{"id":145,"date":"2010-04-22T17:05:12","date_gmt":"2010-04-22T15:05:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=145"},"modified":"2010-04-22T22:03:03","modified_gmt":"2010-04-22T20:03:03","slug":"18-la-huida-por-candida-erendida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=145","title":{"rendered":"18- La huida. Por Uno-A"},"content":{"rendered":"<p>Otra vez haciendo el equipaje. Siempre huyendo, como si hubiera un lugar seguro.<\/p>\n<p>Mart\u00edn me avis\u00f3. Hace ya bastante tiempo. La historia era tan inveros\u00edmil que no le cre\u00ed ni media palabra. Solo cuando el jefe me ech\u00f3 con su mirada furibunda de saberlo todo tuve que darle la raz\u00f3n. Entonces ya era demasiado tarde.<!--more--><\/p>\n<p>Dud\u00e9 si llevarme solo lo imprescindible. Ten\u00eda dinero suficiente para reponer algunas cosas, y, si consegu\u00eda salir por sorpresa, quiz\u00e1s no les diera tiempo a reaccionar. De ese modo pod\u00eda obtener algo de ventaja.<\/p>\n<p>Met\u00ed a toda prisa ropa interior, calcetines, dos sudaderas, pantalones. (Me daba pena tanto derroche de fular en los estantes.) Guard\u00e9 el dinero en un bolsillo interior. Tambi\u00e9n la documentaci\u00f3n, el tel\u00e9fono, algunas fotos imprescindibles. Samuel me miraba, desaprob\u00e1ndome, desde el fondo borroso de una de ellas.<\/p>\n<p>Bajo mi ventana se enmara\u00f1aba el tr\u00e1fico del desagradable modo de siempre. Las patrullas vigilaban en los improvisados controles, todo gafas negras y hombros cuadrados. Conoc\u00edan bien el malicioso oficio de la intimidaci\u00f3n. Nadie, en su presencia, hizo nunca adem\u00e1n de pasarse de la raya. Obviamente, todos los ciudadanos censados, por pura observaci\u00f3n e instinto de supervivencia, hab\u00edan llegado a un conocimiento absolutamente fiable de las estrategias de las patrullas, especialmente en todo lo concerniente a horarios y \u00e1ngulos muertos. Aun as\u00ed, el sistema no emit\u00eda demasiados fallos. O al menos no sal\u00edan a la luz, como otras veces.<\/p>\n<p>Las \u00faltimas noticias sobre fugas y desapariciones sin resolver tuvieron como consecuencia el cese inmediato de todo el Estado Mayor. Este despido masivo de una estructura supraestatal no pod\u00eda considerarse una acci\u00f3n reprobable, sino absolutamente ejemplar y aleccionadora, pues lo que estaba en franco peligro era, se sobrentiende, la seguridad del resto de la poblaci\u00f3n. Los analistas, sin embargo, preocupados, estudiaban todos esos errores con una pulcritud no exenta de asombro. Eran errores absolutamente inexplicables despu\u00e9s del c\u00e1lculo y la experiencia acumulados durante siglos de ensayo, espionaje e investigaci\u00f3n. Al parecer, aquella suspensi\u00f3n a gran escala se debi\u00f3 a algo tan simple como un l\u00edo de faldas. El General Arthur G. sucumbi\u00f3 a los encantos de una conocida cantante de la que no lleg\u00f3 a publicitarse el nombre (se barajaron varias posibilidades), y que se aprovech\u00f3 de los escasos resquicios del Sistema de Seguridad Nacional, dise\u00f1ado por \u00e9l mismo, para esconder su reci\u00e9n estrenado amor, tan ileg\u00edtimo. Si hasta entonces su carrera en el Servicio de Inteligencia hab\u00eda sido de todo punto intachable, aquel resbal\u00f3n lo hundi\u00f3 sin remedio en la m\u00e1s absoluta de las desgracias. Una vez m\u00e1s se comprobaba que el amor era incompatible con el nuevo orden establecido. Jam\u00e1s tuvo consecuencias que no fueran francamente nefastas, totalmente destructivas.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 a trav\u00e9s de las espesas cortinas. Si esperaba un poco, si estudiaba la situaci\u00f3n, pod\u00eda obtener la media de los coches detenidos, los registrados, los requisados, los enviados a la c\u00e1rcel sin esperanzas ni llamadas de alerta. En ese momento Mart\u00edn me hubiera sido de gran utilidad. Pero no me atrev\u00eda a llamarlo de nuevo. Estaba claro que su aviso no le hab\u00eda tra\u00eddo buenas consecuencias. Ser insistente solo podr\u00eda reportarle m\u00e1s dificultades a\u00f1adidas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el c\u00e1lculo a ojo que me dio tiempo a establecer, viendo la frecuencia de veh\u00edculos desguazados, los pilotos cacheados y esposados que se alineaban junto a la acera, el