{"id":746,"date":"2010-05-27T00:10:46","date_gmt":"2010-05-26T22:10:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=746"},"modified":"2010-05-26T21:39:26","modified_gmt":"2010-05-26T19:39:26","slug":"203-saben-que-lo-se-por-amor-omnia-vincit","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=746","title":{"rendered":"203-Saben que lo s\u00e9. Por Amor Omnia Vincit"},"content":{"rendered":"<p>Maite se mira en el escaparate y sabe que quien se acerca es Fernando Riera, lo que no sabe es que lo ve justo el \u00faltimo d\u00eda de su vida.<!--more--><\/p>\n<p>Se abre la chaqueta pese al fr\u00edo oto\u00f1al y, mec\u00e1nicamente, pasa la mano por su cabello, que mantiene largo y espeso como el de una colegiala. Espera que \u00e9l no note las peque\u00f1as arrugas que han empezado a aparecer en su cara, ni tampoco las hebras blancas que salpican su pelo o que se ha atenuado el brillo de esos ojos que siempre lo fascinaron.<\/p>\n<p>Fernando se demora en el paso de peatones y titubea antes de acercarse. Maite est\u00e1 segura de que, aun de espaldas, la ha reconocido y que s\u00f3lo act\u00faa as\u00ed por los muchos a\u00f1os sin saber el uno del otro<strong>. <\/strong>Y tambi\u00e9n, imposible olvidarlo, por el remordimiento que sin duda arrastra. Se vuelve y lo examina con un amago de sonrisa que no llega a brotar de sus labios. Lo encuentra gastado, abatido, con una blandura en los movimientos que nunca le conoci\u00f3. Mantiene su sempiterno aspecto de senador romano, aunque el de este d\u00eda m\u00e1s se asemeja al de uno ca\u00eddo en desgracia que ha quedado a merced del populacho.<\/p>\n<p>Maite lo mira fijamente. En sus ojos no ve la chispa de luz que turbaba sus noches y comprende que algo muy parecido a la pena lo tiene en ese estado. Se conmueve cuando recuerda que lo quiso con esa mezcla de entusiasmo y admiraci\u00f3n que sus pocos a\u00f1os le hac\u00edan sentir por un chico algo mayor, retra\u00eddo, con pinta de indefenso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se acerca a \u00e9l, que se ha quedado plantado en mitad de la acera sin saber qu\u00e9 cara poner, y le ofrece las manos. \u00c9l se las toma mientras la mira como si volviera de otro mundo y, cuando va a besarla, Maite, con cierta brusquedad, lo abraza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Gracias por venir. Sab\u00eda que t\u00fa no me fallar\u00edas.<strong><\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cielo empieza a cubrirse de negros nubarrones que anuncian tormenta y dan a la ma\u00f1ana el aspecto irreal de un d\u00eda de difuntos. Comienza a lloviznar y alcanzan la puerta de una cafeter\u00eda cuando suena el primer trueno. Instantes despu\u00e9s est\u00e1n sentados delante de sendos caf\u00e9s que les ha servido un camarero taciturno, tan gris como el local, poco acogedor y extra\u00f1amente vac\u00edo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Me persiguen. Me van a matar. Necesito que me ayudes.<\/p>\n<p>Ante la muda interrogaci\u00f3n, Fernando suspira. Unas gruesas gotas, furiosas, comienzan a aporrear los cristales y convierten la calle en una espont\u00e1nea marat\u00f3n popular. La endeble luz del establecimiento vacila por dos veces sin llegar a apagarse. Las bocinas de los coches atronan en el atasco y un inc\u00edvico motorista petardea con su veh\u00edculo por la acera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Ellos saben que lo s\u00e9.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfDe qu\u00e9 me hablas? \u2013pregunta Maite perpleja.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Mis suegros, los due\u00f1os de la empresa. Lo he descubierto todo. Tengo que irme de aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfQu\u00e9 tal si te tranquilizas y me lo cuentas?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Me siguen.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Pero\u2026 \u00bfqu\u00e9 dices!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Un hombre con gabardina. Un coche azul oscuro, con cristales tintados. Me siguen. Saben que lo s\u00e9 \u2013a\u00f1ade un Fernando cada vez m\u00e1s nervioso, que no deja de moverse en la silla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Por favor, ya los malos no llevan gabardina ni en las pel\u00edculas malas&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Anoche me llamaron dos veces.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfQui\u00e9nes?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Colgaron el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un hombre de unos cuarenta a\u00f1os y aspecto corriente entra en la cafeter\u00eda. Se quita la gabardina, se sienta en la mesa de la esquina y, tras pedir algo, se enfrasca en la lectura del peri\u00f3dico. Sin decir palabra, Fernando se levanta y se dirige a los servicios.<\/p>\n<p>Maite recuerda que lo conoci\u00f3 con quince a\u00f1os, un d\u00eda que lleg\u00f3 a casa con su hermano. Desde el principio le gust\u00f3 por su seriedad, por ese aire entre t\u00edmido y desvalido que nunca perdi\u00f3 con ella; aunque, a\u00f1os m\u00e1s tarde, hiciera lo que hizo.<\/p>\n<p>\u2013<em>Nunca conoc\u00ed a nadie con un nombre como el tuyo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfQu\u00e9 le pasa a mi nombre?