{"id":474,"date":"2010-05-13T10:00:37","date_gmt":"2010-05-13T08:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=474"},"modified":"2010-05-13T10:00:37","modified_gmt":"2010-05-13T08:00:37","slug":"112-la-mamona-por-rodolfo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=474","title":{"rendered":"112-La mamona. Por Rodolfo"},"content":{"rendered":"<p>El caso del ingeniero Touberman ocurri\u00f3 en el verano de 1931 en la provincia de Tucum\u00e1n.\u00a0 En realidad el hecho sucedi\u00f3 con su esposa pero en los dos \u00fanicos peri\u00f3dicos donde fue publicado el asunto, se lo titul\u00f3 como \u201cEl caso del ingeniero Touberman\u201d, es decir haciendo referencia al marido, y obviando expresa y sospechosamente a la mujer.\u00a0<!--more--><\/p>\n<p>\u00c9l, mayordomo de una hacienda en los valles, fue a ocupar con su esposa y la beb\u00e9 reci\u00e9n nacida, \u00fanico hijo del matrimonio, la casa de quincho y adobes bien preparados para los mayordomos.\u00a0 Piso de madera.\u00a0 La beb\u00e9, sanita, nacida con tres kilos doscientos, empez\u00f3 a alimentarse mal.\u00a0 La madre juraba estar llena de leche pero que amanec\u00eda vac\u00eda y la criatura se quejaba, llorando de hambre mientras el ingeniero controlaba a caballo la extensa hacienda sin dar con una india que tuviera suficiente leche como para ser ama de la criatura.\u00a0 Las respuestas eran \u201cno\u201d y \u201cno\u201d, que no ten\u00edan leche suficiente.\u00a0 \u00bfPor qu\u00e9?\u00a0 Estaba desesperado y si arriesgaba con la leche de vaca la criatura podr\u00eda morir por empacho.\u00a0 Lo usual.<\/p>\n<p>Esas noches el ingeniero Touberman no pernoctaba con su esposa aunque la cuarentena sexual ya hubiese acontecido, es que los compromisos laborales, las furibundas distancias del latifundio lo llevaban a hacer paradero en cualquier rancho donde lo sorprendiera la luna.\u00a0 Al regresar a casa su esposa parec\u00eda envuelta en \u201caguas arom\u00e1ticas\u201d, con ese h\u00e1lito de las mujeres que han gozado en la noche.\u00a0 Casi inmaterial la mirada, saturada como de la destilaci\u00f3n del amor.\u00a0 El ingeniero Touberman sospechaba contra su voluntad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algo especialmente demon\u00edaco en sus nalgas y en el pecho libre, determinado como si un sujeto la cubriera de flores de naranjos y frambuesa, ajenjo y melisa, ginebra y santal para lamerla en toda la piel y por cada costado.\u00a0 La criatura lloraba de hambre entre tanto, ella parec\u00eda apenada, y aunque lograba darle de mamar reci\u00e9n hacia el atardecer, la calmaba con algunos t\u00e9 de manzanilla.<\/p>\n<p>Un fluido sutil\u00edsimo de odio empez\u00f3 a vehiculizar la sangre del esposo.\u00a0 Hab\u00eda un mecanismo desconocido, era evidente para las sirvientas tambi\u00e9n, en aquella responsable de una actividad carnal e infiel durante la noche.\u00a0 Por m\u00e1s que a sus regresos el ingeniero preguntara a las sirvientas detalles, no pod\u00eda sino obtener mudez a cambio.\u00a0 Las indias nunca delatan a un superior blanco porque saben lo que se paga al final de la v\u00eda.\u00a0 Triturado, molido, macerado en odio, el ingeniero Touberman tampoco pod\u00eda decir a sus patrones, apellidos de prosapia hist\u00f3rica, que necesitaba una noche para \u201chacer como si viajara\u201d, y esconderse y sorprender al autor excepcional de la canallada de su esposa que cambiaba\u00a0 leche por pasi\u00f3n.\u00a0 En la ley se ha de entender m\u00e1s al esp\u00edritu que a la letra.\u00a0 El esp\u00edritu de la cama ad\u00faltera permanec\u00eda rendido a las ma\u00f1anas, con ese olor a sudoraciones no sobrenaturales precisamente.\u00a0 El marido ol\u00eda las s\u00e1banas a eso de las once, cuando desmontado de su caballo entraba a su casa donde ella mandaba de inmediato a lavar s\u00e1banas y perfumarlas otra vez con canela y c\u00e1scara fresca de lim\u00f3n.\u00a0 La criatura enflaquec\u00eda y lloraba: \u201c\u00a1Querido no s\u00e9 qu\u00e9 pasa cuando llego a la ma\u00f1ana sin leche!\u00a0 Pero te juro que duermo bien\u2026\u201d\u00a0 S\u00f3lo una vez ella se extralimit\u00f3 en las palabras con la india m\u00e1s vieja.\u00a0 Le cont\u00f3 la vieja al marido sin remordimientos, que las noches \u201ceran bellas y de un fluido de placer\u201d que la dorm\u00eda largo, largu\u00edsimo hasta que se levantaba exhausta.\u00a0 Nada m\u00e1s.\u00a0 La vieja no fabric\u00f3 con su lengua otra palabra ni invent\u00f3 otro car\u00e1cter.