{"id":682,"date":"2010-05-23T23:28:08","date_gmt":"2010-05-23T21:28:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=682"},"modified":"2010-05-23T23:28:08","modified_gmt":"2010-05-23T21:28:08","slug":"180-suenos-de-paja-por-vierna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=682","title":{"rendered":"180- Sue\u00f1os de paja. Por Vierna"},"content":{"rendered":"<p>Cuando la vida se encuentra limitada por barrotes, lo \u00fanico que puedes hacer es dormir. Cuando dedicas tu vida a dormir, sue\u00f1as demasiado.<!--more-->\u00a0Cuando sue\u00f1as demasiado, los sue\u00f1os se confunden con la realidad y comienzas a vivir una vida paralela. En estos momentos, no s\u00e9 qu\u00e9 estoy viviendo. No s\u00e9 si vivo en sue\u00f1os, o si sue\u00f1o en vida. A fin de cuentas, \u00bfc\u00f3mo diferenciarlo? \u00bfA qu\u00e9 darle m\u00e1s importancia cuando los sue\u00f1os han ocupado pr\u00e1cticamente la totalidad de mi corta vida? En ocasiones pienso que la vida es una pesadilla que se me repite de forma intermitente. Cuando despierto, aparece. Por eso he dormido tanto, porque en sue\u00f1os me siento m\u00e1s vivo. Mucho m\u00e1s vivo de lo que me he llegado a sentir en la realidad. Una realidad atrapada en un reloj que va marcha atr\u00e1s. Una vida que mengua a cada segundo.<\/p>\n<p>Cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil revivir en sue\u00f1os. Los gemidos de mis compa\u00f1eros no me dejan dormir. Unos son agudos, otros m\u00e1s graves. Unos se lamentan por el destino inevitable, otros a\u00fallan por una ut\u00f3pica salvaci\u00f3n de manos de quienes precisamente nos condenaron. Llantos desesperados y agonizantes que se multiplican por miles en mi peque\u00f1a cabeza, como peque\u00f1os diablillos con tridentes que torturan mi paz interna. Aqu\u00ed la vida es muy triste, y ante el insomnio, no me queda m\u00e1s remedio que recordar tiempos pasados que nunca ocurrieron. Consumo la memoria como sedante de una muerte prematura.<\/p>\n<p>Apenas he digerido la \u00faltima dosis de lactancia materna. Unos individuos me acaban de proporcionar un hogar que me aseguran que ser\u00e1 provisional y me prometen con una actitud exageradamente infantil que me tratar\u00e1n como a un rey. Pero yo tengo el olfato mucho m\u00e1s desarrollado que ellos y percibo que las promesas huelen a rancio, a pantomima. Olor que se entremezcla con el heno barato, las heces y la comida industrial. Con el paso del tiempo, la desagradable impresi\u00f3n inicial crece exponencialmente. Todo se repite todos los d\u00edas y se convierte en una rutina sin escapatoria.<\/p>\n<p>Finos barrotes y un cristal transparente que me ofrece al mundo como cualquier otro producto de consumo, con un precio y con unas recomendaciones de uso y mantenimiento. Personas adultas con sus camadas se detienen ante m\u00ed de vez en cuando y me hacen caranto\u00f1as. Mis cuidadores me aconsejan que sea simp\u00e1tico con ellos, porque quiz\u00e1s me saquen del encierro. Cuando llegu\u00e9 mentir\u00eda si dijera que no me halagaba toda la atenci\u00f3n que posaban las personas en m\u00ed. Siempre que entraba alguien por la puerta grande se fijaba en m\u00ed, me sonre\u00eda e incluso me hablaba y me acariciaba a trav\u00e9s de los barrotes. Era agradable sentir el calor humano. Siempre es agradable sentir el calor de algo vivo, aunque no se comparta raza ni especie. Sin embargo, enseguida conversaban con alguno de los que se hac\u00edan llamar cuidadores