{"id":419,"date":"2010-05-11T00:44:19","date_gmt":"2010-05-10T22:44:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=419"},"modified":"2010-05-11T00:44:19","modified_gmt":"2010-05-10T22:44:19","slug":"91-alas-por-valls","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=419","title":{"rendered":"91- Alas. Por Valls"},"content":{"rendered":"<p>Un d\u00eda que sus l\u00e1grimas se mezclaban con la lluvia, tropez\u00f3 con don Anselmo. Su cara ardi\u00f3 de sangre, su pecho se agit\u00f3 bajo la blusa, los pies se volvieron de nuevo \u00e1giles.<!--more-->\u00a0Mir\u00f3 aquellas manos que la curaron, despu\u00e9s la sonrisa abierta y al final se detuvo en aquellos ojos limpios. \u2039\u2039 \u00bfC\u00f3mo est\u00e1, necesita algo?\u203a\u203a pregunt\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>A aquella pregunta siguieron otras y se inici\u00f3 entre paciente y m\u00e9dico una corriente de simpat\u00eda. . Hablaban de libros, de lugares lejanos, del mar que ella no conoc\u00eda.<\/p>\n<p>Poco a poco supo el doctor\u00a0 que Clara hab\u00eda nacido en una aldea de Galicia donde solo viv\u00edan viejos enredados en pleitos de lindes. Sus padres tambi\u00e9n eran viejos o lo aparentaban por lo duro de la pobreza. Cultivaba la tierra, orde\u00f1aba las vacas y recog\u00eda le\u00f1a del bosque cercano. Cuando el tiempo le imped\u00eda trabajar, se guarec\u00eda en la palloza ensimismada en la lectura de los libros que le prestaba la maestra. Le gustaba seguir con la vista el vuelo de las torcazas.<\/p>\n<p>Todos los jueves iba con su madre a Mouri\u00f1o. So\u00f1aba que alg\u00fan d\u00eda vivir\u00eda en una de aquellas casas de dos alturas, y que cultivar\u00eda hortensias en las galer\u00edas acristaladas, protegidas de la lluvia constante y menuda. En Mouri\u00f1o, entraban en la \u00fanica tienda del pueblo para intercambiar leche y queso por otros art\u00edculos. A Clara le gustaba tocar los zapatos de piel pero su madre nunca se los compraba, dec\u00eda que en el campo esas finuras no serv\u00edan para el barro y la nieve. Ella asent\u00eda mir\u00e1ndose los \u00e1speros mitones de lana parduzca,\u00a0 las sallas largas y las gruesas\u00a0 medias negras con que se\u00a0 defend\u00eda del fr\u00edo y ocultaba un cuerpo esbelto de medidas proporcionadas, en el que solo contrastaban unas manos\u00a0 toscas\u00a0 castigadas por\u00a0 las duras faenas del campo.\u00a0 Ignoraba\u00a0 que era bella: ten\u00eda unos\u00a0\u00a0 oscuros ojos que destacaban sobre una tez blanca y el\u00a0 cabello siempre recogido en un mo\u00f1o impropio para su edad.<\/p>\n<p>Un jueves que no fueron al pueblo, el p\u00e1rroco se acerc\u00f3 hasta\u00a0 la aldea, le\u00a0 habl\u00f3 de un hombre que buscaba \u2039\u2039 muller<em> <\/em>\u00a0mozi\u00f1a\u203a\u203a<em>\u00a0 <\/em>para casar. \u2039\u2039Es un buen hombre que ha tenido la desgracia de perder a su mujer,\u00a0 trabajador y cumplidor de Dios. No falta ning\u00fan domingo a Misa\u203a\u203a. As\u00ed conoci\u00f3 a Bernardo: de complexi\u00f3n recia, m\u00e1s\u00a0 bajo qu\u00e9 alto,\u00a0\u00a0 brazos gruesos con\u00a0 manos anchas, rostro\u00a0 de barbilla cuadrada y prominente, nariz y mejillas surcadas por\u00a0 venillas rojas, mirada \u00a0inquietante, tras\u00a0 lentes ahumadas,\u00a0 que contrastaban vivamente con una sonrisa encantadora. Lo m\u00e1s parecido a una familia que ten\u00eda era un perro de ojos implorantes, que cuando\u00a0 el due\u00f1o entraba en la casa comenzaba a temblar. Enseguida pidi\u00f3 permiso para visitarla. Durante el\u00a0 noviazgo le regalaba camelias silvestres y le llamaba cari\u00f1osamente \u2039\u2039rula\u203a\u203a.