{"id":135,"date":"2010-04-22T00:24:40","date_gmt":"2010-04-21T22:24:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=135"},"modified":"2010-04-22T00:24:40","modified_gmt":"2010-04-21T22:24:40","slug":"16-el-diletante-por-jerry-cornelius","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=135","title":{"rendered":"16- El diletante. Por Jerry Cornelius"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Leonardo era persistentemente inconstante. Sent\u00eda repentinas pasiones por las cosas y s\u00fabito desinter\u00e9s casi inmediato.<!--more--> Hab\u00eda un armario en su casa lleno con los despojos de sus desordenadas y ef\u00edmeras inquietudes: un bajo, una raqueta de tenis, un aparejo de pesca, una cerbatana, un bal\u00f3n de rugby, una ballesta, un telescopio, unas aletas, una colecci\u00f3n de minerales, un banco de gimnasia, una pecera, un caballete, una jaula de loro, un b\u00faho disecado, una maqueta de un gale\u00f3n, un monopat\u00edn, una pipa de agua, un piolet, una enciclopedia de historia, unos guantes de boxeo, una guitarra espa\u00f1ola, un casco de moto, unas baquetas, unos esqu\u00eds\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda acometido de forma consecutiva las carreras de empresariales, derecho, periodismo, sociolog\u00eda e historia, y todas las hab\u00eda abandonado despreocupadamente el primer curso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leonardo frisaba la treintena, viv\u00eda con su madre y no trabajaba. El padre- un m\u00e9dico estomat\u00f3logo de reputada fama profesional que hab\u00eda abandonado a su familia al poco de cumplir un a\u00f1o Leonardo para irse con su enfermera- les pasaba una sustanciosa pensi\u00f3n que les permit\u00eda vivir a los dos sin ahogos en un coqueto \u00e1tico en el centro de la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde peque\u00f1o la madre hab\u00eda consentido a Leo todos sus caprichos, primero por amor mal entendido, luego por despecho y despu\u00e9s por apat\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ambos cohabitaban en el \u00e1tico con desinter\u00e9s mutuo. La madre, desencantada finalmente de su hijo, hab\u00eda adoptado, para colmarle de caprichos, un gato persa castrado de hermoso pelaje gris al que llam\u00f3 <em>perla <\/em>y que com\u00eda gambas, merluza y solomillo, y era el amo de su ama. Al mediod\u00eda, como en el piso no hab\u00eda terraza, lo sacaban a la amplia repisa de la ventana del sal\u00f3n a dormir la siesta al sol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leonardo y el gato se ignoraban sin malquererse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A Leonardo se le hab\u00edan conocido muchas novias. Era considerablemente alto, ten\u00eda un aspecto distinguido y parec\u00eda apasionado. Al principio las abrumaba, las llamaba a todas horas, las obsequiaba con flores y bisuter\u00eda, y era efusivamente cari\u00f1oso y atento con ellas. De repente y sin soluci\u00f3n de continuidad, se desinteresaba y de cuajo dejaba de llamarlas. Las dejaba por omisi\u00f3n, sin ruptura previa ni ri\u00f1a definitiva, como cuando un ni\u00f1o se distrae de un juguete y nunca m\u00e1s piensa en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda Ophenbach pod\u00eda haberse casado con quien quisiera, incluso con alguien normal, pero se hab\u00eda encaprichado de Leonardo. Ten\u00eda una voluntad germ\u00e1nica como su apellido y cuando se propuso casarse con \u00e9l nadie dud\u00f3 que lo conseguir\u00eda. Concibi\u00f3 un plan aplicando las teor\u00edas psicol\u00f3gicas aprendidas durante sus a\u00f1os universitarios, \u00fanico provecho que iba a obtener del dinero invertido por sus padres en educaci\u00f3n. Dedujo que la err\u00e1tica pero fren\u00e9tica personalidad de Leonardo se deb\u00eda a una debilidad de car\u00e1cter cong\u00e9nita reforzada por la ausencia de disciplina en los cruciales a\u00f1os de su infancia. En realidad era tarde para tratar de cambiarlo, si bien ese no era el plan de Mar\u00eda. Su prop\u00f3sito resultaba mucho m\u00e1s pr\u00e1ctico: sustituir la deficiente personalidad de Leonardo por la suya propia. Pero esa no se conceb\u00eda como una tarea a corto plazo y, dado lo ef\u00edmero de los pret\u00e9ritos romances de Leonardo, el tiempo corr\u00eda en su contra. Para superar ese inconveniente fij\u00f3 su atenci\u00f3n en un objetivo menos veleidoso; a la madre de Leonardo nadie, ni siquiera el gato, le hac\u00eda el menor caso, y Mar\u00eda hab\u00eda aprendido en pret\u00e9ritos noviazgos como ser el s\u00ed de las madres<em>. <\/em>Mientras dur\u00f3 el apasionamiento de Leonardo, Mar\u00eda se gan\u00f3 a su madre y, cuando \u00e9ste termin\u00f3, era, en las propias palabras de la se\u00f1ora, <em>como una hija para ella. <\/em>Aunque Leonardo la ignoraba, su madre la consideraba su prometida y ambas hac\u00edan