{"id":763,"date":"2010-05-28T01:02:07","date_gmt":"2010-05-27T23:02:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=763"},"modified":"2010-05-28T01:02:07","modified_gmt":"2010-05-27T23:02:07","slug":"210-luiza-por-candido-descaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=763","title":{"rendered":"210-Luiza. Por C\u00e1ndido Descaro"},"content":{"rendered":"<p>Domingo por la tarde. Despu\u00e9s de hacer una buena siesta en la pensi\u00f3n, sal\u00ed a la calle con ganas de ver mundo. Como mi estancia en Lisboa era inesperada, no me hab\u00eda informado sobre la ciudad y como es l\u00f3gico estaba desubicado.<!--more-->\u00a0Pero tampoco me importaba mucho. No hab\u00eda demasiada gente por la calle. Apenas alguna pareja de novios y algunos ancianos que conversaban en los parques infantiles o en los caf\u00e9s.<\/p>\n<p>Camin\u00e9 sin destino durante cerca de media hora. Creo que, en buena medida, mi reloj interno ya se empezaba a sincronizar con el tempus de la ciudad blanca.<\/p>\n<p>De pronto observ\u00e9 a un par de j\u00f3venes de mi edad. Eran dos varones que hablaban de forma distendida y que caminaban de forma decidida, de modo que me dije que su destino podr\u00eda interesarme. Decid\u00ed seguirles. Al contrario que en las pel\u00edculas, no fue nada dif\u00edcil ir detr\u00e1s de ellos sin que se dieran cuenta. Los dos j\u00f3venes hablaban sin parar y apenas se apercib\u00edan de aquello que les rodeaba.<\/p>\n<p>Poco a poco, las avenidas, las calles anchas, se transmutaron en callejuelas empinadas surcadas por los sempiternos tranv\u00edas lisboetas. Nos adentr\u00e1bamos en el Barrio Alto (aunque entonces yo lo desconoc\u00eda). Pronto empec\u00e9 a estar rodeado de bares, restaurantes y casas de fados.<\/p>\n<p>Decid\u00ed que all\u00ed podr\u00eda ver mundo, de modo que dej\u00e9 que mis lazarillos siguieran su camino libres de toda persecuci\u00f3n. Entr\u00e9 en el primer bar que se puso a tiro. Su puerta de acceso era diminuta, pero ya dentro, a pesar de la oscuridad reinante, se intu\u00edan salas y pasillos laber\u00ednticos.<\/p>\n<p>La barra del bar quedaba a la derecha. Un tipo solitario beb\u00eda de un vaso peque\u00f1o. El camarero, enclenque y engominado, me mir\u00f3 con indiferencia. Ped\u00ed una cerveza y me sent\u00e9 en un taburete de madera que deb\u00eda llevar d\u00e9cadas en aquel local.<\/p>\n<p>Estaba un tanto aturdido, de manera que ni siquiera me hab\u00eda dado cuenta de que sonaba un piano. De hecho, no estaba lejos de la barra, sobre una especie de escenario bajito y diminuto.<\/p>\n<p>Un tipo con aspecto de alcoh\u00f3lico tocaba el piano con desgana.<\/p>\n<p>Me pareci\u00f3 el decorado perfecto de una pel\u00edcula antigua. Incluso parec\u00eda que la oscuridad y la decrepitud hab\u00edan impuesto una atm\u00f3sfera en blanco y negro.<\/p>\n<p>Desde mi taburete vislumbr\u00e9 que por el local se mov\u00edan con lentitud algunas mujeres de edad indeterminada, en su mayor\u00eda gordas. Una de ellas, que estaba sentada en una zona con mesas, hizo gestos ostensibles para que alguien se le acercara. Tard\u00e9 mucho tiempo en darme cuenta de que se dirig\u00eda a m\u00ed.<\/p>\n<p>Ped\u00ed otra cerveza (la primera se hab\u00eda acabado) y fui hacia su mesa. Cuando estuve frente a ella pude verla bien. Era una negra obesa y tetona, que llevaba un vestido demod\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfMe llamabas?- le dije.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed, por supuesto- me dijo. Su portugu\u00e9s era claro y directo, de manera que la entend\u00eda perfectamente.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfMe invitas a un vino?- pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Claro.