{"id":309,"date":"2010-05-06T09:19:30","date_gmt":"2010-05-06T07:19:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=309"},"modified":"2010-06-16T19:53:56","modified_gmt":"2010-06-16T17:53:56","slug":"58-un-hombre-que-contaba-cuentos-por-hank","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=309","title":{"rendered":"58- Un hombre que contaba cuentos. Por Hank"},"content":{"rendered":"<h2><span style=\"color: #ff6600;\">\u00a0DESCALIFICADO <\/span><\/h2>\n<p><strong>Incumplimiento del punto 3 de las bases del certamen.<\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0<\/strong><strong>3<\/strong>. Los trabajos presentados deber\u00e1n ser originales e in\u00e9ditos <strong>(incluido Internet) <\/strong>y no presentados ni premiados en otros concursos. Cualquier comprobaci\u00f3n en este sentido ser\u00e1 motivo de descalificaci\u00f3n autom\u00e1tica.<!--more--><br \/>\n_____________________________________________________________<\/p>\n<p>Salgo del colegio corriendo y bajo la cuesta del lavadero, giro frente a la esquina de los Feders y entro en la plaza, a toda velocidad, sin detenerme, hasta llegar a casa y subir a mi cuarto; dejo la cartera, saludo a pap\u00e1, a mam\u00e1, a George y a Susan, pero ella, como siempre, est\u00e1 en su mundo. Cuando cumpli\u00f3 los dos a\u00f1os, el m\u00e9dico le confirm\u00f3 a mam\u00e1 su sospecha: mi hermana era sorda y lo ser\u00eda, por desgracia, toda su vida. Bueno, para ser correcto, deber\u00eda decir mi hermanastra, porque mis padres la adoptaron cuando solo ten\u00eda unos meses, aunque esa palabra nunca me gust\u00f3. Susan es, y siempre ser\u00e1, mi hermana. Meriendo pan con chocolate, me cambio deprisa y me peino con gomina mientras bajo, de dos en dos, los pelda\u00f1os que conducen hasta la puerta de entrada. Pap\u00e1 pasa revista y mam\u00e1 nos besa, uno a uno, en un ritual que a\u00fan recuerdo con ternura. Ya est\u00e1 anocheciendo. No tardar\u00e1 en llegar.<\/p>\n<p>Salimos ordenadamente por la puerta, pap\u00e1 delante, despu\u00e9s George y yo, y por \u00faltimo Susan, de la mano de mam\u00e1, cerrando la fila. En la calle, los Guildford nos aventajan por una cuadra \u2014literalmente, est\u00e1n frente a la porquera de la viuda Carter\u2014, los Feders est\u00e1n saliendo ahora, unos veinte metros detr\u00e1s, y a lo lejos veo a las gemelas Angusson alcanzando ya la puerta de la taberna; otro viernes m\u00e1s, hemos perdido la primera fila. De hecho, nunca lo hemos logrado; es una tara m\u00e1s de los Roberts.<\/p>\n<p>Hace seis meses, un viernes como hoy, el\u00a0<em>hombre<\/em>\u00a0apareci\u00f3 en la taberna de Gustav. Era alto, ni grueso ni enjuto, brazos fuertes, bien proporcionado; por mejor decir, era grande. Vest\u00eda abrigo negro, largo hasta los tobillos, cuello alto y mangas que, de largas y estrechas, apenas dejaban asomar la punta de unos dedos huesudos, extra\u00f1amente delicados para un hombre de su envergadura. Dir\u00eda, incluso, que ten\u00eda falanges de pianista. Sobre la punta de la nariz, firmes e impolutos, unos anteojos como los de mi bisabuelo, unidos por una fin\u00edsima cadena de oro al ojal de la solapa. Su atuendo era extra\u00f1o pero elegante; nadie en el pueblo hab\u00eda visto jam\u00e1s un traje parecido, con su chaleco bordado en hilo p\u00farpura, los filos de la levita reforzados con terciopelo y un alfiler brillante manteniendo una curvatura perfecta en la corbata de seda estampada. De su bolsillo derecho asomaba la esquina de una libreta negra y gastada. Se adentr\u00f3 en el local, tom\u00f3 asiento en uno de los taburetes del final de la barra, pidi\u00f3 una cerveza y, tras un corto trago, comenz\u00f3 a\u00a0<em>hablar<\/em>.