abiertamente planes de boda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda una sola cosa que se escapaba al control de Mar\u00eda Oppenbach: odiaba a los gatos, le repugnaban y los tem\u00eda. Le hubiera gustado, para agradar a la madre, acoger al perezoso Perla en su regazo y mesarle suavemente su espeso pelaje. Pero, en asuntos de f\u00e9lidos, su fobia era mayor que su voluntad y apenas soportaba los devaneos del gato entre sus piernas sin desear clavarle los puntiagudos tacones de sus zapatos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una luminosa ma\u00f1ana de s\u00e1bado, Mar\u00eda, en su decidida estrategia de preconstituirse en la perfecta nuera, se afanaba en ayudar a su proyecto de suegra en preparar el almuerzo cuando Perla se dej\u00f3 caer por la cocina. Despu\u00e9s de Engullir los langostinos pelados de su bacinilla y tomar unos buchitos de agua mineral, empez\u00f3 a maullar y a enredar entre las piernas de las cocineras. La madre, que estaba atareada con la batidora tratando de que no se le cortara la mayonesa para la ensaladilla rusa, pidi\u00f3 irreflexivamente a Mar\u00eda que sacase al gato a la repisa de la ventana para su cotidiana siesta matutina. Mar\u00eda, sobreponi\u00e9ndose a la repulsi\u00f3n, enganch\u00f3 al gato de la piel del cuello como si fuera un cad\u00e1ver apestoso y lo dej\u00f3 con asco sobre la repisa de la ventana de la cocina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar del empe\u00f1o con la batidora la mayonesa se cort\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; La tercera vez que se me corta: si no estuviera menopa\u00fasica hace a\u00f1os, dir\u00eda que tengo el periodo.- Sopes\u00f3 la desconcertada madre.- Mar\u00eda, hija, a ti no te toca hoy \u00bfVerdad?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Leonardo regres\u00f3 al mediod\u00eda para comer. Su \u00faltimo arrebato era la Bolsa y estuvo d\u00e1ndoles la tabarra burs\u00e1til toda la comida. En las \u00faltimas semanas su vocabulario se limitaba a ocho o nueve vocablos que repet\u00eda constantemente: <em>parqu\u00e9, \u00edndice dow-jones, OPA, stock-options, inflaci\u00f3n subyacente, mercados, barril brent, renta variable\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda lo escuchaba con arrobada admiraci\u00f3n no exenta a esas alturas de cierto fingimiento, pero la madre no disimulaba su total desagrado por el asunto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Leo \u00bfPuedes coger a Perla de la repisa?- Le pidi\u00f3 a Leonardo su madre cuando terminaron el caf\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Si le dej\u00e1ramos,- dijo dirigi\u00e9ndose a Mar\u00eda- se quedar\u00eda ah\u00ed durmiendo todo el d\u00eda. No conozco un gato m\u00e1s perezoso que \u00e9ste, con lo gordo que est\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leonardo se levant\u00f3 sin dejar el peri\u00f3dico en el que estaba leyendo las cotizaciones de los mercados del d\u00eda anterior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; No te creas que me gusta nada el nuevo delirio del in\u00fatil de mi hijo. Los anteriores eran m\u00e1s o menos inofensivos, pero jugar a Bolsa me parece, como te dir\u00eda\u2026, temerario.- Dijo la madre cuando Leonardo sali\u00f3 del comedor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda no pudo responder nada a las razonables reticencias de su futura suegra porque Leonardo les interrumpi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; No est\u00e1 en la repisa, mam\u00e1.- Dijo Leonardo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de que cundiera la alarma Mar\u00eda se anticip\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; En la ventana de la cocina, Leonardo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; Pero, querida, en la ventana de la cocina no hay repisa.- Puntualiz\u00f3 la madre como si lo que acabara de o\u00edr fuera un desprop\u00f3sito inconcebible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Perla se desplom\u00f3 como el valor de las acciones de una conocida teleoperadora en la que Leonardo hab\u00eda invertido todos sus ahorros y los de su madre. Aunque nadie acus\u00f3 abiertamente a Mar\u00eda de desear la muerte de Perla, a cierta respetable Se\u00f1ora no se le escapaba que ella nunca hab\u00eda demostrado afecto <em>sincero<\/em> por el gato<em> <\/em>y en su fuero interno no rechazaba la idea de que la especie de los f\u00e9lidos resultara un estorbo para el destino del pueblo germ\u00e1nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mar\u00eda, una vez repuesta del fracaso, rehizo su vida y se cas\u00f3 con un anestesista con una absorbente pasi\u00f3n por la bot\u00e1nica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leonardo era persistentemente inconstante. 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