<\/p>\n<p>El d\u00eda que se cas\u00f3, Clara, llevaba zapatos en lugar de zuecos y\u00a0 miraba una y otra vez sus pies, m\u00e1s nerviosos y \u00e1giles que de costumbre, hasta crey\u00f3 ver que las leng\u00fcetas del calzado se convert\u00edan en alas.<\/p>\n<p>Lo que no\u00a0 revel\u00f3 al m\u00e9dico es que desde los primeros d\u00edas del matrimonio Bernardo comenz\u00f3 a manifestar su temperamento: ped\u00eda la cena a gritos o le re\u00f1\u00eda alegando que faltaba o sobraba alg\u00fan condimento. Clara callaba.\u00a0 Al darse\u00a0 cuenta que \u00e9l no\u00a0 la quer\u00eda\u00a0 espantaba la idea por dolorosa. Fueron pasando los meses y el car\u00e1cter hosco de aquel hombre la hac\u00edan sentir\u00a0 sola y desconcertada. Al aproximarse\u00a0 la hora de ir a la cama, su marido desgastaba la palabra te quiero en su o\u00eddo pero en el lecho era brutal: sin pre\u00e1mbulos, de un empell\u00f3n la volcaba hacia abajo y echaba\u00a0 su pesado cuerpo sobre las espaldas de ella comenzando sus embestidas. Ella intentaba resistirse,\u00a0 bajo el peso de un cuerpo que le plegaba a una voluntad obscena. Profer\u00eda gritos de dolor, pero Bernardo le golpeaba \u00a0la cabeza contra la almohada hasta que por falta de aire se derrumbaba llorosa y suplicante.<\/p>\n<p>Clara llenaba la tina con agua fr\u00eda y con estropajo de esparto humedecido en jab\u00f3n de sosa, restregaba su cuerpo queriendo arrancar de su piel todo rastro carnal del hombre. No ten\u00eda hijos y sab\u00eda, por como la pose\u00eda, que nunca los tendr\u00eda. Aquella noche que se neg\u00f3 a sus exigencias fue la noche m\u00e1s larga de su vida. Acudi\u00f3 de urgencias al ambulatorio. Mientras don Anselmo la reconoc\u00eda, buscando las costillas rotas, sinti\u00f3 que nunca le hab\u00edan pasado la mano por su cuerpo con tanta dulzura. La explicaci\u00f3n que\u00a0 dio fue que\u00a0 se hab\u00eda ca\u00eddo por unas escaleras.<\/p>\n<p>Aumentaron las dificultades para conciliar el sue\u00f1o, se despertaba sobresaltada con pesadillas que enseguida olvidaba. El m\u00e9dico le prescribi\u00f3 somn\u00edferos. Mientras escrib\u00eda la receta le dijo sin levantar la cabeza: \u2039\u2039Clara, no me atrevo a intervenir porque repites que eres feliz aunque tus ojos dicen lo contrario\u203a\u203a. Ella le interrumpi\u00f3 cambiando de tema.<\/p>\n<p>En busca de luz acudi\u00f3 a la iglesia, entr\u00f3 en la sacrist\u00eda sin saber c\u00f3mo poner orden en sus palabras y sus sentimientos: \u2039\u2039necesito que me oiga en confesi\u00f3n\u203a\u203a. Comenz\u00f3 hablando de repugnancia hacia su marido pero no pudo continuar, el p\u00e1rroco la interrumpi\u00f3 alzando la voz severa y correctora: \u2039\u2039\u201cdebitum coniugale\u201d: el d\u00e9bito conyugal.