{"id":510,"date":"2010-05-15T22:42:02","date_gmt":"2010-05-15T20:42:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=510"},"modified":"2010-07-06T10:47:29","modified_gmt":"2010-07-06T08:47:29","slug":"123-los-dias-del-perdedor-por-antistenes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=510","title":{"rendered":"123- Los d\u00edas del perdedor. Por Ant\u00edstenes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>\u00a0Medio v\u00edctima, medio c\u00f3mplice,<br \/>\ncomo todo el mundo.<br \/>\nJean-Paul Sartre.<br \/>\n<\/em>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A m\u00ed que no me vengan con cuentos. A qu\u00e9 tanto de que este a\u00f1o ser\u00e1 distinto. A m\u00ed mis ri\u00f1ones me duelen igual que el mes pasado y el otro, aunque a lo mejor, en el fondo, al final ellos tienen raz\u00f3n con \u00e9ste a\u00f1o de 1.928,<!--more-->\u00a0porque muchas veces ya apenas los noto crujir al enderezarme. Pero no, los ri\u00f1ones son los \u00fanicos que le dicen la verdad al desgraciado, o al menos los m\u00edos me la dec\u00edan, porque ahora no s\u00e9. Ser\u00e1 que los ri\u00f1ones son como la vida, como estos d\u00edas, que se acostumbra uno a ellos y llega un momento en que ya no piensas en las punzadas que se te clavan cuando te estiras para acarrearlos de una obra a otra. Antes s\u00ed, al pasar por La Barceloneta siempre me daban un ramalazo en la cintura, como avis\u00e1ndome que me espabilara si quer\u00eda llegar a tiempo al tajo; pero ahora es curioso, apenas ya si me rechinan. Ser\u00e1 que se me han cansado al igual que me ha pasado con los a\u00f1os, que se me aburrieron en la memoria y ya no los pongo en pie, como si los d\u00edas fueran noches marrones y las horas nieblas de argamasa, o tal vez sea que el capataz y yo nos conocemos desde hace demasiado tiempo y que el cigarro del descanso nos amodorra los malhumores y que, al igual que las bestias enjauladas, hemos terminado por espulgarnos sin ruido al pudr\u00edrsenos los colmillos. El capataz es un tipo al que le encantan los chistes de <em>valencians <\/em>igual que a m\u00ed, y tambi\u00e9n los tintos pegajosos. Tiene, del mont\u00f3n de hijos que le hizo a su mujer, dos con nosotros en el tajo y que trabajan como los primeros; tambi\u00e9n carga con una barriga enorme, de administrador de fincas por Poble Sec, y por eso casi siempre dirige los trabajos desde abajo, aunque su nariz de rat\u00f3n no se pierde nada y es capaz de aventar una mezcla crecida a veinte metros. Pero, en fin, volviendo a mis achaques, tambi\u00e9n se me cansan las piernas, aunque esto no me preocupa tanto, porque es normal cuando tienes que estar mucho tiempo subiendo y bajando carretillas de arena. El Rufo me dice que lo de las piernas es porque ya voy para viejo, y que lo peor que tengo es que ya no tengo ganas de seguir luchando porque la Montserrat me tiene agarrada la hombr\u00eda con sus reparos de mujer. Pero, la verdad, yo no creo que sea as\u00ed. Lo que yo creo es que no tengo odio, ese odio que embarra las aceras y que ensucia los adoquines al amanecer con charcos de sangre. Yo se lo digo as\u00ed al Rufo, pero es casi l\u00f3gico que no me comprenda&#8230; A los veinte a\u00f1os hierve el pensamiento y el alma es todo m\u00fasculo; m\u00fasculo y sangre a borbotones latiendo. Pero, casi a\u00a0 los cincuenta, que ya voy para el medio siglo, demasiado fr\u00edo ha penetrado dentro de uno y demasiadas veces se ha visto la misma calle para desconocer que el viento que la rachea casi nunca es bonancible y que a las ventanas del alma hay que ponerles contrafuertes de madera para aguantar. El Rufo se r\u00ede cuando me explico, y tambi\u00e9n me dice que soy un derrotista si le cuento que a esta ciudad le est\u00e1n quitando las esquinas, cuando le digo que nos ha tocado arrastrar nuestros pasos por un camino sin recodos