{"id":116,"date":"2010-04-17T00:00:31","date_gmt":"2010-04-16T22:00:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=116"},"modified":"2010-04-16T18:52:19","modified_gmt":"2010-04-16T16:52:19","slug":"10-la-partida-de-parchis-por-mr-blonde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=116","title":{"rendered":"10- La partida de parch\u00eds. Por Mr. Blonde"},"content":{"rendered":"<p>En cualquier hogar que se precie de serlo se cuenta, en alg\u00fan caj\u00f3n del mueble del sal\u00f3n, con un par de juegos de mesa y alguna baraja de cartas que hagan las delicias de las lluviosas tardes de domingo.<!--more--><\/p>\n<p>El emperador mongol Akbar el Grande, all\u00e1 por el siglo XVI, nunca pudo pensar que el hecho de entretenerse con diecis\u00e9is de las m\u00e1s hermosas mujeres de su harem en su jard\u00edn, pudiera traer consecuencias tan extravagantes como las que se vivieron en la ocasi\u00f3n que vamos a narrar.<\/p>\n<p>Esa tarde desapacible auguraba una entretenida partida de parch\u00eds para cuatro amigos.<\/p>\n<p>El color rojo lanz\u00f3 su dado y a la primera sac\u00f3 el ansiado <em>cinco <\/em>que abre la puerta de la salida. El amarillo, el verde y el azul tuvieron que lanzar dos o tres veces m\u00e1s el dado para poder iniciar su juego, lo cual dio ventaja a rojo, que, para cuando estaba el resto en sus casillas, hab\u00eda avanzado lo menos diez puestos. Esta circunstancia provoc\u00f3 en el resto de jugadores, que quedaban en clara desventaja respecto del rojo, una rabia que todos se cuidaban muy mucho de manifestar. El amarillo le dese\u00f3 al rojo una horrenda indigesti\u00f3n; el azul se burl\u00f3, para sus adentros, de que tuviera el sueldo m\u00e1s bajo de los all\u00ed presentes; y el verde se alegr\u00f3 de que s\u00f3lo dos d\u00edas antes se le averiara el coche y se le avecinara una dispendiosa reparaci\u00f3n. De estos pensamientos, como decimos, el rojo no pod\u00eda sospechar nada, pues el semblante de sus rivales era siempre el de la sonrisa del jugador correcto que acepta con deportividad lo que los dados dispusieran.<\/p>\n<p>Por otro lado, el rojo, que aun no aparent\u00e1ndolo, era ciertamente un jugador muy competitivo, se sent\u00eda lleno de placer al ver su ventaja, insignificante ventaja, frente a sus compa\u00f1eros de juego.<\/p>\n<p>Pronto todos tuvieron varias de sus fichas en el tablero y la partida empez\u00f3 a ponerse interesante. Unos a otros se pisaban los talones, se adelantaban, se com\u00edan, se contaban <em>veinte<\/em>, volv\u00edan a salir de sus casillas de salida, llegaban a meta&#8230;<\/p>\n<p>Lo que menos soportaba el verde era quedar atrapado, con su \u00fanica ficha en juego, cuando alguno de sus contrincantes pon\u00eda un puente y ten\u00eda fichas que seguir moviendo de tal manera que pod\u00eda dejar el puente \u00abcerrado\u00bb mientras no le saliera un <em>seis<\/em>, y eso pod\u00eda tardar en suceder, lo mismo que a \u00e9l le saliera un <em>cinco <\/em>con el que poder iniciar un nuevo recorrido con una nueva ficha. Los astros se conjuntaron de tal forma que, justo reci\u00e9n abierto el puente, el verde fue comido por el amarillo, de modo que \u00e9ste pudo avanzar sus veinte puestos, llegar a meta y avanzar diez casillas m\u00e1s con la \u00fanica ficha que le quedaba.<\/p>\n<p>El verde sinti\u00f3 el volc\u00e1n de su ira en su interior. De nuevo ten\u00eda todas sus fichas en el cuadro de salida, de nuevo deb\u00eda esperar a sacar un <em>cinco <\/em>para salir y volver a empezar \u00a1con todas sus fichas!, y de nuevo al amarillo s\u00f3lo le quedaban escasas tiradas para ser el ganador del juego.<\/p>\n<p>Pidi\u00f3 un receso pues ten\u00eda que ir al ba\u00f1o, aunque en lugar de eso fue a la cocina.<\/p>\n<p>El rojo, que hab\u00eda empezado con tan buen pie, se encontraba sobremanera nervioso, pues ve\u00eda que su delantera inicial no hab\u00eda significado nada a juzgar por la ventaja tan espectacular que llevaba el amarillo, como decimos, a escasas casillas de vencer. Le dese\u00f3 con todas sus fuerzas una desgracia. Y sucedi\u00f3: le salieron tres <em>seises <\/em>seguidos, con lo que tuvo que volver a la salida. Todos, excepto \u00e9l, claro, mostraron una contenida alegr\u00eda, sin profusiones. Y su furia, \u00e9l tambi\u00e9n la mostr\u00f3 sin excesos.