{"id":625,"date":"2010-05-21T11:09:24","date_gmt":"2010-05-21T09:09:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=625"},"modified":"2010-05-21T11:09:24","modified_gmt":"2010-05-21T09:09:24","slug":"162-respeto-por-atalanta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=625","title":{"rendered":"162- Respeto. Por Atalanta"},"content":{"rendered":"<p>De tan flojo como ha sonado el despertador, el contable casi no lo ha o\u00eddo. La l\u00e1mpara de la mesita de noche est\u00e1 a tocar de su mano pero no la enciende.<!--more-->\u00a0Se incorpora, explora\u00a0 el suelo con los pies desnudos para dar con sus zapatillas y reprime un respingo al primer contacto con las fr\u00edas baldosas. Se queda quieto, escuchando, y comprueba que la respiraci\u00f3n regular de su mujer al otro lado de la cama no se ha alterado. Se levanta y echa a andar con pasos cortos y los brazos extendidos hacia delante,\u00a0 buscando a tientas la puerta\u00a0 de la habitaci\u00f3n.\u00a0 La abre, sale y cierra tras de s\u00ed sin soltar el tirador para evitar el sonido de esta al encajar de nuevo en el marco.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Su mujer no lleva dormida ni dos horas. Ha llegado a las cinco pasadas, la ha o\u00eddo entrar, nunca coge el sue\u00f1o de verdad hasta que ella est\u00e1 en casa.<\/p>\n<p>Ahora que no molesta s\u00ed que enciende una luz del pasillo y se dirige al lavabo bostezando y rasc\u00e1ndose la barriga. Una ducha, un caf\u00e9, y a punto ya de marcharse, mira el aspecto de su traje azul marino\u00a0 ante el espejo, y se ajusta el nudo de la corbata rosa. Lleva los auriculares de su mp3 en las orejas para escuchar las noticias. No osa poner la radio, ni siquiera en la cocina, para no desvelar a la bella durmiente. Saca las llaves que hay en\u00a0 la cerradura, las cuelga de un gancho peque\u00f1o en la pared, aparta de delante de la puerta unas botas altas de charol negro y deja el piso cerrando con la misma prudencia con la que antes ha salido de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *****<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En la calle enciende un cigarrillo y aspira hondo la primera calada para llenarse del sabor y el olor del tabaco lo antes posible. Nunca le da tiempo a fum\u00e1rselo entero. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Coge el peri\u00f3dico gratuito que le tiende una muchacha que viste un enorme chaleco rojo con el nombre del diario estampado en la espalda, baja las escaleras de la boca del metro y arroja el pitillo, s\u00f3lo consumido hasta la mitad, en el enorme cenicero que preside la entrada al vest\u00edbulo. Pasa la tarjeta por el lector y se coloca a la derecha de la escalera mec\u00e1nica de acceso al and\u00e9n para ceder el paso a otros viajeros con m\u00e1s prisa. Abre el peri\u00f3dico y mientras ojea la programaci\u00f3n de televisi\u00f3n oye entrar\u00a0 el tren y empieza a descender los escalones de dos en dos. Al llegar al and\u00e9n suena la se\u00f1al del cierre de las puertas y el contable se para en seco al recordar la recomendaci\u00f3n de no entrar en el vag\u00f3n durante el pitido. Pagar\u00eda gustoso por poderse fumar un cigarrillo mientras espera el siguiente.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *****<\/p>\n<p>El metro viene lleno pero\u00a0 el contable entra deprisa y logra escamotear al resto de los pasajeros uno de los asientos que no son para ancianos, embarazadas o disminuidos f\u00edsicos.<\/p>\n<p>En la siguiente parada entra una joven con un ni\u00f1o en brazos y otro de la mano. Los cuatro ocupantes de los asientos reservados se concentran en su particular actividad: una chica hunde su cabeza en el libro que lee, dos hombres con mono gris conversan con la mirada clavada el uno en el otro sin desviarla ni un mil\u00edmetro y una mujer con el pelo te\u00f1ido de color fresa cabecea medio dormida. El contable levanta el peri\u00f3dico para llamar la atenci\u00f3n de la mujer con los dos ni\u00f1os y le indica el asiento que deja libre. La mujer apresura al ni\u00f1o que lleva sujeto de la mano y alcanza el asiento murmurando, muy amable.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En la siguiente parada la rampa se acciona con un zumbido y accede al vag\u00f3n un hombre paral\u00edtico. Se abre paso hasta la zona habilitada para las sillas de ruedas, la encaja en el espacio en una sola maniobra y se abrocha las correas de sujeci\u00f3n que cuelgan de la barra. Al contable le gusta el aspecto del paral\u00edtico, el pelo un poco largo peinado con cera como en las revistas de moda, el traje oscuro con la raya de los pantalones bien planchada, la corbata clara con caballos peque\u00f1itos del mismo color pero m\u00e1s oscuros, los zapatos negros, impolutos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *****\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Faltan cinco minutos para que abra el banco y ya hay dos mujeres esperando en la puerta. El contable puede verlas desde su mostrador. Una de las mujeres se acerca a la puerta. El guardia de seguridad extiende un brazo y le corta el paso y la mujer golpea el suelo con el pie y le dice algo al guardia mostr\u00e1ndole su reloj y se\u00f1al\u00e1ndole la esfera. El guardia mira a la mujer sin decir una palabra. Esta eleva el tono de voz contra el guardia. Suena muy indignada, se queja de falta de consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El contable se levanta, sale del mostrador y va hacia el guardia. Solo falta un minuto para la hora de apertura, tampoco es tan importante si la mujer entra un poco antes. A medio camino se queda parado, rectifica y vuelve por donde ha venido.