{"id":754,"date":"2010-05-28T00:17:20","date_gmt":"2010-05-27T22:17:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=754"},"modified":"2010-05-28T00:17:20","modified_gmt":"2010-05-27T22:17:20","slug":"206-una-tarde-en-el-cafe-por-talese","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=754","title":{"rendered":"206-Una tarde en el caf\u00e9. Por Talese"},"content":{"rendered":"<p>Dos amigas han quedado en un caf\u00e9 para verse despu\u00e9s de tantos a\u00f1os.<!--more--><\/p>\n<p>\u00a0Mar\u00eda \u2013a la que los chicos llamaban \u00abla botella\u00bb porque en la Facultad grababa con su nombre las botellas de agua para no confundirlas con las de sus amigas\u2013 se fue a M\u00e9xico poco despu\u00e9s de acabar los estudios. Trabajaba para una empresa de comunicaci\u00f3n que, consolidada su posici\u00f3n en Espa\u00f1a, se fij\u00f3 como objetivo su expansi\u00f3n por Hispanoam\u00e9rica. Claro que nadie quiere dejar la tierra que ama, pues su aire te seguir\u00e1 acunando, persiguiendo, enloqueciendo; pero Mar\u00eda dijo que s\u00ed con los ojos cerrados porque:<\/p>\n<p>A) se hab\u00eda enamorado de su jefe (casado felizmente seg\u00fan los papeles) en una fiesta que una de las empleadas hab\u00eda organizado para celebrar sus veinticinco a\u00f1os en la compa\u00f1\u00eda;<\/p>\n<p>B) ve\u00eda Tijuana como una parada provisional de poco m\u00e1s de un a\u00f1o: su superior le hab\u00eda prometido que no ser\u00eda un viaje definitivo;<\/p>\n<p>C) hab\u00eda arraigado en la soledad desde que march\u00f3 a Madrid desde Le\u00f3n para estudiar Periodismo;<\/p>\n<p>D) quiz\u00e1 un poco de todo.<\/p>\n<p>Son las nueve de la ma\u00f1ana del diez de diciembre cuando Gabriel, el relaciones p\u00fablicas de la empresa, musita al comp\u00e1s de las llamadas: \u00abVamos, Mar\u00eda, coge el tel\u00e9fono, c\u00f3gelo, vamos\u00bb.<\/p>\n<p>Y Mar\u00eda lo coge cuando \u00abChinito\u00bb, un bailar\u00edn cubano al que conoci\u00f3 en una despedida de soltera el a\u00f1o anterior, la despierta de su sue\u00f1o. Gabriel respira antes de darle la noticia: Jos\u00e9 ha muerto esa noche.<\/p>\n<p>\u2013D\u00f3nde&#8230;<\/p>\n<p>\u2013En la M\u201340 ha sido. Tambi\u00e9n su mujer ha muerto.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, Mar\u00eda llega al aeropuerto de Madrid, el equipaje lleno de recuerdos, la agenda de citas, los ojos de sue\u00f1o. De momento piensa quedarse un par de d\u00edas, aunque no ha comprado billete de vuelta. Por la tarde, cuando de Jos\u00e9 empiece a quedar s\u00f3lo la medida de su tumba punteada en la retina, se encontrar\u00e1 con Ana en una cafeter\u00eda del centro.<\/p>\n<p>Ana \u2013a la que los chicos llamaban \u00abla sueca\u00bb porque era de piel tan blanca como las n\u00f3rdicas\u2013 espera sentada en el caf\u00e9: su mano mueve la cucharilla en el negro oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Ana se cas\u00f3 poco despu\u00e9s de que Mar\u00eda partiera a M\u00e9xico, pero se divorci\u00f3 enseguida; su marido descubri\u00f3 que el verdadero amor de su mujer se hab\u00eda ido a Tijuana, dej\u00e1ndola en la soledad de un mundo demasiado dif\u00edcil para sus ojos de ni\u00f1a peque\u00f1a. Manuel no dijo nada a nadie sobre eso: \u00abDesapareci\u00f3 la chispa\u00bb, explic\u00f3.