{"id":397,"date":"2010-05-10T12:26:28","date_gmt":"2010-05-10T10:26:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=397"},"modified":"2010-05-10T12:26:28","modified_gmt":"2010-05-10T10:26:28","slug":"84-la-biblioteca-de-barro-por-dos-b","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=397","title":{"rendered":"84- La biblioteca de barro. Por Dos-B"},"content":{"rendered":"<p>Una t\u00edmida luz amanece sobre las almas que a\u00fan est\u00e1n entregadas a los fantasmas. El alba se levanta nientras el desierto sigue avanzando implacable hacia la sabana y hacia nuestro esp\u00edritu.<!--more-->\u00a0Le cuesta levantarse pero una fuerza inquebrantable le arrastra, una fuerza de siglos de instinto de supervivencia, de libros no escritos;\u00a0 una fuerza de palabras s\u00f3lo envueltas en este viento h\u00famedo que cabalga sobre el gran r\u00edo de barro, la fuerza de esta tierra roja de \u00c1frica.<\/p>\n<p>El bibliotecario de la nada avanza en su bicicleta herrumbrosa levantando la niebla de los sue\u00f1os que nos quedan. El quejido del metal se confunde con los infinitos sonidos de las aves. Se desperezan los monos en la distancia con un aullido ancestral que nos recuerda que no somos tan diferentes, que en uno de los infinitos bucles del tiempo somos la misma cosa.<\/p>\n<p>Los c\u00edrculos del tiempo se llenaron de libros que antes eran s\u00f3lo marcas sobre tablillas de barro, pero en las que estaba contenida la misma esencia de lo que hoy somos. Da\u00a0 miedo mirar a esa oscuridad que se pierde en la selva, da miedo avanzar en medio de esta soledad donde el horror espera en cada esquina,\u00a0 pero \u00e9l cabalga.<\/p>\n<p>Los perros dormidos ni siquiera ladran, y algunos burros con su eterna cara de tristeza parecen llevar a sus espaldas todo el peso del mundo.\u00a0 El bibliotecario de la nada pedalea lentamente sobre el camino embarrado,\u00a0 pero a pesar de todo su alma se aligera seg\u00fan avanza la luz sobre la humedad de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Toda la tierra se est\u00e1 despertando y despunta el alba anaranjada sobre los viejos libros ocultos. Trata la luz de penetrar en las p\u00e1ginas que hace a\u00f1os se abrazaron para ocultar sus secretos hasta que llegue un tiempo menos propicio a la barbarie. Suda y suda la tierra su roc\u00edo imperceptible mientras las ra\u00edces de los \u00e1rboles se hacen m\u00e1s y m\u00e1s profundas, como nuestros\u00a0 apegos y nuestros olvidos. Cae tierra sobre nuestros sue\u00f1os y sobre nuestros antepasados.<\/p>\n<p>A\u00fallan y a\u00fallan los monos en la espesura de la floresta con una especie de llanto infinito que inquieta todos los silencios. S\u00f3lo quieren decir que est\u00e1n ah\u00ed y que est\u00e1n dispuesto a seguir existiendo,\u00a0 enredados en esta mara\u00f1a de formas y colores que se pelea por llegar al sol, mientras los libros tratan de ocultarse. La ma\u00f1ana del Congo huele a p\u00f3lvora vieja, huele a ma\u00edz requemado, leche \u00e1cida bajo la quemadura del sol apenas nacido.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana de \u00c1frica entera huele a sudor de felinos encelados tost\u00e1ndose al calor de la tarde, acumulando energia para hacerse eternos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed las nubes s\u00ed est\u00e1n llenas de l\u00e1grimas perpetuas que vuelven a bajar una y otra vez sobre los hombres con cada noche y con cada tormenta. Todo lo que llores volver\u00e1 tarde o temprano a ti en forma de lluvia. En la biblioteca vac\u00eda huele a la humedad dulzona de los tr\u00f3picos pero no hay ning\u00fan libro a la vista en el que ocultar las amarguras o depositar las esperanzas. Las estanter\u00edas\u00a0 vac\u00edas huelen a cementerio pero no hay tristeza, s\u00f3lo hay espera, una espera infinita pero tambi\u00e9n hay la sensaci\u00f3n de que hay todo el tiempo.<\/p>\n<p>Las esperanzas est\u00e1n en esas horas muertas, rellenando fichas para clientes imaginarios, ordenando con parsimonia los libros que nadie leer\u00e1 tal vez durante a\u00f1os. Las esperanzas est\u00e1n en esas horas infinitas esperando el d\u00eda en que los libros vuelvan a vivir\u00a0 en otras manos, blancas o negras manos sudadas de tinta. Horas en que los libros vuelvan a transportar esperanza entre los poblados y a vivir en los d\u00edas y en los sue\u00f1os de la gente.