{"id":197,"date":"2010-04-29T00:05:50","date_gmt":"2010-04-28T22:05:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=197"},"modified":"2010-04-30T01:00:32","modified_gmt":"2010-04-29T23:00:32","slug":"29-el-legado-por-antonia-grandes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=197","title":{"rendered":"29- El Legado. Por Antonia Grandes"},"content":{"rendered":"<p>Esta noche apenas he dormido, he dado una y hasta mil vueltas en esta cama extra\u00f1a; buscando, persiguiendo el sue\u00f1o con todas mis ganas, pero no he podido encontrarlo m\u00e1s que en contados minutos. Ahora estoy aqu\u00ed, delante del espejo en el que contemplo mis ojeras, mi falta de color, mi mala cara. Me afeito con cuidado, no tengo prisa, a\u00fan hay tiempo.<!--more--><\/p>\n<p>El d\u00eda ha amanecido g\u00e9lido, es Enero, y esta vieja casa apenas retiene el calor en su interior. Los grados se escapan por estas ventanas de madera y por debajo de las rendijas de sus puertas centenarias. La caldera de carb\u00f3n crepita en la cocina, es un peque\u00f1o monstruo al que hay que alimentar con paladas del negro mineral, que ella devora, nunca satisfecha ni saciada, a cambio, calienta el agua que se distribuye por los viejos y descascarillados radiadores de hierro pintados. Hace mucho tiempo fueron verdes, ahora, aparecen como a lunares, como salpicados por un ni\u00f1o travieso que al azar, hubiera ido esparciendo diluyente por su superficie.<\/p>\n<p>Llevo dos d\u00edas girando en una espiral, de ellos me quedan retazos, como diapositivas que van pasando por mi mente. He resumido estas cuarenta y ocho horas en im\u00e1genes condensadas, la mayor\u00eda est\u00e1ticas: mi llegada a la ciudad, el traslado al tanatorio, el reconocimiento de esta casa, la gente desconocida dando su p\u00e9same, el oficio religioso breve y sin apenas asistentes, el aire fr\u00edo, que como puntas de alfileres, se clavaba en la piel de mi rostro y de mis manos en el cementerio, el \u00faltimo adi\u00f3s a mi abuelo, Gin\u00e9s.\u00a0<\/p>\n<p>Mi abuelo&#8230; Gin\u00e9s, un hombre de noventa y tantos a\u00f1os al que apenas he conocido. Solitario, hura\u00f1o y habitante hasta hace dos d\u00edas de esta casa, de esta ciudad tan lejana a la m\u00eda. Hay familias tan largas, tan extensas, que se ramifican como verdaderos \u00e1rboles repletos de hojas y cargados de frutos, otras, como la m\u00eda, pueden ser contadas con la mera ayuda de tres dedos: Hombre queda viudo a cargo de una hija, \u00e9sta engendra un hijo de soltera y \u00e9se soy yo; tres generaciones sin m\u00e1s ramificaci\u00f3n: abuelo, hija\u00a0 y nieto.<\/p>\n<p>Mi madre muri\u00f3 hace tiempo, fue esa una de las raras ocasiones en que vi a mi abuelo, al hombre alto, delgado y parco en palabras que deposit\u00f3 en mi mano un n\u00famero de tel\u00e9fono dici\u00e9ndome: <em>si necesitas algo, ll\u00e1mame<\/em>. Ahora ha muerto, y lo que se contaba con tres dedos, ha terminado reduci\u00e9ndose a uno que soy yo mismo.<\/p>\n<p>Yo mismo&#8230; Creo que me tienen por un alma solitaria, a pesar de mi edad, a\u00fan no he podido encontrar esa mujer con la que compartir mi vida. Curiosamente, los tres miembros de esta familia hemos estado abocados a la soledad. \u00bfGen\u00e9tica? Mi abuelo viv\u00eda solo, mi madre nunca comparti\u00f3 su vida con ning\u00fan hombre, y yo, hasta el momento, sigo buscando esa persona por la que realmente merezca la pena renunciar a mis h\u00e1bitos adquiridos, a mis pautas, mis horarios, mis man\u00edas de hombre solitario. No es que no haya tenido historias, tampoco ha sido eso, es m\u00e1s, alguna creo poder considerarla plena,\u00a0 pero&#8230; siempre ha tenido que existir alg\u00fan pero, o tal vez uno mismo se torna con el tiempo demasiado exigente, y ya se sabe, quien mucho pretende, tambi\u00e9n mucho ha de ofrecer y no s\u00e9 yo si ser\u00e1 \u00e9ste el caso.<\/p>\n<p>El ruido de la tetera me abstrae de mis cuentas, el agua hierve, la vierto en la taza y tapo \u00e9sta con un platillo esperando que la infusi\u00f3n se haga. No he encontrado leche, ni caf\u00e9, ni tan siquiera un bote de cacao, a cambio, en el armario hab\u00eda una buena provisi\u00f3n de bolsitas de t\u00e9. No me gusta, pero necesito algo caliente que temple mi cuerpo en este amanecer.