{"id":317,"date":"2010-05-06T09:35:13","date_gmt":"2010-05-06T07:35:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=317"},"modified":"2010-05-06T09:35:13","modified_gmt":"2010-05-06T07:35:13","slug":"61-liberacion-por-martinica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=317","title":{"rendered":"61- Liberaci\u00f3n.Por Martinica"},"content":{"rendered":"<p>Aurora se incorpor\u00f3 con dificultad y consult\u00f3 el reloj: eran m\u00e1s de las siete. Seguramente hab\u00eda apagado el despertador medio dormida; <!--more-->deb\u00eda darse prisa para levantar a los ni\u00f1os. Habia estado leyendo en la cama hasta muy tarde y, poco despu\u00e9s de escuchar el ruido de la cerradura, pudo conciliar el sue\u00f1o. Cuando manten\u00eda alguna discusi\u00f3n con Manolo, \u00e9l siempre actuaba de la misma forma: se marchaba airado al \u201cOlimpo\u201d donde, tras ponerse ciego de g\u00fcisquis y tontear con las \u201cse\u00f1oritas\u201d de turno, regresaba de madrugada y se quedaba a dormir en el sof\u00e1, a modo de castigo.\u00a0<\/p>\n<p>\u201cParadojas de la vida \u2013pens\u00f3, mientras observaba la luz del amanecer tratando de abrirse paso entre los visillos de la ventana- \u201ccon un nombre tan luminoso y me encuentro inmersa en la sima m\u00e1s profunda\u201d.\u00a0<\/p>\n<p>Se calz\u00f3 las zapatillas y sali\u00f3 en direcci\u00f3n a la cocina. Al pasar por el sal\u00f3n, vio a Manolo dormido en el sof\u00e1.\u00a0<\/p>\n<p>Enchuf\u00f3 la cafetera, se sent\u00f3 en el\u00a0 taburete y comenz\u00f3 a frotar sus ojos tratando de eliminar esa sombra impertinente que parec\u00eda emanar de sus entra\u00f1as y asomar al exterior a trav\u00e9s de sus pupilas, nublando su retina.\u00a0<\/p>\n<p>El sonido de la cafetera le hizo volver a la realidad. Se sirvi\u00f3 un caf\u00e9,\u00a0 coloc\u00f3 la caja de cereales sobre la mesa y comenz\u00f3 a disolver el Cola-Cao en los vasos. Mientras tanto, su cerebro iniciaba ese ritual cotidiano en el que enumeraba las tareas a realizar. Era una forma de llevar su personal cuaderno de bit\u00e1cora en su desbocada singladura por el mar de la vida.\u00a0<\/p>\n<p>Mientras depositaba la taza en la pila pudo escuchar las voces alborotadas de los ni\u00f1os en la habitaci\u00f3n que se solapaban con el cotidiano portazo del ba\u00f1o. Hizo unos movimientos laterales de cabeza, para comprobar que la tirantez hab\u00eda desaparecido y, a los pocos segundos,\u00a0 la cuadrilla entraba alborotada en la cocina, arrastrando sus respectivas carteras.\u00a0<\/p>\n<p>Al ver la escena, Aurora se sinti\u00f3 feliz. A Luc\u00eda, la peque\u00f1a, tuvo que atarle los cordones porque todav\u00eda ten\u00eda problemas con las lazadas. Mientras ellos desayunaban, meti\u00f3 los s\u00e1ndwich en las carteras y consult\u00f3 de nuevo el reloj en el preciso instante en el que Manolo entraba en la cocina ajust\u00e1ndose el nudo de la corbata con gesto altivo e ignor\u00e1ndola por completo.\u00a0<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os se acercaron a ella para darle un beso y los cinco salieron tan campantes camino del colegio. Mientras les observaba desde la ventana, un caudal de l\u00e1grimas pugnaban por salir al exterior, pero no cedi\u00f3 al impulso. En lugar de eso, se sent\u00f3 y respir\u00f3 hondo, tratando de realizar esos ejercicios de relajaci\u00f3n que le hab\u00eda recomendado su psic\u00f3logo.