<\/p>\n<p>A lo mejor cuando volvamos a abrir los libros ya no habr\u00e1 anda en ellos salvo el blanco, el vac\u00edo, el silencio. A lo mejor cuando abramos los libros sus habitantes se han cansado de esperar y ya no queda nada en qu\u00e9 creer.\u00a0<\/p>\n<p>Las estanter\u00edas est\u00e1n desiertas pero el bosque est\u00e1 lleno de sue\u00f1os, la sabana est\u00e1 llena de sue\u00f1os, hasta los esp\u00edritus sue\u00f1an con su para\u00edso perdido mientras el bosque se va empeque\u00f1eciendo y se va agitando. S\u00f3lo a base de sue\u00f1os es posible sobrevivir aqu\u00ed,\u00a0 donde hay ni\u00f1os que ya no tienen manos para escribir, que no acariciar\u00e1n jam\u00e1s, que dejar\u00e1n todas sus palabras s\u00f3lo en el viento, que escribir\u00e1n su amor s\u00f3lo en el agua del gran r\u00edo.<\/p>\n<p>Como en Fahrenheit 451 si alguien quema sus libros el bibliotecario de la nada podr\u00eda recitarlos en idiomas que no conoce pero que sin embargo suenan tan hermosos en su boca. Las palabras pronunciadas desde el alma suenan bien en todos los idiomas y se entienden. Los rabinos ofrecen a sus pupilos miel en la boca cuando rezan para que el nombre de Dios sea para siempre dulce a sus labios.<\/p>\n<p>Pasan los siglos y las palabras suenan igual, est\u00e1n guardadas en el eco de los rincones, desde las soberbias catedrales que desaf\u00edan al cielo a los humildes templos de paja y bahareque.\u00a0<\/p>\n<p>A los bibliotecarios de la nada, como a Marcos Ana tambi\u00e9n pod\u00e9is decirles tal vez c\u00f3mo es un \u00e1rbol, pero no les dig\u00e1is c\u00f3mo es la dignidad. La dignidad es este guardar los libros cada d\u00eda como si fueran ni\u00f1os rescatados de las bombas, despu\u00e9s de haber luchado hasta la \u00faltima sangre.<\/p>\n<p>La dignidad es este guardar los libros bajo el fuego cruzado con el mismo celo de los diamantes de sangre, los libros donde se guardan las palabras que se escribieron tal vez s\u00f3lo una vez sobre el viento pero que en ellos vivir\u00e1n para siempre,\u00a0 aqu\u00ed donde los miserables l\u00e1pices regalados en Navidades por los afortunados de la Tierra se parten en dos. Dos medios l\u00e1pices para que dos ni\u00f1os puedan escribir dibujos de criaturas m\u00e1gicas del bosque que vienen a visitarnos desde el final y el principio de los tiempos, cuando no habia libros en los que depositar los sue\u00f1os, y pint\u00e1bamos en las paredes de las cuevas siguiendo su relieve, mezcl\u00e1ndonos con ellas, usando nuestra sangre mezclada con el holl\u00edn de las hogueras, holl\u00edn que a\u00fan conserva el olor de la carne quemada.<\/p>\n<p>Miles de ojos del color de una hoguera abandonada siguen esperando a que se abran los libros, pero el bibliotecario de la nada espera a mejores tiempos, a que vuelvan a sonre\u00edr los burros con la sonrisa blanca de los ni\u00f1os. Tiernos burros que son como estatutas eternas al lado de los caminos, como estatuas de sal mordiendo la memoria de la infancia. Una infancia que tambi\u00e9n estaba llena de burros y de trigales con guardias a caballo.\u00a0<\/p>\n<p>Imagino a otros libreros haciendo lo mismo en Dresden o en Berl\u00edn, en Sarajevo o en Jerusal\u00e9n, en Bagdad o en Varsovia, escapando de tantas inquisiciones grandes y peque\u00f1as y de tantos salvajes iletrados;\u00a0 no puedo llamarles animales para no ofender a los animales que llevan estos mismos libros a veces en sus alforjas, a trav\u00e9s de los pajonales de Colombia o de Per\u00fa, llevando la dignidad alli donde nadie cuenta y donde Dios no se molest\u00f3 en llegar.<\/p>\n<p>Van pasando las horas y el polvo del tiempo se acumula sobre los libros, las horas cada vez pesan m\u00e1s, pesan m\u00e1s que la lluvia sobre el techo de hojalata. Los libros est\u00e1n escondidos en cajas bajo las tarimas de las casas de los que los aman, escondidos en desvanes que son el reino de enormes ara\u00f1as que parecen guardarlos, escondidos bajo leves monta\u00f1as de ropa o enormes monta\u00f1as de madera que esperan formar alg\u00fan d\u00eda parte de algo bello, madera humilde nacida para un carrito de jugos o un trotinete. Los libros respiran todos y cada uno de los olores, y como los buenos vinos tendr\u00e1n despu\u00e9s un toque a madera, a mango o a roc\u00edo.