{"id":270,"date":"2010-05-05T00:01:44","date_gmt":"2010-05-04T22:01:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=270"},"modified":"2010-05-04T00:03:29","modified_gmt":"2010-05-03T22:03:29","slug":"47-la-niebla-del-callejon-por-batalla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=270","title":{"rendered":"47- La niebla del callej\u00f3n. Por Batalla"},"content":{"rendered":"<p>Toda su vida, desde que ten\u00eda uso de raz\u00f3n, Esther siempre hab\u00eda tenido el mismo sue\u00f1o.\u00a0 Era tan recurrente y a la vez tan real, que ya hab\u00eda llegado a formar parte de su existencia. Era un cap\u00edtulo m\u00e1s de su d\u00eda a d\u00eda.<!--more-->\u00a0Empezaba\u00a0en una callejuela que ni siquiera podr\u00edamos llamar as\u00ed. Era una especie de bocacalle que un\u00eda otros dos t\u00e9tricos callejones\u00a0 por los que jam\u00e1s pasaba nadie. Por supuesto, era de noche y la niebla hab\u00eda copado el lugar. Esther apenas ve\u00eda por donde iba, tan solo sent\u00eda el retumbar de unos pasos que ni siquiera pod\u00eda asegurar si eran los suyos. Cuando estaba en la zona m\u00e1s penumbrosa de la calle sent\u00eda un susurro de voces, y un extra\u00f1o eco en los adoquines parec\u00eda devolverle cada pisada. Todo el tiempo ten\u00eda la palpitante sensaci\u00f3n de que la segu\u00edan, y al avanzar entre la bruma, semioculto por un intrincado guante h\u00famedo y fr\u00edo, estaba \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 Cuando lo ve\u00eda surgir de la oscuridad, se quedaba sin habla. Le parec\u00eda que el mundo empezaba a girar m\u00e1s despacio y la luna dejaba de atraer a la tierra. Los desbocados latidos de su coraz\u00f3n se ralentizaban y todo dejaba de existir, excepto \u00e9l. Entonces el hermoso muchacho extend\u00eda su mano, y sin mediar palabra as\u00eda fuertemente la de ella y se la llevaba. En ese momento despertaba y nunca pudo saber a donde se la llevaba. A\u00fan cuando ya llevaba un tiempo despierta persist\u00eda en la habitaci\u00f3n una sensaci\u00f3n extra\u00f1a, como si el muchacho del sue\u00f1o hubiera impregnado la estancia con su presencia.<\/p>\n<p>\u00a0 Los a\u00f1os pasaban inexorablemente y Esther segu\u00eda teniendo el mismo sue\u00f1o. Mientras sus sienes plateaban y su cara perd\u00eda aquella lozan\u00eda que ten\u00eda en su juventud, el muchacho segu\u00eda tan radiante como siempre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Una ma\u00f1ana de invierno la madre de Esther falleci\u00f3, y seis meses m\u00e1s tarde fue su padre el que abandonaba esta vida. El reducido mundo de aquella solitaria mujer se iba haciendo a\u00f1icos, y ella casi pod\u00eda o\u00edr como los trozos iban cayendo al suelo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 El jefe de Esther tambi\u00e9n hab\u00eda muerto. Ella siempre hab\u00eda trabajado en aquella peque\u00f1a empresa donde todos eran como una familia. Al fallecer la persona que m\u00e1s hab\u00eda bregado para mantener aquella unidad todo se hab\u00eda desmoronado.\u00a0 Los hijos decidieron hacer recorte de plantilla y la primera que sobr\u00f3 fue ella, pues ya nadie necesitaba una mecan\u00f3grafa, la chica que cog\u00eda el tel\u00e9fono pod\u00eda pasar las cosas a ordenador en un momento.