\u00a0<\/p>\n<p>Aurora pose\u00eda un don extraordinario: su imaginaci\u00f3n. Sentada en el taburete de la cocina, esboz\u00f3 una leve sonrisa mientras la noci\u00f3n del tiempo y el espacio parec\u00edan desvanecerse. Era uno de sus activos m\u00e1s valiosos: su facilidad de concentraci\u00f3n. Una enorme fantas\u00eda, que la llevaba a conseguir una profunda abstracci\u00f3n de la realidad y que sol\u00eda desembocar en una capacidad creativa extraordinaria. Y mientras duraban esos breves episodios, era capaz de crear y recrear escenas de una emoci\u00f3n inmensa.\u00a0<\/p>\n<p>Entorn\u00f3\u00a0 los ojos y, en unos segundos\u2026 \u00a1zas! , ya estaba dentro de la burbuja. Eran unos instantes de luz y armon\u00eda en los que todas las puertas de ese oscuro t\u00fanel parec\u00edan abrirse de par en par y todo alrededor se transformaba en un entorno luminoso, arm\u00f3nico y placentero, en el que cualquier suceso pod\u00eda acaecer. Ese breve par\u00e9ntesis, ven\u00eda a fortalecer su mente y su cuerpo con una energ\u00eda extraordinaria que le infund\u00eda toda la fuerza necesaria para abordar una nueva jornada. Tras su vuelta a la realidad, se dirigi\u00f3 a su habitaci\u00f3n, se visti\u00f3 r\u00e1pidamente y sali\u00f3, no sin antes contemplar con desagrado el caos que reinaba en la cocina.<\/p>\n<p>**<\/p>\n<p>Cuando conoci\u00f3 a Manolo, Aurora crey\u00f3 encontrar en \u00e9l todo lo que la vida le hab\u00eda negado hasta entonces: amor, independencia, libertad\u2026 Adem\u00e1s de poseer un f\u00edsico atractivo, su actitud abierta, y afable, acompa\u00f1ada de un verbo locuaz y entretenido, hac\u00eda las delicias de los contertulios (y, mucho m\u00e1s, de las contertulias) en las reuniones sociales. Por esa raz\u00f3n -y porque \u00e9l se mostraba ante sus ojos como la aut\u00e9ntica imagen de libertad- Aurora se sinti\u00f3 afortunada con el encuentro y pareci\u00f3 entrar en una de vor\u00e1gine emocional que la llev\u00f3 a considerar que hab\u00eda encontrado a la persona ideal para compartir el resto de sus d\u00edas. Por fin podr\u00eda tener su propio entorno y su propio proyecto de vida en el que la confianza y la complicidad ser\u00edan los pilares sobre los que se asentar\u00eda su incipiente relaci\u00f3n que ir\u00eda robusteci\u00e9ndose y consolid\u00e1ndose con el paso del tiempo. Y se hizo realidad el sue\u00f1o con el que sue\u00f1a cualquier mujer: tener su propia casa, su propia familia y, sobre todo, una pareja con la que compartir su andadura por la vida.\u00a0<\/p>\n<p>Transcurrido un a\u00f1o, naci\u00f3 Manuel, el mayor, un ni\u00f1o sano y llor\u00f3n \u2013a decir de su suegra, \u201cigualito que Manolo\u201d-\u00a0 que la obligaba a permanecer a su lado moviendo el mois\u00e9s hasta que ca\u00eda rendida en la peque\u00f1a cama de su habitaci\u00f3n. Esa era una de las razones por las que Aurora se preguntaba c\u00f3mo podr\u00eda haberse quedado embarazada de Virginia, si realmente ella y Manolo no manten\u00edan relaciones. Bueno o las manten\u00edan espaciadas am\u00e9n de interrumpidas por alg\u00fan que otro sobresalto nocturno que, a fin de cuentas, tampoco se pod\u00edan contabilizar como tales. Lo cierto es que, con la llegada de la ni\u00f1a, Aurora ten\u00eda la sensaci\u00f3n de \u201cmultitud\u201d en la casa y las horas parec\u00edan volar en el reloj, mientras ella se afanaba en que todo estuviera