{"id":760,"date":"2010-05-28T00:56:20","date_gmt":"2010-05-27T22:56:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=760"},"modified":"2010-05-28T00:56:20","modified_gmt":"2010-05-27T22:56:20","slug":"209-el-poeta-de-san-roque-por-atribulado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=760","title":{"rendered":"209- El poeta de San Roque. Por Atribulado"},"content":{"rendered":"<p><em>Esta es la historia de un amor trunco, mutilado, incompleto y lo qu\u00e9 produjo en un pueblo. Un historia sobre un amor qu\u00e9 nunca comenz\u00f3 por lo tanto no esperen encontrar un final.<!--more-->\u00a0\u00bfPodr\u00eda decirse de un amor no declarado qu\u00e9 es un amor trunco?, no lo s\u00e9. Pero los sucesos acaecidos en el peque\u00f1o pueblo de San Roque demostraron la peligrosidad de un amor trunco, no declarado y peor a\u00fan, cuando el indeciso es un poeta. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfD\u00f3nde ir\u00e1n los besos nunca dados, las caricias sin destino de piel, las palabras no dichas, los versos no recitados, los susurros sin o\u00eddos, las declaraciones hechas ante un espejo? \u00bfAcaso habr\u00e1 un lugar para todo aquello que se siente y no se expresa?, de existir me lo imagino un sitio fr\u00edo, inh\u00f3spito y en ocasiones cruzado por vientos qu\u00e9 queman.<\/em><\/p>\n<p><em>Yo era un habitante m\u00e1s de San Roque, un peque\u00f1\u00edsimo pueblo al sur de la provincia de Buenos Aires, tan al sur qu\u00e9 casi \u00e9ramos patag\u00f3nicos. Por el tiempo qu\u00e9 lo hechos se sucedieron deber\u00edamos ser unas tres mil personas habit\u00e1ndolo. No podr\u00eda decir cu\u00e1l era el motivo que nos llevaba a seguir viviendo en San Roque pero ah\u00ed est\u00e1bamos esperando vaya uno a saber qu\u00e9 tipo de milagro. Jorge Enrique era uno de los vecinos cuya profesi\u00f3n conocida era la de poeta adem\u00e1s de ser hijo de un acaudalado estanciero. Sus poemas hab\u00edan sido editados en algunos libros costeados con el dinero de su padre que luego intentaba venderlos entre familiares y vecinos pretendiendo\u00a0 recuperar algo de la inversi\u00f3n hecha por cierto: con escasa suerte. <\/em><\/p>\n<p><em>Una tarde Jorge Enrique entr\u00f3 al bar del pueblo y presuroso manote\u00f3 una silla para sentarse junto a m\u00ed. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00bfAlguna vez viste una noche azul?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 No, creo que no \u2500respond\u00ed sin levantar la vista del caf\u00e9 mientras intentaba hacer un remolino con la cucharita.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1Seguro que has visto una! \u2500insisti\u00f3 tratando de llamar mi atenci\u00f3n\u2500, ayer mismo la noche fue azul.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00bfQu\u00e9 tiene de diferente una noche de otra?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1Mucho! Por ejemplo, en una noche azul las estrellas brillan diferentes y ni qu\u00e9 decir de la luna. En las noches azules siempre hay luna llena y tiene un halo celeste en derredor.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1Sonamos, te\u00a0 has vuelto a enamorar, si te conocer\u00e9!<\/em><\/p>\n<p><em>No era la primera vez que suced\u00eda, Jorge Enrique era muy enamoradizo y eso provocaba en \u00e9l una inspiraci\u00f3n tal que llenaba cuadernos con versos mediocres de citas comunes. Las musas de su producci\u00f3n literaria nunca se enteraron ni alcanzaron a leerlos; \u00e9l era un indeciso, un vergonzoso de sentimientos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1Claro que me he enamorado! \u00bfDe qu\u00e9 otra forma podr\u00eda ver una noche azul?