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Esther no volvi\u00f3 a encontrar trabajo, por m\u00e1s que deambulaba de un sitio a otro, parec\u00eda que hab\u00eda perdido su lugar en aquella sociedad de gente joven y preparada. Como no ten\u00eda ingresos las deudas fueron aumentando. Lleg\u00f3 un d\u00eda en que no pudo pagar el alquiler y despu\u00e9s de varios meses, cansada de vagar sin encontrar ninguna soluci\u00f3n, lleg\u00f3 la orden de desahucio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Una noche ech\u00f3 a caminar por los sitios m\u00e1s s\u00f3rdidos de la ciudad, y cuando ya llevaba tanto tiempo andando que apenas sent\u00eda las piernas, se dio cuenta de que estaba en el callej\u00f3n de sus sue\u00f1os. Cuando lleg\u00f3 al final, abri\u00e9ndose paso a trav\u00e9s de la densa niebla, en medio de un resplandor, vio al muchacho que hac\u00eda que su mundo se parase. Segu\u00eda tan hermoso y joven como siempre, y de nuevo sin mediar palabra le tendi\u00f3 la mano y juntos penetraron en la oscuridad. Esther no sab\u00eda que hacer, y cuando mir\u00f3 a un lado\u00a0 pudo verse a si misma cuando ten\u00eda seis a\u00f1os, columpi\u00e1ndose en un parque que llamaban \u201cla jirafa\u201d. Luego estaba ella el d\u00eda de su s\u00e9ptimo cumplea\u00f1os, soplando con sus abuelos la tarta que le hab\u00eda hecho su madre, y el d\u00eda de su primera comuni\u00f3n, protestando porque no quer\u00eda ponerse la capota que le hab\u00edan comprado. Las im\u00e1genes se iban sucediendo, y en algunos momentos se ve\u00eda una Esther adolescente con los labios pintados de rosa y una Esther joven y radiante en busca de su primer empleo. Parec\u00eda como si estuviera mirando a trav\u00e9s de un velo. Todo era tenue y poco definido. Prestando atenci\u00f3n se pod\u00eda adivinar el transcurrir del tiempo, y ve\u00edas a una mujer que hab\u00eda envejecido prematuramente y que lloraba en el funeral de su padre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando la sucesi\u00f3n de recuerdos lleg\u00f3 a su fin, y sin mediar palabra, el joven le dio un espejo para que se mirara y Esther no pod\u00eda creer lo que ve\u00eda. Las arrugas se hab\u00edan ido de su rostro y \u00e9ste volv\u00eda a estar tan aterciopelado como en las im\u00e1genes que acababa de ver, y sus cabellos volv\u00edan a ser negros y relucientes como azabache, igual que en su juventud. Luego, el muchacho, le quito el espejo y le se\u00f1al\u00f3 algo que se ve\u00eda al fondo del callej\u00f3n. Luces y sirenas de polic\u00eda hab\u00edan tomado la calle, y en medio de tanta parafernalia se ve\u00eda algo tirado. Al fijarse Esther pudo comprobar que ese \u201calgo\u201d llevaba su abrigo, y su expresi\u00f3n carec\u00eda completamente de vida. Entre los murmullos de la gente pudo distinguir una conversaci\u00f3n que manten\u00edan dos polic\u00edas.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Parece ser que no ten\u00eda donde vivir, y ha muerto de fr\u00edo- dec\u00eda uno de los polic\u00edas.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Que triste! \u2013 Puntualiz\u00f3 el otro \u2013 si nadie la reclama tendremos que llevarla a la fosa com\u00fan.<\/p>\n<p>El joven muchacho de los sue\u00f1os volvi\u00f3 a tomar la mano de Esther y juntos atravesaron las callejuelas y siguieron m\u00e1s all\u00e1, mucho m\u00e1s all\u00e1\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Toda su vida, desde que ten\u00eda uso de raz\u00f3n, Esther siempre hab\u00eda tenido el mismo sue\u00f1o.\u00a0 Era tan recurrente y a la vez tan real, que ya hab\u00eda llegado a formar parte de su existencia. 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