{"id":373,"date":"2010-05-09T00:25:21","date_gmt":"2010-05-08T22:25:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=373"},"modified":"2010-05-09T00:25:21","modified_gmt":"2010-05-08T22:25:21","slug":"78-aun-dormia-por-atenea-de-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=373","title":{"rendered":"78- A\u00fan dorm\u00eda. Por Atenea de Fuego"},"content":{"rendered":"<p>Voy todos los a\u00f1os a celebrar la Nochebuena a casa de mi hija Emma. Ellos pasan los veranos junto a m\u00ed, en Minarez, un pueblecito de monta\u00f1a a unos treinta kil\u00f3metros de la ciudad. <!--more-->Viven en un quinto piso de un edificio en la Gran Avenida. Es un barrio ruidoso, lleno de coches, tiendas y bares. Y un enorme parque en el que se dan cita parejas, andantes y pandillas.<\/p>\n<p>Este a\u00f1o, como los anteriores, me invitaron. Nos sentamos a la mesa y la cena finaliz\u00f3 sin haber dicho nada excepcional. En el postre, Silvia trajo la bandeja con pedacitos de turr\u00f3n y polvorones.<\/p>\n<p>\u2014A las once he quedado con Dani \u2014anunci\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Tienes quince a\u00f1os \u2014afirm\u00f3 Emma muy seria.<\/p>\n<p>Silvia apret\u00f3 los dientes y frunci\u00f3 el ce\u00f1o, sent\u00e1ndose de nuevo mientras sub\u00eda el volumen del televisor. Llevaba un curso escolar penoso. Hab\u00eda suspendido muchas asignaturas y formaba parte de una pandilla en el instituto. Sus padres culpaban a Dani, que ten\u00eda mala fama en el barrio.<\/p>\n<p>\u2014Llama a ese tipo<em> <\/em>y dile que te proh\u00edbo salir\u00a0 \u2014le dijo su padre alzando la voz.<\/p>\n<p>\u2014Ni hablar\u2026 \u2014respondi\u00f3 Silvia dando una palmada sobre la mesa.<\/p>\n<p>Se levant\u00f3 enfadada y sali\u00f3 dando un portazo. Emma fue tras ella, pero la ni\u00f1a ya hab\u00eda montado en el ascensor, por lo que regres\u00f3 desolada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 vamos a hacer? \u2014gimote\u00f3, mientras discut\u00eda con su marido.<\/p>\n<p>Entonces, un l\u00edquido amargo me subi\u00f3 a la garganta, y dije furiosa:<\/p>\n<p>\u2014No es el mejor momento para discutir.<\/p>\n<p>Ambos me miraron. De pronto, se oy\u00f3 c\u00f3mo giraba la llave en la cerradura de la puerta de la casa, y Silvia apareci\u00f3 de nuevo limpi\u00e1ndose las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2014Ya le he dicho que se vaya \u2014balbuce\u00f3 con las mejillas coloradas.<\/p>\n<p>\u2014Bien \u2014respondi\u00f3 con energ\u00eda su padre.<\/p>\n<p>Silvia se march\u00f3 a su cuarto con la cara descompuesta. Su madre y yo la seguimos, pregunt\u00e1ndole qu\u00e9 hab\u00eda sucedido. Nos cont\u00f3 que Dani le hab\u00eda dicho que estaba enamorado de otra chica.<\/p>\n<p>\u2014Te advert\u00ed que no era de fiar \u2014le record\u00f3 su madre.<\/p>\n<p>Silvia, llorosa, se tumb\u00f3 en su cama.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe vienes ma\u00f1ana al pueblo? \u2014le pregunt\u00e9 con la intenci\u00f3n de que cambiara de aires.<\/p>\n<p>La chiquilla me respondi\u00f3 con una rotunda negativa y sigui\u00f3 llorando.<\/p>\n<p>\u2014Quiz\u00e1 te haga bien \u2014insist\u00ed.<\/p>\n<p>En ese instante levant\u00f3 la cara de la almohada y me mir\u00f3 dubitativa.