<\/p>\n<p>Nadie le vio nunca en ning\u00fan otro sitio, ni siquiera \u00e9ramos capaces de determinar cu\u00e1ndo y por d\u00f3nde entraba y sal\u00eda de aquella peque\u00f1a taberna, de aquel recinto abarrotado en mitad de ning\u00fan sitio. Simplemente, aparec\u00eda, tomaba asiento, ped\u00eda su cerveza y le daba un sorbo antes de empezar.<\/p>\n<p>\u2014Voy a contaros un cuento.<\/p>\n<p>A partir de ese instante, el silencio se extend\u00eda como la niebla y creaba una atm\u00f3sfera densa, en la que no cab\u00eda m\u00e1s sonido que el de su voz grave y entonada. Todos los vecinos de Walnut Grove (salvo la anciana Angusson, abuela de las gemelas, que permanec\u00eda en cama hac\u00eda meses con una cadera rota) est\u00e1bamos sentados alrededor de aquel hombre. Durante la narraci\u00f3n nadie se atrev\u00eda a mover una silla, a toser, a comer ni beber, incluso los beb\u00e9s permanec\u00edan despiertos y en silencio. Un estado de hipnosis colectiva nos manten\u00eda aferrados a la historia como aut\u00e9nticos protagonistas, part\u00edcipes silenciosos de la trama, actores inm\u00f3viles que permanec\u00edamos hasta el alba atrapados por una voz. Susan segu\u00eda ausente.<\/p>\n<p>Los gallos cantan mientras abandonamos la taberna. Falta poco para el amanecer pero el regreso se hace sin prisa, por el camino largo, rodeando la plaza bajo los soportales y deteni\u00e9ndonos a cada paso, sonrisa en ristre, saboreando la velada, con la historia a\u00fan grabada en nuestras cabezas. Susan viaja en brazos de pap\u00e1, ajena por completo a los acontecimientos.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a casa, inexplicablemente, nadie recuerda una sola palabra del cuento. Una vez m\u00e1s, desaparecen todos los recuerdos de la historia que nos ha entretenido durante horas. Solo mi padre parece percatarse de un detalle: hoy es martes.<\/p>\n<p>Nadie sabe con seguridad desde cu\u00e1ndo ocurre, pero ahora hay dos viernes cada semana, y dos s\u00e1bados, por tanto. Las tareas del campo se desempe\u00f1an con mayor premura, para ganar ese d\u00eda que se dedica ahora al descanso, despu\u00e9s de cada visita nocturna del\u00a0<em>hombre<\/em>. Nadie se queja y nadie pregunta. Aunque se dobla el n\u00famero de cuentos, la ansiedad por escucharlos tambi\u00e9n aumenta, y antes de darnos cuenta, son ya tres las noches en vela que pasamos encerrados en la taberna de Gustav. La gente se esfuerza por intentar retener el cuento, por recordar siquiera un p\u00e1rrafo, una palabra que, combinada con las de los dem\u00e1s, aporte alg\u00fan sentido a la historia. Nadie lo logra.<\/p>\n<p>Los d\u00edas pasan y el abandono comienza a adue\u00f1arse del pueblo y sus habitantes. Ya son pocos los que vuelven a casa, siquiera para comer o asearse. No hay pan \u2014Lester, el panadero, ya no sale de la taberna ni para encender el horno\u2014 y las reservas de comida desparecen engullidas en los breves espacios de tiempo entre cuento y cuento. Las casas sin limpiar, los animales fam\u00e9licos, sin nadie que los alimente, el colegio cerrado.