<\/p>\n<p>A las ocho en punto el guardia se retira de la puerta y permite el paso a la mujer que entra en tromba hacia el mostrador mascullando algo contra el de la puerta y buscando la complicidad del contable. \u00c9ste sonr\u00ede y le dice a la mujer que el guarda ten\u00eda raz\u00f3n, que a\u00fan no era la hora. La mujer grita en voz alta que ella es una trabajadora de verdad, de las que cobra por horas, no de esas con vacaciones pagadas como los se\u00f1ores del banco que tienen el culo gordo a fuerza de no moverlo de la silla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *****<\/p>\n<p>El director del banco sale de su despacho y se acerca a la mujer, carraspea para llamar su atenci\u00f3n y le tiende la mano al tiempo que dice su nombre y su cargo. Le pregunta a la mujer por la causa de su enfado y se interesa por si \u00e9l puede ayudarla al tiempo que la coge por el codo y la conduce suave hacia la salida. En la puerta encajan una vez las manos y el director vuelve a su despacho sonriendo satisfecho.<\/p>\n<p>Pasar\u00e1 el resto de la ma\u00f1ana consultando la hora y yendo al lavabo para comprobar su aspecto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *****<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El director del banco termina de trabajar a las ocho. No se queda en la puerta charlando con los empleados y va directo a su coche. Entra, enfoca el espejo retrovisor hacia a su cara y se aplasta con la mano los cuatro pelos te\u00f1idos de negro que todav\u00eda le quedan en la parte superior de su cabeza. Abre la cartera, comprueba que lo tiene todo y finalmente arranca.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Usa una tarjeta de acceso para entrar en el garaje de una finca antigua a las afueras de la ciudad. Aparca, coge el ascensor y sube a la primera planta donde muestra su tarjeta a una recepcionista con pelo corto y gafas. Tengo cita. La recepcionista comprueba el libro de reservas e indica con la mano una de las puertas que quedan a mano derecha del mostrador.<\/p>\n<p>El director introduce una vez m\u00e1s la misma tarjeta en la ranura y accede a una cabina con dos puertas, una delante de la otra. Se quita la ropa, cuelga el traje y la camisa de una percha, dobla la camiseta y los calzoncillos y los deja sobre una banqueta, descuelga un collar de perro que estaba en la otra percha y se lo pone en el cuello. Pulsa un bot\u00f3n rojo y autom\u00e1ticamente la siguiente puerta se abre y se encuentra con su cara a la altura del pecho de la dominatriz vestida con un cors\u00e9 que cubre la parte de la cintura hasta el inicio de las caderas dejando al descubierto el pecho y el pubis completamente depilado, calza botas negras con plataforma y diecis\u00e9is cent\u00edmetros de tac\u00f3n de aguja y lleva una fusta en la mano.<\/p>\n<p>Ella tira de la cadena del collar de perro y \u00e9l cae a sus pies. Al suelo mierda inmunda. S\u00ed, ama. El director de banco recibe desde suelo, sin revolverse y sin levantar la cabeza, los golpes de la fusta en la espalda y el tac\u00f3n de la bota que se hunde y retuerce en el interior de su ano. Cuando mana un peque\u00f1o hilillo de sangre entre las nalgas del director, ella se retira y va en busca de una cuerda.<\/p>\n<p>\u00a0De regreso, la dominatriz se sienta sobre el director para empezar a atar sus pies por los tobillos, tira del nudo oblig\u00e1ndole a doblar las piernas hacia atr\u00e1s y ata las manos por las mu\u00f1ecas y\u00a0 acaba rodeando el cuello con la misma cuerda por encima del collar de perro. Encaja un gancho que cuelga del techo en una argolla de la cuerda que aprisiona al director. Tironea dos veces de la cadena que sostiene el gancho y \u00e9sta, como por arte de magia, inicia el ascenso del cuerpo y lo deja suspenso a la altura de la cara de su ama. Esta pasea alrededor del ser flotante pellizcando la carne indefensa y ordenando silencio al menor quejido, amenazando con reventarle los cojones a taconazos si vuelve a o\u00edr su voz. Entre los pellizcos e insultos, escoge los momentos \u00e1lgidos de sus exabruptos para tensar la cuerda estirando de uno de los cabos y obligando as\u00ed a las extremidades del contable a doblarse hacia atr\u00e1s en un escorzo impracticable en condiciones normales de equilibrio. El reverso del collar de perro se clavar en el cuello del director y la cara se le contrae en una mueca dolor que por esa misma causa es en realidad de goce.\u00a0 La dominatriz observa el rostro encogido que tiene frente a frente y reprime la tentaci\u00f3n de presionar m\u00e1s la cuerda. El director est\u00e1 en sus manos, podr\u00eda castigar m\u00e1s pero no es necesario.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *****<\/p>\n<p>Son las tres de la ma\u00f1ana cuando la dominatriz llega a casa. Enciende la luz del pasillo, deja las llaves colgadas de la cerradura, desciende de las alt\u00edsimas botas, la \u00fanica parte de la ropa de trabajo que usa tambi\u00e9n para ir por la calle, y las deja junto a la puerta. Camina de puntillas hacia el lavabo y se da una ducha caliente. Sale desnuda, apaga la luz del pasillo y abre la puerta de la habitaci\u00f3n con cuidado de no soltar el tirador muy deprisa para que no haga ruido. Camina en l\u00ednea recta en medio de la oscuridad hasta topar con la cama, sigue su per\u00edmetro hasta el lado izquierdo, que es en el que duerme, se mete entre las s\u00e1banas y acaricia muy suave, para no despertarlo, la espalda del contable.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De tan flojo como ha sonado el despertador, el contable casi no lo ha o\u00eddo. 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