{"id":168,"date":"2010-04-27T00:01:22","date_gmt":"2010-04-26T22:01:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=168"},"modified":"2010-04-27T00:08:06","modified_gmt":"2010-04-26T22:08:06","slug":"22-postal-desde-alejandria-por-luc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=168","title":{"rendered":"23- Postal desde Alejandr\u00eda. Por Luc"},"content":{"rendered":"<p>Al doblar la esquina apareci\u00f3 ante mis ojos la en otros tiempos magn\u00edfica construcci\u00f3n, orgullo de la Universidad Complutense. Ahora semejaba un le\u00f3n agonizante varado en un zool\u00f3gico de edificaciones despintadas, en un barrio en decadencia, semidesierto y arruinado, con la fachada neocl\u00e1sica mucho m\u00e1s gris\u00e1cea de como la recordaba, completamente salpicada de desconchados y excrementos de ave.<!--more--> El espect\u00e1culo, de puro triste, me hizo vacilar. Pero me palp\u00e9 por encima de la chaqueta, a la altura del coraz\u00f3n, y el contacto con la fr\u00e1gil solidez de la cartulina me empuj\u00f3 a cruzar resuelto la calle.<\/p>\n<p>Una vez en el p\u00f3rtico puls\u00e9 el timbre. Al poco, un bedel jovenc\u00edsimo me recibi\u00f3 bajo una sonrisa afable. Me present\u00e9 como antiguo alumno de la facultad, matem\u00e1tico reci\u00e9n jubilado, y a\u00f1ad\u00ed que, al enterarme de la pr\u00f3xima demolici\u00f3n del edificio, de repente me hab\u00edan entrado la morri\u00f1a y las ganas de dedicarle una visita antes de que desapareciera. Y el chico que no faltaba m\u00e1s, amigo, que entend\u00eda mis sentimientos y que desde luego no era el primero que hab\u00eda pensado lo mismo, sino m\u00e1s bien de los \u00faltimos. Me adelant\u00f3 que, tras semanas transportando todo lo que pudiera resultar \u00fatil no quedaba pr\u00e1cticamente nada interesante, y que la mayor parte hab\u00eda ido a parar a los contenedores. Y termin\u00f3 pidi\u00e9ndome que, puesto que se acercaba su hora de marcharse y no quedaba ning\u00fan trabajador dentro, que le hiciera el favor de, al salir, cerrar dando simplemente un portazo.<\/p>\n<p>La desolaci\u00f3n embargaba cada metro del claustro de la antigua facultad de Ciencias Exactas. Semejaba una playa batida por los restos de un naufragio. El aspecto que ofrec\u00eda y el silencio de oquedad que se palpaba, apenas avanc\u00e9 por \u00e9l, redujo todos mis sentidos a una c\u00e1rcel de sombras. En una atm\u00f3sfera fangosa bailaban infinitas mol\u00e9culas de polvillo en suspensi\u00f3n. La mayor\u00eda de las ventanas sin cristales, el suelo lleno de cascotes y desperdicios, gatos merodeando entre restos de bocadillos, paredes enmohecidas por humedades, abandono y brozas por todas partes. Ascend\u00ed apoy\u00e1ndome en balaustradas de piedra descarnada y escaleras con pelda\u00f1os rotos.<\/p>\n<p>En el piso superior finalmente desemboqu\u00e9 en la biblioteca, en cuya sala principal y entre largas hileras de estanter\u00edas con textos y cartapacios pulcramente ordenados, cuatro d\u00e9cadas atr\u00e1s Virginia y yo coincidimos en tardes enteras de aplicado estudio. La recorr\u00ed con devoci\u00f3n: completamente despose\u00edda de sillas y mesas, vitrinas y anaqueles vac\u00edos que seguramente acabar\u00edan hechos a\u00f1icos; tuve que caminar sorteando libros desmochados, papeles rotos y utensilios en desuso, como reglas de c\u00e1lculo, pizarras y escalas logar\u00edtmicas. En un rinc\u00f3n algunas cajas con las restantes pilas de carpetas y objetos a vaciar. Tan solo me reconfort\u00f3 un poco el aroma a\u00f1ejo a madera noble.