improvisado puesto de interrogatorios, salir justo en esos momentos podr\u00eda suponer toda una proeza, una haza\u00f1a digna de un h\u00e9roe de otras \u00e9pocas. En cualquier caso, el peque\u00f1o veh\u00edculo que ocupaba la plaza de garaje 3.208 era el reglamentario para mi puesto (nivel 28, grado B2. Jam\u00e1s me atrever\u00eda a arriesgarme en tonter\u00eda semejante). Ese sencillo hecho podr\u00eda ahora jugar a mi favor, pues no era sino el modelo que correspond\u00eda al 74,56% de la poblaci\u00f3n denominada vulgarmente \u201cpoblaci\u00f3n blanca\u201d, esto es, la que hasta la presente no hab\u00eda mostrado conductas claramente delictivas o simplemente contradictorias, lo que significaba que el celo en esos casos deb\u00eda ser algo m\u00e1s laxo. Con suerte, adem\u00e1s, posiblemente a\u00fan no se hubiera procesado la orden de vigilancia e inmovilizaci\u00f3n del APC-157. Solo hab\u00edan mediado unas horas desde mi salida de la oficina. A no ser que el despido fuera en realidad el \u00faltimo eslab\u00f3n del proceso. Desconoc\u00eda esos detalles. Hab\u00eda que arriesgarse.<\/p>\n<p>Puse un CD. Descuidadamente introduje el disco y son\u00f3 un quinteto de Schubert. Opus 114. Quiz\u00e1s al escuchador le pareciera bastante subersivo, pero ya no cab\u00eda otra. Las cuerdas de la Du Pr\u00e9 acallaron el peque\u00f1o quejido de la puerta. Ya hab\u00eda aprendido a mantener pulsada con cinta adhesiva la parte del bomb\u00edn encargada de enviar la se\u00f1al de mi ausencia a la central. Si lo hac\u00eda con la decisi\u00f3n necesaria, nadie sabr\u00eda que me estaba yendo, salvo el vecino de enfrente, de quien sospechaba terriblemente. Y no solamente yo: todo el edificio se sent\u00eda vigilado por sus ojos escrutadores y fr\u00edos.<\/p>\n<p>Ya en la puerta, pasado el primer control, la prueba inici\u00e1tica, respir\u00e9 hondo. Era preciso huir por las escaleras, pues tambi\u00e9n el ascensor emitir\u00eda el mensaje de subida y bajada, del bajo al quinto y viceversa. La providencia hab\u00eda querido que hasta la presente a\u00fan no se hubiera ideado un sistema fiable que se encargase del recuento de transe\u00fantes ascendentes y descendentes por el procedimiento tradicional. Quiz\u00e1s el cese del Estado Mayor hab\u00eda favorecido la cuesti\u00f3n. Y es que los nuevos cargos, de experiencia bastante discutible, a\u00fan estaban enfrascados en el estudio de los fallos del <em>staff<\/em> anterior y no se hab\u00eda llegado a acometer ninguna reforma de peso en los supuestamente obsoletos sistemas de vigilancia.<\/p>\n<p>Ya ve\u00eda cerca la calle. Introduje en el maletero el exiguo equipaje y arranqu\u00e9. Ahora hab\u00eda que esperar a que alg\u00fan vecino entrara (era la hora de cierre de la mayor\u00eda de las oficinas) para aprovechar la apertura de puertas. De ese modo solo se registrar\u00eda una incidencia. Unos por otros nos hab\u00edamos acostumbrado a aquel baile silencioso y llegamos a obtener una pericia sobresaliente. Sobre todo en lo que se refer\u00eda a actuar en completo silencio. Una gran ventaja, eso del silencio.<\/p>\n<p>La luz del garaje estaba apagada. Solo se ve\u00eda el pilotito rojo de la puerta, hipn\u00f3tico y desaprensivo. Seguramente el del tercero estaba al caer.<\/p>\n<p>De repente se abri\u00f3. Acerqu\u00e9 el veh\u00edculo hacia el \u00fanico \u00e1ngulo que la c\u00e1mara de seguridad no consegu\u00eda captar, gracias a un golpecito imperceptible que hab\u00eda desviado en 14,5\u00ba la inclinaci\u00f3n de la misma. Este hecho fue posible con la colaboraci\u00f3n inestimable del vecino del s\u00e9ptimo, profesor en la Escuela de Ingenieros que ten\u00eda una percepci\u00f3n espacial fuera de lo com\u00fan, y en dos ojeadas se percat\u00f3, sin necesidad de c\u00e1lculos matem\u00e1ticos blanco sobre negro (es peligroso ese tipo de notas: tambi\u00e9n la basura se somete a una estricta clasificaci\u00f3n y revisi\u00f3n), de lo que hab\u00eda que hacer.<\/p>\n<p>Por el hueco de la puerta, ahora abierta, apareci\u00f3 un modelo algo superior. Era, como se esperaba, el inquilino del tercero. En ese momento me di cuenta de que era la \u00fanica habitante femenina del edificio. Esa observaci\u00f3n inopinada me hizo sonre\u00edr.