{"id":479,"date":"2010-05-13T10:07:46","date_gmt":"2010-05-13T08:07:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=479"},"modified":"2010-05-13T10:07:46","modified_gmt":"2010-05-13T08:07:46","slug":"114-no-es-lo-mismo-ser-lopez-que-perez-por-maite-plaza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=479","title":{"rendered":"114-No es lo mismo ser L\u00f3pez que P\u00e9rez. Por Maite Plaza"},"content":{"rendered":"<p>Es bien sabido que P\u00e9rez fue el aut\u00e9ntico descubridor de la penicilina en su peque\u00f1o laboratorio de Tal-Tal. Y que L\u00f3pez en su esfuerzo sostenido, nunca descubri\u00f3 nada, pero que estuvo cerca de ser citado profusamente en los anales de la ciencia.<!--more--><\/p>\n<p>Que P\u00e9rez, con su estilo indisciplinado, dir\u00edase que indiferente, iba acumulando toda clase de proyectos en beneficio de la ciencia, que no se molestaba en difundir m\u00e1s que en su peque\u00f1o c\u00edrculo natal. Los hallazgos parec\u00edan buscarle: un musgo blanco en el arn\u00e9s de su burro que roz\u00f3 por casualidad y que al llegar la tarde termin\u00f3 por cicatrizar una porfiada herida de su pierna. Una planta que un forastero le dej\u00f3 como pago a su hospitalidad y que result\u00f3 ser la cura para la m\u00e1s porfiada de las jaquecas. Un charco donde cay\u00f3 ebrio durante uno de sus regresos a casa, cuyo barro estaba conformado por una sustancia que hizo sanar de la noche a la ma\u00f1ana los hematomas en las piernas causados por la ca\u00edda. Porque a P\u00e9rez le gustaba la fiesta y se la pasaba de juerga. Le gustaba canturrear con los amigos y tocar la guitarra. Recitaba poes\u00eda arriba de las mesas y m\u00e1s de una vez debi\u00f3 ser rescatado de dormirse borracho en un charco, luego de caer de su caballo.<\/p>\n<p>L\u00f3pez, quien se llamaba a s\u00ed mismo \u201chijo del rigor\u201d, pasaba noches metido entre mecheros, tr\u00edpodes, balanzas y pinzas met\u00e1licas, mezclando, probando, aplicando, anotando resultados en su grueso cuaderno. Cada noche devolv\u00eda minuciosamente los objetos a su lugar, las vitrinas quedaban cerradas con sus candados, los cajones en perfecto orden y L\u00f3pez con la sensaci\u00f3n de que sus avances no lo conduc\u00edan a nada importante. Hasta ahora s\u00f3lo hab\u00eda dado con una crema que aliviaba las molestias causadas por sus hemorroides.<\/p>\n<p>L\u00f3pez y P\u00e9rez, como es debido, se enamoraron de la misma mujer. Esa tercera que los acompa\u00f1aba en la preparaci\u00f3n de ex\u00e1menes, se fij\u00f3 en P\u00e9rez. Se enamor\u00f3 de P\u00e9rez, de la poes\u00eda que recitaba y de sus permanentes e ingeniosas ocurrencias. Pero como P\u00e9rez era p\u00e1jaro sin nido, se cas\u00f3 con L\u00f3pez, tuvo hijos con L\u00f3pez, cocin\u00f3 y lav\u00f3 para L\u00f3pez, abandon\u00f3 la facultad por decisi\u00f3n de L\u00f3pez aunque \u00e9l supo desde siempre que ella nunca dej\u00f3 de pensar en P\u00e9rez. Que P\u00e9rez todav\u00eda la amaba y que siempre la am\u00f3 a su manera. Pero L\u00f3pez la despos\u00f3, anot\u00e1ndose un peque\u00f1o triunfo en la dispar competencia.<\/p>\n<p>Hasta ahora L\u00f3pez se hab\u00eda mantenido en una postura digna. Ten\u00eda bajo control, los malos instintos que le afloraban hacia P\u00e9rez, aprendida bien de memoria la lecci\u00f3n acerca de los castigos destinados al pecado capital de la envidia. Despu\u00e9s de todo, muchos de los hallazgos de P\u00e9rez, lo ten\u00edan a \u00e9l de contraparte, canalizando su car\u00e1cter impulsivo, ayud\u00e1ndolo a ordenar los destellos ca\u00f3ticos que seg\u00fan L\u00f3pez, P\u00e9rez no comprend\u00eda del todo. Pero cuando P\u00e9rez le habl\u00f3 de cierto hongo que destruy\u00f3 las bacterias de un cultivo que observaba en su laboratorio, L\u00f3pez perdi\u00f3 la compostura.