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Creo que es una buena idea! \u2014exclam\u00f3 Emma\u2014. Haz la maleta, ma\u00f1ana os llevar\u00e9 a la estaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Vale\u2026 \u2014respondi\u00f3 despu\u00e9s de varias caras de hartura, como si nos hiciera un favor.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, tras el desayuno, Emma nos dej\u00f3 en la estaci\u00f3n del tren de cercan\u00edas. Una vez acomodadas en nuestros asientos, puse mi mano sobre su brazo y ella coloc\u00f3 la suya sobre la m\u00eda.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda el tren par\u00f3 en Minarez. Como \u00fanico equipaje Silvia llevaba una bolsa de deporte. Ese invierno era muy suave y, bajo el sol de mi pueblo, mi nieta me parec\u00eda la chiquilla m\u00e1s preciosa del mundo. Se estaba haciendo una mujer. La agarr\u00e9 del brazo mientras camin\u00e1bamos hacia mi antigua casa de piedra. Al ver la fachada, los ojos azules de Silvia brillaron.<\/p>\n<p>\u2014Me acuerdo c\u00f3mo el abuelo me ense\u00f1\u00f3 a montar en bicicleta \u2014dijo, entrelazando mi cintura.<\/p>\n<p>Y fue entonces cuando supe que continuaba siendo mi ni\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Abuela, me gustar\u00eda que hicieras sopa de ajo.<\/p>\n<p>\u2014Hecho \u2014contest\u00e9 con una sonrisa\u2014. Pero primero prepararemos las camas.<\/p>\n<p>Cuando terminamos, Silvia recorri\u00f3 cada habitaci\u00f3n de la casa y abri\u00f3 las contraventanas de madera, dejando que la luz de finales de diciembre entrara a la vivienda. Al dirigirme al comedor, pas\u00e9 por delante de ella y le acarici\u00e9 la mejilla. Silvia me sigui\u00f3 y me ayud\u00f3 a arrugar unas cuantas hojas amarillentas de diarios pasados que coloqu\u00e9 en la chimenea para prenderles fuego. Tambi\u00e9n arrim\u00e9 un poco de le\u00f1a, y a los pocos segundos las llamas se hicieron m\u00e1s grandes y chisporroteaban. El olor a hogar inund\u00f3 la habitaci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p>Comimos despacio y hablamos de mil cosas. Mi nieta deseaba que le volviera a contar c\u00f3mo a\u00f1os atr\u00e1s yo curaba la insolaci\u00f3n, las indigestiones, quitaba el mal de ojo y recomendaba hierbas a los vecinos del pueblo que me visitaban. Nunca ped\u00ed dinero, pero siempre me daban la voluntad. Adem\u00e1s, junto a mi marido, criaba gallinas y cultivaba la tierra.<\/p>\n<p>Cuando terminamos de comer Silvia ten\u00eda las mejillas encendidas y estaba cansada, por lo que le toqu\u00e9 la frente y not\u00e9 que ten\u00eda calentura. Preocupada, la ayud\u00e9 a acostarse. No s\u00e9 por qu\u00e9 estaba convencida de que alguien le hab\u00eda hecho mal de ojo, y rec\u00e9 en voz baja una oraci\u00f3n. Despu\u00e9s, recog\u00ed los cacharros, me puse el camis\u00f3n y me tumb\u00e9 en mi cama, a pesar de ser media tarde. Silvia durmi\u00f3 de un tir\u00f3n. Sin embargo, a m\u00ed me asalt\u00f3 una terrible pesadilla que me despert\u00f3 en mitad de la noche y me hizo sentir el latir fren\u00e9tico de mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente no recordaba el sue\u00f1o, pero un malestar me recorr\u00eda el cuerpo, estaba preocupada. Mir\u00e9 el reloj. Las manecillas marcaban las siete de la ma\u00f1ana, y me dirig\u00ed al dormitorio de Silvia. Le puse la mano en la frente y comprob\u00e9 que no ten\u00eda fiebre, por lo que le zarande\u00e9 el hombro con suavidad. La chiquilla abri\u00f3 los ojos y me mir\u00f3. Despu\u00e9s de desayunar tostadas y caf\u00e9 con leche, nos acercamos al mercadillo que invad\u00eda las callejuelas del centro del pueblo. La ma\u00f1ana pas\u00f3 en un suspiro, como los d\u00edas posteriores. Yo era feliz porque mi nieta hab\u00eda recuperado la sonrisa.