<\/p>\n<p>Por una puerta lateral pas\u00e9 al archivo que en tiempos se utiliz\u00f3 como almac\u00e9n de la biblioteca y de la secretar\u00eda. Mir\u00e9 al fondo y no pude evitar un suspiro de alivio. Hab\u00eda llegado a tiempo. Por fortuna el armario era demasiado viejo para reutilizarse y demasiado grande para ser transportado. Me dio por pensar que en eso nos parec\u00edamos: ambos \u00e9ramos considerados ya por la sociedad entes obsoletos e inservibles. Con una barra de hierro que encontr\u00e9 hice palanca para separarlo de la pared. Luego me arrodill\u00e9 y, con la mejilla a ras del muro y alargando el cuello, extend\u00ed un brazo que apenas cab\u00eda tras el tablero trasero del mueble. Palpando con las yemas de los dedos rastre\u00e9 la superficie de la madera hasta tropezar con la concavidad, un recoveco entre estantes que en su momento el carpintero tuvo que dejar para acoplar dos de diferente profundidad. All\u00ed segu\u00eda. Lo as\u00ed por la punta y estir\u00e9, despacio, no fuera que con el tiempo la tela se hubiera ajado y acabara rasg\u00e1ndose. El pa\u00f1uelo de seda de Virginia. La \u00fanica prenda de todas las que vest\u00eda que no le quit\u00e9.<\/p>\n<p>En aquella lejana jornada de estudio nos demoramos m\u00e1s de la cuenta, y el otro bedel, recuerdo que con bigote y cara de polic\u00eda, tambi\u00e9n tuvo necesidad de marcharse, pero para acudir a una cita con el m\u00e9dico. La facultad casi desierta y Virginia y yo los dos sufridos resistentes de la biblioteca. Faltaba muy poco para los ex\u00e1menes de junio, los \u00faltimos de la carrera, y exprim\u00edamos hora tras hora para memorizar docenas de p\u00e1ginas de apuntes. El buen hombre tambi\u00e9n nos pidi\u00f3 que al salir apag\u00e1ramos luces y cerr\u00e1ramos con un portazo. Hab\u00eda confianza. Nos conoc\u00eda de sobra despu\u00e9s de cinco largos cursos.<\/p>\n<p>Se dan episodios que surgen una vez en la vida y enseguida se tiene la \u00e1spera certeza de que no se repetir\u00e1n. Hace muchos a\u00f1os que me resign\u00e9 a no volver a poseer en ning\u00fan rinc\u00f3n de un oscuro archivo a una Virginia enredada en mis brazos y apoyada en un armario, ni a absorber entre gemidos el sabor agridulce de su pelo enmara\u00f1ado, ni a morder sus labios y besar con los m\u00edos cada recoveco de su torso h\u00famedo y jadeante. Cuando ocurri\u00f3, dese\u00e9 que el instante fuera eterno. Pronto supe que fue tan ef\u00edmero como irrepetible, y que luego se perdi\u00f3 para siempre, como el agua de un cubo arrojada en el mar.<\/p>\n<p>Aquella caliginosa tarde los dos fuimos uno por primera y \u00faltima vez, y lo fuimos con toda la pasi\u00f3n furibunda de los veinte a\u00f1os, sin apenas palabras, sin miedos ni verg\u00fcenzas. Y, al acabar, Virginia desanud\u00f3 el pa\u00f1uelo de su cuello, lo impregn\u00f3 con el sudor de nuestros cuerpos y los restos de los flujos de ambos, y, blandiendo la sonrisa m\u00e1s fascinante y pecadora que mis ojos han disfrutado jam\u00e1s, lo escondi\u00f3 en un hueco tras un armario archivador que los operarios hab\u00edan ensamblado por la ma\u00f1ana, todav\u00eda sin atornillar a la pared.