atendido y controlado sin conseguirlo. As\u00ed que se vio obligada a pedir una excedencia en la empresa y, un a\u00f1o m\u00e1s tarde, naci\u00f3 Oscar: un ni\u00f1o revoltoso e inquieto al que hab\u00eda que dedicar mucho tiempo para que conciliara el sue\u00f1o, pero que se criaba sano y vital. Con la llegada de Luc\u00eda, la peque\u00f1a a Aurora le pareci\u00f3 que le hab\u00eda ca\u00eddo un regalo del cielo. Robusta y tranquila, se pasaba el d\u00eda comiendo y durmiendo. Tanto dorm\u00eda que, en no pocas ocasiones Aurora hab\u00eda acercado a la cuna varias veces a lo largo de la noche, para comprobar que todo iba bien.\u00a0<\/p>\n<p>Ese excesivo celo en su faceta de madre am\u00e9n de los continuos abandonos del lecho conyugal en los episodios de llantos nocturnos, provoc\u00f3 en Manolo unos celos enfermizos que ella no supo \u2013o, quiz\u00e1, no quiso- abordar. Y ah\u00ed comenzaron las desavenencias. Manolo no pod\u00eda soportar ese abandono y apelaba continuamente a su excesiva atenci\u00f3n a los ni\u00f1os, en detrimento de su propia atenci\u00f3n, lo cual no dejaba de ser cierto. Aurora no dio m\u00e1s importancia que la que deb\u00eda darle: era una situaci\u00f3n coyuntural que durar\u00eda lo que durara la adaptaci\u00f3n a la misma. Y se puso manos a la obra. Trat\u00f3 por todos los medios de que su hogar fuera un lugar de armon\u00eda y equilibrio, ante todo. Bajo ning\u00fan concepto pod\u00eda permitir que se repitiera la imagen de inestabilidad de sus padres en su propia casa. Claro que para lograr esto, no hab\u00eda reparado en concesiones e incluso en renunciar a sus propios sue\u00f1os. Noches sin dormir, quejas de Manolo por su falta de atenci\u00f3n, y poco tiempo de dedicaci\u00f3n a lo que realmente le satisfac\u00eda hacer, fueron perfilando su figura y su mente hacia rutas de resignaci\u00f3n y silencio que le punzaban el coraz\u00f3n en las largas noches de insomnio, mientras esperaba escuchar el ruido de la cerradura de madrugada.<\/p>\n<p>Cuando en alguna ocasi\u00f3n sent\u00eda ese impulso de libertad, la p\u00e9rfida imagen de Manolo aparec\u00eda amenazante ante sus ojos impidi\u00e9ndole cualquier posible cambio. Se sent\u00eda enga\u00f1ada por el mundo en general y humillada por \u00e9l en particular. Sus comentarios despectivos hacia ella en p\u00fablico \u2013pero, sobre todo, en privado- estaban llegando a un punto en el que la situaci\u00f3n se hac\u00eda insostenible. Y hab\u00eda que actuar.\u00a0<\/p>\n<p>A sus desorientados padres no pod\u00eda recurrir \u00a1bastante ten\u00edan con soportarse el uno al otro! y, adem\u00e1s, con su forma de pensar, no entender\u00edan su decisi\u00f3n. Por otro lado estaban los chicos, ya mayores, eso s\u00ed, pero \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 que reclamaban su atenci\u00f3n y que, sin duda, le reprochar\u00edan su ego\u00edsmo. Y, por \u00faltimo, estaba la crueldad de Manolo que manten\u00eda su deleznable actitud, sabedor de que ella no ten\u00eda otra salida.