<\/p>\n<p>Cada tarde Silvia hablaba por tel\u00e9fono con su madre. En una ocasi\u00f3n le cont\u00f3 que Dani hab\u00eda ido a buscarla. Entonces, inesperadamente, Silvia quiso regresar, decidida a aclarar su relaci\u00f3n. Intent\u00e9 convencerla de que tomaba una decisi\u00f3n equivocada, porque yo intu\u00eda que ese chico no era de fiar, pero no quiso escucharme. Sus sentimientos eran profundos. As\u00ed que cogi\u00f3 su bolsa de deporte y, con tristeza, la acompa\u00f1\u00e9 hasta la estaci\u00f3n. Se despidi\u00f3 de m\u00ed con un \u201cHasta pronto, abuela\u201d, y camin\u00f3 hasta el vag\u00f3n. Entonces fue cuando me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el brillo de su pelo negro al atardecer. Respiraba vida. Se gir\u00f3 y con un tierno movimiento de mano me dijo adi\u00f3s. En ese mismo instante algo parecido a una descarga el\u00e9ctrica me recorri\u00f3 desde la nuca hasta las puntas de mis cansados pies. Tuve un mal presentimiento.<\/p>\n<p>Silvia qued\u00f3 con Dani la tarde de Reyes. \u00c9l fue a recogerla con el coche de su madre, aunque no ten\u00eda carn\u00e9 de conducir. Esa tarde llov\u00eda y, por desgracia, otro veh\u00edculo que iba en direcci\u00f3n contraria cruz\u00f3 la medianera y perdi\u00f3 el control. La colisi\u00f3n fue brutal. Silvia, que no llevaba puesto el cintur\u00f3n de seguridad, sali\u00f3 despedida atravesando la luna delantera. Y su cuerpo qued\u00f3 sin vida sobre el h\u00famedo asfalto, mientras la lluvia continuaba cayendo. Adem\u00e1s, los cuerpos de ambos conductores quedaron atrapados entre el amasijo de hierros. Todos murieron. Cuando me lo contaron llor\u00e9 durante horas. Me culp\u00e9 por haberla dejado marchar. Llor\u00e9 desesperada, porque no pod\u00eda hacer nada para devolverle la vida. Y la ira se apoder\u00f3 de m\u00ed, por lo que maldije al mundo. Y me maldije por no haber hecho caso de aquella corazonada. El dolor no me cab\u00eda dentro del cuerpo. Sent\u00eda como si de un momento a otro fuera a estallar.<\/p>\n<p>Decidimos enterrarla en el pueblo, en el pante\u00f3n familiar. En el tanatorio, expusieron su cuerpo maquillado dentro de una caja de madera. Algunos vecinos la miraban como si fuera una atracci\u00f3n de feria. Sus padres, con los rostros ensombrecidos por el cansancio y la pena, recib\u00edan las muestras de condolencia. Y yo, con el coraz\u00f3n hecho pedazos, ped\u00ed que me dejaran despedirme de ella. Arrastrando los pies, atraves\u00e9 la puerta de la sala donde estaba ella, y mir\u00e9 su blanco rostro. Acerqu\u00e9 mis labios temblorosos a su frente y la bes\u00e9 por \u00faltima vez. Luego, respir\u00e9 hondo y volv\u00ed a observarla. Parec\u00eda que mi ni\u00f1a a\u00fan dorm\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Voy todos los a\u00f1os a celebrar la Nochebuena a casa de mi hija Emma. 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