{"id":112,"date":"2010-04-16T18:47:40","date_gmt":"2010-04-16T16:47:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=112"},"modified":"2010-04-30T01:03:26","modified_gmt":"2010-04-29T23:03:26","slug":"el-filosofo-por-eridana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=112","title":{"rendered":"9- El fil\u00f3sofo. Por Eridana"},"content":{"rendered":"<p><em>\u201cLa vida es un lugar de tr\u00e1nsito, la parada en la que se espera el regalo de la eternidad \u201d.<\/em>\u00a0<\/p>\n<p>Lo conoc\u00edan por \u201cel fil\u00f3sofo\u201d, porque se pasaba los d\u00edas enteros sentado en un banco de la plaza mirando las musara\u00f1as sin omitir palabra alguna; de milagro que no durmiese tambi\u00e9n all\u00ed. <!--more-->No saludaba a nadie, ni siquiera a los m\u00e1s conocidos, como si ahorrase saliva para el \u00faltimo alegato. Algunos pensaban que era sordo o mudo; otros que era un antisocial, o a lo peor, que era un cura con voto de silencio\u2026 pero no, el viejo Severino simplemente era perezoso de nacimiento. Hab\u00eda llegado al mundo varias semanas despu\u00e9s de los nueve meses,\u00a0 con su madre a punto de reventar. Sus hermanos le aseguraron que por poco no nace. Su madre por todas las penurias que pas\u00f3 para darlo al mundo, lo aborreci\u00f3 nada m\u00e1s verlo, puesto que su pereza casi los mata a los dos. Una peligrosa ces\u00e1rea que en aquellos tiempos era una intervenci\u00f3n a vida o muerte, lo puso en un mundo que en numerosas ocasiones parec\u00eda no molestarse en comprender. Era un ni\u00f1o solitario, poco hablador y parec\u00eda bastante t\u00edmido. Muchos llegaron a creer que era tonto, incluido su propio padre. Pero no era as\u00ed. A Severino simplemente lo mov\u00edan\u00a0 otro tipo de inquietudes existenciales.<\/p>\n<p>Con el paso de los a\u00f1os se fue distanciando de los suyos. Le sobraba todo lo que los dem\u00e1s pretend\u00edan tener. Prefer\u00eda vivir con lo b\u00e1sico: comida, agua, una cama en la que dormir y por supuesto, el banco del parque en el que realmente viv\u00eda, porque en lo que m\u00e1s invert\u00eda su tiempo Severino era en la contemplaci\u00f3n del mundo. Admiraba la forma en la que la vida segu\u00eda su curso mientras \u00e9l vegetaba al sol o a la sombra de la tarde. Pocas veces se le ve\u00eda parpadear. A duras penas, el mundo lograba sacarle los cansinos pasos que separaban su casa del banco. Para \u00e9l, sentarse en aquel banco a observar el mundo, era estar en un teatro, s\u00f3lo que los personajes interpretaban un papel improvisado y muchas escenas a la vez. A veces, sus labios esbozaban una sonrisa de satisfacci\u00f3n con lo que ve\u00eda; aquel gesto mostraba por un instante, que era un ser sensible y que entend\u00eda en parte a la vida que observaba con tanto fervor.\u00a0<\/p>\n<p>Los servicios sociales de la localidad, le daban de comer dos veces al d\u00eda para que no se muriese de inanici\u00f3n. Le costaba tanto salir de su ensimismamiento, que si no hubiese sido por los dem\u00e1s, su vida hubiese terminado mucho antes.<\/p>\n<p>-Severino, tiene que comer\u2026 \u00bfno querr\u00e1 irse pronto de este mundo que tanto le gusta mirar, verdad? \u2013le dijo una tarde la voluntaria que m\u00e1s veces lo cuidaba.<\/p>\n<p>Era una muchacha joven y bonita que le hab\u00eda tomado mucho cari\u00f1o al viejo Severino. Para ella, \u00e9l era como el abuelo que no ten\u00eda. La gente que pasaba ante ellos, la miraba con extra\u00f1eza, a veces con burla, porque ella era la \u00fanica persona que se sentaba a conversar con aquel personaje al que consideraban un tarado.<\/p>\n<p>-Tenga cuidado se\u00f1orita, no le vaya a morder y lo tengamos que sacrificar \u2013se burl\u00f3 un obrero que pasaba cerca de ellos.<\/p>\n<p>La mujer lo mir\u00f3 inquisitiva.<\/p>\n<p>Severino le sonri\u00f3 en silencio, poni\u00e9ndole por un instante los ojos encima a la muchacha.<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 pena que no hable, Severino! No sabe usted la cantidad de conversaciones que se est\u00e1 perdiendo en esta vida.<\/p>\n<p>De pronto, Severino carraspe\u00f3, le puso la mano sobre la suya, la mir\u00f3 a los ojos y le dijo en voz baja:<\/p>\n<p>-Prefiero que sea la vida la que hable para m\u00ed.<\/p>\n<p>La joven se qued\u00f3 perpleja con aquellas palabras. Nunca m\u00e1s trat\u00f3 de sonsacarle palabra alguna y Severino opt\u00f3 por saludarla algunas veces en voz baja para agradecerle la ternura con la que lo cuidaba. No quer\u00eda que los dem\u00e1s se percatasen de que participaba en el mismo mundo que ellos. Prefer\u00eda seguir observando en silencio con la m\u00e1xima quietud, el juego del libre albedr\u00edo que se mov\u00eda cada d\u00eda ante sus ojos cansados.<\/p>\n<p>Severino L\u00f3pez, alias \u201cel fil\u00f3sofo\u201d, fue un vago tan aut\u00e9ntico, que cuando acudi\u00f3 la muerte a buscarlo para llev\u00e1rselo, estuvo plante\u00e1ndose dejarlo donde estaba, en aquel gastado banco de la plaza. \u00c9l, al reconocer de inmediato a la enigm\u00e1tica se\u00f1ora de negro, se levant\u00f3 despac\u00edsimo de su banco y sin pronunciar palabra alguna, se acerc\u00f3 a ella arrastrando los pies y se dej\u00f3 morir lentamente en sus brazos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa vida es un lugar de tr\u00e1nsito, la parada en la que se espera el regalo de la eternidad \u201d.\u00a0 Lo conoc\u00edan por \u201cel fil\u00f3sofo\u201d, porque se pasaba los d\u00edas enteros sentado en un banco de la plaza mirando las musara\u00f1as sin omitir palabra alguna; de milagro que no durmiese tambi\u00e9n all\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/112"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=112"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/112\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=112"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=112"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=112"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}