{"id":620,"date":"2010-05-21T11:02:48","date_gmt":"2010-05-21T09:02:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=620"},"modified":"2010-05-21T11:02:48","modified_gmt":"2010-05-21T09:02:48","slug":"160-las-rogativas-por-juan-de-mayo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=620","title":{"rendered":"160- Las rogativas. Por Juan de Mayo"},"content":{"rendered":"<p>Mos\u00e9n Pedro abri\u00f3 la puerta a la comisi\u00f3n de feligreses que encabezaba Juan Diego, formada por el Cojo Pelones, Blas Garc\u00e9s y dos o tres de los m\u00e1s significados terratenientes del pueblo. <!--more-->Los hizo pasar al despacho de la casa-abad\u00eda y les ofreci\u00f3 asientos alrededor de su escritorio. Tambi\u00e9n \u00e9l se sent\u00f3. Lo hizo en la butaca de cuero repujado que se dec\u00eda hab\u00eda pertenecido al Beato Juli\u00e1n, abate del vecino monasterio de benedictinos, muerto en olor de santidad hac\u00eda dos siglos. Desde all\u00ed, y bas\u00e1ndose en la fuerza m\u00edstica del aspirante a santo, sol\u00eda dirimir diferencias de \u00edndole espiritual, tambi\u00e9n a veces material, entre la inregible tropa de parroquianos de Albata. Ya hac\u00eda quince a\u00f1os que dirig\u00eda la \u00fanica parroquia del municipio y estaba acostumbrado a entend\u00e9rselas con aquella masa indome\u00f1able de fan\u00e1ticos seudorreligiosos. La sab\u00eda capaces de vitorear a su virgen favorita y dejar caer sus m\u00e1s f\u00e9tidos desechos fecales sobre las v\u00edrgenes rivales que hab\u00edan tenido la infeliz ocurrencia de permitir que las adoraran en los pueblos vecinos. Como si de una liga de futbol se tratara, cada comunidad apostaba por lo suyo y tiraba por el suelo todo lo que pod\u00eda ensombrecerlo o quitarle lustre. Bien sentado, les inquiri\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Vosotros dir\u00e9is qu\u00e9 se os ofrece.<\/p>\n<p>&#8211; Queremos una rogativa, mos\u00e9n, para que llueva y acabe la seca.<\/p>\n<p>&#8211; Eso, una novena a la Virgen de la Zarzamora para que nos env\u00ede el agua que nos escasea tan de seguido.<\/p>\n<p>Eran varios meses sin llover y las fuentes hab\u00edan menguado notablemente. Se racionaba el agua, no solo la de regar, sino tambi\u00e9n la de beber. Y, como no hab\u00eda visos de que el tiempo fuera a cambiar, la \u00fanica forma de salvar las cosechas era recurrir al viejo truco de rodear a la Virgen con un asedio de rezos y ruegos, un cerco prolongado cuanto fuera necesario hasta que la se\u00f1ora decidiera mirar con ojos benevolentes a su pueblo sediento y le enviara el agua. Desde luego, era un remedio que siempre se hab\u00eda mostrado infalible pues, tarde o temprano, al final terminaba por llover. Incluso en el a\u00f1o 1898 en que la rogativa dur\u00f3 ciento y siete d\u00edas. Aquella vez se trabaj\u00f3 de firme, pero la constancia del pueblo rezador termin\u00f3 por ablandar el coraz\u00f3n de la madre, quiz\u00e1 m\u00e1s enojada que de costumbre con su pecador pueblo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Hombres de Dios, una rogativa! &#8211; respondi\u00f3 el mos\u00e9n -. \u00bfVosotros cre\u00e9is que eso todav\u00eda se estila?<\/p>\n<p>Porque D. Pedro era un cura postmoderno que trataba de pasar mucho en relaci\u00f3n con las supersticiones y las beater\u00edas. Estas materias estaban siempre presentes en Albata y se manten\u00edan a mucha honra, incluso dentro del tercer milenio. Para \u00e9l, que cada d\u00eda toreaba a cuerpo limpio las ancestrales man\u00edas, aquello no era ni m\u00e1s ni menos que una solemne p\u00e9rdida de tiempo. Pero all\u00ed estaban los comisionados para ponerle las cosas dif\u00edciles.