{"id":684,"date":"2010-05-23T23:58:43","date_gmt":"2010-05-23T21:58:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=684"},"modified":"2010-07-25T10:43:46","modified_gmt":"2010-07-25T08:43:46","slug":"181-laburo-nomas-por-alba-longa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=684","title":{"rendered":"181-Laburo, nom\u00e1s.  Por Alba Longa"},"content":{"rendered":"<p><em>\u201cS\u00f3lo es laburo, laburo nom\u00e1s\u201d<\/em>, repet\u00eda como un mantra.<\/p>\n<p>Gualterio Falc\u00f3n nunca desperdici\u00f3 una palabra, un gesto, una sonrisa. Gualterio era seco cual la tierra en invierno y espeso como los yerbatales.<!--more--><\/p>\n<p>Cuando ni\u00f1o, Gualterio fue salvajemente alegre, como lo son los ni\u00f1os criados al aire de las pampas sin otro l\u00edmite que el horizonte amplio o el miedo a los leones.<\/p>\n<p>Porque Gualterio naci\u00f3 \u201cguacho\u201d y si tuvo padres, que debi\u00f3 tenerlos, nadie supo de ellos; entre milico y barragana dicen que anduvo el l\u00edo, pero lo que s\u00ed es seguro es que al angelito lo dejaron \u201carrumbao\u201d donde la pulper\u00eda de Do\u00f1a Lasti y ya fuese por caridad, o porque alg\u00fan pecado ten\u00eda en la conciencia -que tambi\u00e9n ella se olvid\u00f3 de alg\u00fan mam\u00f3n all\u00e1 por esas tierras de Dios- fue sentir llorar al desdentado, que se le puso un calor as\u00ed, bien prieto al pecho, y una emulsi\u00f3n feroz de l\u00e1grimas antiguas, y tanto pudo la naturaleza de las viejas penas que donde la ley de las cosas rectas hubiera dado en sofocos y sudores, estallaron dos manchas de leche incontenible que escurr\u00eda en su camisa como llanto de pezones.<\/p>\n<p>Semejante prodigio se corri\u00f3 urgente por toda la comarca, pues ni la edad de Do\u00f1a Lasti ni sus circunstancias personales dejaban un resquicio para explicar tal milagro. Y bien es verdad que en los primeros tiempos era peregrinaje lo que all\u00ed hab\u00eda para ver a la do\u00f1a sentarse en el zagu\u00e1n y darle de tetar con abundancia al mamant\u00f3n, al que llam\u00f3 Gualterio, quiz\u00e1s porque le recordaba a alguien que la hizo feliz, y tambi\u00e9n le don\u00f3 su apellido duro y filoso: Falc\u00f3n, lo que, en su momento, result\u00f3 ser premonitorio.<\/p>\n<p>Como ocurre siempre, la sorpresa dio paso a la costumbre, y al tiempo ya nadie recordaba que Do\u00f1a Lasti no era madre, o que las mujeres sesentonas, las corrientes, \u00a0no sacan su historia por los pechos. Pero as\u00ed eran las cosas en aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hubo quien se malici\u00f3 que todo era un enga\u00f1o de Do\u00f1a Lasti para esconder un devaneo inconfesable, y que tal milagro no fue sino teatro para preservar su honra, y que de tan gorda que estaba nadie not\u00f3 el embarazo. Tal vez, aunque en verdad la virtud de la do\u00f1a, bien dudosa, no necesitaba tapujos, y que su avanzada y arrugada edad segu\u00eda otorgando al asunto la categor\u00eda de extraordinario.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo que tiene la natura es que no miente, y al cabo de cuatro a\u00f1os de alimentar tantos hijos perdidos -que ni un d\u00eda dej\u00f3 de darle el pecho al peque\u00f1\u00edn-, Gualterito hab\u00eda medrado fuerte y compacto, sano y \u201ccolorao\u201d como un potranco, al tiempo que la do\u00f1a se consum\u00eda igual que la cecina seca, que tal pareciera que se le iba el ser disuelto en leches y calostros. Y donde hubo abundancia no qued\u00f3 sino tend\u00f3n y sarmiento, y pieles flojas, y ojeras agarradas. Aquello