<\/p>\n<p>S\u00f3lo dispongo de cuatro d\u00edas para darle la vuelta a esta casa. Ayer vino un hombre a mirar los muebles, no tuve que regatear mucho, apenas tengo tiempo y necesito dejarlo todo resuelto. La casa quedar\u00e1 a cargo de una inmobiliaria, cuando haya un comprador en firme, me avisar\u00e1n, creo que es lo m\u00e1s pr\u00e1ctico dadas las circunstancias.<\/p>\n<p>Me tomo el t\u00e9, no quiero que se enfr\u00ede. Parece que mi cuerpo comienza a desentumecerse mientras es recorrido en parte, por la caliente infusi\u00f3n. Ahora me espera lo m\u00e1s dif\u00edcil, he de subir al desv\u00e1n, aunque creo que antes habr\u00e9 de aprovisionarme de una chaqueta gruesa, mucho me temo, que all\u00ed arriba, la calefacci\u00f3n apenas llegue. Dejo mi taza en el fregadero, blanco y grande, antiguo, de loza que exhibe en su superficie m\u00e1s de una mancha amarillenta, \u00f3xido que el tiempo ha ido depositando. Me encamino hacia las escaleras. Subo, deslizando mi mano por el pasamanos, \u00bfcu\u00e1ntas manos se habr\u00e1n apoyado en \u00e9l? Su superficie esta deslustrada. La casa es vieja, tan vieja como era mi abuelo, la persona que la habitaba, ese tal Gin\u00e9s, tan desconocido para m\u00ed, como el propio inmueble. La puerta se resiste, necesito empujarla. Apoyo mi cuerpo contra ella y cede. Palpo la pared buscando un interruptor que traiga luz a esta oscuridad. Ya est\u00e1, una sucia bombilla ilumina una peque\u00f1a estancia donde se descubren cajas, maletas y hasta una vieja bicicleta. Hay polvo recubriendo todo y alguna que otra tela de ara\u00f1a, pero dentro de lo que cabe, no existe desorden. Tengo que reconocer que eso, es algo que no he heredado, mi casa, mis cosas, viven y se mantienen girando en un caos constante que yo trato de ir conteniendo la mayor\u00eda de las veces.<\/p>\n<p>La bicicleta mandar\u00e9 llev\u00e1rsela a cualquier chatarrero; es vieja, sus ruedas est\u00e1n sin aire, y el sill\u00edn muestra todo su relleno por un agujero. No entiendo para qu\u00e9 guarda la gente algunas cosas, no es mi caso, no tengo espacio en mi apartamento, por lo que cualquier cachivache inservible tiene sus d\u00edas contados. Empiezo a remover entre las cajas, el polvo se levanta con mis movimientos, estornudo. Facturas, postales, peri\u00f3dicos viejos, revistas ya olvidadas, libros estropeados por el fr\u00edo y la humedad&#8230; creo que todo ir\u00e1 directamente al contenedor del papel. Voy apartando las cajas, tras comprobar su contenido. La ma\u00f1ana avanza, hace fr\u00edo, pero afortunadamente estoy terminando, solamente me queda una caja por revisar, \u00e9sta parece diferente, es bonita, cuadrada con tapa, de tonos azules. Dentro hay cartas, al menos eso creo, veo manojos de sobres amarrados con gomas. Los extraigo y reviso uno de ellos, doce cartas justas, est\u00e1n colocados por a\u00f1os. Comienzo a extender los montones delante de m\u00ed: uno, dos, tres, cuatro, cinco&#8230; Hay muchos, m\u00e1s alguna carta suelta que parece haberse quedado descolgada, como no perteneciendo a ning\u00fan fajo. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 esto?, \u00bfqu\u00e9 esconder\u00e1 este hombre, este abuelo que siempre ha sido una inc\u00f3gnita? Cada grupo es un a\u00f1o, cada carta es un mes. La direcci\u00f3n de env\u00edo est\u00e1 clara, escrita con una letra redonda y sinuosa, el nombre de mi abuelo y las se\u00f1as de esta casa donde me encuentro, compruebo el remitente, un nombre de mujer simplemente: Marina. Solamente eso, tres s\u00edlabas unidas, sin calle, sin n\u00famero, sin ninguna ciudad. Cojo el mont\u00f3n que tengo m\u00e1s a mano, suelto la goma que lo sujeta y extraigo la primera carta, la letra redonda y sinuosa vuelve a saludarme, leo&#8230;<\/p>\n<p>Levant\u00e9 mi vista de los papeles, el tiempo se hab\u00eda deslizado en el reloj sin apenas enterarme, hac\u00eda un momento era por la ma\u00f1ana, ahora, la tarde comenzaba a ganarle terreno. Mi est\u00f3mago vac\u00edo rug\u00eda pidiendo de forma apremiante algo s\u00f3lido con lo que alimentarme. Mi cuerpo, entumecido por el fr\u00edo, por la falta de alimento, por la postura mantenida, hac\u00eda llegar a mi cerebro el mensaje de m\u00e1s calor. Calor para su exterior, calor que se deslizara a su interior tambi\u00e9n. Me sent\u00eda extra\u00f1o, ajeno al tiempo y al lugar donde estaba en ese momento. Hab\u00eda recorrido algunos a\u00f1os al azar de cartas, a\u00f1os llenos de hermosas palabras, de m\u00e1gicos sentimientos, de anhelos y sue\u00f1os que uno pod\u00eda llegar a sentir, a tocar a trav\u00e9s de ellas. Me quedaban muchas a\u00fan por leer.