{"id":526,"date":"2010-05-15T23:07:27","date_gmt":"2010-05-15T21:07:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=526"},"modified":"2010-05-15T23:07:27","modified_gmt":"2010-05-15T21:07:27","slug":"129-el-funeral-del-gato-por-humo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=526","title":{"rendered":"129- El funeral del gato. Por Humo"},"content":{"rendered":"<p>Es una ma\u00f1ana fr\u00eda. La humedad resbala sobre los viejos muros de la casa con la desnuda intermitencia del llanto.<!--more-->\u00a0El agua helada se desprende del tejado para perderse luego ba\u00f1ando los setos que rodean el jard\u00edn, hoy m\u00e1s solitario que nunca jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Por entre los arbustos ya no corre el gato. Ya no se clavan sus u\u00f1as en la corteza del quejumbroso limonero. Se lo ha tragado la tierra, envidiosa de su insolente belleza. Lo oculta ahora la misma noche que lo escondi\u00f3 de los perros, temerosa de que pudieran lastimar aquellos ojos tan inmensos como las cordilleras.<\/p>\n<p>Ha dejado sus huellas por todos los rincones de la casa, donde a\u00fan parece flotar la calma de su respiraci\u00f3n\u2026 Hasta las ratas le echan de menos, pues de puro bueno que era, jam\u00e1s les hizo un solo rasgu\u00f1o, permitiendo que le burlaran una y otra vez mientras corr\u00eda tras ellas sin intenci\u00f3n de hacerles da\u00f1o alguno.<\/p>\n<p>Su silueta aparec\u00eda y desaparec\u00eda con tal mete\u00f3rica rapidez, que Marina, en ocasiones, lleg\u00f3 a pensar que ten\u00eda poderes extra\u00f1os. Revolv\u00eda la casa entera busc\u00e1ndole sin resultado alguno. Misteriosamente, al cabo de un rato sol\u00eda aparecer, como por encanto, estirado y somnoliento en el hueco de la escalera, su lugar preferido de la casa, porque hasta all\u00ed se colaban los rayos del sol de media ma\u00f1ana para tostar su piel canela, enemiga declarada y ac\u00e9rrima del fr\u00edo. \u00c9l la miraba breve desde su sonrisa escondida, y tras bostezar perezosamente en direcci\u00f3n a ella, volv\u00eda a enrollarse sobre s\u00ed mismo para dejarse invadir por esas fantas\u00edas que habitaban en su mundo felino. Finalmente se adentraba en qui\u00e9n sabe qu\u00e9 bellos sue\u00f1os que pintaban en su rostro aquella expresi\u00f3n de infinita serenidad.<\/p>\n<p>Ella no deja de buscarle ba\u00f1ada en l\u00e1grimas. Le hace falta ese cuerpo diminuto y et\u00e9reo de mirada de espuma reclamando el desayuno, y dejando bien claro que eso, necesariamente, ha de ser lo primero del d\u00eda.<\/p>\n<p>Hoy, a la misma hora de siempre, pone amorosamente la comida en el cuenco sabiendo que \u00e9l no vendr\u00e1. Esta ma\u00f1ana no se acerc\u00f3 a su cama para robar la calidez de las s\u00e1banas blancas. No permaneci\u00f3 quieto a su lado como una estatua, susurr\u00e1ndole con la mirada que ya es hora de levantarse. No esper\u00f3 a que ella abandonara la cama para saltar escaleras abajo, loco de alegr\u00eda mirando por el rabillo del ojo para asegurarse de que Marina le segu\u00eda sonriente. Hoy su rabo infinito no est\u00e1 all\u00ed para indicarle la direcci\u00f3n de la cocina, ni la espera junto al cuenco vac\u00edo revolc\u00e1ndose juguet\u00f3n en espera de que le ofrezca su comida y sus caricias.<\/p>\n<p>La invade una honda desesperaci\u00f3n que irremediablemente inunda el primer amanecer sin el gato, y no imagina nuevas horas sin esa bola de pelo reptando alrededor de su silueta para saltar a la luna.<\/p>\n<p>Cada acto cotidiano devuelve su recuerdo multiplicado por mil. Hoy no crujen las hojas del jard\u00edn, de entre las que emerg\u00eda como un torbellino. Cuando ella intentaba agarrarle, sal\u00eda corriendo como alma que lleva el diablo, y la miraba de soslayo ret\u00e1ndola a alcanzarle con los ojos como antorchas, en ese juego infinito del que jam\u00e1s se cansaba.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 de la nada, en una ma\u00f1ana tan fr\u00eda como esta. Apareci\u00f3 de repente en el jard\u00edn, sucio y delgado, aunque lleno de vida detr\u00e1s de los ojos chispeantes. Pero a pesar de su debilidad y del hambre que arrastraba, decidi\u00f3 en ese mismo instante hacer suya la casa. Pens\u00f3 que este ser\u00eda un lugar id\u00edlico para vivir. Una vivienda grande, un jard\u00edn bien cuidado cubierto de c\u00e9sped, con apetecibles \u00e1rboles a los que trepar, y sin molestos perros que le persiguieran y a los que tener que domesticar&#8230;<\/p>\n<p>-S\u00ed \u2013pens\u00f3- Me quedar\u00e9 aqu\u00ed\u2026 Pero faltaba solo un peque\u00f1o detalle, conocer al encargado de cuidarle y alimentarle, o sea al due\u00f1o de aquel para\u00edso. Pero eso no le preocupaba. Sabr\u00eda muy bien como ganarse su cari\u00f1o, en eso era todo un especialista.