{"id":394,"date":"2010-05-10T12:13:52","date_gmt":"2010-05-10T10:13:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=394"},"modified":"2010-05-10T12:13:52","modified_gmt":"2010-05-10T10:13:52","slug":"83-los-ultimos-lobos-por-yolanda-yolif","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=394","title":{"rendered":"83-Los \u00faltimos lobos. Por Yolanda Yolif"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>A lo que permanece.<br \/>\nSiempre.<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La loba no lo sinti\u00f3 llegar en toda la noche. Se despert\u00f3 con fr\u00edo y\u00a0 mir\u00f3 hacia la boquera de la guarida buscando su silueta.<!--more-->\u00a0Pero s\u00f3lo encontr\u00f3 la luz gris de un amanecer lluvioso. Desperez\u00e1ndose, se puso en pie y se asom\u00f3 a la entrada, olfateando. La lluvia intensificaba los olores: los intensos de la tierra h\u00fameda, las agujas de los pinos, las hojas podridas de las hayas; el olor fresco de los helechos mojados, el rastro leve de los roedores nocturnos, alguna traza intermitente a sal, del mar lejano. Pero no hall\u00f3 el aroma fuerte del macho.<\/p>\n<p>Sali\u00f3, trep\u00f3 un poco hacia arriba, hasta las rocas, por encima de la lobera. Bebi\u00f3 del agua que la lluvia dejaba en peque\u00f1os charcos. Busc\u00f3 el olor del lobo, pero por all\u00ed no hab\u00eda pasado tampoco. Sin embargo, su cuerpo se puso en tensi\u00f3n: Hab\u00eda notado el del humo, el humo del hombre. Comprob\u00f3 que ven\u00eda del pueblo y volvi\u00f3 a relajarse. Segu\u00eda lloviendo, de modo que volvi\u00f3 a su refugio. Se tumb\u00f3 a la entrada, con el hocico entre las patas delanteras. Esperando, alerta.<\/p>\n<p>Las horas pasaban despacio, pero la loba no parec\u00eda inquieta. Estaba atenta a los ruidos y los silencios del bosque, a los aromas que el viento leve acercaba, mientras la lluvia ca\u00eda sin cesar. Cuando sinti\u00f3 hambre, sali\u00f3 de nuevo. No muy lejos de all\u00ed hab\u00eda enterrado unas noches atr\u00e1s una peque\u00f1a presa. Se dirigi\u00f3 hacia el lugar, pero repentinamente pareci\u00f3 cambiar de idea: Se par\u00f3 en seco, olfateando, levantando la hermosa cabeza, girando lentamente, la nariz dilatada al m\u00e1ximo. Aquello, sin duda, era el rastro del lobo, e indicaba que se hab\u00eda dirigido hacia el pueblo. La loba recel\u00f3, gir\u00f3 en c\u00edrculos olfateando, poniendo en alerta todos sus sentidos. Parec\u00eda dudar entre quedarse esperando al lobo, que siempre hab\u00eda vuelto a la guarida, o seguir su instinto: Sab\u00eda que el lobo gris estaba viejo y cada vez m\u00e1s cansado. Sab\u00eda que no habr\u00eda m\u00e1s camadas de cachorros suyos, y que ning\u00fan otro macho se acercar\u00eda ya hasta all\u00ed. El hombre hab\u00eda cercado el fr\u00e1gil territorio de bosque con una carretera, en la que quedaron los restos, picoteados por los cuervos, del \u00faltimo lobo que intent\u00f3 cruzarla un par de a\u00f1os atr\u00e1s. El pinar que quedaba a\u00fan del otro lado hab\u00eda ido desapareciendo desde entonces, poco a poco, devorado por m\u00e1quinas que dejaban tocones y olor a gasoil.<\/p>\n<p>Eso la decidi\u00f3 a seguir el rastro, cuesta abajo. Silenciosa e invisible entre los matorrales, evitando los olores del hombre y los senderos m\u00e1s trillados, cuidadosa y lenta, la loba se acerc\u00f3 al lindero del bosque. M\u00e1s all\u00e1 empezaban los campos de cultivo y era dif\u00edcil ocultarse. A pesar de la lluvia y de que el oto\u00f1o acortaba los d\u00edas, a\u00fan hab\u00eda luz para que cruzarlos fuera muy arriesgado, y por ello la loba se ocult\u00f3 entre unos espinos. Su denso pelaje mojado la protegi\u00f3 de los ara\u00f1azos. Olfate\u00f3 el escondite, otros lo hab\u00edan utilizado antes que ella. Pero no encontr\u00f3 ning\u00fan despojo que llevarse a la boca, y apacigu\u00f3 el dolor del hambre mordisqueando unas bayas. La lluvia fue cesando, y mientras se secaba, dormit\u00f3 hasta el anochecer.