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00a1Que es gerundio y subjuntivo! Y si de segundo llegas a ser Morgado o Pulido, ser\u00edas gerundio-subjuntivo-participio. \u00a1Una cosa muy graciosa&#8230;!<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Y no puede evitar sonre\u00edr ante su antigua estratagema para llamar la atenci\u00f3n del \u201cchico ese tan formalito\u201d que dec\u00eda mam\u00e1.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Maite aparta los recuerdos de un manotazo y quiere creer que Fernando delira, aunque esto no le encaja con el hombre formal, serio, equilibrado, que ella conoci\u00f3. Sabe que se puede enfermar por la tensi\u00f3n, que \u00e9l siempre fue muy responsable y que a este tipo de personas les afecta especialmente el estr\u00e9s. Es imposible, piensa, pero la convicci\u00f3n con la que habla da algo m\u00e1s que miedo\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al salir de los servicios, Fernando vacila al ver a Maite hablando con el hombre de la gabardina. Espera, pegado a la pared, con los pu\u00f1os crispados, a que este se vaya y entonces vuelve a la mesa. Ella nota su mirada de perro abandonado y el temblor de la voz.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfLo conoces? \u2013dice bajito mientras el miedo asoma a sus ojos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Me preguntaba por una calle \u2013contesta Maite un poco inc\u00f3moda. Lee en sus ojos una desconfianza que le duele, por eso alarga una mano y la pone sobre la suya.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Maite, s\u00e9 que no me lo merezco, pero necesito que me ayudes. \u00bfPuedo quedarme en tu casa? \u2013y la mira a los ojos con una pena infinita.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfQu\u00e9 es lo que pasa, Fernando?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013La empresa no es lo que parece. Lo s\u00e9 todo y ellos no quieren testigos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando va a a\u00f1adir algo m\u00e1s, mira por la ventana y su boca queda entreabierta como la de un pez reci\u00e9n sacado del agua en busca de ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Tenemos que irnos&#8230; \u2013casi grita.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Fernando se pone de pie, deja un billete en la mesa y arrastra a Maite a la calle. El p\u00e1nico se refleja en su cara mientras mira a un lado y a otro; inseguro, intimidado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfNo has visto el coche azul? \u00a1El coche azul, Maite! \u00a1Acabo de verlo!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Maite mira a su alrededor, desconcertada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Creo que ser\u00e1 mejor que vayamos a mi casa, te tranquilices y me lo cuentes todo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfEs que no lo has visto&#8230;? \u2013pregunta incr\u00e9dulo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Maite lo mira con l\u00e1stima, baja un pie de la acera y, ante un gesto casi imperceptible, un taxi se acerca sol\u00edcito. Fernando se agita sin dejar de mirar a uno y otro lado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Cojamos otro, Maite \u2013le susurra al o\u00eddo\u2013. Este nos estaba esperando&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ella lo toma del brazo con decisi\u00f3n, desoyendo las airadas protestas del taxista, mientras intenta mantener la calma y, con un sereno tono de voz que dista mucho de ser el estado de su esp\u00edritu, le dice que lo mejor es ir a la polic\u00eda. Fernando se estremece.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Ma\u00f1ana me voy a&#8230; Bueno, no importa el sitio. Necesito quedarme en tu casa esta noche, no me atrevo a ir a un hotel.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Maite asume con pena la nueva muestra de desconfianza e intenta que no se le note.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013No me puedo creer lo que me cuentas. Fernando, los conozco desde que era una ni\u00f1a\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013No los conoces, Maite, te aseguro que no.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Est\u00e1s cansado, agotado con ese trabajo de locos. Todos los ejecutivos acab\u00e1is igual. T\u00f3mate unas vacaciones y lo ver\u00e1s todo de otro color.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfEs que no me crees? \u2013pregunta Fernando casi en un lamento.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Es imposible. No puede ser\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Es posible. Puede ser, Maite, te lo aseguro \u2013dice Fernando con convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013\u00bfY Laura? \u2013pregunta con los ojos bajos, a medio camino entre la verg\u00fcenza y la timidez.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Ella no tiene nada que ver. Vive su vida. Seguimos casados aunque ya no vivimos juntos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Maite lo mira con sorpresa. Fernando hace un gesto abatido, como de disculpa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Me equivoqu\u00e9, Maite, nunca deb\u00ed dejarte y es ya muy tarde para pedirte perd\u00f3n \u2013dice, y se le nota que se esfuerza por ser sincero.