<\/p>\n<p>Cae la tarde y se apagan las hojas de los libros como se apagan las habitaciones del alma para dar paso a las recuerdos, empiezan a arder las hogueras y empieza a circular el vino de palma. Esta noche la sangre germinar\u00e1 otra vez desde la nada como en big bang y alguno de ellos cruzar\u00e1 el mar. Cae la tarde con su cielo de plomo sobre las almas y aqu\u00ed no somos\u00a0 ni el tiempo que nos queda, s\u00f3lo viviremos si alguien est\u00e1 dispuesto a recordarnos, s\u00f3lo seremos alguien en el\u00a0 espejo del otro.<\/p>\n<p>As\u00ed nos recuerda la frontera del desierto que ha tallado la arena con formas casi humanas. Que ha dibujado el tiempo en las dunas, un tiempo sin relojes, sin miedos y sin expectativas. Porque no se pierde nada con el tiempo, con todo el tiempo. Las palabras que otros inventaron volver\u00e1n a ser inventadas y reinventadas mil veces. Las frases de los enamorados de hace cientos de a\u00f1os que no sab\u00edan escribir volver\u00e1n un d\u00eda a florecer en otros labios exactamente iguales, en otros idiomas, en las palabras de poetas sublimes porque todos los idiomas son el mismo que se rehace constantemente.<\/p>\n<p>Y todo \u00e9so est\u00e1 ah\u00ed, como si nada, en esos libros cansados de la humedad y del olvido, aburridos de no ser le\u00eddos, que est\u00e1n deseando ser acariciados con el mismo ansia que un reci\u00e9n nacido aunque tengan docenas de a\u00f1os en sus hojas amarillas del tiempo y de la desmemoria,\u00a0 pero que resisten en s\u00f3tanos perdidos\u00a0 en una especie de exilio interior, clandestinos en la revoluci\u00f3n cotidiana para recuperar lo que somos en el Congo o en Nwe York, clandestinos frente a los best sellers que nos obligan a leer los cool hunters.<\/p>\n<p>Huele a madera reci\u00e9n cortada, huele a tierra mil veces mojada en la memoria, los desheredados se aventuran a cocinar una nueva noche y pronto un olor profundo a especias se mezcla con el olor a panela mojada de las tormentas y empapa los libros de la vida en estado puro como era hace cientos de a\u00f1os.<\/p>\n<p>C\u00f3mo deseo abrir uno de esos libros que huelen a vida, que tal vez tiene manchas de sangre, que apesta a polvo del olvido pero que se resiste a acabar en la hoguera.<\/p>\n<p>C\u00f3mo deseo tocar esos libros que han tenido tantos c\u00f3mplices a lo largo del tiempo, c\u00f3mo deseo asomarme a las almas de los que los escribieron, c\u00f3mo deseo entender a los que los han le\u00eddo y compartir con ellos ese infinito universo de sensaciones y de historia escrita en la piel de los esclavos.<\/p>\n<p>Escribo \u00e9sto en un sal\u00f3n rodeado de m\u00e1scaras africanas en el Caribe, m\u00e1scaras que llevan dentro el alma de \u00c1frica a pesar del mar, a pesar de los siglos y a pesar de la muerte. M\u00e1scaras que ha tallado alguien que lleva ese alma desde hace siglos en los vientres sucesivos que construyeron la arquitectura c\u00f3smica de su sangre, m\u00e1scaras del carnaval de los sue\u00f1os que inundar\u00e1 las calles de Barranquilla en unos meses. Mientras, otras m\u00e1scaras parecen dormir\u00a0 en los desvanes y en las bodegas, pero detr\u00e1s de ellas est\u00e1 lo que relamente somo s, o ellas son lo que realmente somos.<\/p>\n<p>Nada ha cambiado. Todo est\u00e1 escrito en esos libros pero ya lo estaba hace miles de a\u00f1os en el coraz\u00f3n de los hombres y en el coraz\u00f3n de los \u00e1rboles que nos cuentan el tiempo. Este relato es un homenaje a los hombres que cuidan los libros, que aman los libros, que construyen los libros. Este relato es un homenaje a todos los sue\u00f1os y todos los fantamas que anidan en los libros y que en ellos viven. Este relato es una historia interminable y no s\u00e9 c\u00f3mo acabarlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una t\u00edmida luz amanece sobre las almas que a\u00fan est\u00e1n entregadas a los fantasmas. 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