\u00a0 No puedes rechazar a tu marido. Lo dice la Biblia: Corintos 7, vers\u00edculo 4: La mujer no tiene potestad sobre su cuerpo sino el marido\u203a\u203a.<\/p>\n<p>Por el oto\u00f1o, recibi\u00f3 una carta que no llevaba remite:<\/p>\n<p><em>Querida Clara: s\u00e9 que has aprendido a mirar sin ver y a o\u00edr sin escuchar, que para evadirte de la realidad te sumerges en todo libro que cae en tus manos, que sufres, gozas o lloras con los avatares de los personajes ficticios pero que eres incapaz de llorar por ti. S\u00e9 que aborreces este pueblo tanto como tu aldea, que cada casa o portal de estas calles te trae un recuerdo y una congoja. Deja que te ayude\u2026<\/em><\/p>\n<p>Conforme le\u00eda un sentimiento de culpa y pecado le anegaba, busc\u00f3 la firma: <em>Anselmo<\/em> y rompi\u00f3 la misiva sin terminarla.<\/p>\n<p>No contest\u00f3, ni hizo ninguna alusi\u00f3n a aquellas l\u00edneas. Las charlas continuaron como si aquel documento no hubiese existido. Pasaron los meses y el m\u00e9dico cada d\u00eda era m\u00e1s atento.<\/p>\n<p>Antes de las nieves, la due\u00f1a de la tienda la avis\u00f3 para que fuera a ver un pedido de zapatos. Clara acudi\u00f3 puntualmente. En la trastienda transcurrieron r\u00e1pidos los minutos. \u00a0Se probaba los zapatos de \u00a0flexible piel que ol\u00edan a cuero nuevo. La patrona ech\u00f3 el cierre y se perdi\u00f3 en las oscuridades de la escaleta que sub\u00eda a la vivienda.<\/p>\n<p>No sab\u00eda el tiempo que hab\u00eda pasado pero un ruido la sobresalt\u00f3. De entre las sombras surgi\u00f3 la figura familiar de Anselmo.<\/p>\n<p>\u2039\u2039! Qu\u00e9 casualidad!\u00a0 \u00bfQu\u00e9 hace usted aqu\u00ed?\u203a\u203a Pregunt\u00f3 Clara. \u2039\u2039 He venido porque\u2026 \u203a\u203a \u2212dudaba el m\u00e9dico\u2212\u2039\u2039 Lo que tengo que revelarle, no me parece \u00e9tico decirlo en el dispensario\u203a\u203a.\u00a0\u00a0 Al o\u00edr esto Clara empez\u00f3 a temblar por un presagio deseado y temido. \u2039\u2039Yo\u2026yo puedo hacerla feliz\u203a\u203a \u2212continu\u00f3. Dos l\u00e1grimas gruesas le resbalaron a Clara sobre las mejillas.<\/p>\n<p>El la bes\u00f3. Sus manos le acariciaron la cara, el cuello, los hombros, sus dedos veloces desabotonaron la blusa, bajaron por el escote, acariciaron sus senos. La rode\u00f3 con sus brazos, la condujo dulcemente al almac\u00e9n tendi\u00e9ndola sobre unos sacos de trigo.<\/p>\n<p>Pero la premura del deseo le hizo ir m\u00e1s deprisa de lo\u00a0 que ella pod\u00eda resistir.<\/p>\n<p>Inesperadamente Clara se apart\u00f3 con violencia. Una vaharada de asco le removi\u00f3 las entra\u00f1as al sentir sobre su piel al hombre. Se dirigi\u00f3 atolondradamente a la salida y tir\u00f3 el estante lleno de zapatos. Se sorprendi\u00f3 a s\u00ed misma mirando aquel desaguisado. Entre sus pies, en desorden, se mezclaban los escarpines de raso, los botines de cordones dorados, las chinelas con plumas y los zapatos cuyas leng\u00fcetas ya no parec\u00edan alas.<strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un d\u00eda que sus l\u00e1grimas se mezclaban con la lluvia, tropez\u00f3 con don Anselmo. 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