{"id":646,"date":"2010-05-22T21:37:10","date_gmt":"2010-05-22T19:37:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=646"},"modified":"2010-05-22T21:37:10","modified_gmt":"2010-05-22T19:37:10","slug":"171-la-superficie-encabritada-de-las-olas-por-jacques-de-sores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=646","title":{"rendered":"171- La superficie encabritada de las olas. Por Jacques de Sores"},"content":{"rendered":"<p>1. El asesino cruz\u00f3 la calle. Encendi\u00f3 un cigarro y mir\u00f3 los cuadros de luz que proven\u00edan del edificio. Por la avenida bajaba una caravana de muchachos que sal\u00edan de la discoteca, ocupaban la calle de una acera a la otra, vociferaban y daban traspi\u00e9s en los desniveles del asfalto. <!--more-->El asesino record\u00f3 su adolescencia tronchada, las tardes de domingo, la matin\u00e9 y las tertulias en el bar <em>Malec\u00f3n<\/em>, donde lo desafiaban constantemente por cualquier tonter\u00eda. Record\u00f3 el patio del colegio, la voz del director y los castigos en cruz arrodillado sobre el suelo. Esper\u00f3 que cesara el bullicio, tir\u00f3 el cigarro a la calle, cont\u00f3 los apartamentos y comenz\u00f3 a subir las escaleras. Trat\u00f3 de no hacer ruido, pero era tal el silencio que sus pasos resonaban, aunque tuviera cuidado al caminar. Se detuvo en el tercer piso, una vecina abri\u00f3 la ventana para ver qui\u00e9n llegaba a esa hora de la noche. El asesino se recost\u00f3 a la pared, crey\u00f3 que la vecina no pudo verlo y solo cuando esta cerr\u00f3 la ventana sigui\u00f3 en ascenso. Cada vez faltaba menos para llegar al octavo piso. La brisa del mar se colaba entre las escaleras y le produc\u00eda escalofr\u00edos. Record\u00f3 la apuesta aquella noche de diciembre, el vestido celeste de Laura, su reputaci\u00f3n en juego, las olas encabritadas que vomitaban espuma al chocar contra el diente de perro y la burla de todos cuando lleg\u00f3 a la meta de \u00faltimo, braceando sin fuerzas contra la fr\u00eda corriente que le entumec\u00eda los pies y no lo dejaba avanzar. Se par\u00f3 junto a la puerta, tom\u00f3 un gancho de pelo y comenz\u00f3 a forzar la cerradura. Adentro dorm\u00eda la v\u00edctima. El asesin\u00f3 esper\u00f3 unos segundos hasta que los ojos se acostumbraran a la oscuridad de la sala. Afuera refulg\u00eda la luna, pero las mallas contra las ventanas no dejaban pasar la claridad. Camin\u00f3 entre los muebles, sobre la mesita de centro estaba enmarcada una foto de la secundaria, junto a un cenicero vac\u00edo y una copa manchada de pintalabios. En la foto Laura abrazaba a la v\u00edctima, mientras esta mostraba su medalla de oro en el campeonato de nataci\u00f3n. El asesin\u00f3 sac\u00f3 la navaja del bolsillo. Abri\u00f3 la puerta del cuarto, se acerc\u00f3 a la cama y penetr\u00f3 las s\u00e1banas con el filo, una, dos, tres veces. La brisa del mar descorri\u00f3 las cortinas y el asesino vio como la sangre bajaba por los bordes de la cama y trazaba surcos sobre las losetas en el suelo.<\/p>\n<p>2. La vecina apag\u00f3 el televisor. Prepar\u00f3 un vaso de leche caliente para conciliar el sue\u00f1o.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u2013Que desperdicio de juventud- dijo al asomarse a la ventana y ver unos muchachos que vociferaban- en mi tiempo todo era distinto, solo ten\u00edamos las matin\u00e9s y los paseos por el barrio las tardes de domingo, con eso era suficiente, ahora no hay decencia, no hay decencia.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 la lata del az\u00facar y le ech\u00f3 dos cucharadas a la leche. Comprob\u00f3 que todo estuviera en su lugar antes de acostarse y como cada noche sinti\u00f3 un poco de tristeza, mir\u00f3 la foto de su marido en la pared. Olvid\u00f3 la cama, el vaso de leche. Se sent\u00f3 en el sof\u00e1, abri\u00f3 el \u00e1lbum de fotos de la secundaria y detall\u00f3 una por una, construyendo su historia, la historia que le hubiera gustado vivir.