<\/em><\/p>\n<p><em>S\u00ed, efectivamente Jorge Enrique se hab\u00eda enamorado. Sab\u00eda perfectamente qu\u00e9 segu\u00eda: un sin n\u00famero de preguntas de ida y otras tantas respuestas de vuelta. Continu\u00f3.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500\u00a0 No sabr\u00eda decirte si la noche era azul antes o despu\u00e9s de que sus ojos se cruzaran con los m\u00edos. Quiz\u00e1s fue antes \u00bfo fue despu\u00e9s?, \u00bfacaso importa eso? En todo caso, de haber sido antes era una se\u00f1al inequ\u00edvoca que el amor estaba por llegar, un anuncio, un presagio. Y si fue posterior ser\u00eda algo as\u00ed c\u00f3mo la confirmaci\u00f3n qu\u00e9 Mar\u00eda Laura es: \u201cel amor\u201d.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00bfMar\u00eda Laura la hija del boticario?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1La misma! Ella es la mujer con la que todo hombre so\u00f1ar\u00eda. Es \u00fanica, asombrosa, tierna y m\u00e1gica. Su mirada encierra una enorme ternura. Al verla pude elevarme hasta las nubes; ella es un \u00e1ngel.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Creo qu\u00e9 est\u00e1s hablando de otra persona, de seguro te has confundido con otra\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1Qu\u00e9 no, te digo qu\u00e9 no! \u2500se me arrim\u00f3 c\u00f3mo buscando intimidad\u2500 Esas caderas que tan bien sabe menear cuando camina, esa cintura de guitarra flamenca, sus pechos \u00a1joder c\u00f3mo no repar\u00e9 en ella antes!<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Insisto, t\u00fa est\u00e1s confundido\u2026 \u2500\u00e9l continuaba fascinado la descripci\u00f3n de la fulana sin prestar atenci\u00f3n a mi advertencia.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Al caminar sus cabellos caen c\u00f3mo fina lluvia sobre sus hombros, \u00a1si hasta parecen cintas que arr\u00edan mi mirada!<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1T\u00fa est\u00e1s mal, esa mujer que describes no es Mar\u00eda Laura!<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1T\u00fa que sabr\u00e1s!<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Pero si Mar\u00eda Laura ha llegado soltera y sin novio conocido a sus treinta y tantos fue\u00a0 por un acto de justicia m\u00e1s qu\u00e9 por mala suerte\u2026insisto: te confundes con otra, de seguro Jorge Enrique \u00a1preg\u00fantale a cualquiera! <\/em><\/p>\n<p><em>Medio c\u00f3mo qu\u00e9 se ofendi\u00f3. En ese momento Mar\u00eda Laura pas\u00f3 caminando por la acera frente al bar. Pude verla desde el ventanal. Ella iba arrastrando su cuerpo redondete y de poco m\u00e1s de un metro sesenta. Su fealdad era destacable, algunos pens\u00e1bamos qu\u00e9 esa cara deber\u00eda dolerle y la pobre no ayudaba en nada para disimularlo. Sus ojos parec\u00edan dos cuchillazos en una lata, el ment\u00f3n prominente cual balc\u00f3n y la nariz ancha, achatada c\u00f3mo la de un boxeador. Llevaba puesto uno de los tres vestidos qu\u00e9 todos le conoc\u00edamos. Los cabellos con los qu\u00e9 Jorge Enrique cre\u00eda tener liada su mirada estaban apenas domados por unos ruleros escondidos y torpemente sujetados debajo de un pa\u00f1uelo rojo. El andar de Mar\u00eda Laura era todo un cl\u00e1sico en San Roque; torpe, para nada femenino y siempre montada sobre unas ojotas ra\u00eddas que dejaban expuestos sus talones resquebrajados y grises.