<\/p>\n<p>\u00a0Recog\u00ed todo con cuidado dentro de la caja azul, all\u00ed, en aquel desv\u00e1n, hab\u00eda encontrado un tesoro, un tranquilo remanso de paz donde poder descansar cuando la corriente de la vida me arrastrara. No conoc\u00eda a Gin\u00e9s, a mi abuelo, y mucho menos hab\u00eda sabido alguna vez algo de Marina, pero gracias a ellos, gracias a ese hombre y esa mujer, me hab\u00eda acercado a otra mirada, me hab\u00eda asomado a una mujer que escrib\u00eda para \u00e9l, para ella, que escrib\u00eda sobre su vida sola y sobre la poca vida que juntos pasaban. De momento, yo, segu\u00eda desconociendo pr\u00e1cticamente todo: el por qu\u00e9 de su lejan\u00eda, el por qu\u00e9 de esos pocos d\u00edas que pod\u00edan compartir. S\u00f3lo ten\u00eda como pistas algunas sombras, la de Gin\u00e9s, mi abuelo, y la de ese nombre de mujer, Marina, y el nexo de uni\u00f3n que eran sus cartas. Ten\u00eda muchas cartas, muchas que a\u00fan me quedaban por leer, tal vez all\u00ed, dentro de aquellos sobres, expuesto en aquellos papeles, pudiera encontrar alg\u00fan tipo de respuesta a tanto misterio. Pero, independientemente de todo, esto era lo mejor que pod\u00eda haberme legado mi desconocido abuelo, aunque hubiera tenido que ser as\u00ed, de forma indirecta; la descripci\u00f3n detallada de lo que ha de ser un amor, de lo que ha de ser una vida sentida, respirada. Hasta ahora, hasta esta ma\u00f1ana, me sent\u00eda \u201cexperimentado\u201d, seguro de haber amado, y en la ilusa creencia de haber sido amado, y aunque pocas, mis relaciones con las mujeres, sobre todo con alguna mujer determinada, pensaba hab\u00edan sido plenas. Ahora comprend\u00eda cuan equivocado estaba, ahora que me hab\u00eda asomado, merced a\u00a0 mi abuelo, de la mano de Marina, a lo que es el amor verdadero, el inmenso, el sin medida. Ahora\u00a0 me daba cuenta de mi poca entrega, de la superficialidad de\u00a0 mis relaciones. Ahora, en definitiva, me hab\u00eda adentrado un poco m\u00e1s en la esencia del ser humano.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Cerrar\u00eda esta casa para regresar a mi vida, a mi ciudad, a mi propio hogar, pero, ya no estar\u00eda tan solo; podr\u00eda seguir viajando, seguir leyendo las cartas. Ya me imaginaba sentado en mi sof\u00e1, reguardado del fr\u00edo invierno en el calor del hogar, con una carta en la mano, con otras m\u00e1s esperando. Podr\u00eda hasta dejarme llevar en el sue\u00f1o de pensar, de creer, que era yo el destinatario de las mismas, suplantando as\u00ed, en cierta manera, al desconocido Gin\u00e9s.<\/p>\n<p>No s\u00e9 qui\u00e9n era mi abuelo, y dudo mucho a estas alturas, de llegar a saberlo, pero&#8230; tuvo la suerte de ser amado por una mujer, una mujer cuyo nombre me suger\u00eda c\u00e1lidos azules, brumosos amaneceres: Marina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta noche apenas he dormido, he dado una y hasta mil vueltas en esta cama extra\u00f1a; buscando, persiguiendo el sue\u00f1o con todas mis ganas, pero no he podido encontrarlo m\u00e1s que en contados minutos. Ahora estoy aqu\u00ed, delante del espejo en el que contemplo mis ojeras, mi falta de color, mi mala cara. Me afeito [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/197"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=197"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/197\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=197"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=197"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=197"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}