<\/p>\n<p>\u2013Prefiero que no hablemos de eso \u2013contesta Maite con frialdad.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Quiero que sepas, aunque no te lo creas, que en todos estos a\u00f1os no he dejado de pensar en ti \u2013insiste Fernando sin mirarla a la cara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Ya me explicaste tus motivos en su d\u00eda. D\u00e9jalo, es mejor as\u00ed. Vamos a mi casa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Antes tengo que pasar por la consigna de la estaci\u00f3n a recoger algo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ahora es \u00e9l quien para un taxi. Vuelve la lluvia, con espesas gotas que acribillan la carrocer\u00eda mientras Fernando no quita la vista del espejo retrovisor, sin perder detalle de los ojos del taxista. El agua provoca atascos y el viaje se vuelve tan desesperante como buscar en el teletexto. Un silencio espeso, casi tangible, invade el veh\u00edculo de cristales empa\u00f1ados. Maite empieza a decir algo, pero \u00e9l le indica silencio con discreci\u00f3n y pide al conductor que pare ah\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Queda poco, iremos andando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando salen del taxi ha dejado de llover. Cogidos del brazo caminan sin hablar, como si huyeran y alguien pudiera seguir el rastro que dejan sus palabras. La estaci\u00f3n est\u00e1 al otro lado de la calle.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Esp\u00e9rame aqu\u00ed, es mejor que vaya solo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Fernando empieza a cruzar con el sem\u00e1foro en \u00e1mbar. De pronto surge, a toda velocidad, un coche negro que ha debido de estar agazapado como un depredador hambriento. El\u00a0 cuerpo de Fernando sale despedido por encima del techo, aterriza a muchos metros y otro veh\u00edculo le pasa por encima. El coche negro frena un poco y Maite distingue al volante una cara anodina con gafas de sol, que enseguida se pierde entre el tr\u00e1fico. Corre hacia el corro de gente que rodea el cuerpo de Fernando y sabe que nunca podr\u00e1 decirle que, a pesar de todo, hace a\u00f1os que lo ha perdonado y que volver a encontrarlo es lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo. Cuando casi ha llegado a \u00e9l, un coche azul con los cristales tintados frena bruscamente para no atropellarla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El entierro es todo un acontecimiento social. Los padres de Laura, impecablemente vestidos y con gestos compungidos, van recibiendo las condolencias de todos los asistentes. Maite se ha quedado sentada muy cerca del lugar por el que han de pasar al salir. Se pone de pie cuando llegan a su altura y ellos, sin perder el envaramiento propio de la situaci\u00f3n, la besan al reconocerla como la que por tantos a\u00f1os ha sido la mejor amiga de su hija.<\/p>\n<p>\u2013Laura ha tenido problemas con los vuelos y no llegar\u00e1 hasta ma\u00f1ana. Intentamos retrasar el entierro, mas no nos fue posible \u2013dice su padre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013La polic\u00eda nos ha dicho que estabas con \u00e9l cuando el accidente \u2013deja caer do\u00f1a Asunci\u00f3n Z\u00fa\u00f1iga.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Me lo encontr\u00e9 de casualidad \u2013miente Maite\u2013. Hac\u00eda a\u00f1os que no nos ve\u00edamos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando quiere darse cuenta, Maite camina lentamente en medio de los dos, que la llevan tomada del brazo y le hablan con cari\u00f1osos susurros.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Maite, t\u00fa sabes que para nosotros siempre fuiste como una hija.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Tenemos que pedirte algo. Hemos hecho todo lo posible por desmentir los rumores, ya sabes lo que pasa con estas cosas&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013T\u00fa estuviste con \u00e9l y lo sabes, Maite, por favor, no queremos que nadie se entere&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Maite permanece muda e intimidada pese al agradable tono y las medias sonrisas que percibe. No deja de verse como el convicto al que acaba de atrapar la polic\u00eda o \u2013y se estremece al pensarlo\u2013 como el condenado a muerte que hace su \u00faltimo paseo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Psicosis paranoide, nos dijo el psiquiatra. Man\u00eda persecutoria para entendernos, aunque \u00e9l no quer\u00eda reconocerlo, ni se quer\u00eda medicar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2013Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, qu\u00e9 mal d\u00eda te lo fuiste a encontrar, Maitechu. \u00a1Qu\u00e9 cosas tiene la vida! Pobre Fernando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maite se mira en el escaparate y sabe que quien se acerca es Fernando Riera, lo que no sabe es que lo ve justo el \u00faltimo d\u00eda de su vida.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/746"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=746"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/746\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=746"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=746"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=746"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}