utilizar un léxico sencillo y un tono coloquial.
Un relato con buenas descripciones y con un final agridulce que te hace pensar. Eso para mí es muy importante en una historia. Utilizas un lenguaje sencillo como la vida misma, eso hace que te entre con facilidad.
Te deseo mucha suerte
Gracias por tu comentario, Aida.
Un encuentro muy bien narrado. Enhorabuena y suerte.
Croqui, pues no sé, «epatar» a lo mejor es común, aunque no lo sea para mí, o es común en determinadas zonas de España y no en la mía. En cualquier caso, no recuerdo haberla leído y, si la leí antes, se me había olvidado. Ya no se me va a olvidar.
Fíjate que, leyendo tu relato, al pasar por la palabra pensé que ponía «etapar» a los turistas = ponerles tapas, typical Spanish, jajaja.
¿Me das un gallifante?
Gracias por vuestros comentarios, Nesteia y Francis Drake. Igual es eso y el uso de «epatar» va por zonas, la verdad es que no recuerdo a quién he leído u oído la palabra. Pero el «etapar» desde luego que merece un gallifante, incluso podría llegar al rosco de Pasapalabra.
Saludos.
Antístenes, Hank, ¿no se animan a comentarme algo? ¿Será que no entran en relatos mediocres? Sin sus críticas no me siento en el concurso.
No teman ofenderme, ya intente ser una persona sensible y no funcionó.
Trato de comentar todo lo que puedo, Croqui, sin prejuzgar la calidad hasta que no lo leo, y no dude que en cuanto tenga un rato libre leeré con gusto su relato y trataré de darle mi opinión sincera al respecto. Mientras, y aunque no me hace demasiada gracia ese paralelismo en el que me une con el afamado Antístenes, me siento muy halagado por su petición.
Me está resultando divertido este concurso, a pesar de los pesares.
Gracias y suerte
Croqui, este comentario suyo me ha conmovido. No he leído su relato, pero le prometo que lo haré y aunque no sea referente comentarista, le dejaré mi opinión sincera. Está usted en este concurso de lleno caballero. Hank concuerdo con usted en que está resultando divertido y ameno 🙂
Un día conocí a un tipo que escribía casi tan bien como usted, Croqui. Algunos años después, he vuelto a verle, y ahora firma libros de relatos en una caseta del Retiro. Estoy convencido de que en cuanto escriba usted algo más atractivo que este paseo por Cuenca, me encontrará haciendo cola en busca de una dedicatoria.
Tengo cientos de ideas que me encantaría tener tiempo y pluma como la suya para poder darles forma. Y no crea que no vaya a secuestrar más de un detalle de su relato, aunque nunca se entere.
Suerte, Croqui. Y cuéntenos algo con miga, no sea tacaño.
Muchas gracias por atender mi llamada, Hank. Gracias tambi´en por su indulgencia con mi prosa y su sinceridad respecto a mi argumento. Espero contar algo m´as de su agrado en futuras ocasiones.
Saludos.
Eeehhh… ¿Antístenes?
Leo el relato predispuesto a que, cuando llegue a la línea final, asegure que me ha gustado: tengo una extraña (y para mis amigos y familiares preocupante) afición a las historias llenas de melancolía y con finales trágicos. Ante la presión «popular» para que escoja argumentos más positivos me he parado a analizar el motivo por el que «padezco» esta debilidad, y he llegado a la conclusión de que, por un lado (y desde el punto de vista del potencial literario) siempre tiene más interés saber si un perdedor o un sufridor puede cambiar su destino que describir los aciertos de un triunfador. Está claro que la carga dramática es completamente distinta. Y, por otro lado, a lo mejor, y afectado por una absurda superstición, escribiendo mis tristes historias trato de espantar las desgracias sobre mi familia. Lo sé, suena un poco friki, pero, tras mucho meditar, creo que los tiros pueden ir por ahí.