<\/p>\n<p>Inmediatamente hizo un gesto al camarero engominado que, segundos despu\u00e9s, le serv\u00eda el vino.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 haces en Lisboa, jovencito?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pues es una historia un poco larga.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Bueno, tenemos tiempo. Hay pocos clientes.<\/p>\n<p>Le expliqu\u00e9 que iba de paso, que estaba a punto de coger un avi\u00f3n para Guinea Bissau para intentar cambiar mi vida.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfA Guinea Bissau? Est\u00e1s loco. Vuelve a tu ciudad, a tu casa, y haz el amor con tu novia- me dijo abriendo mucho los ojos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfT\u00fa eres de Guinea Bissau?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, yo nac\u00ed en Mozambique.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 que aquella conversaci\u00f3n era absurda, de modo que quise aclarar las cosas:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aunque me veas aqu\u00ed, no quiero que haya malentendidos, yo no pago a las mujeres para acostarme con ellas.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya lo s\u00e9. Me he dado cuenta de eso en cuanto te he visto y por eso quer\u00eda hablar contigo. Aqu\u00ed la gente viene a lo que viene y ya tiene suficientes problemas como para escuchar los ajenos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfTienes problemas?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY qui\u00e9n no los tiene?- desvi\u00f3 la mirada un instante- En Mozambique tengo dos hijos y no pueden venir conmigo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Realmente eres un ni\u00f1o. \u00bfC\u00f3mo quieres que unos cr\u00edos vivan con una puta como yo? \u00bfQui\u00e9n los cuidar\u00eda? \u00bfQu\u00e9 pensar\u00edan de mi?<\/p>\n<p>Luiza, que as\u00ed se llamaba, ten\u00eda unos ojos enormes que alg\u00fan d\u00eda debieron ser preciosos. Su rostro era orondo y brillaba de forma mortecina. Luc\u00eda unos pendientes con figuras extra\u00f1as y un collar de perlas de pl\u00e1stico se enredaba en meandros entre su pecho monta\u00f1oso.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY con qui\u00e9n viven?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con mis padres. Los ni\u00f1os creen que trabajo en una tienda y que pronto ahorrar\u00e9 lo suficiente para volver con ellos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY no es as\u00ed?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No. Las cosas no son f\u00e1ciles- dijo mientras apuraba su vino.<\/p>\n<p>Una joven con aspecto fantasmag\u00f3rico nos ofreci\u00f3 casta\u00f1as asadas. Mir\u00e9 a Luiza, que me hizo un gesto de asentimiento, y compr\u00e9 casta\u00f1as. Estaban dentro de un cucurucho de papel aceitoso y caliente.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mira, tengo una foto de mis hijos.<\/p>\n<p>De su bolso sac\u00f3 un peque\u00f1o \u00e1lbum de fotos y me ense\u00f1\u00f3 una donde se ve\u00edan dos ni\u00f1os (de unos 8 y 10 a\u00f1os) que sonre\u00edan a la c\u00e1mara.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Luiza- le coment\u00e9- eres la primera persona que conozco en Lisboa.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hazme caso. Vete a tu casa y ten hijos con tu novia.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY si no es eso lo que quiero?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo tard\u00e9 mucho en saber lo qu\u00e9 quer\u00eda y entonces ya era tarde.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo entiendo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es curioso. Yo dar\u00eda cualquier cosa por ser portuguesa y por trabajar en una tienda de ropa y t\u00fa, por contra, quieres ser africano y cazar leones.