<\/p>\n<p>Ana sonr\u00ede al recordar a Mar\u00eda en los d\u00edas de Facultad. Se la present\u00f3 un amigo de Mar\u00eda a quien Ana consigui\u00f3 alejar de su lado poco a poco. Sin embargo, nunca logr\u00f3 absorberla para s\u00ed del todo. Ella, que le ofrec\u00eda el amor m\u00e1s limpio, apenas si recib\u00eda el honor de un marujeo sobre lo bien conjuntada que hab\u00eda asistido a una fiesta: el cintur\u00f3n era color vino burdeos igual que sus zapatos. Ana le sonre\u00eda como un corderillo, feliz por esas confesiones que acababan cuando el profesor ordenaba silencio.<\/p>\n<p>Durante tres a\u00f1os, desde segundo de carrera a quinto, fue su mejor amiga. Un d\u00eda escribi\u00f3 a un programa de radio en el que pinchaban la canci\u00f3n dedicada que se les ped\u00eda. \u00abA ver si me pon\u00e9is <em>Te quiero<\/em>, de <em>The Yellows<\/em>, para Mar\u00eda, que nunca sintoniza la radio a estas horas\u00bb. Al terminar la m\u00fasica, el locutor le dijo: \u00abBueno, Ana, no s\u00e9 realmente para qu\u00e9 nos pides esta canci\u00f3n si sabes que ella no la va a escuchar. A lo mejor, no lo s\u00e9&#8230; A lo mejor lo que tienes que hacer es dec\u00edrselo, aunque al final no te salga como t\u00fa quieres o esperas&#8230;\u00bb, porque la letra hablaba de un amor que se extingu\u00eda en un silencio mate como niebla.<\/p>\n<p>Ana llor\u00f3 toda la noche, pero no sigui\u00f3 el consejo. A\u00fan habr\u00eda de llorar muchas noches antes de que Mar\u00eda se fuera a Tijuana, casi sin despedirse de ella; sin recordar, seguro, los d\u00edas en que le preguntaba \u00abqu\u00e9 miras\u00bb cuando Ana, en medio de la clase, apartaba la vista del papel para aprender cada gesto de su amor, cada arruga en sus ojos cuando sonre\u00eda, cada pregunta que formulaba al profesor para que se quedara con su cara antes de los ex\u00e1menes.<\/p>\n<p>Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Ya han acabado los homenajes f\u00fanebres a don Jos\u00e9, el primer jefe que confi\u00f3 en ella, su primer amante, al que olvid\u00f3 volando sobre las nubes del Atl\u00e1ntico. En el cementerio, aunque no era el sitio m\u00e1s adecuado, el vicepresidente se ha acercado a Mar\u00eda para expresarle la satisfacci\u00f3n de los gerifaltes de Madrid por su trabajo en M\u00e9xico. \u00abNo nos has decepcionado. Todo lo contrario. Y esta ma\u00f1ana, antes de venir aqu\u00ed, hemos pensado que, ahora que don Jos\u00e9 ha muerto, pues que habr\u00eda que reajustar un poco la compa\u00f1\u00eda&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Y que ella podr\u00eda volver a Madrid cuando quisiera, para ocupar una de las vicepresidencias. Ha respondido que se lo pensar\u00eda. \u00abHabr\u00eda sido distinto si te hubieras casado o hubieras tenido hijos con alg\u00fan charrito \u2013risas\u2013, pero me parece que no ha sido ese el caso \u2013m\u00e1s risas\u2013; me parece que no ha sido ese el caso en absoluto\u00bb \u2013muchas risas.<\/p>\n<p>Mar\u00eda. Ana.<\/p>\n<p>Dos amigas que quedan en un caf\u00e9 para verse despu\u00e9s de tantos a\u00f1os. Y en el camino la primera va pensando en que quiz\u00e1 ni la reconozca. \u00abQu\u00e9 tonter\u00eda\u00bb, se dice: esto no es como cuando eres ni\u00f1o, que cambias. Llega un momento en que dejas de cambiar. Te quedas como eres, bonita o fea, joven o vieja. \u00abLas ausencias largas son as\u00ed m\u00e1s llevaderas \u2013piensa\u2013: no existe el olvido\u00bb.