\u00a0<\/p>\n<p>Por esa raz\u00f3n y porque adolec\u00eda de una arrogancia fuera de toda duda, Manolo no le conced\u00eda la menor importancia ni a su trabajo ni a su persona. Y \u00e9ste \u00faltimo extremo era el que m\u00e1s sangraba el interior de Aurora. Se sent\u00eda vac\u00eda y castrada. Sab\u00eda de sus andanzas de soltero como sab\u00eda de sus enga\u00f1os de casado. Pero lo peor era esa actitud orgullosa e hiriente que mostraba hacia ella. Percib\u00eda c\u00f3mo su espacio en el universo se iba reduciendo sutilmente, mientras Manolo iba ganando terreno poco a poco, ense\u00f1ore\u00e1ndose de su entorno y arrincon\u00e1ndola por completo. Pero ella se dejaba llevar. Ante todo, el equilibrio. Todo deb\u00eda funcionar correctamente y ella deb\u00eda renunciar en pos del bienestar familiar. Nada de gritos ni discusiones. Cada ma\u00f1ana, al levantarse, sent\u00eda algo por detr\u00e1s, a la altura de la nuca, que la empujaba como un inmenso rodillo a seguir con sus obligaciones y quehaceres, sin tiempo para reflexionar acerca de la direcci\u00f3n en la que caminaba. Simplemente se iba desplazando por el globo terr\u00e1queo, impulsada por una energ\u00eda que la manten\u00eda en movimiento, mientras en su interior, su esp\u00edritu, su esencia, parec\u00eda solaparse tras una horrible pantalla de absurda mundaner\u00eda y aburrida cotidianeidad.\u00a0<\/p>\n<p>Deseaba profundamente dar un giro a su existencia pero no era capaz de reunir las fuerzas necesarias para hacerlo. Deb\u00eda provocar un cambio que le permitiera realizarse como ser humano y alternar las obligaciones familiares con alguna actividad enriquecedora que diera sentido a su vida. Pero eso pasaba por la separaci\u00f3n de Manolo. Y supon\u00eda alteraci\u00f3n, inestabilidad y amenazas. Por esa raz\u00f3n, hab\u00eda contactado con los Servicios Sociales de su barrio y hab\u00eda hablado con un psic\u00f3logo que \u2013en contra de lo que ella supon\u00eda- hab\u00eda reforzado su decisi\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>Pero deb\u00eda contar con los ni\u00f1os. No deseaba crearles una responsabilidad compartida en su decisi\u00f3n, sino informarles adecuadamente y trasladarles una imagen de control y equilibrio ante el cambio. Manuel lo entender\u00eda, sin duda, porque a sus catorce a\u00f1os, era un chico muy maduro pero Virginia, con sus doce a\u00f1os a cuestas soportando sus alborotadas hormonas, posiblemente se sentir\u00eda m\u00e1s confusa inestable que nunca y llegar\u00eda a odiarla aunque, en el fondo, apoyar\u00eda su decisi\u00f3n. Tambi\u00e9n estaba la familia. Y los amigos. Y la sociedad. Y la hipoteca. Y el colegio\u2026 Y estaba tambi\u00e9n presente el silencio y la rebeld\u00eda de Oscar, el tercero (\u00a1que dolor le produc\u00eda ese silencio!) que ella sab\u00eda pleno de admiraci\u00f3n hacia ella y que reprim\u00eda el impulso de gritar al mundo el arrojo de su madre. Y Luc\u00eda, la peque\u00f1a, que a sus siete a\u00f1os, observaba con esos ojos inmensos y esa sonrisa sincera lo que acontec\u00eda a su alrededor como si cada d\u00eda fuera una nueva aventura llena de expectativas ante las que se ir\u00eda acomodando.\u00a0<\/p>\n<p>Pero hoy, por fin, ha tomado la decisi\u00f3n. Se ha acercado al armario y se ha vestido con ese conjunto de seda verde atrevido y vistoso. Luego se ha colocado ese collar \u00e9tnico \u2013regalo de los ni\u00f1os- y se ha sentido como una diosa. Y, cuando ha salido en direcci\u00f3n al trabajo con determinaci\u00f3n y pisando fuerte, ha sabido que el camino que tomaba era el adecuado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aurora se incorpor\u00f3 con dificultad y consult\u00f3 el reloj: eran m\u00e1s de las siete. 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