<\/p>\n<p>&#8211; Nosotros creemos que s\u00ed. Porque, siempre que ha hecho falta, la Virgen nos ha escuchado.<\/p>\n<p>&#8211; Y pruebas tenemos muchas, de veces peores, sin que nos dejara desamparados.<\/p>\n<p>&#8211; Pero t\u00fa, Pelones &#8211; les cort\u00f3 el mos\u00e9n &#8211; y t\u00fa, Juan Diego, y vosotros, si no vais nunca por la iglesia, \u00bfc\u00f3mo quer\u00e9is que se os hagan favores?<\/p>\n<p>&#8211; Eso no tiene nada que ver, mos\u00e9n &#8211; respondi\u00f3 el Cojo -. Nosotros dejamos lo de la iglesia para las mujeres, que no tienen otra cosa que hacer. Pero a la Zarzamorica la llevamos aqu\u00ed dentro, bien guardada &#8211; y se pegaba sobre el estern\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, ya veo que os acord\u00e1is &#8211; coment\u00f3 el mos\u00e9n -. Hasta cuando solt\u00e1is blasfemias la ten\u00e9is bien presente. Bueno, pues yo creo que no procede hacer esa ceremonia. El agua vendr\u00e1 cuando Dios quiera o cuando los vientos cambien, que viene a ser lo mismo.<\/p>\n<p>De todo se dijo en aquel despacho. Durante m\u00e1s de dos horas se prolong\u00f3 la discusi\u00f3n. El cura fue veladamente acusado de rojo, de mas\u00f3n, de vendido al diablo. D. Pedro estaba ya acostumbrado a aquel trato y no perdi\u00f3 los estribos. Adem\u00e1s, le importaba un pimiento que el Sr. Obispo lo enviara a otro destino. Peor que aquel no iba a ser. Sin embargo, las amenazas de disturbios y revueltas callejeras, como aquella vez en que casi se declar\u00f3 una guerra municipal cuando se trat\u00f3 de cambiar a la fuerza el itinerario de la procesi\u00f3n, termin\u00f3 por decidirlo a dar su visto bueno para celebrar los actos.<\/p>\n<p>Los buenos de los comisionados, que en el fondo respetaban al mos\u00e9n por sus acciones desinteresadas en bien de todos, se excusaron por sus palabras fuertes de antes y se despidieron con palmadas de confianza en el hombro y apretones de mano.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211;<\/p>\n<p>Al toque de la campana se reunieron los romeros en la plaza Mayor. Con el alba iban a subir hasta la ermita de la Virgen de la Zarzamora para recoger la venerada imagen y trasladarla al pueblo.<\/p>\n<p>All\u00ed estaban las autoridades municipales, reunidos junto a la comisi\u00f3n de organizadores, el Sindicato de Riegos y la Cofrad\u00eda del Santo Amor de la Virgen. A su alrededor se congregaba el pueblo en toda su composici\u00f3n: chicos, grandes y medianos. Los j\u00f3venes bailando, los adultos comentando graves, los ancianos con paso lento y rezador. Quien pod\u00eda andar iba a pie, quien no sub\u00eda en los pocos carros que a\u00fan quedaban, en los remolques de los tractores y en algunos veh\u00edculos puestos a disposici\u00f3n libre por el Concejo. Los m\u00e1s significados penitentes llevaban sus calzados en la mano o colgados al hombro y pul\u00edan con sus pies desnudos el empedrado gris\u00e1ceo de la plaza. Por uno de los \u00e1ngulos, se hizo un pasillo y mos\u00e9n Pedro, junto a sus monaguillos, avanz\u00f3 hacia el centro siguiendo la Cruz Alzada que portaba el sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>Las autoridades saludaron al p\u00e1rroco y la comitiva se puso lentamente en marcha, enfilando la calle que iba directa al camino de la ermita. Tras la cruz y el grupo de autoridades, se situaron los penitentes. M\u00e1s atr\u00e1s se form\u00f3 el coro de feligresas que comenz\u00f3 a entonar los c\u00e1nticos de petici\u00f3n y los himnos que se usaban desde siglos atr\u00e1s para enaltecer a su Santa Patrona. Detr\u00e1s de esta cabeza significada, una largu\u00edsima cola de romeros iba dejando atr\u00e1s las casas del pueblo y sus calles desiertas con las puertas entornadas.