{"id":219,"date":"2010-04-30T12:08:33","date_gmt":"2010-04-30T10:08:33","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=219"},"modified":"2010-04-30T12:08:33","modified_gmt":"2010-04-30T10:08:33","slug":"31-el-viento-libertador-por-karl-miller","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=219","title":{"rendered":"31-El viento libertador. Por Karl Miller"},"content":{"rendered":"<p>Siempre quiso sentir el aire golpeando en su pecho descubierto y zarandeando furioso su cabello. Eran tiempos espl\u00e9ndidos cuyo transcurso calmoso ofrec\u00eda una sosegada paz a los que trabajaban con denuedo la tierra.<!--more-->\u00a0Durante lustros hab\u00eda paseado pensando en nada por las lomas que guarecen su pueblo querido y oteaba desde el ventanuco del molino, con la ayuda de un escabel de madera que su t\u00edo abuelo utilizaba para reposar de la faena diaria, los quehaceres de sus vecinos y el transcurso infalible de los a\u00f1os. Record\u00f3 el d\u00eda en que su t\u00edo abuelo Genaro le ense\u00f1o la labor del molino cuando transcurr\u00eda 1828 y ella contaba con ocho a\u00f1itos. Resonaba en su memoria la profunda voz cazallera de Genaro: \u201c<em>Mira Luc\u00eda, \u00bfves como se mueven las aspas?, este movimiento provoca que&#8230;\u201d<\/em>. As\u00ed record\u00f3 el d\u00eda en que perdi\u00f3 la inocencia, cuando Mario se aproximaba apuesto montando un achacoso percher\u00f3n negro y silenciaban, siendo la estridente rueca desgastada por la usanza solitario testigo, un cuento de amor clandestino. De tal modo, rememor\u00f3 el nacimiento de su \u00fanico hijo al calor de un candil que serv\u00eda de gu\u00eda a la matrona, cuando el molino familiar, heredado de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, brillaba espl\u00e9ndido en el horizonte dibujando una silueta garbosa y el trasiego de carruajes portando grano y evacuando molienda era cotidiano.<\/p>\n<p>Luc\u00eda era espigada, sus piernas fr\u00e1giles sosten\u00edan unas caderas fortachonas y su \u00e1spero rostro blancuzco tornaba en cobrizo cuando la primavera tra\u00eda consigo los primeros destellos poderosos de un sol que se revelaba penetrante. Su melena rizada, siempre descuidada, revoloteaba rodeando sus sentidos y se mec\u00eda cadenciosa al comp\u00e1s de la brisa montaraz.<\/p>\n<p>Luc\u00eda viv\u00eda sola en una peque\u00f1a caba\u00f1a situada en tierras de propios. Aquellas fruct\u00edferas dehesas, aradas en grano desde tiempos remotos, serv\u00edan de sustento a una poblaci\u00f3n hambrienta obligada al esfuerzo y a la beneficencia. S\u00f3lo grano abundaba en la comarca y s\u00f3lo de pan con alg\u00fan pedazo de lo que fuese se compon\u00eda su dieta. La escasez era com\u00fan y agudizaba el ingenio de sus moradores, cuyas argucias para enga\u00f1ar a don Marcial, due\u00f1o y se\u00f1or de toda la comarca tras comprar los bienes comunales en 1856, eran intrincadas.\u00a0 Expuls\u00f3 de sus bienes a los que se negaron o no pudieron pagar sus cuentas y amenazaba a quienes no quisieran someterse a sus designios trastornados. La ruindad de un rey henchido de poder y cegado por la avaricia pose\u00eda el orondo terrateniente. Arremeti\u00f3 contra todos mientras se refugiaba en la vasta hacienda que, erigida en los tiempos de los mayorazgos y los diezmos, hab\u00eda heredado de sus ancestros. Sus sonoras carcajadas eran usuales cuando ejecutaba, de su propia mano, los dictados de su enfermizo despotismo empu\u00f1ando su flamante pistolete de avancarga. M\u00e1s de un aldeano hab\u00eda experimentado el terrible sofoco cuando el plomo atravesaba su torso escu\u00e1lido. Todos eran conocedores de la crueldad y del gusto por la fuerza de su patr\u00f3n, por lo que trataban de evitar que descubriese el horno secreto que los campesinos hab\u00edan construido disimulado entre dos graneros. De este modo evitaban tener que pagar los precios excesivos que exig\u00eda don Marcial en su tahona.<\/p>\n<p>Solamente el molino, por derecho de pervivencia, segu\u00eda perteneciendo al t\u00edo Genaro, ya moribundo cuando el delirio de don Marcial, \u00e1vido de poder y posesiones conforme avanzaba en abriles, se ofusc\u00f3 con su querida pertenencia. El t\u00edo Genaro nunca hab\u00eda exigido real alguno por su uso, pues era de posibles. Solamente requer\u00eda un pellizco de la harina que cada aldeano pudiera extraer de su labranza y que con ella horneasen un pan diario para \u00e9l.