{"id":588,"date":"2010-05-20T12:18:15","date_gmt":"2010-05-20T10:18:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=588"},"modified":"2010-05-20T12:19:36","modified_gmt":"2010-05-20T10:19:36","slug":"149-la-mascara-era-mia-por-lucio-anneo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=588","title":{"rendered":"149- La m\u00e1scara era m\u00eda. Por Lucio Anneo"},"content":{"rendered":"<p>No deseo justificar mi conducta, ni buscar rid\u00edculas disculpas, pero s\u00f3lidas motivaciones me han forzado a realizar los actos de los que se me acusa.<!--more--><\/p>\n<p>Hac\u00eda a\u00f1os que me despertaba por las ma\u00f1anas empapado en sudor, atenazado por una inexplicable desaz\u00f3n que oprim\u00eda mi esp\u00edritu y ahogaba mis pensamientos. Hasta bien entrada la ma\u00f1ana no pod\u00eda centrar mi atenci\u00f3n en ning\u00fan punto concreto de mi existencia. Navegaba, flotaba en mares desconocidos que ahogaban mi raciocinio.<\/p>\n<p>Laura me hac\u00eda prometer reiteradamente que visitar\u00eda a un especialista a la ma\u00f1ana siguiente sin demora. Tumor, paranoia, esquizofrenia -palabras que continuamente se agolpaban en su boca- golpeaban mis sienes y en lugar de tranquilizarme me inquietaban cada d\u00eda m\u00e1s. Yo hac\u00eda caso omiso a sus dolorosos aspavientos y restaba importancia a mis atormentadas veladas aunque realmente sent\u00eda un temor irracional, un aut\u00e9ntico p\u00e1nico. \u00bfY si era cierto, y si estaba perdiendo el juicio? A ella no pod\u00eda confes\u00e1rselo, \u00bfc\u00f3mo explicarle que yo no era yo, que era otro el que compart\u00eda su lecho?<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 cuando le\u00ed aquel reportaje sobre una exposici\u00f3n que se celebraba en Santiago de Compostela: \u201cLos rostros de Dios\u201d. Una exuberante m\u00e1scara del dios Pan ilustraba el art\u00edculo. El periodista argumentaba que se trataba de la m\u00e1scara de un s\u00e1tiro, cedida para la exposici\u00f3n por los Museos Capitolinos de Roma, pero mis entra\u00f1as palpitaban como jam\u00e1s lo hab\u00edan hecho y una oscura voz interior me dec\u00eda: -\u201cT\u00f3mala, es tuya\u201d. Con estupor apart\u00e9 el diario de un manotazo e intent\u00e9 desviar mi atenci\u00f3n hacia el partido de f\u00fatbol que emit\u00edan aquella tarde, intentando olvidar los ojos vac\u00edos de aquella m\u00e1scara que me hab\u00edan perforado el alma desde las p\u00e1ginas de aquel peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>Esa misma noche comenzaron los sue\u00f1os a torturarme. Yo no era yo, era un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido. Aquella que me hab\u00eda dado la vida, horripilada de haber albergado en su seno a un monstruo, abandonaba mi maltrecho y deforme cuerpecillo. Despertaba con una intensa congoja aprisionando mi pecho y durante el transcurrir del d\u00eda albergaba la esperanza de no volver a sucumbir, pero cuando llegaba la noche aquella fantas\u00eda se repet\u00eda, corregida y aumentada. Aparec\u00eda entonces en escena mi padre, mof\u00e1ndose de mi aspecto. Su despectiva actitud atormentaba mi ya da\u00f1ada esencia y yo, aquel muchacho de horadadas pezu\u00f1as, hu\u00eda del fingido abrazo paterno para internarme en l\u00fagubres cavernas.<\/p>\n<p>As\u00ed transcurr\u00edan mis noches y gem\u00edan mis d\u00edas. Laura me abandon\u00f3, no pod\u00eda continuar impasible asistiendo a mi decrepitud. Se lo agradec\u00ed, en aquel momento no pod\u00eda pensar en nada, la m\u00e1scara ocupaba por entero mi mente.