<\/p>\n<p>Las presencias del pasado ocupan un vasto volumen, tanto como el del arrepentimiento. La ingenuidad de una carta, la inspiraci\u00f3n de un dibujo que sorpresivamente aparece bajo un t\u00famulo de facturas en una carpeta, un poema: \u00abLo s\u00e9 todo sobre ellos en un instante inm\u00f3vil, congelado, imperecedero. Y s\u00e9, tambi\u00e9n, que si ahora nos vi\u00e9ramos nos seguir\u00edamos en el juego de resumir en un par de frases los \u00faltimos ocho o diez a\u00f1os de nuestras vidas. Dar\u00edamos por sentado que todos hemos experimentado lo mismo, que nos hemos enamorado de la misma manera o que el dolor nos ha doblado a todos con igual intensidad\u00bb.<\/p>\n<p>Van vestidas como sus madres cuando ellas estudiaban en la Facultad. Ya no llevan vaqueros ni nada. Sobre todo Mar\u00eda, con un traje de chaqueta rojo, se parece a todas las madres del mundo, aunque no tenga hijos. Se acerca elegante a la mesa donde Ana toma un caf\u00e9. Se saludan con un beso en la mejilla, se cogen de las manos, se alejan como en el corro de la patata para verse mejor, no has cambiado nada, pues anda que t\u00fa, vamos, que lo digo en serio mujer, que est\u00e1s hasta m\u00e1s joven. Risas sinceras.<\/p>\n<p>Toda la ma\u00f1ana \u00abla sueca\u00bb se ha dicho que ser\u00eda para echarse a llorar si las dos se quedaran en blanco, como dos desconocidas; pero qu\u00e9 va. Mar\u00eda, que no se ha abrumado con el suplicio de ese silencio posible, se pone a hablar de su viaje, mientras pide un rioja al camarero. Ana, m\u00e1s callada, la interrumpe de vez en cuando para interesarse por su vida allende los mares. Mar\u00eda le habla de su trabajo, de sus esperanzas, le habla de sus hombres: \u00abnada serio\u00bb (su amiga ve en esa declaraci\u00f3n algo as\u00ed como una promesa). Le pregunta Mar\u00eda, como al desgaire, si se cas\u00f3 al final con su amigo Manuel, el \u00fanico al que hac\u00eda un poco de caso. \u00abS\u00ed, pero nos separamos\u00bb. \u00abAh, lo siento un mont\u00f3n, mi ni\u00f1a\u00bb \u2013Mar\u00eda le pone la mano sobre su mano, sin saber lo que para Ana significa esa caricia de las venas, tibia como un beso en los labios.<\/p>\n<p>Ana aparta la mano para coger, nerviosa, la taza de caf\u00e9. \u00abYa llega tu rioja\u00bb, le dice se\u00f1alando al camarero. \u00ab\u00bfTe quedar\u00e1s alg\u00fan tiempo?\u00bb, pregunta. \u00abPues eso s\u00ed que no lo s\u00e9, porque, mira, esta ma\u00f1ana me han dicho que&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Por el cristal del restaurante no se distinguen las luces de la calle, tapiadas por la humedad de las ventanas. La niebla se come a los paseantes que vagan con sus bolsas pre\u00f1adas de regalos navide\u00f1os. A lo lejos, el reloj de una iglesia entona las notas de un villancico prematuro que ta\u00f1e un \u00e1ngel perdido. Dentro, las parejas hablan siempre de lo mismo, so\u00f1ando entre las brumas que no, que esta vez es diferente, que esa noche de amor que el d\u00eda les entrega no ser\u00e1 como todas las noches de amor. En las paredes los marcos de los cuadros se cansan de ser jaula de paisajes, c\u00e1rcel de pasiones, mazmorras que encierran el viento.<\/p>\n<p>\u00abQuedarme en Madrid o seguir en Tijuana o que me larguen a Estocolmo es algo que no me importa. Lo que realmente quiero es&#8230; Ver\u00e1s&#8230; \u2013un sorbo de vino aclara la confusi\u00f3n de su lengua\u2013, lo que quiero realmente es no volver a sufrir de insomnio porque mi cama est\u00e9 vac\u00eda una noche, ni encontrarme llorando bajo la ducha porque me siento sola\u00bb. \u00abPero me has dicho que sal\u00edas con uno&#8230;\u00bb. \u00abCon uno al que conoc\u00ed meti\u00e9ndole un billete de cien pesos en la bragueta&#8230; No me refiero a esa relaci\u00f3n. Con \u201cChinito\u201d he hecho un a\u00f1o, que no est\u00e1 mal; pero nunca s\u00e9 si me lo encontrar\u00e9 al d\u00eda siguiente en casa ni \u00e9l sabe cu\u00e1ndo me hartar\u00e9 de sus despedidas de soltera\u00bb.