semejaba una suerte de trasvase entre dos cuerpos, pues lo que se perd\u00eda de una parte se instalaba completo en el muchacho, lo mismo las carnes que los genios fuertes de Escol\u00e1stica Falc\u00f3n, mujer de frontera, puta cuando tocaba y madre de arriada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por eso cuando muri\u00f3, por extenuaci\u00f3n, no hubo gaucho que no pasara a presentar sus respetos, y m\u00e1s los agradecidos que eran muchos, igual por sus favores en arrullos que en sustancia, pues fueron demasiadas las hambres, de cualquier tipo, que calm\u00f3 la finada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De pura pena, o deuda silenciada, a Gualterito lo recogi\u00f3 Don Bartolom\u00e9 Guzm\u00e1n, estanciero poderoso, cacique sin ser indio y hombre de pocas bromas. La deuda no deb\u00eda llegar a tanto como para incluir cari\u00f1o en el trato y lo primero que hizo fue dejar a Gualterio en un \u201cquincho\u201d perdido al cargo de dos viejos gauchos. Por supuesto, \u00e9stos no estaban por la labor de ser padres ni acaso hubieran sabido, que bastante ten\u00edan con cuidarse del ganado, de la indiada robacueros y de los cuatreros, y poco m\u00e1s que la comida le daban, palabras menos y zurras, algunas. As\u00ed que el zagal, con cinco a\u00f1itos, andaba m\u00e1s que solo por aquellos andurriales ausentes de cualquier dios.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como el hombre es animal social, y busca compa\u00f1\u00eda, Gualterio hall\u00f3 en los irracionales todo lo que las personas le negaban. Y all\u00ed no faltaban los caballos ni las reses, abundaban los guanacos y hasta el \u00f1and\u00fa asomaba de cuando en cuando. Y siendo los ni\u00f1os, como son, excelentes aprendices, en seguida supo entender las miradas pausadas de las vacas, los movimientos nerviosos del caballo y sus querencias; y tanto y tan bien se adapt\u00f3 a sus modos que, al cabo de pocos a\u00f1os, cualquiera hubiera pensado que Gualterio era uno m\u00e1s de la manada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y al igual que a los potros les llega el momento de la doma, tambi\u00e9n a Gualterio le lleg\u00f3 el tiempo de la hombr\u00eda. No tendr\u00eda m\u00e1s de doce a\u00f1os, pero la vida dura y el clima extremo hab\u00edan hecho del peque\u00f1o hu\u00e9rfano un esbozo de hombre entero: Morocho y crespo, de ojos negros y mirar equino, silente, muy ancho, cuadrado y poderoso pese a la edad. Para entonces ya montaba los caballos sin necesidad de arreos, pues m\u00e1s se asimilaba a centauro que a jinete, y era tan buena la juntura que no quedaba claro qui\u00e9n era qui\u00e9n en ese monstruo doble. Era tanto su entender sobre el ganado que los gauchos le admiraban con respeto y atend\u00edan sus consejos: Cuando iban a \u201ccampiar\u201d si Gualterio dec\u00eda que por aqu\u00ed, por ah\u00ed iban y siempre atinaba para encontrar un matal\u00f3n perdido o una punta de yeguas desviadas. Como era fuerte, a todo hac\u00eda, igual en el rodeo que en la doma; lo mismo atend\u00eda a una yegua de sobreparto, que amantaba\u00a0 alg\u00fan potranco repudiado. \u00a1C\u00f3mo iba a ser de otra manera si m\u00e1s ten\u00eda de caballo que \u00a0de persona!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero en todo para\u00edso cabe un rinconcico del infierno, y aqu\u00ed no hab\u00eda de ser diferente.