<\/p>\n<p>Luego, cuando el color oscuro de su pelo se confund\u00eda con las sombras de la noche, y la niebla se deslizaba callada subiendo por los montes, busc\u00f3 de nuevo el rastro del macho. Por el l\u00edmite de los campos dej\u00f3 atr\u00e1s el pueblo y\u00a0 continu\u00f3 cuesta arriba hacia la \u00faltima loma, la que separaba al pueblo del mar. Tambi\u00e9n ese olor a hombre impregnaba aquella zona en la que la loba nunca hab\u00eda estado antes, por lo que estaba atenta a todas las se\u00f1ales que pudiera percibir. Tan s\u00f3lo se escuchaba el rumor cercano del mar lamiendo los acantilados. De pronto, al girar rodeando unas rocas, un gran destello la ceg\u00f3. Por instinto, apret\u00f3 el vientre contra la tierra y se qued\u00f3 inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>Durante unos segundos, su o\u00eddo y su olfato buscaron fren\u00e9ticamente el peligro. Y de nuevo, la intensa luz volvi\u00f3 a deslumbrarla. Gir\u00f3 la cabeza, protegiendo los ojos y se arrastr\u00f3 hacia atr\u00e1s poni\u00e9ndose a salvo bajo las rocas que acababa de sobrepasar. Entonces pudo ver que la luz ven\u00eda de detr\u00e1s de la cima de la colina que casi hab\u00eda alcanzado, y que giraba constantemente iluminando una franja de terreno a su alrededor. La sombra de las mismas rocas desnudas que culminaban la colina y la niebla densa que las envolv\u00eda, se la hab\u00edan ocultado hasta ese momento.<\/p>\n<p>Cuidando de no cegarse de nuevo, volvi\u00f3 a subir, y en seguida pudo ver la parte superior del faro y el haz de luz giratorio surgiendo entre la bruma. Avanz\u00f3 un poco m\u00e1s, rodeando la cima, hasta distinguir el faro completo y adivinar la inmensidad del mar a sus pies. S\u00f3lo desde donde estaba la loba se pod\u00eda bajar hasta \u00e9l, el resto del acantilado ca\u00eda vertical sobre la masa oscura y danzante del agua. Y hacia all\u00ed la dirig\u00eda, n\u00edtido, el rastro del lobo.<\/p>\n<p>Era un sendero estrecho y empinado, tallado en la roca, que llegaba hasta el muro del faro. Sobrepas\u00f3 la entrada, una verja sin resquicios, siguiendo el olor penetrante hasta una peque\u00f1a oquedad en el muro. Acerc\u00f3 el hocico y escuch\u00f3 el gru\u00f1ido sordo del lobo. Ella gimi\u00f3 suavemente, mientras introduc\u00eda el cuerpo por el hueco, buscando ya el de su compa\u00f1ero. Lo vio al fondo, semioculto en una le\u00f1era vac\u00eda, y trot\u00f3 hacia \u00e9l, ondeando el rabo peludo hacia los lados, contenta. \u00c9l se incorpor\u00f3 a medias, dificultosamente, olfate\u00e1ndola mientras la loba le lam\u00eda el hocico y comprobaba que no hab\u00eda se\u00f1ales de heridas en su pelaje gris. Luego la hembra se tumb\u00f3 a su lado, apoy\u00f3 la cabeza sobre su lomo, y golpe\u00f3 suavemente el suelo con la cola. Los ojos de la loba segu\u00edan la estela de la luz entre la niebla.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas despu\u00e9s, haciendo la ronda mensual por los faros de aquella costa abrupta, encontr\u00e9 all\u00ed sus restos devorados por las ratas. Era un atardecer c\u00e1lido y ten\u00eda tiempo, as\u00ed que saqu\u00e9 el cuaderno de la mochila y dibuj\u00e9 a los \u00faltimos lobos del bosque, en la le\u00f1era, antes de su muerte. Despu\u00e9s escrib\u00ed el relato del \u00faltimo recorrido de la loba.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s terminarlo, he o\u00eddo un gru\u00f1ido a mi espalda. Hace mucho tiempo que no hago la ronda armado, desde que dejaron de verse lobos en el bosque.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A lo que permanece. Siempre. \u00a0 La loba no lo sinti\u00f3 llegar en toda la noche. 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