{"id":640,"date":"2010-05-22T21:27:34","date_gmt":"2010-05-22T19:27:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=640"},"modified":"2010-07-25T10:43:06","modified_gmt":"2010-07-25T08:43:06","slug":"169-reflejos-opacos-por-dorotea-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=640","title":{"rendered":"169- Reflejos Opacos. Por Dorotea Reyes"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u2014Ni\u00f1os, venid, pap\u00e1 est\u00e1 en casa.<\/p>\n<p>As\u00ed fue c\u00f3mo mam\u00e1 dio por concluida la inexplicable ausencia de mi padre. <!--more-->Aunque se esforzaba en utilizar un tono de voz entusiasta mientras nos empujaba hacia \u00e9l, no consegu\u00eda disimular la angustia y el temor que, de nuevo, se cern\u00edan sobre ella. Mi padre aparentaba un humor excelente. Hablaba y re\u00eda ruidosamente, alborotaba el pelo de mis hermanos peque\u00f1os que, incapaces de sustraerse a la alegr\u00eda del reencuentro, se hab\u00edan subido a sus rodillas. A m\u00ed casi ni me tuvo en cuenta. Mi madre fing\u00eda contagiarse de la atm\u00f3sfera de la escena y, simult\u00e1neamente, trataba de desvanecerse, de hacerse min\u00fascula, para no desentonar con la celebraci\u00f3n del regreso. La chaqueta de mi padre yac\u00eda con las mangas del rev\u00e9s, como siempre, sobre la mesa del comedor. Volv\u00eda a ser todo como antes. Era evidente que no deb\u00eda preguntar los motivos de su marcha ni, mucho menos, la decisi\u00f3n de su regreso. Mi madre continuaba con un rictus ficticio de satisfacci\u00f3n y la mirada perdida en una esquina, tras el sill\u00f3n orejero, ocupado de nuevo por mi padre. Ella tampoco me mir\u00f3 en ning\u00fan momento.\u00a0<\/p>\n<p>Siguieron unos meses espantosos. Mi madre soportaba impasible las continuas humillaciones que mi padre le inflig\u00eda. Posiblemente los meses de ausencia me hab\u00edan hecho madurar y ahora me resultaba insufrible lo que hab\u00eda sido normal durante muchos a\u00f1os de mi vida. No se podr\u00eda decir que \u00e9l la tratase peor que antes; era yo quien recib\u00eda con creciente dolor cada desprecio y cada nueva falta de respeto. Mi madre padec\u00eda enormemente su rudeza, pero yo no pod\u00eda contener un paulatino resentimiento hacia ella por tolerar, tan calladamente, el desprecio a su dignidad y el lacerante trato que recib\u00eda. Me volv\u00ed esquiva y hura\u00f1a, y respond\u00eda de igual modo a las desconsideraciones de mi padre y a la sumisi\u00f3n de ella. Lo atribuyeron a la adolescencia, y \u00e9se fue mi salvoconducto para rehusar las explicaciones o las disculpas. Mientras tanto, mis hermanos aparentaban permanecer ajenos a todo. Jaime ten\u00eda once a\u00f1os. \u00d3scar, dos menos. Esperaba de ellos una mayor complicidad frente a lo que se viv\u00eda diariamente en casa. En cambio, celebraban con entusiasmo la relajaci\u00f3n de las costumbres, las cenas frente al televisor y la camarader\u00eda entre los hombres de la casa. Pap\u00e1 era el h\u00e9roe salvador que les libraba de la estrechez de las normas. Si percibieron algo anormal, debieron disimularlo, porque yo nunca percib\u00ed en ellos un atisbo de sinton\u00eda hacia nosotras. Mi madre y yo viv\u00edamos aisladas nuestra pesadilla.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de primavera, meses despu\u00e9s de su regreso, mientras desayun\u00e1bamos apresuradamente antes de ir a la escuela, mi padre nos habl\u00f3. Nunca participaba en nuestras conversaciones, pero mi madre estaba cada vez m\u00e1s deca\u00edda, y esa ma\u00f1ana, al despertarnos, no la hab\u00edamos visto en casa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u2014Vuestra madre es una puta y le import\u00e1is una mierda. Se ha ido y os juro que no volver\u00e1 a poner los pies en esta casa \u00a0\u2014lo dijo sin levantar la mirada del peri\u00f3dico del d\u00eda anterior.