<\/p>\n<p>Sin embargo, una vez me hubo abandonado mi compa\u00f1era de infortunios, mis visiones nocturnas cambiaron y comenc\u00e9 a so\u00f1ar con Arcadia, con el frescor de sus verdes bosques, con sus l\u00edmpidas fuentes, con las m\u00e1s bellas mujeres que mente alguna podr\u00eda imaginar: ninfas que ignorando mis defectos me amaban con deleite. Y mientras mis noches transcurr\u00edan encarnado en un Dios, el mortal que por las ma\u00f1anas despertaba buscaba el amado para\u00edso y lo localizaba a trav\u00e9s de Internet: \u201cArcadia es una prefectura de Grecia,\u00a0 en la regi\u00f3n del Peloponeso\u2026\u201d Y hacia all\u00ed encamin\u00e9 mis pasos, buscando la eterna felicidad\u2026<\/p>\n<p>Temeroso y expectante me deslic\u00e9 bajo las s\u00e1banas en aquella habitaci\u00f3n del Petrino -un hotelito cercano al mar- que esa misma ma\u00f1ana hab\u00eda arrendado. Deseaba caer con la mayor prontitud en los brazos de Morfeo y por fin encontrar la paz que mis sue\u00f1os anteriores me promet\u00edan. Pero nuevamente mut\u00f3 el sue\u00f1o: Arcadia hab\u00eda desparecido, y yo no era yo, ni tampoco era el dios de caprinas extremidades.\u00a0 Assalectus me llamaban ahora, el perfume de la Toscana embriagaba mis sentidos y la visi\u00f3n del k\u00e1rstico relieve de los Alpi Apuane me proporcionaba un desconocido sosiego. Un trozo de m\u00e1rmol blanco se hallaba sobre la mesa donde mis manos ce\u00f1\u00edan mazo y cincel, y de aquella roca cristalizada surg\u00eda aquella barba hirsuta sobre el rostro conocido. La m\u00e1scara era m\u00eda\u2026<\/p>\n<p>Escasos, sin embargo, fueron tales momentos de placer. Todav\u00eda me hallaba exultante de gozo cuando s\u00fabitamente la oscuridad se cerni\u00f3 sobre m\u00ed. Cuando volvi\u00f3 la claridad a mi sue\u00f1o yo no era yo, ni el dios, ni el escultor. Me hallaba en C\u00f3rduba, capital de la romana B\u00e9tica, sobre la <strong><em>scena<\/em><\/strong> del m\u00e1s grande de los teatros de Hispania. Diez mil ciudadanos se agolpaban en el grader\u00edo aplaudiendo mi representaci\u00f3n. A los exaltados gritos provenientes de mi encandilado auditorio alc\u00e9 mi mano derecha y con sorpresa la contempl\u00e9, una vez m\u00e1s, la m\u00e1scara era m\u00eda. Inmediatamente abr\u00ed los ojos y la penumbra de una habitaci\u00f3n de hotel invadi\u00f3 mis sentidos.<\/p>\n<p>\u00a0Cog\u00ed el primer vuelo a Madrid, de ah\u00ed el inmediato tren a C\u00f3rdoba, donde llegu\u00e9 alrededor de las cinco de la tarde. Sobre la <strong><em>orchestra<\/em><\/strong> de aquel inolvidable teatro se alzaba ahora una plaza. Una labrada fachada daba acceso a las colecciones que guardaba con mimo el Museo Arqueol\u00f3gico. Me adentr\u00e9 en la sala con sigilo pero con el coraz\u00f3n palpitante. All\u00ed se hallaba la amada m\u00e1scara y un apunte anexo se\u00f1alaba: M\u00e1scara del Dios Pan, representaci\u00f3n en m\u00e1rmol, a la manera de una m\u00e1scara teatral. Fue entonces cuando escuch\u00e9 aquella oscura voz interior:<\/p>\n<p>-\u201cT\u00f3mala, es tuya\u201d.<\/p>\n<p>.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-<\/p>\n<p><strong>EL FARO DE C\u00d3RDOBA \u2013 Edici\u00f3n digital.<\/strong><\/p>\n<p><strong>J. S\u00c1NCHEZ \/ F. J. MU\u00d1OZ<\/strong> \u2013 C\u00f3rdoba\u00a0 &#8211; 28\/04\/2010<\/p>\n<p><strong>VUELVE AL MUSEO ARQUEOLOGICO Y ETNOL\u00d3GICO DE C\u00d3RDOBA LA M\u00c1SCARA DEL DIOS PAN ROBADA LA PASADA SEMANA. <\/strong><\/p>\n<p>El autor del expolio, acusado de delinquir contra el patrimonio hist\u00f3rico, asegura que la m\u00e1scara sustra\u00edda es de su propiedad.<\/p>\n<p>.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No deseo justificar mi conducta, ni buscar rid\u00edculas disculpas, pero s\u00f3lidas motivaciones me han forzado a realizar los actos de los que se me acusa.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/588"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=588"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/588\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=588"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=588"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=588"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}