<\/p>\n<p>Se sinti\u00f3 de pronto inc\u00f3modo, un reflujo g\u00e1strico le hizo abandonar el juego por unos minutos para hacer una visita al ba\u00f1o, y despu\u00e9s pas\u00f3 por la cocina y trajo de all\u00ed unos refrescos con los que pretend\u00eda aplacar la tensi\u00f3n que se hab\u00eda creado.<\/p>\n<p>Reparti\u00f3 los vasos y se sent\u00f3 con sus \u00e1nimos renovados y con la esperanza de sacar un <em>cinco <\/em>en la siguiente tirada y reiniciar el juego con la \u00fanica ficha que le quedaba y con la que aspiraba a ganar la partida.<\/p>\n<p>Un jugador bastante avanzado y con buena suerte era el azul, al que le quedaban s\u00f3lo dos fichas para hacerse con el triunfo. Siempre que se encontraba en peligro de ser comido, aparec\u00eda la perseguida casilla de seguro o se abr\u00eda el puente que lo ten\u00eda inmovilizado y pod\u00eda huir. Esa eventualidad, la buena suerte del azul, no pasaba desapercibida para el resto de jugadores, que lo ve\u00edan como un serio rival, pues, si bien no era un buen estratega, s\u00ed, como ya se ha mencionado, no le era muy necesario serlo para salir airoso de los apuros.<\/p>\n<p>El juego avanz\u00f3 y a cada jugador ya le faltaba una \u00fanica ficha para llegar a la meta y ganar la partida. Indudablemente los cuatro jugadores estaban bastante alterados en aquel crucial momento de tensi\u00f3n extrema. Al amarillo le ard\u00edan la boca del est\u00f3mago y el es\u00f3fago, el verde jugueteaba nervioso con su mano derecha bajo la mesa, el azul se remov\u00eda compulsivamente sobre su silla, y el rojo apretaba una mano contra la otra con clar\u00edsimos s\u00edntomas de desasosiego.<\/p>\n<p>En aquel momento la partida estaba en tablas, cualquiera de ellos pod\u00eda ganar. Los dados determinar\u00edan qui\u00e9n.<\/p>\n<p>El turno era del amarillo, que necesitaba un <em>cuatro <\/em>para llegar a la meta, pero al que le hab\u00eda salido un <em>tres<\/em>. Con toda naturalidad hizo un gesto de triunfo y vocifer\u00f3 \u00ab\u00a1Gan\u00e9!\u00bb, colocando su ficha en la meta. Evidentemente, el resto de jugadores, que hab\u00edan visto la descarada trampa que pretend\u00eda, se rebelaron, pero ante la negativa del amarillo, el azul no pudo reprimirse y sac\u00f3 su pistola reglamentaria, como polic\u00eda municipal que era, y, al grito de \u00ab\u00a1Tramposo!\u00bb, le asest\u00f3 un tiro en el pecho que lo mat\u00f3 en el acto.<\/p>\n<p>El verde, que odiaba la buena suerte del azul y ve\u00eda que podr\u00eda ganar, pues tras el amarillo era ahora su turno, y capaz era de sacar el n\u00famero exacto, sac\u00f3 de debajo de la mesa el cuchillo que hab\u00eda cogido cuando fue a la cocina en lugar de al ba\u00f1o, y le reban\u00f3 la garganta a la voz de \u00ab\u00a1Jodido suertudo!\u00bb.<\/p>\n<p>Ante esto, el rojo no pudo m\u00e1s que lanzarse sobre el cuello del verde y estrangularlo mientras gritaba \u00ab\u00a1Fulleros, fulleros&#8230;!\u00bb<\/p>\n<p>La escena era definitivamente pat\u00e9tica, tres cuerpos exang\u00fces sobre un tablero de parch\u00eds, y un color, el rojo, que lanz\u00f3 el dado y sac\u00f3 el <em>tres <\/em>que necesitaba para ganar. Un quejido pudo lanzar antes de caer tambi\u00e9n muerto por el efecto del \u00e1cido b\u00f3rico que un rato antes hab\u00eda bebido mezclado con el refresco que el amarillo le hab\u00eda servido: \u00ab\u00a1Gan\u00e9 yo!\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En cualquier hogar que se precie de serlo se cuenta, en alg\u00fan caj\u00f3n del mueble del sal\u00f3n, con un par de juegos de mesa y alguna baraja de cartas que hagan las delicias de las lluviosas tardes de domingo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=116"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=116"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=116"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=116"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}