<\/p>\n<p>La comitiva remarc\u00f3 de nuevo el camino de la ermita. Cruzando valles y colinas y ascendiendo monta\u00f1as fue hasta lo m\u00e1s alto. Regres\u00f3 luego trayendo consigo la venerada imagen en la que pon\u00edan sus \u00faltimas confianzas.<\/p>\n<p>La instalaron en un altar florido y brillante. Le cantaron, le rezaron, le rogaron. Pasaron d\u00edas y d\u00edas turn\u00e1ndose a sus pies, con una demanda continua:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abAguas copiosas pedimos,<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Santa Patrona de Albata&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Dicen que el mendigo importuno siempre saca bocado. Lo que no sospechaban los buenos de los penitentes rogadores era que, en esta ocasi\u00f3n, el mendigo iba a quedar harto.<\/p>\n<p>Al cabo de quince d\u00edas de ruegos y s\u00faplicas, el cielo perdi\u00f3 su habitual azul cegador para formar un mosaico de tonos entre el blanco y el negro. Las primeras gotas, ansiadas gotas, comenzaron a caer haciendo hervir la tierra reseca de los campos y la fe de los rogantes quienes cambiaron sus ruegos por v\u00edtores y c\u00e1nticos de agradecimiento.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda, mientras la lluvia ca\u00eda incesante, retornaban a la iglesia para festejar y bendecir a su patrona. Tantos d\u00edas como rogaron, tantos d\u00edas como celebraron el agua.<\/p>\n<p>\u00a0Pero, pasada la primera quincena de aguas copiosas, los rostros de j\u00fabilo empezaron a cambiarse en caras preocupadas y pensativas.<\/p>\n<p>Los campos estaban con buena saz\u00f3n, los \u00e1rboles estaban verdes, las ramblas estaban llenas. S\u00ed, pero tambi\u00e9n hab\u00edan comenzado a caer ribazos, incapaces de soportar la tierra h\u00fameda, se corr\u00edan los terreros, se encharcaban los llanos y se resent\u00edan las edificaciones viejas.<\/p>\n<p>Quince d\u00edas m\u00e1s pasados y el agua segu\u00eda cayendo, constante como antes hab\u00eda sido la sequ\u00eda. Ahora las caras ya eran de aut\u00e9ntica preocupaci\u00f3n y disgusto. El agua hab\u00eda arruinado cosechas enteras a punto de recoger. La excesiva humedad hac\u00eda aparecer plagas de hongos y mohos que estaban casi olvidadas. Muchos caminos estaban cortados y toda la actividad del pueblo parada como consecuencia del continuo diluvio. La gente se desesperaba y andaba por sus casas como animales enjaulados, hartas ya de reparar viejas herramientas y de ordenar utensilios.<\/p>\n<p>El mendigo, despu\u00e9s de un largo ayuno, estaba recibiendo unas raciones de comida que lo hac\u00edan rebosar por las orejas.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211;<\/p>\n<p>Mos\u00e9n Pedro abri\u00f3 la puerta a una nueva comisi\u00f3n de feligreses, esta vez encabezada por Evelio Ram\u00f3n y Miguel el Rufo. Volvi\u00f3 a introducirlos en su despacho y volvi\u00f3 a sentarse en la butaca del Beato Juli\u00e1n, agarr\u00e1ndose fuerte al posabrazos para absorber toda la energ\u00eda milagrosa. Fue el Rufo quien habl\u00f3 primero.