<\/p>\n<p>La guarida perfecta para el amuleto de un \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>Me sent\u00e9 en una caja y extraje del bolsillo interior de la chaqueta el sobre con la postal. La desplegu\u00e9: un tr\u00edptico con la foto de un bell\u00edsimo distrito residencial de Alejandr\u00eda y un par m\u00e1s con monumentos locales. Junto al matasellos de Egipto, unas l\u00edneas escritas con cuidada letra redondilla.<\/p>\n<p><em>Mi querido Enrique:<\/em><\/p>\n<p><em>Espero que mi postal te llegue; no dispongo m\u00e1s que de tus antiguas se\u00f1as, las mismas que nos intercambiamos tras la fiesta de despedida de la promoci\u00f3n. Hay que ver, \u00a1tiemblo al considerar que de eso hace m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os! Aunque, si bien lo pienso, a estas alturas me parece que de todos los brillos de mi vida hace ya cuarenta a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p><em>Nuestra compa\u00f1era Sonia me comunica que trasladan la vieja facultad de Exactas a la Universidad Polit\u00e9cnica y que van a demoler el edificio y construir oficinas o algo parecido. Quiz\u00e1 ya lo sepas. No me importa que lo derriben, pero hay un objeto que quiero que rescates antes de que la piqueta lo sepulte. Te lo pide de todo coraz\u00f3n una vieja amiga como un entra\u00f1able favor personal. \u00bfTe acuerdas del pa\u00f1uelo que ocult\u00e9 en la biblioteca? \u00a1No te perdonar\u00eda que lo hubieras olvidado! Quiero que lo recuperes y lo guardes donde no tengas que darle explicaciones a nadie. Pero no lo tires, por lo que m\u00e1s quieras. Me reconfortar\u00e1 saber que lo conservas t\u00fa. Y s\u00f3lo t\u00fa, porque me temo que nunca \u00a0podr\u00e1s devolv\u00e9rmelo. Pero as\u00ed est\u00e1 bien.<\/em><\/p>\n<p><em>Tras mucho deambular resido en Alejandr\u00eda, donde vivo razonablemente feliz, con la cercan\u00eda de mis hijos y nietos, y junto a Karim, mi marido. \u00bfRecuerdas?, mi novio de entonces. \u00a0Al final consigui\u00f3 regresar a su pa\u00eds con una espa\u00f1ola en la maleta&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>La memoria no me funciona como anta\u00f1o: aumenta la distorsi\u00f3n de unos recuerdos en los que se entremezclan personas y fechas deformadas por la realidad actual, como los pa\u00edses cuya ubicaci\u00f3n confundo constantemente. A pesar de ello, en mi mente han quedado prendidas para siempre algunas im\u00e1genes n\u00edtidas que, te juro, nunca se perder\u00e1n, y que al cabo de una monta\u00f1a de a\u00f1os a menudo reaparecen como una placentera reliquia gr\u00e1fica, sobre todo si mi \u00e1nimo decae en momentos de pesimismo, nostalgia o soledad. En este caso, en tu caso, \u00bffue culpable el m\u00e1s divertido, tierno, guapo, y un poco temerario, de todos los chicos de la promoci\u00f3n 1964-1969 de la facultad de Ciencias Exactas?<\/em><\/p>\n<p><em>Mira la foto de la postal, mi barrio en Alejandr\u00eda. Y mi casa es la grande de color blanco, a la derecha del minarete. La tuya la tendr\u00e1s siempre dentro de m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Virginia<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al doblar la esquina apareci\u00f3 ante mis ojos la en otros tiempos magn\u00edfica construcci\u00f3n, orgullo de la Universidad Complutense. 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