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Armado de su rev\u00f3lver 38 largo, el ingeniero Touberman esper\u00f3 la noche una semana siguiente al fallecimiento de su hijita.\u00a0 Armado del 38 largo y la suave, d\u00e9bil, \u00e1spera sensaci\u00f3n de que la canalla pagar\u00eda la culpa de asesinar una inocente por indecencia.\u00a0 Cierto que ella llor\u00f3, se arroj\u00f3 destrozada a la tumba blanca y peque\u00f1a, pero los esp\u00edritus de la culpa tienen menos olor que las aproximaciones al desastre.\u00a0 Los aceites vol\u00e1tiles, disueltos en alcohol, pierden una parte del perfume, pero disueltos en agua los conservan.\u00a0 Disuelta en agua, con culpa ella dijo, lo oyeron todos en la casa: \u201cVoy a seguir siendo la de antes, no ser\u00e9 una viuda enterrada en las losas\u201d.\u00a0 El m\u00e9dico explic\u00f3 al marido que la criatura hab\u00eda muerto por asfixia, \u201ccasi estrangulada, dir\u00eda, pero tambi\u00e9n es posible que dormida la madre hubiese aplicado inconsciente su peso sobre la criatura que falleci\u00f3 por falta de ox\u00edgeno\u201d.\u00a0 El m\u00e9dico, por respeto al ingeniero, prefiri\u00f3 no avanzar ni en la investigaci\u00f3n ni en un an\u00e1lisis forense.\u00a0 Suficiente con el dolor general \u2013debi\u00f3 calcular- para ingresar con otro dolor derivado de un crimen dif\u00edcil por otra parte de comprobar.<\/p>\n<p>Esos d\u00edas faltaba lluvia y los cultivos se secaban y los pocos cultivadores indios pon\u00edan sapos muertos con la panza mirando hacia el cielo.\u00a0 Una noche de puro sapos puestos en antarcas, el marido no viaj\u00f3 como dijo a todos, sino que esper\u00f3 se apagaran las luces.\u00a0 Lo hizo entre las sombras.\u00a0 Dej\u00f3 que la luna se escondiera de tant\u00edsimo miedo.\u00a0 Se acerc\u00f3 a la ventana de la habitaci\u00f3n donde su esposa estaba en la cama ancha de s\u00e1banas perfumadas.\u00a0 \u00c9l ya sab\u00eda que era un pe\u00f3n joven y atl\u00e9tico de la casa el que se deslizaba por las noches de cura\u00e7ao y an\u00eds.\u00a0 Deb\u00eda ser excitante y b\u00edblico el fluido de un cuerpo varonil acostumbrado a dar hachazos sobre los quebrachos.\u00a0 Pero ella dorm\u00eda profundamente, como si no hubiera matado nunca a un hijo.\u00a0 Por entre las sombras \u00e9l vio deslizarse por el piso de madera a una v\u00edbora clara de un metro aproximadamente de largo.\u00a0 Rept\u00f3 el ofidio por la pata torneada de la cama, y ascendi\u00f3 por entre las s\u00e1banas.\u00a0 Ella dorm\u00eda profunda y el reptil se acurruc\u00f3 a un costado del pecho de ella.\u00a0 No la mordi\u00f3\u00a0 sin embargo, se desliz\u00f3 hacia el pez\u00f3n, abri\u00f3 la boca y comenz\u00f3 a succionar.\u00a0 Estuvo largo rato mamando del pecho de la mujer dormida, acariciada por la sensaci\u00f3n de un ser que delicadamente mama de ellas, y luego pas\u00f3 al otro pez\u00f3n.\u00a0 Estuvo m\u00e1s de una hora vaci\u00e1ndola y, cuando ya no encontr\u00f3 m\u00e1s leche, descendi\u00f3 al piso y se perdi\u00f3 en la guarida.<\/p>\n<p>En la mano del ingeniero Touberman el rev\u00f3lver pesaba ahora una tonelada.\u00a0 Las v\u00edboras y serpientes tienen r\u00edgido el maxilar inferior y en cuanto al superior s\u00f3lo sirven para imprimir un movimiento bilateral al engullir los alimentos que no pueden masticar.\u00a0 Pero \u00e9l hab\u00eda o\u00eddo ya hac\u00eda mucho de estas v\u00edboras con bocas preparadas para succionar a las vacas y las cabras.\u00a0 Los pastores las persegu\u00edan y mataban a palazos y piedrazos porque chupaban tan bien que las vacas abandonaban a sus terneros por la suavidad y hechizo de la boca de la v\u00edbora a la que llamaban \u201cmamona\u201d.\u00a0 La especie estaba en extinci\u00f3n.\u00a0 A veces la \u201cmamona\u201d, guiada por el olfato, descubr\u00eda al hijo de pecho junto a la madre y, mientras chupaba de ella, entreten\u00eda a la criatura con la punta de la cola, como con un chupete que imitaba al biber\u00f3n.\u00a0 El cr\u00edo dejaba de llorar agradecido y, mientras la v\u00edbora mamaba envolv\u00eda por su cola al cuellito del peque\u00f1o, su competidor, hasta estrangularlo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El caso del ingeniero Touberman ocurri\u00f3 en el verano de 1931 en la provincia de Tucum\u00e1n.\u00a0 En realidad el hecho sucedi\u00f3 con su esposa pero en los dos \u00fanicos peri\u00f3dicos donde fue publicado el asunto, se lo titul\u00f3 como \u201cEl caso del ingeniero Touberman\u201d, es decir haciendo referencia al marido, y obviando expresa y sospechosamente 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