y llegaban a la conclusi\u00f3n de que no me necesitaban a m\u00ed: quer\u00edan alguien m\u00e1s rabioso que cuidara de su casa, alguien m\u00e1s bonito a quien presentar a concursos de belleza, o simplemente, alguien de la raza que esa persona siempre hab\u00eda deseado tener. Siempre se hablaba de nosotros con posesivos. Como esclavos que simplemente cambiaban de manos. Pura mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>Al principio, todo era nuevo. Cuando nac\u00ed, la vida era nueva. Por eso, siempre ten\u00eda los ojos bien abiertos: invert\u00eda mi d\u00eda en observar, supongo que como hacemos todos. Tampoco ten\u00eda otra cosa que hacer. Contemplaba ensimismado cada nueva persona que ve\u00eda a trav\u00e9s de mis barrotes. Examinaba a mis compa\u00f1eros de estancia, con quienes no me relacionaba mucho por el respeto que me inspiraban. Pero pronto todo se convirti\u00f3 en un bucle rutinario. No pod\u00eda hacer nada m\u00e1s que observar y dormir.<\/p>\n<p>Y durmiendo, encontr\u00e9 mi pasi\u00f3n: un lugar donde experimentaba mil y una sensaciones nuevas. El primer d\u00eda que so\u00f1\u00e9 me asust\u00e9 mucho. Cre\u00ed que me hab\u00eda vuelto loco, que estaba delirando, quiz\u00e1s por ingerir tanta comida industrial del enorme plato azul de pl\u00e1stico del cual apenas alcanzaba a ver su contenido. Mi madre se acerc\u00f3 y me lami\u00f3 la cabeza. Pr\u00e1cticamente no recordaba su rostro, pero all\u00ed estaba, n\u00edtida y cari\u00f1osa. Eso me asust\u00f3. Si no recordaba c\u00f3mo era ella, \u00bfde d\u00f3nde hab\u00eda sacado mi cabeza aquellas tiernas facciones? Reflexion\u00e9 mucho acerca del asunto. No sab\u00eda racionalmente que se trataba de mi madre, pero una extra\u00f1a sensaci\u00f3n en aquel mundo ficticio me aseguraba que s\u00ed que lo era. Como no hac\u00eda nada malo, tampoco sufr\u00eda y adem\u00e1s, nadie se enteraba, decid\u00ed repetir la experiencia otras veces. Mi prisi\u00f3n era una pesadilla, y me di cuenta de que cuando cerraba los ojos, comenzaba a vivir. Me agarr\u00e9 al sue\u00f1o como \u00fanico modo de vida posible. A mis cuidadores no les hac\u00eda mucha gracia mi actitud, as\u00ed que me la intentaron corregir a base de gritos y de alg\u00fan golpecito con un peri\u00f3dico doblado. Me recriminaban que eso no vend\u00eda, que las personas no buscaban dormilones, sino seres vivaces con los que divertirse en su tiempo de ocio. Pero poco m\u00e1s pod\u00edan hacer contra m\u00ed. El sue\u00f1o es tan libre como el pensamiento. Y cuando las cosas van mal, es un gran alivio poder conciliarlo. El sue\u00f1o es la v\u00eda de escape de una vida de pesadilla.<\/p>\n<p>Un d\u00eda como otro cualquiera trajeron un nuevo inquilino a mi habit\u00e1culo con barrotes. Era aproximadamente de mi tama\u00f1o, pero bastante diferente a m\u00ed. Entablamos poca conversaci\u00f3n. \u00c9l no era muy hablador y a m\u00ed las circunstancias me hab\u00edan robado el habla. Tan solo le coment\u00e9 mi estrategia para hacer m\u00e1s llevadera la estancia, pero no me hizo caso. Dorm\u00eda poco, dedicaba gran parte de su d\u00eda a llorar. Pocas veces en silencio, casi siempre de forma estridente. Cuando las luces se apagaban y nuestros cuidadores se marchaban, procuraba soltar l\u00e1grimas silenciosas por respeto a los dem\u00e1s. Pero cuando volv\u00eda el ajetreo, el entrar y salir de personas, volv\u00eda a aullar como un moribundo. Entonces me di cuenta de que las personas