<\/p>\n<p>Mas el due\u00f1o del para\u00edso result\u00f3 ser la due\u00f1a. Ella, al verle, se acerc\u00f3 sorprendida pisando las hojas del jard\u00edn que se aplastaron bajo sus pies. Pens\u00f3 que el gato se asustar\u00eda, por eso se acerc\u00f3 con mucho sigilo para infundirle calma. Mas no fue necesario, \u00e9l se qued\u00f3 tan quieto como el viejo sauce, que les contemplaba sin respirar. La mir\u00f3 fijamente con aquellos ojos tan verdes como las esmeraldas, y luego se acerc\u00f3 entre maullidos lastimeros que suplicaban comida.<\/p>\n<p>Cuando Marina le tom\u00f3 en sus brazos, el gato entrecerr\u00f3 los ojos dej\u00e1ndose envolver por su calidez. En su interior esboz\u00f3 una leve sonrisa que ella no pudo presenciar, pues los gatos no permiten que los humanos conozcan el color de su alegr\u00eda. Pero la ternura que en ella se dibuj\u00f3, le gritaba que ya ten\u00eda casa y comida garantizada. La cosa no pod\u00eda haber salido mejor ni haber sido m\u00e1s f\u00e1cil. Al contemplarla, Marina le pareci\u00f3 la mujer m\u00e1s hermosa del mundo detr\u00e1s de aquella mirada que incendiaba el cielo azul.<\/p>\n<p>Lo llev\u00f3 dentro de la casa y le puso delante tanta comida que el gato no daba cr\u00e9dito. Durante la siguiente media hora no se escuch\u00f3 otra cosa que su ronroneo agradecido y el golpeteo de sus dientes contra la comida. Apresuradamente se afan\u00f3 por ir rellenando los agujeros que las \u00faltimas noches de soledad hab\u00edan dejado en su min\u00fasculo est\u00f3mago a\u00fan no terminado.<\/p>\n<p>Tras su sesi\u00f3n de ba\u00f1o, exhausto de hacer resbalar sus afiladas u\u00f1as sobre la ind\u00f3mita superficie de la ba\u00f1era blanca, brillaba como si el sol surgiera desde su interior. Debajo de toda aquella mugre que ahora escapaba por el desag\u00fce de la ba\u00f1era, se escond\u00eda un festival de belleza sin medida, un alma breve, pegada hasta tal punto sobre aquella estufa que Marina le hab\u00eda acercado para robarle el fr\u00edo, que parec\u00eda imposible que no ardiera como una brasa.<\/p>\n<p>Ella rechaza una y otra vez el intento obstinado de alejar su pensamiento del gato muerto, porque no puede separarse de un recuerdo que le rompe el alma, y que al mismo tiempo llena su coraz\u00f3n de una amargura que ahora es necesaria.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de su llegada, su presencia reinaba hasta en la temperatura de la casa. En el jard\u00edn, las plantas y los \u00e1rboles, se quejaban amargamente por la amenaza de aquel intruso llegado desde las profundidades del averno, que ten\u00eda unas zarpas como cuchillas y unos dientes siempre listos para morder. Ten\u00edan que soportar cada d\u00eda que trepara por encima de ellas como un torbellino sin darles un instante de tregua. Disfrutaba como un enano correteando hasta caer extenuado junto al tronco del viejo limonero. A la ca\u00edda de la tarde, no perdonaba jam\u00e1s su merecida siesta, y solo entonces el resto de ocupantes de la casa pod\u00eda descansar sin temor a nuevos sobresaltados.<\/p>\n<p>Sin embargo ahora todos dar\u00edan la vida por el regreso de aquel trueno de terciopelo, que en solo cuatro patas almidonadas, dos ojos como dos anillos, y un rabo destartalado y largo, acumulaba toda la inmensidad del infinito. Los p\u00e1jaros se acercan como cada ma\u00f1ana sin poder imaginar, infelices, que cuando se posen en las ramas inm\u00f3viles del sauce, no le ver\u00e1n saltar presa de la crispaci\u00f3n en su vano intento de atraparles. Que no maullar\u00e1 rabioso al ver que cuanto m\u00e1s alto alcanza, m\u00e1s lejos est\u00e1n ellos y m\u00e1s se divierten al ver como se enfada. En su lugar encuentran tan solo un espacio mudo, silencioso y roto. El duelo es tan inmenso que el mismo Dios baja para enterrar los tristes huesos del gato, en el funeral m\u00e1s doloroso que se ha celebrado jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Un gato viejo y feo ma\u00falla nerviosamente junto a la puerta del jard\u00edn. Todas las ma\u00f1anas ven\u00eda a verle y se marchaban juntos para hablar de sus cosas mientras paseaban por el bosque. No entiende por qu\u00e9 no viene su hoy su colega. Nadie se atreve a dec\u00edrselo\u2026 Al cabo de un largo rato se marcha contrariado, pero seguramente ma\u00f1ana volver\u00e1 a la misma hora para encontrarse con su amigo. Tal vez entonces, con m\u00e1s calma, alguien ser\u00e1 capaz de darle la triste noticia. Hoy nadie se atreve a hacerlo, nadie puede hablar.