<\/p>\n<p>Luc\u00eda cultivaba trigo y cebada en las otrora tierras comunales. Ten\u00eda el recuerdo de una infancia vivaracha y feliz junto a su t\u00edo abuelo en el molino. Cuando el t\u00edo Genaro com\u00eda pan con ajo sentado en un viejo taburete de madera en la puerta del molino. O cuando, siendo ella ni\u00f1a de teta, le relataba las leyendas de los caballeros errantes que por las villas manchegas acomet\u00edan sus cruzadas y se enfrentaban a sus cuitas. El t\u00edo Genaro pose\u00eda un peque\u00f1o ejido en las cercan\u00edas del molino y all\u00ed una caser\u00f3n erigido con sillares donde pernoctaba con su se\u00f1ora y que colm\u00f3 de dicha sus tiempos de juventud. La locura del t\u00edo Genaro se desat\u00f3 cuando muri\u00f3 su esposa, por lo que dej\u00f3 la casona y se refugi\u00f3 en el molino. Acondicion\u00f3 la planta intermedia, instal\u00f3 un fog\u00f3n de le\u00f1a y se llev\u00f3 un camastro. Un jerg\u00f3n, muchos libros sobre leyendas medievales y el agua, el pan y alg\u00fan ocasional embutido que le llevaban los aldeanos en se\u00f1al de respeto, fueron la \u00fanica compa\u00f1\u00eda que tuvo durante treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cierta noche, mientras le\u00eda una novela de caballer\u00eda y en la c\u00faspide de sus dolencias, sinti\u00f3 olor a chamuscado. Escuch\u00f3 sonidos de algarada y enorme griter\u00edo, lo que llam\u00f3 su atenci\u00f3n. Como no era habitual el estruendo entre la reposada monoton\u00eda campestre de su pueblo, el t\u00edo Genaro ascendi\u00f3 al piso superior. Subi\u00f3 a su fiel banqueta de madera y atisb\u00f3 desde el ventanuco del molino, en la lejan\u00eda, en las antiguas tierras de propios, el modo en que las casuchas de los campesinos ard\u00edan en el valle. Una intensa luminaria rojiza ote\u00f3 desde su molino. Entre la muchedumbre que hu\u00eda pudo discernir la figura estilizada de Luc\u00eda, lo que parece le hizo arrinconar su demencia y retomar la sensatez. El fuego se extendi\u00f3 por los endebles chamizos de los campesinos y los transform\u00f3 en una cenicienta lluvia que ca\u00eda cadenciosa, merced a las caprichosas ventoleras manchegas, sobre el molino del t\u00edo Genaro. El peque\u00f1o ej\u00e9rcito de don Marcial terminaba as\u00ed con la usurpaci\u00f3n consentida de sus tierras compradas veinte a\u00f1os ha.<\/p>\n<p>El t\u00edo Genaro record\u00f3 repentinamente a su sobrina nieta y la infancia que vivi\u00f3 entre sacos de harina y dem\u00e1s quehaceres molineros, antes de que su maternidad sin explicaci\u00f3n le castigara a una vida dedicada al labrant\u00edo. La condena a la rudeza no someti\u00f3 su felicidad ni su \u00e1nimo, pues siempre estaba dispuesta a arar la campi\u00f1a con una sonrisa en sus labios carnosos. Desde ni\u00f1a hab\u00eda respondido a su propia voluntad. Un desparpajo que maravillaba al t\u00edo Genaro, quien cay\u00f3 en la cuenta de que Luc\u00eda era la \u00fanica digna heredera a su preciada posesi\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>Mientras el t\u00edo Genaro l\u00facidamente rememoraba tiempos a\u00f1ejos y era corro\u00eddo por la c\u00f3lera que le suscitaba la injusticia a la que asist\u00eda desde su palco particular, sonaron varios golpes en el port\u00f3n del molino. Genaro, ya enfermo y decr\u00e9pito, camin\u00f3 calmoso hacia el ventanuco que daba al port\u00f3n. Cuando hubo subido a su inseparable taburete, pudo comprobar que veinte jinetes portando antorchas abr\u00edan el paso a una figura fofa, ataviada con lujosa seda milanesa y filigranas de oro, que daba al trote de su caballo parsimonia y un aire de grandeza. Era don Marcial, cuya arrogancia siempre hab\u00eda detestado el t\u00edo Genaro. Paseando su caballo entre la media luna que compon\u00edan sus jinetes, le habl\u00f3 con su castiza entonaci\u00f3n y altivez caracter\u00edstica.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfHas visto lo que ha pasado en el valle?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed \u2013respondi\u00f3 con tranquilidad Genaro.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pues ya sabes lo que te va a ocurrir si no me vendes tu molino, viejo. Este es tu \u00faltimo aviso.<\/p>\n<p>La tozudez de Genaro era conocida en toda la comarca, por lo que le respondi\u00f3 con gritos \u00e1speros de igual manera que la \u00faltima vez que le exigi\u00f3 su molino:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Marcial! T\u00fa naciste tonto y morir\u00e1s tonto. \u00bfPor qu\u00e9 no te haces tu propio molino si tanto caudal posees?