<\/p>\n<p>En la primera foto aparec\u00edan todas las chicas al centro del patio en el colegio: -\u00fananse un poco m\u00e1s- hab\u00eda dicho el fot\u00f3grafo \u2013sonr\u00edan, ya voy-, ella estaba en la segunda fila, bien pegada a Susana: hombro con hombro, blusa con blusa, cadera con cadera.<\/p>\n<p>Sent\u00eda ese ardor de Susana que le pon\u00eda los pelos de punta cada vez que la ten\u00eda tan de cerca: hombro con hombro, blusa con blusa, cadera con cadera.<\/p>\n<p>En la primera fila despuntaba Laura, esa chica que siempre iba al colegio con un lazo azul celeste, esa que volv\u00eda locos a todos los varones y opacaba la belleza de las dem\u00e1s. La segunda fotograf\u00eda hab\u00eda sido tomada durante el campeonato de nataci\u00f3n, la vecina quer\u00eda una foto con el ganador de la medalla de oro, pero aquella Laura no lo soltaba ni un segundo, tuvo que conformarse con el medallista de plata y aquel de bronce que tan mala cara ten\u00eda y que se fue del centro deportivo con un genio de los mil demonios. La tercera era una foto sin importancia, ya iba para la cuarta cuando sinti\u00f3 un ruido de pasos por las escaleras, se asom\u00f3 a la ventana que da al pasillo pero no vio a nadie. Comprob\u00f3 los cerrojos de la puerta, guard\u00f3 el \u00e1lbum de fotos y a\u00fan con la misma tristeza de antes, mir\u00f3 el retrato de su marido, tom\u00f3 el vaso de leche y se fue a dormir.<\/p>\n<p>3. La victima abri\u00f3 la botella de vino y sirvi\u00f3 en dos copas, le entreg\u00f3 una a Laura y dijo:\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>-Hagamos un brindis a tu salud, que tengas mucha suerte en el viaje y que regreses con un par de buenos negocios. Los japoneses son muy astutos, pero t\u00fa eres la mejor.<\/p>\n<p>-Ojal\u00e1 todo salga bien- dijo Laura- chin chin, querido-. Chocaron las copas, la v\u00edctima dijo que pondr\u00eda un poco de m\u00fasica:<\/p>\n<p>-El taxi a\u00fan no ha llegado, nos quedan varios minutos- y se abrazaron al centro de la sala. La luna arrojaba luz sobre el balc\u00f3n, la brisa del\u00a0 mar corr\u00eda las cortinas. La v\u00edctima pens\u00f3 que era esa una noche perfecta, como aquella en la costa, cuando cort\u00f3 la superficie encabritada de las olas y lleg\u00f3 de primero a la meta, demostr\u00e1ndoles a todos que ser\u00eda el campe\u00f3n del colegio y que Laura, la chica azul celeste, solo podr\u00eda ser para \u00e9l. El taxi parque\u00f3 en la calle de enfrente y la v\u00edctima acompa\u00f1\u00f3 a Laura, le carg\u00f3 las maletas y la despidi\u00f3 con un beso. De vuelta en la habitaci\u00f3n oy\u00f3 el ruido insoportable de unos muchachos que sal\u00edan de la discoteca. Cerr\u00f3 las ventanas, apag\u00f3 las luces, llev\u00f3 la botella de vino hasta la cama y con el tercer trago qued\u00f3 dormido.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o lo desplaz\u00f3 de la costa al bar <em>Malec\u00f3n<\/em>, donde en una noche de diciembre, despu\u00e9s de media docena de botellas de cerveza, apostaba cualquier cosa en una competencia de nado sobre la fr\u00eda superficie del mar. Cualquier cosa. Incluso a la chica azul celeste. La v\u00edctima mov\u00eda con destreza los pies, manten\u00eda el rostro bajo el agua, solo lo sacaba un instante despu\u00e9s de diez brazadas, tomaba aire, volv\u00eda a hundirlo, cruzaba el mar bajo las olas, regresaba a la superficie y casi en la meta sinti\u00f3 que el fr\u00edo se apoderaba de su abdomen cual si le encajaran l\u00e1minas de hielo, una, dos, tres veces, sinti\u00f3 que su cuerpo se doblaba y en medio del silencio cay\u00f3 al fondo del mar, mientras en la orilla, junto a la meta, todos esperaban verlo aparecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. El asesino cruz\u00f3 la calle. Encendi\u00f3 un cigarro y mir\u00f3 los cuadros de luz que proven\u00edan del edificio. 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