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00bfQu\u00e9 sabr\u00e1s t\u00fa?, mira\u2026ah\u00ed va ella \u00a1si es una princesa! \u2500acababa de verla igual que yo, bueno eso de igual no era tan as\u00ed. <\/em><\/p>\n<p><em>Se puso de pi\u00e9, retir\u00f3 la silla bruscamente y dej\u00f3 el bar con paso firme haciendo sonar los tacos contra el parquet. A medida qu\u00e9 se iba aproximando a Mar\u00eda Laura, Jorge Enrique demoraba el paso. A pocos metros de alcanzarla se detuvo, subi\u00f3 a la acera y comenz\u00f3 a caminar detr\u00e1s de ella asegur\u00e1ndose dejar suficiente espacio para no ser visto. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00bfY a ese qu\u00e9 le pasa?\u2500al ver semejante alboroto Fernando se acerc\u00f3 a mi mesa.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Lo de siempre, \u00bfqu\u00e9 puede ser? \u2013yo segu\u00ed revolviendo mi caf\u00e9.<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 \u00a1Se ha vuelto a enamorar! \u2500dicho esto lanz\u00f3 una gran carcajada qu\u00e9 interrumpi\u00f3 de repente al enfocar la escena qu\u00e9 suced\u00eda fuera\u2500 \u00a1No, imposible! \u00bfNo me digas qu\u00e9 de Mar\u00eda Luisa?<\/em><\/p>\n<p><em>\u2500 Aj\u00e1\u2026ah\u00ed lo ves al pobre \u00a1siempre lo mismo!<\/em><\/p>\n<p><em>Mi presagio no se cumpli\u00f3, esta vez no fue lo mismo. Jorge Enrique se pasaba largas horas sentado en el banco de la plaza principal de San Roque. Inc\u00f3modamente encorvado apoyaba el cuaderno en su regazo para escribir y escribir mientras pon\u00eda\u00a0 cara de profunda inspiraci\u00f3n. Hab\u00eda elegido el banco qu\u00e9 daba a la vereda por donde Mar\u00eda Luisa pasaba varias veces al d\u00eda llevando los pedidos qu\u00e9 los vecinos hac\u00edan al boticario y volviendo con otros nuevos. Esto no distaba mucho de la actitud del poeta en otras oportunidades pero el destino de su producci\u00f3n fue otro muy diferente. Suponemos qu\u00e9 el padre, cansado de invertir en tanto fracaso literario, le neg\u00f3 toda colaboraci\u00f3n monetaria. Esto provoc\u00f3 una nueva duda en Jorge Enrique: \u00bfqu\u00e9 hacer con sus poemas?<\/em><\/p>\n<p><em>Primero arranc\u00f3 las hojas, las doblaba prolijamente para acomodarlas entre la \u00faltima hoja y la contratapa del cuaderno. Los rezagos po\u00e9ticos se acumularon de tal forma qu\u00e9 le resultaba imposible seguir escribiendo sobre semejante mont\u00edculo. Fue entonces qu\u00e9 Jorge Enrique decidi\u00f3 destruirlos. Un domingo cort\u00f3 en peque\u00f1os pedazos los primeros\u00a0 poemas escritos y apoy\u00f3 el montoncito de papeles a su vera sobre el banco. Quiz\u00e1s hab\u00eda pensado tirarlos en el cesto de la plaza pero lo hizo. Una brisa traviesa esparci\u00f3 los papelitos con los poemas sobre toda la plaza. Fue el g\u00e9nesis del drama.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>Primero fue una bandada de torcazas que curiosas se lanzaron tras los papelitos confundi\u00e9ndolos con migajas de pan. Aparentemente, tanto les gustaba alimentarse con la poes\u00eda de Jorge Enrique que rechazaban otros alimentos qu\u00e9 los ni\u00f1os arrojaban a sus pasos. Luego bajaron a la plaza: cardenales, jilgueros, carpinteros, horneros, calandrias, zorzales y hasta los picaflores se animaban a comer poes\u00edas. Desde ese domingo las aves no dejaron de comer el papel con la inspiraci\u00f3n del poeta.