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 desayunando y, clavando los ojos en su reloj de pulsera, me dio prisas para que me fuese a la escuela con mis hermanos. Le odi\u00e9 profundamente: por la brutalidad de la noticia, por no mirarnos a la cara en ning\u00fan momento, por los sorbos cuidadosos y placenteros con los que apuraba el caf\u00e9, y porque yo sab\u00eda que a partir de ahora me convertir\u00eda en el objeto de su dominaci\u00f3n. Hicimos el trayecto a la escuela en silencio. No culpaba a mam\u00e1 por marcharse y dejarnos indefensos ante \u00e9l. Entend\u00eda que no se hubiese atrevido a prevenirnos y que, al escapar, hab\u00eda escogido la \u00fanica opci\u00f3n factible de conservar la poca dignidad que le quedaba. Debi\u00f3 interpretar mi dureza como signo prematuro de madurez, y supuso que mis hermanos estaban protegidos por el primitivo esquema de valores de mi padre.<\/p>\n<p>Jaime y \u00d3scar caminaban distra\u00eddos a mi lado. Estaban tan impactados como yo por la noticia, pero me dol\u00eda imaginar que ellos podr\u00edan compensar la ausencia de mam\u00e1 con lo que obtendr\u00edan de nuestro padre. En la breve distancia que nos separaba del colegio me deshice de los escasos reparos que a\u00fan ten\u00eda, y en ese trayecto decid\u00ed enfrentarme a la situaci\u00f3n que nos sobreven\u00eda.<\/p>\n<p>No err\u00e9 en mis predicciones. El opresivo clima familiar y la tensi\u00f3n de cada minuto de convivencia me revelaron a un ser todav\u00eda m\u00e1s despreciable de lo que hubiera podido imaginar. Pretendi\u00f3 convertirme en la criada de la familia y en la sustituta de mi madre, siempre el blanco de sus desconsideraciones. Me aplicaba la t\u00e9cnica que \u2013supongo\u2013 rebaj\u00f3 a mi madre, consiguiendo despertar en m\u00ed, a veces, hondos sentimientos de culpa. Yo no rehusaba los enfrentamientos, pero es cierto que\u00a0 acababa cediendo la mayor\u00eda de las veces por el excesivo precio de cada disputa. Mientras tanto, mis hermanos se hab\u00edan alejado todav\u00eda un poco m\u00e1s de m\u00ed. Y aunque sufr\u00edan con las amenazas e insultos que me dirig\u00eda \u2013algunas veces les vi temblorosos y con los ojos enrojecidos\u2013, estaban igualmente atrapados, aunque en un lugar opuesto al m\u00edo, en el inquebrantable reparto de papeles que mi padre hab\u00eda decidido para todos nosotros.<\/p>\n<p>Apart\u00e9 de m\u00ed durante ese tiempo cualquier deseo de justicia y de venganza. Ahora que era yo quien soportaba los desmanes de mi padre comprend\u00eda por qu\u00e9 la huida fue la \u00fanica salida que le quedaba a mi madre. Yo la recordaba siempre peque\u00f1a, sumisa y entregada. No sabr\u00eda decir si era \u00e9se su car\u00e1cter o si hab\u00eda sido mi padre quien la hab\u00eda doblegado. Lo cierto es que nunca tuvo posibilidad de salir indemne. Abandonarnos hab\u00eda sido la \u00faltima victoria de mi padre sobre ella. No debi\u00f3 sentirse capaz de luchar por nosotros y, con su huida, me hizo comprender cu\u00e1l era la \u00fanica escapatoria que me quedaba. Supe entonces que yo tambi\u00e9n me marchar\u00eda alg\u00fan d\u00eda, y que ten\u00eda que soportar el tiempo que transcurriera hasta ese momento con la firme convicci\u00f3n de sobreponerme al trato de mi padre.<\/p>\n<p>Aprend\u00ed a no atender inmediatamente sus \u00f3rdenes. Le respond\u00eda con descaro en algunas ocasiones. Asum\u00ed los cuidados de mis hermanos y extrem\u00e9 mi exigencia sobre ellos para que fuesen comprendiendo nuestra situaci\u00f3n. Mi car\u00e1cter se resinti\u00f3 debido a la dureza de ese periodo. Me volv\u00ed a\u00fan m\u00e1s retra\u00edda. No pod\u00eda compartir con nadie lo que se viv\u00eda en casa, y yo no era, en modo alguno, propicia a los fingimientos. Me refugi\u00e9 en los estudios y me hice merecedora de los mayores halagos de profesores y directores. Ellos deb\u00edan conocer en parte nuestra situaci\u00f3n por mis hermanos peque\u00f1os, pero nunca me preguntaron directamente. Nunca expliqu\u00e9 nada, y jam\u00e1s nadie se ofreci\u00f3 a hacer los deberes en mi casa o a prestarme los libros o los apuntes. \u00cdbamos a un colegio religioso de nuestro barrio. Las familias aparentaban, como correspond\u00eda a la zona en la que viv\u00edamos, una discreta normalidad. No