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, no soy un cazador- le sonre\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfPues qu\u00e9 buscas?<\/p>\n<p>El pianista segu\u00eda con su letan\u00eda y una pareja bailaba muy agarrada.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQuieres otro vino?- le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No. Ahora invito yo, pero en otro sitio.<\/p>\n<p>Apenas cruzamos la calle y entramos en otro bar, una especie de discoteca destartalada, donde la m\u00fasica era m\u00e1s animada y supuestamente moderna. Un negro grande y peludo, que parec\u00eda ser el portero, me dej\u00f3 pasar por indicaci\u00f3n de Luiza, que le murmur\u00f3 algo al o\u00eddo. En el interior hab\u00eda mucha gente, la mayor\u00eda de color, que bailaba con orgullo e incluso con belleza. Estaba todo en penumbra, aunque algunos focos cruzaban sus haces en el aire. Hab\u00eda media docena de esas bolas plagadas de cristalitos que dan destellos, aunque en este caso apenas los daban porque seguramente el humo del tabaco y la transpiraci\u00f3n humana se hab\u00edan apoderado de su superficie. Apartados, hab\u00eda sof\u00e1s tan grandes como viejos. All\u00ed nos sentamos y bebimos y hablamos.<\/p>\n<p>Al cabo de media hora apareci\u00f3 el negro gigante de la puerta y se sent\u00f3 junto a Luiza. Entend\u00ed que ambos ten\u00edan alg\u00fan tipo de relaci\u00f3n, aunque su actitud tampoco me anim\u00f3 a marcharme. Aquel tipo era de Angola y, al fijarme un poco m\u00e1s en \u00e9l, observ\u00e9 que llevaba la mano izquierda en el bolsillo del pantal\u00f3n. Aunque no era simp\u00e1tico, entablamos una conversaci\u00f3n alterada de vez en cuando por la m\u00fasica impenitente o por las copas, que no paraban de llegar.<\/p>\n<p>El angole\u00f1o me explic\u00f3 que hab\u00eda huido de su pa\u00eds tras una infancia terrible. Un grupo rebelde de su pa\u00eds le hab\u00eda secuestrado cuando apenas ten\u00eda 10 a\u00f1os y lo hab\u00eda llevado a una mina de diamantes, donde permaneci\u00f3 esclavizado durante meses. Hambrientos y maltratados, los ni\u00f1os mineros pasaban horas y horas entre el barro, intentando localizar los diamantes en bruto que despu\u00e9s financiaban la compra de armas de los rebeldes, enfrentados al gobierno de Angola.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY t\u00fa quieres ir a \u00c1frica?- me pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No tengo m\u00e1s remedio- respond\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfA qu\u00e9 te refieres?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me lo he propuesto y soy muy obstinado.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una tierra que esclaviza a sus ni\u00f1os y prostituye a sus ni\u00f1as no puede ser buena para nadie.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Estoy de acuerdo y espero no arrepentirme. \u00bfY no te gustar\u00eda regresar para ver a tu familia?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, all\u00ed no he dejado nada. Bueno, en realidad s\u00ed he dejado una parte de m\u00ed- y entonces mir\u00f3 a Luiza y le susurr\u00f3 algo al o\u00eddo.<\/p>\n<p>Inmediatamente los dos se rieron como locos, tanto que incluso la m\u00fasica estridente pareci\u00f3 silenciarse para darles paso.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mira bien esto, chico- me dijo mientras extra\u00eda su mano izquierda del pantal\u00f3n y me mostraba un mu\u00f1\u00f3n tan grande como in\u00fatil.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfUn accidente?