<\/p>\n<p>&#8211; Mire, D. Pedro. Yo ya no quer\u00eda que se hiciera la rogativa anterior pero los otros gritaban m\u00e1s y se hicieron con la mayor\u00eda. Ahora la cosa ya est\u00e1 hecha as\u00ed que no hay m\u00e1s remedio que seguir adelante.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfA qu\u00e9 le llam\u00e1is vosotros seguir adelante? &#8211; pregunt\u00f3 D. Pedro sospechando alguna burrada solemne.<\/p>\n<p>&#8211; Pues, ya que se hizo una rogativa para traer el agua &#8211; respondi\u00f3 el Evelio -, tendremos que hacer otra rogativa para que pare. Y sacaremos la Virgen a la plaza hasta que deje de llover.<\/p>\n<p>Si a D. Pedro le hubieran pinchado en aquel momento, de buen seguro que no le habr\u00edan sacado una gota de sangre. \u00a1Qu\u00e9 barbaridad! Anda, pues, Pedro. Oponte a estos energ\u00famenos respaldados por una masa de fan\u00e1ticos decididos a montar una trifulca a la menor excusa.<\/p>\n<p>Todo se tuvo que invertir, himnos, c\u00e1nticos, rezos y plegarias. Todo escrito de nueva letra para que donde dec\u00eda \u00abaguas copiosas pedimos\u00bb dijera \u00abpedimos que pare el agua\u00bb y as\u00ed todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Se comenz\u00f3 la nueva rogativa con la gente cobijada bajo paraguas y chubasqueros y la Virgen a cuerpo gentil aguantando el chaparr\u00f3n en la plaza.<\/p>\n<p>Y lo m\u00e1s ins\u00f3lito comenz\u00f3 a ocurrir a partir del tercer d\u00eda: dej\u00f3 de llover de una manera repentina. Efectivamente, par\u00f3 la lluvia, pero, nada m\u00e1s meter la imagen en el templo vitoreada por el pueblo agradecido, el agua volvi\u00f3 a caer tan repentinamente como hab\u00eda cesado. Y de nuevo se par\u00f3 al llevar la imagen a la plaza. Y de nuevo comenz\u00f3 a llover cuando se la introdujo en la iglesia. Y as\u00ed se continu\u00f3 la lluvia alternada con las detenciones en un ciclo permanente, d\u00eda tras d\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211; &#8211;<\/p>\n<p>Zoilo Cort\u00e9s, uno de los periodistas enviados hasta Albata para cubrir la noticia del extra\u00f1o suceso de la lluvia intermitente, acababa de entrevistar a mos\u00e9n Pedro. Un sobre, con la solicitud de dimisi\u00f3n dirigida al Sr. Obispo, reposaba sobre la mesa. Zoilo se colocaba su chaqueta impermeable para salir.<\/p>\n<p>&#8211; Verdaderamente, esto va e ser motivo de serios y hondos estudios en Roma. Y en los servicios de meteorolog\u00eda tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>&#8211; Pues yo no s\u00e9 si esto funciona. Pero si funciona de verdad, all\u00e1 arriba &#8211; y el mos\u00e9n mir\u00f3 hacia el cielo cubierto de nubes gris\u00e1ceas &#8211; deben de estar muy, pero que muy perplejos.<strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mos\u00e9n Pedro abri\u00f3 la puerta a la comisi\u00f3n de feligreses que encabezaba Juan Diego, formada por el Cojo Pelones, Blas Garc\u00e9s y dos o tres de los m\u00e1s significados terratenientes del pueblo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/620"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=620"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/620\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=620"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=620"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=620"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}