Me parece muy bien que el protagonista no quiera abdicar de sus principios morales aceptando el trabajo en la peletería y no tenga empecho en aceptar el dinero de un amigo, ganado de un modo que no sabemos, aquí, el Alto Sanedrín. 😛
Bromas aparte, lo que más me llega es la peregrinación del chico para encontrar a su hermana; uno se imagina la angustia de las familias de esas víctima del tráfico de mujeres.
Creo que se pretende (y se consigue) cruzar dos historias en una. Y, por encima de ello, adentrarse en las diferencias entre bien y mal, entre lo correcto y lo perverso.
La necesidad de informar empuja a utilizar varias exposiciones forzadas que, felizmente, quedan bien disueltas en el texto y ni se notan ni traspasan.
Muy buen relato.
Todos estamos aislados, sin excepción, por más que no cese de pasar gente a nuestro lado.
Mucha suerte.
curioso relato con tintes ecologistas. suerte
Nada del otro mundo… Políticamente correcto…
Suerte.
Me parece muy bien que el protagonista no quiera abdicar de sus principios morales aceptando el trabajo en la peletería y no tenga empecho en aceptar el dinero de un amigo, ganado de un modo que no sabemos, aquí, el Alto Sanedrín. 😛
Bromas aparte, lo que más me llega es la peregrinación del chico para encontrar a su hermana; uno se imagina la angustia de las familias de esas víctima del tráfico de mujeres.
uy, «empacho».
Creo que se pretende (y se consigue) cruzar dos historias en una. Y, por encima de ello, adentrarse en las diferencias entre bien y mal, entre lo correcto y lo perverso.
La necesidad de informar empuja a utilizar varias exposiciones forzadas que, felizmente, quedan bien disueltas en el texto y ni se notan ni traspasan.
Muy buen relato.