ni encrucijadas, patearnos un camino redondo y negro que acaba y empieza en el mismo callej\u00f3n. \u00c9l me dice que eso lo digo por no haber salido nunca m\u00e1s all\u00e1 del Tibidabo y solamente haber visto el mundo desde lo alto de un andamio, aunque yo creo que en esto tampoco tiene la raz\u00f3n, porque cuando entr\u00e9 en quintas me destinaron a Marruecos, y all\u00ed la tierra, que est\u00e1 en otro sitio y con otros hombres distintos en sus ciudades, es tambi\u00e9n cerrada como la muerte; vac\u00eda y amarilla; seca y amarga. Rufo, que lee mucho, me replica que pienso estas tonter\u00edas porque me acuartelaron en In Salah y cog\u00ed el c\u00f3lera, que produce melancol\u00eda y alucinaciones; pero que el desierto es como la libertad, enorme, infinito, puro. Yo le contesto que entonces es tambi\u00e9n igual que el resentimiento; que la arena, que pisaron mis pies, era ardiente y febril igual que el rencor, y que la que a m\u00ed se me escurr\u00eda entre los dedos despellejaba los ojos en la tormenta, hasta dejarte la mirada como si aborrecieras el horizonte. El Rufo se me embrava cuando me oye decirle esto, y se altera y me grita que soy un caso perdido y que tengo el caletre encementado de no usarlo. Pero yo no me irrito, esa es la verdad, porque s\u00e9 que no puede comprenderme y que no lo piensa sinceramente, que en el fondo el Rufo es mi amigo y me aprecia&#8230; Aunque tambi\u00e9n he de reconocer que a veces se exalta demasiado y entonces tengo que avisarle que sea prevenido y que no me toque los machos, que por la edad podr\u00eda ser su padre y que todav\u00eda me quedan fuerzas para darle un par de soplamocos. Pero nunca me hace mucho caso, eso es lo cierto. De todas formas, cuando se inflama y empieza a desbarrar, miro por que el capataz no ande cerca, porque aunque sea un buen tipo no hay que descuidarse, que \u00e9l tiene sus obligaciones igual que cualquiera y yo no soy nadie para discut\u00edrselas. Pero el Rufo se embala y grita, como si fuera el amo: &lt;&lt;\u00a1All\u00e1 con los criados de los patronos! \u00a1Ya le llegar\u00e1 su hora, como a todos los perros de los ricos!&gt;&gt;, y le da lo mismo que le oigan, asevera. &lt;&lt;\u00a1La revoluci\u00f3n, hermano, caiga quien caiga! \u00a1Las armas nos dar\u00e1n la victoria!&gt;&gt;, contin\u00faa&#8230; Y entonces s\u00e9 que yo le contemplo con l\u00e1stima, porque al mirarme en sus ojos veo una sombra de desprecio. Luego sigue as\u00ed un buen rato, con lo que yo s\u00f3lo me callo y lo dejo&#8230; Pero en otras, casi siempre cuando me punzan los ri\u00f1ones,\u00a0 no me achanto y me revuelvo y le digo que no farde de revolucionario, que yo tambi\u00e9n proclamaba las consignas que me dec\u00edan los compa\u00f1eros y que me echaba la gorrilla adelante y los arrestos en los bolsillos; que yo tambi\u00e9n me tragaba las bolas de miedo cuando ve\u00eda aparecer los guardias a caballo y que yo, cuando fui joven, tambi\u00e9n gritaba proclamas de desquite y destrucci\u00f3n y arrancaba los adoquines, que hab\u00eda sudado por la ma\u00f1ana, para levantar la barricada; que yo tambi\u00e9n com\u00ed hambre y beb\u00ed furia durante d\u00edas y d\u00edas. Pero luego, cuando le insisto e intento contarle que \u00fanicamente consegu\u00ed torrenteras de amargura, que me han costado media vida secar, se me agiganta y me habla de h\u00e9roes ca\u00eddos por la causa. Entonces yo ya s\u00f3lo le miro y me vuelvo a callar. S\u00e9 que soy demasiado bruto para explicarle las cosas y que las entienda, y s\u00e9 que solamente un hombre llega a comprender la miseria de la muerte si contempla c\u00f3mo una bayoneta atraviesa el pecho de su hermano y su mirada de angustia se le agarra a la suya. El Rufo me dice que me equivoco, que es el fulgor por haber luchado por la hermandad y la justicia la \u00faltima luz que se ve en