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, una breve tentaci\u00f3n. Como muchos otros ni\u00f1os intent\u00e9 robar un diamante y me atraparon. Me cortaron la mano all\u00ed mismo, aunque en realidad me hicieron un favor porque as\u00ed me dejaron en paz y pude huir de la maldita mina. Y as\u00ed pude salir de Angola y llegar a Portugal y conocer a Luiza y a jovencitos como t\u00fa, que no saben nada del mundo.<\/p>\n<p>Y eso es todo lo que recuerdo de aquella noche extra\u00f1a. Despu\u00e9s me vienen a la memoria algunos gestos, risas y copas. Y las luces girando y la m\u00fasica que cada vez era m\u00e1s lejana. Y as\u00ed me dorm\u00ed o me desvanec\u00ed en aquel sof\u00e1 grande y viejo hasta que un tipo peque\u00f1o, como una rata, me despert\u00f3 a golpes de escoba y me pidi\u00f3 que me fuera. All\u00ed ya no hab\u00eda nadie. Luiza y su amigo minero y tullido hab\u00eda desaparecido. M\u00e1s tarde, deambulando por las calkes desiertas, me di cuenta de que tambi\u00e9n hab\u00eda desaparecido mi cartera. No hab\u00eda perdido ninguna de mis manos, pero me sent\u00ed como si as\u00ed fuera.<\/p>\n<p>Intent\u00e9 regresar al bar discoteca, pero no fui capaz de encontrarla. Era como si nunca hubiera existido. Ya amanec\u00eda y puede que la luz que descorr\u00eda las cortinas nocturnas hubiera dado un inesperado giro a las cosas, al mundo. Era como si un trilero endiosado hubiera cambiado la ubicaci\u00f3n de edificios y calles. Busqu\u00e9 y busqu\u00e9 como un loco hasta que me rend\u00ed. Me sent\u00e9 en el banco met\u00e1lico y fr\u00edo de un parque. Llor\u00e9. Alguien, seguramente alg\u00fan buen hombre que madrugaba para trabajar en una oficina o en un comercio, me pregunt\u00f3 si necesitaba ayuda.<\/p>\n<p>Ir\u00f3nicamente, creo, en alg\u00fan lugar indeterminado sonaba la canci\u00f3n <em>Comfortably Numb<\/em> de Pink Floyd (cada vez que la oigo no puedo evitar pensar en aquel momento).<\/p>\n<p>En la cartera robada llevaba mi documentaci\u00f3n, algo de dinero (el resto estaba en la pensi\u00f3n) y, lo que es peor, mi visado y mi billete de avi\u00f3n. De aquella manera, pues, tan est\u00fapida y rastrera, se hab\u00eda acabado mi sue\u00f1o africano. Mi vuelo a Bissau sal\u00eda al d\u00eda siguiente, a primera hora, y era casi imposible conseguir un nuevo visado en tan poco tiempo. Adem\u00e1s, no me quedaba suficiente dinero para pagar otro billete. Lo intent\u00e9, claro que lo intent\u00e9, pero eso s\u00f3lo ayud\u00f3 a desesperarme m\u00e1s. Pas\u00e9 todo el d\u00eda entre la comisar\u00eda y la embajada, pero no hubo manera.<\/p>\n<p>Por la noche decid\u00ed volver al Barrio Alto para encontrar a Luiza y para suplicarle que me devolviera los papeles. Record\u00e9 que tanto ella como su amigo tullido me aconsejaron que no fuera a \u00c1frica, pero supuse que si les encontraba podr\u00eda convencerlos de que aquella era mi decisi\u00f3n y que, acertada o no, deb\u00edan respetarla. Pero fue in\u00fatil. Logr\u00e9, eso s\u00ed, encontrar los lugares que por la ma\u00f1ana hab\u00edan desaparecido, al menos para m\u00ed. Pero ellos no estaban. Pregunt\u00e9 por ella, por Luzia, y por \u00e9l, pero nadie me aclar\u00f3 nada. Hab\u00eda en aquel barrio una especie de ley del silencio. Adem\u00e1s, tampoco ten\u00eda la seguridad de que ellos me hubieran robado la cartera. Puede que hubiera sido cualquier otro o puede que sencillamente la perdiera o puede que nunca la hubiera llevado o puede que aquello no fuera Lisboa o puede que todo fuera un mal sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Regres\u00e9 a la pensi\u00f3n, muy cansado. Dos prostitutas lavaban sus bragas en el lavabo. Me dorm\u00ed inmediatamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo por la tarde. Despu\u00e9s de hacer una buena siesta en la pensi\u00f3n, sal\u00ed a la calle con ganas de ver mundo. 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