<\/p>\n<p>Con un peque\u00f1o destello de faros (la contrase\u00f1a establecida de modo t\u00e1cito) avis\u00e9 tanto de mi presencia como de mi intenci\u00f3n. Para que el doble tr\u00e1nsito se produjera sin dificultades a\u00f1adidas la persona entrante deb\u00eda acelerar un poco en sus maniobras. El vecino me sonri\u00f3, como otras veces, y yo consegu\u00ed salir victoriosa. Hab\u00eda vencido, pues, el segundo obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Me incorpor\u00e9 hacia la derecha para no tardar m\u00e1s de la cuenta en el cruce. Eso pod\u00eda atraer la atenci\u00f3n de la patrulla, esa que precisamente se asentaba en la intersecci\u00f3n de las calles 234 y 235. Como en ese momento deten\u00edan a un APC-157 blanco (\u00bfhe o\u00eddo bien?), si me daba algo de prisa y el sem\u00e1foro se manten\u00eda un poco m\u00e1s en verde, pod\u00eda pasar desapercibida, pues el protocolo obligaba a los agentes a registros por unidad. Se daba el caso de que, compinchados, algunos ciudadanos se sacrificaban para que otros consiguieran algo de ventaja en su proceso, casi siempre frustrado, de fuga. Normalmente, d\u00edas antes, buscaban el mejor modo de provocar y despertar sospechas, con comportamientos inadecuados y excesivamente expresivos. El ocupante del veh\u00edculo era una mujer. Al menos al trasuz se dejaba adivinar una silueta rizada, no demasiado alta.<\/p>\n<p>Mientras la mujer bajaba del veh\u00edculo, las manos en alto, el rostro demudado, me dio tiempo a compadecerme seriamente de ella, a fijarme en sus rasgos, tan desemejantes a los m\u00edos, en su forma de andar, tan insegura, tan poco convencida, tan acostumbrada a la vigilancia y la amenaza. El modo de caminar de las personas hab\u00eda evolucionado con los a\u00f1os a un balanceo dubitativo que posiblemente, a corto plazo, arraigara con solidez irreversible en el c\u00f3digo gen\u00e9tico.<\/p>\n<p>Uno de los agentes se dirigi\u00f3 con firmeza a la desconsolada conductora, que pon\u00eda excusas sin que nadie le pidiera explicaciones, los ojos bien llorosos.<\/p>\n<p>No tuve m\u00e1s remedio que parar junto al control. Hab\u00eda mucho tr\u00e1fico y corr\u00eda el riesgo de quedarme justo en el cruce, en el lugar m\u00e1s visible, blanco de todos los tiroteos y las detenciones hist\u00f3ricas. Fing\u00ed un aplomo que no ten\u00eda. Los agentes del SSN, secci\u00f3n S.I, hab\u00edan sido entrenados sin escr\u00fapulo alguno para detectar cualquier gesto que delatara un estado de \u00e1nimo lindante con la ansiedad; pero estaban demasiado distra\u00eddos mostr\u00e1ndole a la ya detenida los datos audiovisuales de todos sus movimientos de los \u00faltimos d\u00edas, captados a trav\u00e9s de la webcam, la pantalla de la televisi\u00f3n por cable, el tel\u00e9fono fijo, los detectores de movimiento en domicilio y oficina\u2026, todo por guardar ese estado semiinconsciente de pa\u00eds en paz sin derecho al individualismo consciente. Hasta ah\u00ed pod\u00edamos llegar.<\/p>\n<p>Cuando el sem\u00e1foro se puso en verde, pude comprobar aterrorizada que todas las im\u00e1genes que el agente mostraba a la conductora de pelo rizado en la pantalla port\u00e1til de alta definici\u00f3n que se erig\u00eda en el dedo acusador del puesto de vigilancia me correspond\u00edan, me identificaban sin excusas. Se me ve\u00eda en la oficina, con los recortes de prensa fuente de buena parte de mis documentos; en el Departamento de Censura presentando el informe anual; en casa mirando atenta las noticias, con un parpadeo inquieto cuando de violencia gratuita se trataba\u2026 Se suced\u00edan im\u00e1genes de entradas y salidas del garaje, en el ascensor, en la puerta, justo enfrente de la casa del vecino inquietante.<\/p>\n<p>Realmente pod\u00eda haber dicho al agente que esa pobre mujer que suplicaba no era yo; que solo ten\u00eda la terrible desgracia de haber pasado con un veh\u00edculo en todo semejante; que ni siquiera se parec\u00eda a m\u00ed en nada. Pero aceler\u00e9 levemente y enfil\u00e9 hacia la A-523. Era la v\u00eda m\u00e1s cercana para ir a ninguna parte. Como si hubiera un lugar seguro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Otra vez haciendo el equipaje. Siempre huyendo, como si hubiera un lugar seguro. Mart\u00edn me avis\u00f3. Hace ya bastante tiempo. 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