<\/p>\n<p>Tal d\u00eda se present\u00f3 Don Bartolom\u00e9, el estanciero, con cinco de sus fieles a recoger una cuerda de potros nuevos, y tras terminar la faena, as\u00ed como qui\u00e9n pide un caf\u00e9, tir\u00f3 el\u00a0 \u201cpucho\u201d del cigarro al suelo, mir\u00f3 muy lento a Gualterio y le dijo: <em>\u201cAhora te acercas a ese \u201cbagual bichoco\u201d\u00a0 lo deg\u00fcellas, y le sacas los cueros, que \u201cpa\u201d m\u00ed los quiero\u201d.<\/em> Tra\u00eda aquella mirada todo el veneno de un reto porque no era el estanciero hombre de lealtades a medias: exig\u00eda sumisi\u00f3n y obediencia ciega. Y, buen conocedor de la debilidad que nace del afecto, bien sab\u00eda que ordenarle esto a Gualterio equival\u00eda a proponerle una suerte de suicidio \u00edntimo, pues no hab\u00eda seres con los que m\u00e1s se identificase que con los caballos, y especialmente con ese viejo gara\u00f1\u00f3n, calmo y paciente, que hab\u00eda ejercido como \u201cpadre\u201d de Gualterio mejor que ning\u00fan humano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La reacci\u00f3n del chico fue id\u00e9ntica que la de un caballo mal\u00f3n cuando se espanta, ah\u00ed se encalabrin\u00f3 y sali\u00f3 huyendo por la llanura con los ojos idos y el alma en la boca, hecha de espuma y horror. Largo trecho tuvieron que enlomar los esbirros de Don Bartolom\u00e9 para darle alcance a lazo, como a cualquier otra bestia; y aun entre cuatro no se daban ma\u00f1a para sujetarlo, pues tanta era su rabia, o instinto, o lo que quiera que se diga en estos casos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo trajeron a rastras, envuelto en sogas y ensangrentado; pero como todav\u00eda le quedaban arrestos, a\u00fan se revolvi\u00f3 salvaje, desbocado, furo. Y all\u00ed mismo, sujeto al poste, el amo pidi\u00f3 el \u201carriador\u201d, lo desenroll\u00f3 con parsimonia y con mec\u00e1nica indolencia fue descargando sus golpes. Muchos debieron parecer, incluso a los m\u00e1s acostumbrados, porque de las primeras risitas, pasaron al silencio nervioso, y luego a los gestos desencajados. Pero nadie os\u00f3 parar la mano implacable del say\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando, jadeante y sudoroso, termin\u00f3, Don Bartolom\u00e9 se acerc\u00f3 al muchacho semimuerto, y, con los dientes prietos y los ojos desbordados, le espet\u00f3, despacito y a media voz: <em>-\u201claburo, muchacho, laburo y obediencia, nom\u00e1s te pido. Dale al fierro y por tus huesos nunca jam\u00e1s me encares una orden, \u00bfentend\u00e9s?- <\/em>entonces, sent\u00e1ndose sobre una piedra, se encendi\u00f3 otro cigarro, se sec\u00f3 el sudor de la frente, y esper\u00f3 con la serenidad del que se sabe due\u00f1o de\u00a0 haciendas, de cuerpos y, m\u00e1s a\u00fan, del miedo que injertaba en esas almas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tard\u00f3 Gualterio en moverse, pero al cabo, renqueante y machacado, se acerc\u00f3 al gara\u00f1\u00f3n, le acarici\u00f3 muy suave el cuello mientras le iba susurrando l\u00e1grimas y sangres; lo arrodill\u00f3 primero, lo tumb\u00f3 despu\u00e9s y sin perderle la vista, como quien se despide del mundo, con un movimiento certero y seco dio dos tajadas exactas: Una que reban\u00f3 el gaznate del cuadr\u00fapedo, la otra, invisible, que seg\u00f3 cualquier atisbo de cordura o entendimiento en los sentires, ya muertos para siempre, del muchacho.