la mirada del compa\u00f1ero que da la vida por la causa, pero yo, la verdad, no me lo creo, porque ese centelleo nunca lo vi. No s\u00e9&#8230; Tal vez sea porque mi hermano era s\u00f3lo un metal\u00fargico cualquiera, al que la muerte le agarr\u00f3 sin avisarle; pero cuando lo levant\u00e9 del suelo, tras la carga policial que nos arrollara, en sus ojos s\u00f3lo vi miedo agit\u00e1ndose y el horror de la sorpresa. Un miedo como el que se escurre de los ojos de los peces al arrancarles el anzuelo; un terror mudo e inmenso, que parec\u00eda desbord\u00e1rsele por las \u00f3rbitas; un p\u00e1nico transparente y fr\u00edo, como si las puertas que se le abr\u00edan, mientras se desangraba, fueran de hielo y soledad. El Rufo me mira entonces con pena y mueve la cabeza de un lado a otro, como compadeci\u00e9ndome, e insiste en que la culpa de mi desesperanza la tiene la Montserrat, que me ha cuajado el valor con tanto envolverme en su querer. &lt;&lt;Las hembras son la perdici\u00f3n de los cojones del proletariado -me asegura-. Con sus arrumacos de gatas y sus monsergas pretenden tenernos pegados a sus faldas, y eso los ricos lo saben y se aprovechan, porque saben que ellas impedir\u00e1n por todos los medios que vayamos en su busca para exterminarlos&#8230; Seguro que los ojos del pobre <em>Noi del Sucre,* <\/em>cuando la bala lo atraves\u00f3, eran fuego maldiciendo al asesino y clamando venganza con la ira del pueblo. Porque ten seguro que ser\u00e1 as\u00ed, que el pueblo, el d\u00eda que tome el poder, acabar\u00e1 con todos los chacales de los burgueses sin parar en distingos&#8230;&gt;&gt;. El Rufo, que es medio recorto, usa pa\u00f1uelo al cuello y botines de chulito del Paralelo los d\u00edas de fiesta, cuando habla as\u00ed parece que se crece un palmo y le rechinan los dientes, aunque entonces yo ya nada le aconsejo, porque s\u00e9 que es buena gente en el fondo y que ese odio que le desgarra no es suyo. S\u00e9 que ese odio es de toda la ciudad. Que ese rencor, que est\u00e1 en el aire que se respira, nos est\u00e1 envenenando con una ira que tal vez al final nos destrozar\u00e1. Que esa carcoma embrutecida, que es el resentimiento, nos est\u00e1 royendo con sus mand\u00edbulas de hierro, y que s\u00f3lo la serenidad caoba, que dan las madrugadas sin pasiones, podr\u00e1 ense\u00f1arle lo que mi tosquedad no alcanza&#8230; No, no puedo creer que el <em>Noi, <\/em>que Salvador Segu\u00ed, muriera como dice el Rufo, revolc\u00e1ndose en el lodo del odio y que su \u00faltima mirada estuviera forjada con el alambre espinoso de la venganza. Y no, no puedo creerlo porque entonces ya no tendr\u00edamos alguna posibilidad de futuro&#8230; Y no tendr\u00edamos un futuro porque entonces, cuando el<em> Noi<\/em> llamaba al pueblo cobarde, a los hombres cobardes e indiferentes, por no buscar la justicia y la verdad, no estar\u00eda habl\u00e1ndonos de concordia y entendimiento y no hubiese estado intentando acabar con esa abominaci\u00f3n que va cercando a esta ciudad para dividirnos, y que tambi\u00e9n al Rufo y a m\u00ed, si acaba asfixi\u00e1ndonos con sus mentiras, nos llevar\u00e1 a tenernos que enfrentar&#8230;<\/p>\n<p>* Salvador Segu\u00ed, <em>Noi del Sucre, <\/em>fue un dirigente del sindicato anarquista CNT opuesto al terrorismo y la lucha armada. Asesinado en Barcelona el 10 de marzo de 1.923, junto a Francesc Comas, <em>Paronas,<\/em> su secretario personal, fue figura central del movimiento obrero durante los tristes a\u00f1os del pistolerismo en Espa\u00f1a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Medio v\u00edctima, medio c\u00f3mplice, como todo el mundo. Jean-Paul Sartre. \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A m\u00ed que no me vengan con cuentos. A qu\u00e9 tanto de que este a\u00f1o ser\u00e1 distinto. 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