Lo fastidiado a la hora de tratar los personajes de este tipo de relato, para algunos deprimente, es que si no eres bueno describiéndolos el resultado final acaba oliendo muy mal. Y si la cursilada bienintencionada tira para atrás, la que versa sobre perdedores mata con su hedor. Ahora bien, si aciertas, como es el caso, …
En fin, que la historia, a parte de estar escrita con una pulcritud envidiable, es perfecta: destripar en el presente toda una vida pasada y dejarnos ver cómo de deprimente será en el futuro, en menos de 2.000 ágiles palabras. Y es que, como me pasa con otros concursantes, sólo puedo aplicarte mi mejor elogio: ojalá lo hubiese escrito yo.
Yo hubiese jurado que había dejado un comentario, pero… ¡En fin!
Bien escrito, pero demasiado lineal la historia. Una simple descripción en lo que más destaca y emociona son las collejas. En todo caso tiene la calidad ortográfica y sintáctica suficiente para darse un paseo hasta la semifinal…
Suerte.
Muchas gracias, Arponero y, finalmente, Antístenes por vuestros comentarios.
Todavía no he encontrado la manera de escribir sobre triunfadores sin que me salga el sarcasmo y la envidia por algún lado, me alegra que esta historia haya transmitido algo más que la anécdota del paseo por Cuenca a alguien.
También me siento muy halagado por la buena acogida de la prosa y las descripciones. Espero mejorar hasta el punto de emocionar utilizando recursos argumentales diferentes a las collejas.
Lo único que puedo asegurar es que me esfuerzo.
Croqui: no sé si terminas de darte cuenta que cada comentario que te dejan, a su manera, es un elogio.
Lo haces estupendo.
Un abrazo y un beso: Abeja.
Es muy triste, pero a mí también me gustan las historias tristes. Y está perfectamente escrito. te dejo manzanitas con toda mi admiración
Gracias, Abeja y Adafina por vuestros comentarios y vuestras manzanitas. Aunque hasta ahora pensaba que eran naranjitas. En cualquier caso, gracias.
Saludos
Muy bueno. ¡Qué bien lo haces!
Me gustan los finales tristes.
Suerte.
Hay tantos relatos (y tengo tan poco tiempo) que cuando alguno no consigue engancharme en el primer párrafo lo dejo y paso a otro. En este caso he leído hasta el final, sin saltarme una línea. Es cierto que la historia no es sorprendente, ni suceden grandes cosas. Y por eso mismo tu relato tiene más mérito, consigues mantener la atención sin estridencias. No sé si llegará a la final, a veces, en los certámenes se busca otra cosa, algo impactante, pero creo que tu relato se merece estar entre los mejores.
A mí también me gustan los perdedores, dan mucho más juego.
Suerte
Muchas gracias Sol y Roberta B. , por leerme y contarme vuestras impresiones. Y tambi´en aprovecho para agradecer su visita a Enrique que se me qued´o en el tintero en su momento
En ocasiones he escrito historias m´as sensacionalistas, soy de los primeros que cuando va a ver una pel´icula y resulta que es de gente sentada hablando de sus cosas, a veces queda decepcionado.
Sin embargo, cuando escrib´i este cuentecillo me apetec´ia hacer algo m´as contenido. Adem´as que, total, doscientos setenta y tantos de los doscientos ochenta no vamos a cobrar un c´entimo por esto, as´i que por lo menos, nos podemos permitir contar lo que queramos.
Es un placer que les llegue a algunos lectores, gracias otra vez.
Un saludo.
Y qué razón tienes Croqui, yo he escrito relatos a los que les tengo mucho cariño, con los que he disfrutado escribiéndolos, y que no se han comido una rosca en ningún certamen, ni falta que les hace. A mí me gustan, y a alguna gente que los ha leído también. Quiero pensar que ya tendrán su oportunidad algún día. Saludos.