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A partir del aquel d\u00eda, Gualterio\u00a0 ya no sonri\u00f3 m\u00e1s, y si hablaba poco antes, ahora simplemente no mentaba. Tan s\u00f3lo cuando sacrificaban alguna res bisbiseaba algo a modo de oraci\u00f3n mientras encaraba a la v\u00edctima con una mirada entre ida y lastimosa. Porque desde aqu\u00e9l suceso se transform\u00f3 en el m\u00e1s diestro matarife que conocieron las pampas. Era exquisitamente h\u00e1bil con cuchillas, fierros y garfios. Nadie como \u00e9l apiolaba tan finamente, con tanta premura y precisi\u00f3n, que jam\u00e1s se escap\u00f3 mugido o relincho de ninguno de sus \u201cclientes\u201d. Daba la impresi\u00f3n de que con esas palabras que musitaba quedas en las orejas de los brutos los hac\u00eda c\u00f3mplices de su holocausto, como si al darles muerte les hiciera el favor de evitarles toda la crueldad y el da\u00f1o que \u00e9l mismo hab\u00eda sentido aqu\u00e9l d\u00eda infame cuando perdi\u00f3 el instinto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De alguna manera, en alg\u00fan rinc\u00f3n \u00edntimo y lejano de su mente, se hab\u00eda propuesto transformar la barbarie en triunfo, porque sab\u00eda que cualquier otro, menos certero que \u00e9l, s\u00f3lo conseguir\u00eda alargar el sufrimiento y las angustias.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s, al terminar,\u00a0 siempre repet\u00eda su letan\u00eda a modo de conjuro salvador:<\/p>\n<p>&#8211; <em>\u201cS\u00f3lo es laburo, laburo nom\u00e1s\u201d<\/em> <em>&#8211; <\/em>\u00a0<\/p>\n<p>Por eso, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando fue llamado a filas por el ej\u00e9rcito, le seleccionaron para una siniestra misi\u00f3n en los s\u00f3tanos de la Comisar\u00eda General de Tucum\u00e1n, probablemente debido a su car\u00e1cter, reservado en extremo, sus maneras hura\u00f1as y solitarias, y, por supuesto, a la fama que le preced\u00eda como matarife.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y all\u00e1, entre gritos y sollozos a los que parec\u00eda inmune, siempre se encargaba del \u00faltimo golpe. Y con el mismo ritual sedante que empleaba con las bestias, encaraba los ojos de la v\u00edctima mientras susurraba aquellas misteriosas razones que tanto serenaban al premuerto al tiempo que, con un movimiento fulgurante, degollaba a los torturados se\u00f1alados, que mor\u00edan sonrientes como quien ha visto la Gloria.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Porque por alguna extra\u00f1a alquimia infernal, Gualterio transformaba el miedo y el horror en un acto de amor extremo, el m\u00e1s sublime que se pudiera dar, pues era \u00faltimo y definitivo.<\/p>\n<p>Y, tal vez contagiado por esa exaltaci\u00f3n, tambi\u00e9n descubri\u00f3 entre lamentos un nuevo sentimiento de deseo que nac\u00eda desde su desterrada condici\u00f3n viril. Aquello sucedi\u00f3 esa extra\u00f1a noche en que, tras la infame ejecuci\u00f3n de una guerrillera tupamara demasiado joven, exclam\u00f3 compungido y en voz alta:<\/p>\n<p>&#8211;<em>\u201c\u00a1La pucha, que valiente la pobrecita con sus ojitos de yegua!\u201d- <\/em>y con esas pocas palabras, Gualterio hab\u00eda expresado lo m\u00e1s parecido a una emoci\u00f3n que sintiera en toda su vida.<\/p>\n<p>Luego qued\u00f3 pensativo, estatua durante unos segundos inmensos. Por fin, vuelto a su ser ausente, sacudi\u00f3 la cabeza como quien rechaza un mal pensamiento, y acab\u00f3 repitiendo:<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>-\u201cS\u00f3lo es laburo, laburo nom\u00e1s\u201d<\/em> <em>&#8211;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cS\u00f3lo es laburo, laburo nom\u00e1s\u201d, repet\u00eda como un mantra. Gualterio Falc\u00f3n nunca desperdici\u00f3 una palabra, un gesto, una sonrisa. 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