<\/p>\n<p>Presintiendo el alcance de tal descubrimiento, se enfureci\u00f3 al pensar que hab\u00eda sido hecho en aquel insignificante lugar, desordenado y normalmente sucio. Pregunt\u00f3 los detalles a P\u00e9rez, como si no tuviera importancia y poco a poco fue confirmando lo que intuy\u00f3: que estaba en presencia de la historia y que el P\u00e9rez entrar\u00eda en sus archivos sin merecerlo. Por primera vez, acept\u00f3 su invitaci\u00f3n a beber.<\/p>\n<p>L\u00f3pez pag\u00f3 la primera, la segunda y la tercera ronda. Brindaron por los viejos tiempos, por los a\u00f1os en la facultad, por los profesores memorables, por los amores perdidos (durante este brindis se miraron fijo el uno al otro, por varios segundos) y por los amores encontrados. Entonaron himnos de el equipo deportivo de Tal-Tal, hicieron bromas sobre la panza de P\u00e9rez y las ojeras de L\u00f3pez. Brindaron por los hijos de L\u00f3pez &#8211; ahijados de P\u00e9rez &#8211; y ya completamente ebrios, por la belleza innegable de Marcia, por su inteligencia, su sensualidad y sus amplias caderas. Cuando los detalles del cuerpo de la esposa de L\u00f3pez fueron afin\u00e1ndose en boca de P\u00e9rez, L\u00f3pez se apur\u00f3 a invitar a una cuarta ronda de cervezas.<\/p>\n<p>L\u00f3pez ofreci\u00f3 llevar a su amigo P\u00e9rez. En el estado en que se encontraba, dijo, no podr\u00eda dar un paso m\u00e1s sin su ayuda. Cuando llegaron, P\u00e9rez, tambaleante, le pas\u00f3 las llaves. L\u00f3pez lo llev\u00f3 en andas hasta su cama. Le quit\u00f3 el grueso abrigo, los zapatos, lo tendi\u00f3 y lo arrop\u00f3 con las frazadas de lana. P\u00e9rez roncaba ruidosamente y L\u00f3pez supo que era el momento. .<\/p>\n<p>Camin\u00f3 hacia el laboratorio de P\u00e9rez. Cuando prendi\u00f3 la luz se encontr\u00f3 con el lugar en desorden que ya conoc\u00eda. Mir\u00f3 hacia todos lados, con calma. Sobre la mesa se encontraba el cuaderno con las anotaciones de P\u00e9rez. Lo abri\u00f3. Fue a las \u00faltimas hojas. Ley\u00f3 Placa de Petri, Staphylococcus aureus, lisis bacteriana, hongo antibi\u00f3tico y esboz\u00f3 una sonrisa amarga. Tom\u00f3 todas las hojas que encontr\u00f3 sueltas, guard\u00f3 cada papel que estuviera escrito, revis\u00f3 entre los libros, hurg\u00f3 entre los anaqueles, vaci\u00f3 las cajoneras y los estantes. Cuando estuvo seguro de que ya no quedaba nada, meti\u00f3 todo en una maleta vieja, propiedad de P\u00e9rez y se larg\u00f3.<\/p>\n<p>Cuentan que L\u00f3pez rob\u00f3 todo el dinero que ahorraba, desde hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os, con su esposa. Que viaj\u00f3 a la capital y desde ah\u00ed tom\u00f3 contacto con su antiguo maestro. Que le cont\u00f3 de su descubrimiento de manera atareada y confusa y que el viejo cient\u00edfico lo invit\u00f3 a encontrarse con \u00e9l en Inglaterra. Cuando lo hall\u00f3, estaba ansioso por compartir las anotaciones. Quer\u00eda saber cu\u00e1l iba a ser el impacto, qu\u00e9 medidas deb\u00eda tomar, a qui\u00e9n ten\u00eda que acudir. El coraz\u00f3n le lat\u00eda a golpes, pod\u00eda o\u00edrlo, pod\u00eda sentir la presi\u00f3n azotando su pecho. Su profesor, a quien tantas veces hab\u00eda asistido en las m\u00e1s complicadas c\u00e1tedras, le replic\u00f3 con voz pausada:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! Interesante, igual a lo de Fleming. \u00bfLo conoce? Tal como dec\u00eda&#8230; \u00bfc\u00f3mo se llamaba el joven ese, amigo suyo en la Facultad?&#8230;P\u00e9rez, claro, como dec\u00eda P\u00e9rez, los descubrimientos est\u00e1n en el aire. Flotan por todos lados. Y ya ve, apenas con unos meses de diferencia\u2026 \u00bfTodav\u00eda est\u00e1 usted casado con Marcia?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es bien sabido que P\u00e9rez fue el aut\u00e9ntico descubridor de la penicilina en su peque\u00f1o laboratorio de Tal-Tal. 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