<\/em><\/p>\n<p><em>Con el paso de los d\u00edas era un espect\u00e1culo ver a las aves c\u00f3mo, al reconocerlo, lo rodeaban ilusionadas por recibir su cuota de poes\u00edas. Ellas no dudaban en embucharse los pedacitos de poemas sin asco aparente. Por otra parte, Jorge Enrique no ten\u00eda un destino mejor qu\u00e9 darle a sus poemas y era una buena forma para deshacerse de ellos. A la semana decenas de nuevos nidos proliferaron en todos los \u00e1rboles de la plaza, balcones, cornisas e incluso en las estatuas.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>Jorge Enrique estaba inc\u00f3modo. Las aves eran molestas y lo sacaban de concentraci\u00f3n. Pensando en espantarlas en lugar de cortar las hojas hac\u00eda bollos y se los arrojaba. Las aves inmutadas ca\u00edan en picada con vuelo rasante y se llevaban en los picos los bollos de poemas. Para entonces tambi\u00e9n llegaban a la plaza: caranchos, aguiluchos, gaviotas y cig\u00fce\u00f1as a pesar qu\u00e9 no eran aves t\u00edpicas de la zona. Nunca supimos c\u00f3mo se enteraron de la poes\u00eda alimento de Jorge Enrique. Hab\u00eda d\u00edas en que la gente de San Roque no ve\u00eda el sol. El cielo estaba cubierto de cuerpos plum\u00edferos que tapaban toda claridad. Algunos vecinos ni sal\u00edan de sus casas, otros lo hac\u00edan pero protegidos bajo paraguas y calzados con botas para evitar tomar contacto con el guano qu\u00e9 ca\u00eda c\u00f3mo lluvia. Las plumas y los piojitos de las aves pululaban por el aire haci\u00e9ndolo irrespirable y provocando angustiantes ataques de asma y alergias a los habitantes. Vivir en San Roque se volvi\u00f3 insoportable, a tal punto qu\u00e9 muchos habitantes decidieron cerrar sus casas y emigrar hacia otros pueblos vecinos. Las aves segu\u00edan reproduci\u00e9ndose y llenando todo de guano incluso a Jorge Enrique que no abandonaba el banco ni dejaba de escribir.\u00a0 <\/em><\/p>\n<p><em>Todos se asustaron y huyeron perdiendo incluso las cosechas. Mar\u00eda Laura y el boticario fueron una de las \u00faltimas familias en abandonar San Roque. Lo que termin\u00f3 por vaciar de gente al pueblo fue cuando los d\u00edas se acortaron y las noches se prolongaron. Por las noches las aves descansaban, dorm\u00edan o se reproduc\u00edan \u00a1no lo s\u00e9! El cielo era una b\u00f3veda de un azul profundo sobre la cu\u00e1l las estrellas no dejaban de titilar con una claridad nunca vista. Cuerpos fugaces cruzaban la noche dejando una estela de la cu\u00e1l se esparc\u00edan miles de centellas brillantes. La luna llena era todo un espect\u00e1culo. Blanca, redonda, casi perfecta, pod\u00eda ver n\u00edtidamente los cr\u00e1teres de Tycho y Clavius e incluso las cadenas de monta\u00f1as y los extensos mares.\u00a0 Tanta luminosidad hac\u00eda qu\u00e9 en su derredor no se viera azul sino m\u00e1s bien celeste. Fue entonces qu\u00e9 record\u00e9 lo que hac\u00eda unas semanas atr\u00e1s me hab\u00eda dicho Jorge Enrique. Fui a buscarlo pero ya no lo hall\u00e9 en la plaza ni en ning\u00fan otro sitio. Un silencio abrumador me envolv\u00eda casi de inmediato la noche se hizo d\u00eda y pude ver qu\u00e9 no hab\u00eda m\u00e1s aves revoloteando y que los nidos estaban vac\u00edos. La magia y el amor tambi\u00e9n hab\u00edan abandonado San Roque. <\/em><\/p>\n<p><em>Desde ese d\u00eda vivo esperando\u2026al menos pude ver la noche azul, quiz\u00e1s fuera un presagio c\u00f3mo dijo Jorge Enrique.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta es la historia de un amor trunco, mutilado, incompleto y lo qu\u00e9 produjo en un pueblo. 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