con sus cachorros que ahora se acercaban a mi prisi\u00f3n ya no lo hac\u00edan atra\u00eddos por m\u00ed, sino por mi compa\u00f1ero. \u00c9l era el objetivo de todas aquellas caranto\u00f1as y palabras tiernas que anta\u00f1o engordaban mi autoestima. Las cr\u00edas de las personas ya no met\u00edan sus dedos entre los barrotes intentando acariciarme; los mimos los recib\u00eda mi compa\u00f1ero sin rechistar. Reconozco que se despert\u00f3 en m\u00ed cierto sentimiento desconocido en mi corta vida, un odio rapi\u00f1ador que se avergonzaba cuando me enfrentaba a \u00e9l. Un c\u00e1ncer interno llamado envidia. Adem\u00e1s, por si fuera poco, ten\u00eda que compartir el plato azul de pl\u00e1stico, que ahora, por cierto, era un poco m\u00e1s peque\u00f1o.<\/p>\n<p>Entonces so\u00f1\u00e9 algo fant\u00e1stico. Fant\u00e1stico por irreal y por ideal. El Ed\u00e9n que todos anhelamos. El para\u00edso que todos pensamos que se esconde detr\u00e1s de la puerta de nuestro recinto. Al parecer una fuerza divina provocaba un terremoto que hac\u00eda golpear nuestras celdas violentamente contra el suelo. El dolor que sufr\u00ed enseguida se calm\u00f3 cuando advert\u00ed que mis barrotes se hab\u00edan abollado ofreci\u00e9ndome una escapatoria. La puerta del recinto estaba abierta. Un haz de luz celestial me daba la bienvenida a un prado verde e interminable donde habitaban las personas y otras muchas especies. Todos actuaban e interactuaban como lo que eran: animales. En armon\u00eda y complement\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Cuando la portilla se abri\u00f3, despert\u00e9 de un sobresalto. Una voz cari\u00f1osa atrajo mi atenci\u00f3n, as\u00ed que me acerqu\u00e9 a la zarpa humana que tanteaba entre la paja. Sin embargo, esa misma zarpa me apart\u00f3 con un sopet\u00f3n, se estir\u00f3 un poco m\u00e1s y agarr\u00f3 a mi compa\u00f1ero, que estaba acurrucado en el fondo de la celda. Por un lado, me decepcion\u00f3 que \u00e9l, que hab\u00eda llegado m\u00e1s tarde, se fuera antes. Pero por otra parte, me alegr\u00e9 de estar solo de nuevo. En realidad no sab\u00eda si yo era un ser solitario o si tan solo me gustaba la soledad en aquellas circunstancias. Nadie me hab\u00eda preguntado si quer\u00eda compa\u00f1\u00eda, ni siquiera si quer\u00eda estar all\u00ed encerrado. Alguien hab\u00eda tomado ciertas decisiones por m\u00ed y hab\u00eda determinado mi modo de vida. Por eso yo ahora tampoco me iba a preguntar ese tipo de banalidades. Pero me alegraba de estar solo. De esta forma, mi mente se distra\u00eda menos y se concentraba m\u00e1s en mi mundo hecho a medida. Me deleitaba en mi dulce realidad on\u00edrica. Las personas cada vez se deten\u00edan menos ante m\u00ed. Sus cachorros cada vez se divert\u00edan menos con mi presencia. Me hab\u00eda convertido en un caramelo caducado para ellos. Y el plato azul de pl\u00e1stico cada vez empeque\u00f1ec\u00eda m\u00e1s ante mi hocico devorador. El cartel que me vend\u00eda como quien vende una camiseta lo hab\u00edan cambiado mis cuidadores unas cuantas veces desde mi llegada. Ahora mi precio gritaba en un marco estrellado de colores chillones que yo era una ocasi\u00f3n especial. Como la fruta de temporada.