<\/p>\n<p>No s\u00e9 en qu\u00e9 mes estamos, pero ahora son ya siete las visitas semanales del\u00a0<em>hombre<\/em>. Los d\u00edas van desapareciendo para convertirse en cortos periodos de inactividad, sue\u00f1o y preparaci\u00f3n para la noche siguiente. Muchos duermen en la taberna, sin fuerzas para salir, mal alimentados, sucios y con la mirada perdida. La se\u00f1ora Angusson ha muerto hace d\u00edas, de inanici\u00f3n. Dice pap\u00e1 que nadie ha pasado por su casa en semanas. Algunas bestias, moribundas, deambulan por las calles en busca de comida mientras sus due\u00f1os malduermen frente a la posada esperando al\u00a0<em>hombre<\/em>.<\/p>\n<p>Esta ma\u00f1ana, volviendo a casa, pap\u00e1 ha encontrado en el suelo una libreta, negra y gastada, que ahora lee en su despacho, con Susan sobre sus rodillas, mientras casi todo el pueblo duerme. Yo tambi\u00e9n caigo rendido.<\/p>\n<p>Cuando nos preparamos para salir, es mam\u00e1 quien se encarga de pasar revista, pero solo estamos George y yo; pap\u00e1 y Susan han debido de adelantarse. Quiz\u00e1 hoy, por fin, haya alg\u00fan Roberts en primera fila. En el callej\u00f3n lateral de la taberna, detr\u00e1s de unas cajas de cerveza, una conversaci\u00f3n subida de tono llama mi atenci\u00f3n y me acerco: pap\u00e1 y el\u00a0<em>hombre<\/em>\u00a0sujetan, cada uno por un brazo, a mi hermana. En la otra mano, pap\u00e1 agarra con fuerza la libreta negra; el\u00a0<em>hombre<\/em>, por su parte, empu\u00f1a una daga antigua, brillante en la hoja y salpicada de pedrer\u00eda. De pronto, Susan se suelta y corre hacia m\u00ed, aterrada, mientras los dos adultos caen al suelo abrazados y luchando. Pap\u00e1 se incorpora; el\u00a0<em>hombre<\/em>, no. Con la daga clavada en el pecho, emite un \u00faltimo susurro que se convierte en un humo denso, blanco y fr\u00edo, que vuela hacia nosotros y se introduce con celeridad en la boca abierta de mi hermana. Susan cae al suelo, de espaldas, mientras mi padre corre a abrazarla, a abrazarnos, y mi recuerdo de la escena\u00a0se vuelve borroso, como ese humo blanco.<\/p>\n<p>La taberna ya est\u00e1 llena y el\u00a0<em>hombre<\/em>\u00a0no aparece. Ante el asombro de casi todos, mi hermana se sube al taburete de la esquina, el que siempre ocupa\u00a0<em>\u00e9l<\/em>, y comienza a leer, libreta en mano, el cuento m\u00e1s bonito que jam\u00e1s haya escuchado nadie. Susan recita la narraci\u00f3n con una voz clara y una declamaci\u00f3n perfecta.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, todo el mundo vuelve al trabajo, a las tareas de limpieza y reconstrucci\u00f3n, a quemar los cad\u00e1veres de los animales que pueblan las calles y a dar cristiana sepultura a la abuela Angusson. Pero nadie comenta nada. Pap\u00e1 y Susan hablan sin parar durante el desayuno, y tampoco eso parece extra\u00f1ar a nadie. La vida, poco a poco, retorna a Walnut Grove como si nada hubiera pasado, como si jam\u00e1s hubiera aparecido un extra\u00f1o para secuestrar almas y voluntades, como si mi hermana nunca hubiera sido sorda.<\/p>\n<p>Todos los a\u00f1os, desde hace m\u00e1s de veinte, celebramos el primer viernes de abril en la casa de mis padres, en Walnut Grove; despu\u00e9s de cenar, sentados alrededor de la mesa, Susan abre su libreta y lee, como el primer d\u00eda, el cuento m\u00e1s bonito del mundo.<\/p>\n<p>De aquel individuo nunca se ha vuelto a hablar. Si acaso, cuando le preguntan, pap\u00e1 siempre dice lo mismo: solo era un hombre que contaba cuentos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0DESCALIFICADO Incumplimiento del punto 3 de las bases del certamen. \u00a03. Los trabajos presentados deber\u00e1n ser originales e in\u00e9ditos (incluido Internet) y no presentados ni premiados en otros concursos. 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