<\/p>\n<p>Esta vez es Ana quien le coge la mano. La de Ana, caliente por el tacto de la taza de caf\u00e9; la de Mar\u00eda, fresca por la copa de vino. Va a susurrarle algo \u2013o eso llega a creer ella\u2013 cuando Mar\u00eda llama al camarero para que le sirva un <em>gin-tonic<\/em>.<\/p>\n<p>\u2013Es para despejarme, no creas que me he vuelto una borrachina.<\/p>\n<p>Ana la odia pero es demasiado pronto para dejar de amarla. Odia la vacuidad de sus gestos, la superficialidad de sus maneras, el que se comporte como una mujer orgullosa de serlo. La odia m\u00e1s a cada minuto que pasa. Se consume por esa superioridad con que le parece que ella la est\u00e1 mirando. Quisiera levantarse de la silla, salir corriendo, no volver a verla nunca m\u00e1s. Est\u00e1 convencida de que lo har\u00e1. No lo duda. Lo har\u00e1, lo har\u00e1, lo har\u00e1. \u00a1Lo har\u00e1!<\/p>\n<p>No lo har\u00e1. No lo har\u00e1 porque cada vez la quiere con m\u00e1s fuerza en las lindes de su odio. Y sabe que cuando Mar\u00eda se levante \u2013porque habr\u00e1 quedado con alguien para dentro de un rato\u2013 quedar\u00e1 s\u00f3lo el fr\u00edo sudor del odio, perplejo ante el perd\u00f3n del amor. La humillaci\u00f3n. Que la llame de nuevo, por Dios, que no vuelva a Tijuana, que se quede siempre frente a ella, que le deje mirarla por lo menos un d\u00eda m\u00e1s, que puedan ir al teatro los s\u00e1bados como dos buenas amigas, que se despidan con un beso, que no desaparezca nunca esa mano bajo su mano, esas venas bajo la sangre de sus venas.<\/p>\n<p>\u2013Bueno, se me hace tarde.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfYa?<\/p>\n<p>\u2013Acomp\u00e1\u00f1ame si quieres, he quedado con Luis, el de la Facultad, \u00bfte acuerdas?<\/p>\n<p>\u2013S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2013Acomp\u00e1\u00f1ame, anda.<\/p>\n<p>\u2013A \u00e9l no le gustar\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Qu\u00e9 dices! Le ca\u00edas genial, de verdad.<\/p>\n<p>\u2013No.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfNo te animas?<\/p>\n<p>\u2013Prefiero quedarme aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u2013Como quieras.<\/p>\n<p>Y se vuelven a dar un beso en la mejilla, a cogerse las manos, a separarse como en el corro de la patata para verse mejor. \u00ab\u00a1Te llamo con lo que sea!\u00bb, grita Mar\u00eda al darse la vuelta.<\/p>\n<p>\u2013S\u00f3lo somos eternos cuando lo hemos perdido todo \u2013un susurro que nadie adivina bajo las l\u00e1grimas ahogadas.<\/p>\n<p>Ana vuelve a quedarse sola ante la mesa de la ventana. Se guarda en el bolso la servilleta de Mar\u00eda manchada de carm\u00edn. El caf\u00e9 se le ha enfriado. Espera a que anochezca un poco m\u00e1s. En la tele no ponen nada interesante. Su amor ha pagado la cuenta. Todas las cuentas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos amigas han quedado en un caf\u00e9 para verse despu\u00e9s de tantos a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/754"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=754"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/754\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=754"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=754"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=754"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}