<\/p>\n<p>Don Marcial mir\u00f3 desafiante al t\u00edo Genaro mientras esbozaba una sonrisa taimada, gir\u00f3 en redondo su caballo y ech\u00f3 a galopar haciendo un gesto altanero con la mano ordenando a sus lacayos que le siguieran. As\u00ed, entre una polvareda que entremezclaba harina, ceniza y tierra de la loma del t\u00edo Genaro, desaparecieron en la despejada y estrellada anochecida del pueblo.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, lleg\u00f3 Luc\u00eda hasta el gigante nacarado que orgulloso se erig\u00eda en la loma del Arroyo. Genaro la observ\u00f3 en su trasiego a trav\u00e9s del monte. Abri\u00f3 el port\u00f3n del molino. Luc\u00eda entr\u00f3 llorosa y atemorizada. El tizne estaba presente en sus ropajes y cubr\u00eda de negro su piel lechosa. Entre sollozos, le dijo a Genaro: \u201cT\u00edo, no s\u00e9 a d\u00f3nde ir\u201d. Luc\u00eda apenas pod\u00eda recordar el molino, pues hosco estaba y desmejorado, pero sinti\u00f3 el calor de los recuerdos. Luc\u00eda se quit\u00f3 la carbonilla sobre la cubeta en la que se aseaba su t\u00edo abuelo y durmi\u00f3 en el camastro que \u00e9ste hab\u00eda dispuesto en el segundo piso.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, cuando despert\u00f3, se mir\u00f3 en el peque\u00f1o espejo, ya quebrado, que hab\u00eda cercano a la tolva. Comprob\u00f3 que hab\u00eda envejecido. Un fugaz repaso a otros tiempos le sirvi\u00f3 para que volviese a creer en la esperanza. Con su habitual sensaci\u00f3n del deber cumplido comenz\u00f3 el d\u00eda. Por la hora que transcurr\u00eda el t\u00edo Genaro estar\u00eda desayunando, como acostumbraba, junto al port\u00f3n del molino. Cuando Luc\u00eda cruz\u00f3 el umbral, lo encontr\u00f3 tumbado en el suelo. Cercano a \u00e9l, su taburete volcado y una mesita de madera sobre la que un pedacito de queso y una hogaza de pan esperaban ser devoradas. Yac\u00eda inerte, muerto.\u00a0 A mediod\u00eda Luc\u00eda comenz\u00f3 a cavar una fosa junto a la de su esposa, en los pastos situados a escasos metros de las aspas del molino. Con una oraci\u00f3n calmada y unas l\u00e1grimas por el recuerdo, se adormeci\u00f3 Luc\u00eda en el camastro de su t\u00edo abuelo.<\/p>\n<p>Cuando don Marcial supo de la muerte de Genaro, tres d\u00edas despu\u00e9s, se aprest\u00f3 a tratar de conseguir el molino y de nuevo por la noche, acompa\u00f1ado por los mismos jinetes, acometi\u00f3 sus empe\u00f1os. Mand\u00f3 llamar al port\u00f3n mientras se mov\u00eda a caballo en las inmediaciones del molino. Luc\u00eda no le abri\u00f3. Solamente escrutaba, desde el ventanuco que se abr\u00eda entre las aspas, la tropilla de don Marcial. Uno de los jinetes la distingui\u00f3 asomada y avis\u00f3 a su patr\u00f3n, quien cabalg\u00f3 hacia ella. En ese momento, Luc\u00eda record\u00f3 los cuentos que le contaba su t\u00edo abuelo, cuando ella apenas andaba, sobre el viento poderoso, que hac\u00eda girar las aspas del molino. Ote\u00f3 el horizonte estrellado para empujar despu\u00e9s la palanca que activaba la rueca y las aspas. Una ventolera moment\u00e1nea se levant\u00f3 sobre la loma del Arroyuelo y provoc\u00f3 que la cruz que se vislumbraba desde la distancia incrustada en el molino, se moviera repentinamente. Don Marcial, cegado por la tierra que se hab\u00eda levantado desde la loma y desde la tumba reci\u00e9n excavada del t\u00edo Genaro, se despist\u00f3 con su montura. Una de las aspas le golpe\u00f3 en la sien haci\u00e9ndole perder el equilibrio y provocando que se desnucara en la ca\u00edda. Los jinetes no supieron qu\u00e9 hacer y huyeron del lugar dejando una estela de tierra tras sus rocines.<\/p>\n<p>As\u00ed, Luc\u00eda volvi\u00f3 a correr por el monte sintiendo el aire acariciando su pelo y rein\u00f3 la mansedumbre. El tiempo no quer\u00eda transcurrir con la presteza con la que giraron las aspas del molino del t\u00edo Genaro aquella noche. En los d\u00edas ventosos, Luc\u00eda paseaba por la loma pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 habr\u00eda sido de su hijo emigrado a Salamanca. Pero esa es otra historia, pues por muchos a\u00f1os Luc\u00eda atendi\u00f3 y transform\u00f3 el grano a los braceros y a los labradores que viv\u00edan en las cercan\u00edas, sobre las tierras en las que el viento libertador soplaba a merced de la justicia.<strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre quiso sentir el aire golpeando en su pecho descubierto y zarandeando furioso su cabello. 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