<\/p>\n<p>El amor se alarga y se multiplica. Por eso el alma del gato sobrevuela la estancia para tranquilizar a Marina, para decirle que est\u00e1 bien, que le han recibido en el para\u00edso de los gatos donde lo eterno se convierte en cotidiano. Pero ella est\u00e1 sola y el dolor no permite que le escuche, la mente no puede borrar esa imagen de su cuerpo sin vida. Abrazada al viejo limonero, se desprende una a una de sus l\u00e1grimas para que el roc\u00edo las recoja y las deposite a su lado, donde quiera que est\u00e9.<\/p>\n<p>Sobre las colinas, a lo lejos, el sol hace brillar la misma nieve de entonces. Qu\u00e9 poco le gustaba la nieve\u2026 Cuando sal\u00eda al jard\u00edn, veloz y despistado, sin fijarse en la blancura del suelo, resbalaba c\u00f3micamente sobre el hielo entre respingos y maldiciones. Despu\u00e9s miraba a su alrededor con gesto de incredulidad y fastidio. Emprend\u00eda la retirada esquiando casi panza arriba, furioso al ver que no hab\u00eda rastro alguno de ese sol caliente que tanto amaba. Luego entraba en casa despotricando para sus adentros y odiaba a esas nubes negras que le hab\u00edan privado de su desayuno de luz y aire caliente. Renegando buscaba la estufa que, aunque no ten\u00eda el brillo del sol, era al menos capaz de regenerar sus congelados huesos y devolverlos a la temperatura en la que un gato vuelve a ser gato.<\/p>\n<p>Al fin cae de nuevo la noche acorralando las ventanas, en el mismo lugar donde se ahogan los funerarios gritos de dolor de la casa. Es la misma noche azul que tumbaba estrellas y refugiaba el cielo de los planetas, la misma que ahora todo lo empeque\u00f1ece para congelar las sombras de un dolor sin regreso. Se ha roto el tiempo y todos los relojes se han parado. Es posible que, cuando amanezca de nuevo, el parque a lo lejos, se vuelva a llenar con el rumor de la vida que no cesa. Es posible que el sol caliente los carcomidos esqueletos de los ancianos, que derrita la nieve y que ahogue los recuerdos. Pero nunca volver\u00e1 a colarse en el diminuto rinc\u00f3n que ocupaba la sombra del gato sobre la hierba. La muerte, como los sue\u00f1os, no sabe distinguir, y para no equivocarse, se lo lleva todo, absolutamente todo\u2026<\/p>\n<p>Marina rompe el silencio con su llanto una vez m\u00e1s, y los espejos se van de casa para no contemplar la muerte del invierno de sus ojos. Ella ensancha los minutos en un desesperado intento de buscar el consuelo inaccesible. Esta noche no hay luna, la soledad canta desde las copas vac\u00edas de los \u00e1rboles, incapaz de recorrer con los pies descalzos la distancia hasta su alma cubierta de alambres y pedruscos. No volver\u00e1, y el pecho explota como una presa desbordada, incapaz de contener la salvaje oscuridad que se come hasta el \u00faltimo de los lugares donde su luz felina todo lo ocupaba.<\/p>\n<p>Al fin el tiempo se apodera hasta de la muerte, que roncando se marcha de la casa dejando tras de s\u00ed la pobreza m\u00e1s absoluta. Cuando todo finaliza, para cerrar los d\u00edas venideros, un mill\u00f3n de grietas se esparcen por los rincones ocupando futuras soledades. Y las horas que transcurren desiguales, buscan sin encontrar la luz del amanecer que la noche se ha llevado en sus ojos.<\/p>\n<p>Sordo y lento, como el dolor, el reloj se desplaza in\u00fatilmente, mientras se va descomponiendo hora tras hora sobre el fugaz crujir del minutero. Ella mira al vac\u00edo, desnuda como los p\u00e1jaros que lloran amargamente, oculta de las estrellas que en esta hora no duermen\u2026<\/p>\n<p>Nada podr\u00e1 existir jam\u00e1s que sustituya encima de ella las pisadas del gato, que sobre su pecho profundizaban en busca del coraz\u00f3n\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es una ma\u00f1ana fr\u00eda. 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