conocimos excesivas complicaciones, a excepci\u00f3n de algunas puntuales dificultades econ\u00f3micas para las que el colegio destinaba un fondo de ayuda. El centro dispon\u00eda adem\u00e1s de unas habitaciones de acogida que proven\u00edan de una \u00e9poca anterior en la que se utiliz\u00f3 como internado, habitaciones donde resid\u00edan algunas alumnas de fuera de la capital o que, por diversos motivos, no pod\u00edan residir en casa. Sab\u00eda que a la directora no le conven\u00eda que airease mi problema y, aunque debo reconocer que me dispensaba m\u00e1s atenciones que a otros alumnos, tambi\u00e9n intu\u00eda que mis respuestas tranquilizadoras les libraba del embrollo de inmiscuirse en los asuntos de mi familia. No delatar\u00eda mi situaci\u00f3n hasta que me conviniese, y tan s\u00f3lo lo har\u00eda para acceder a una plaza en la residencia el d\u00eda en que pudiera escaparme.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el invierno y, una tarde de domingo en la que le\u00eda distra\u00eddamente en mi habitaci\u00f3n, o\u00ed abrirse la puerta de casa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u2014Mam\u00e1, mam\u00e1, mam\u00e1 \u2014grit\u00f3 \u00d3scar.<\/p>\n<p>De repente se esfum\u00f3 el habitual e ins\u00edpido ambiente de nuestra casa, que se inund\u00f3 de llantos, abrazos y besos estruendosos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 \u2014Cari\u00f1o, cari\u00f1o. Te quiero \u2014dec\u00eda mi madre mientras escuchaba a Jaime unirse a ellos en el comedor.<\/p>\n<p>Me conmov\u00eda la sinceridad con que celebraban el reencuentro. Ten\u00eda que esforzarme para no dejarme arrastrar por la emoci\u00f3n del momento. Me incorpor\u00e9 de un brinco para ahuyentarla y repas\u00e9 las opciones que ten\u00eda. No entend\u00eda la vuelta de mam\u00e1, y no quer\u00eda imaginarme lo que pasar\u00eda cuando mi padre se enterase. Mir\u00e9 hacia la puerta de la habitaci\u00f3n, asegur\u00e1ndome de que el pestillo estaba echado. Aunque el acontecimiento era por completo inesperado, supe en seguida c\u00f3mo ten\u00eda que actuar. Llen\u00e9 de ropa la bolsa de deporte, a\u00f1ad\u00ed la documentaci\u00f3n, el m\u00f3vil, su cargador y un sobre con algo de dinero. Recog\u00ed los libros de estudio y los introduje en la cartera. Contuve la melancol\u00eda que, ya antes de irme, me suscitaban los objetos de mi habitaci\u00f3n, el lugar en el que hab\u00edan transcurrido tantas horas de encierro. Aguc\u00e9 el o\u00eddo. Prosegu\u00edan los arrumacos de mi madre entremezclados con las atropelladas palabras de Jaime y \u00d3scar. Apagu\u00e9 la luz, sal\u00ed de la habitaci\u00f3n y me abalanc\u00e9 hacia la puerta.<\/p>\n<p>No quise mirarla. Desconoc\u00eda de d\u00f3nde hab\u00eda sacado la fuerza para marcharse, y no entend\u00eda los motivos que le hab\u00edan hecho volver. De cualquier modo, ya no me incumb\u00edan. Con su regreso, ella tomaba de nuevo la responsabilidad de cuidar a mis hermanos y me libraba de lo \u00fanico que me reten\u00eda junto a mi familia. Di un portazo intencionado y me precipit\u00e9 por las escaleras bajando de dos en dos los escalones. La cartera me rebotaba en la espalda y la bolsa me golpeaba la cadera. Cuando descend\u00eda por el \u00faltimo tramo y casi alcanzaba el rellano, vi a mi padre entrando por el port\u00f3n de la calle. Continu\u00e9 corriendo y, al cruzarme con \u00e9l, casi delante del ascensor, le empuj\u00e9 violentamente. Perdi\u00f3 el equilibrio y, mientras ca\u00eda, le di un golpe con todas mis fuerzas con el pu\u00f1o derecho por el que todav\u00eda sobresal\u00edan las llaves de la casa. Ya en el suelo, le dirig\u00ed una mirada que le hizo retroceder defensivamente hasta toparse con la pared.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hoy, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, reh\u00fayo los espejos por miedo a tropezarme con la huella de aquella mirada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u2014Ni\u00f1os, venid, pap\u00e1 est\u00e1 en casa. 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