Email a copy of '225- El crepúsculo de la Luciérnaga. Por Cardenal Cisneros' to a friend
Enviar a un amigo
Imprimir
Email a copy of '225- El crepúsculo de la Luciérnaga. Por Cardenal Cisneros' to a friend
Enviar a un amigo
Imprimir
Sin saber muy bien el porqué, estoy convencido de que si alguien susurrara palabras a Berenice, sería capaz de escucharlas y de entenderlas. Aunque sus ojos no se abriera; aunque sus labios mo se movieran.
Mucha suerte.
breve y triste relato, bien escrito. felicidades Cardenal
Se nota que ha adquirido recientemente un diccionario. Pues nada, a practicar, que siempre viene bien…
Me ha parecido un poco barroco. Quizás puliéndolo algo más, y cuidando esos signos de puntuación.
Suerte
Desgraciadamente estoy segura que existen muchas Berenices que en su «sombría morada jamás resplandece el alba».
Lo que siempre se gratificante en estos casos es que tenga cerca una mano amiga para acariciarle las mejillas.
Un saludo