<\/p>\n<p>Hab\u00eda aprendido a convivir tanto con aquella presencia humana fatua y ef\u00edmera de entrar y salir que estaba inmunizado contra ellos. Mis sentidos ya ni percib\u00edan su presencia. Me acomod\u00e9 entre la paja, ajeno al flujo de personas, ignorante del astro o del sat\u00e9lite predominante y del precio de mi vida. Lo siguiente que viv\u00ed fue muy confuso. Hab\u00eda muchos compa\u00f1eros de estancia: reptiles, p\u00e1jaros, peces y hasta personas. Sab\u00eda lo que eran porque s\u00ed, sin una justificaci\u00f3n racional. F\u00edsicamente \u00e9ramos todos iguales: vidas encerradas dentro de grandes pelotas blancas. Sent\u00edamos y pens\u00e1bamos. Y nos comport\u00e1bamos como partes de un todo, interactuando en beneficio mutuo. Nuestro f\u00edsico semejante nos un\u00eda y derribaba cualquier tipo de jerarqu\u00eda social. Todos habl\u00e1bamos el mismo idioma y todos compart\u00edamos valores. Todo parec\u00eda una autopista de r\u00e1pido acceso para la empat\u00eda. El blanco reinante, como color celestial, nos ubicaba en un ambiente demasiado perfecto.<\/p>\n<p>Un golpe brusco nos devolvi\u00f3 a todos a nuestros cuerpos. Volv\u00eda a ser diferente de los reptiles, de los p\u00e1jaros, de los peces y tambi\u00e9n de las personas. El plato azul de pl\u00e1stico era diminuto. De hecho, mi prisi\u00f3n apenas pod\u00eda contenerme. Mi pelaje se asomaba por los barrotes en un intento desesperado por escapar. Alguien me hab\u00eda agarrado y el calor humano se transform\u00f3 en fuego ardiente, infernal y doloroso. Por primera vez desde hac\u00eda mucho tiempo, me mantuve muy despierto y atento a los acontecimientos. Intu\u00eda que aquello distaba mucho de conducirme a la libertad. Mi esperanza de vida menguaba de manera proporcionalmente inversa a mi tama\u00f1o. Mi crecimiento, en vez de ser motivo de orgullo, se convert\u00eda en mi perdici\u00f3n. Una persona charl\u00f3 con mis cuidadores y \u00e9stos me dejaron ir con \u00e9l. Tan solo era un tr\u00e1mite. Un traslado de un encierro a otro. Nuevos compa\u00f1eros, pero id\u00e9ntica situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed me encuentro. Rodeado, como dec\u00eda, de aullidos incesantes y agonizantes. Donde antes, por lo menos, hab\u00eda color, ahora es todo gris y mal cuidado. Todos nos preguntamos c\u00f3mo llegamos aqu\u00ed. Cada uno tenemos nuestra historia singular. Algunos fueron abandonados, apaleados y apedreados. Otro ha sido atropellado. Tambi\u00e9n hay, como yo, perros de paja. Todos cansados de una vida de encierro y de maltrato. Como si fu\u00e9ramos peluches, arrinconados, con comida de pl\u00e1stico. El paso del tiempo hace crecer a los peluches y acaban siendo enterrados en el ba\u00fal del olvido. A nosotros, el paso del tiempo nos ha hecho crecer y hemos sobrepasado nuestra fecha de caducidad, conden\u00e1ndonos a nuestro fin.<\/p>\n<p>Entonces volvi\u00f3. Me lami\u00f3 de nuevo, como tantas veces lo hab\u00eda hecho en mi anterior estancia. Abr\u00ed los ojos. Mi madre irradiaba la ternura de siempre. Cerr\u00e9 los ojos. De nuevo la pesadilla moribunda. Un pasillo largo e interminable. De nuevo la enso\u00f1aci\u00f3n. Me despierto. Afecto. Duermo. Una l\u00e1grima. Vida y sue\u00f1o se entremezcla y se confunde. Veo vidas como parte de un negocio, veo grandes pelotas blancas. Otra l\u00e1grima moj\u00f3 el papel de mi vida, que se deshizo para siempre. Cierro los ojos y el manto on\u00edrico me envuelve para siempre. Por primera vez, no tengo fecha de caducidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando la vida se encuentra limitada por barrotes, lo \u00fanico que puedes hacer es dormir. 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