{"id":765,"date":"2010-05-28T01:05:31","date_gmt":"2010-05-27T23:05:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=765"},"modified":"2010-05-28T01:05:31","modified_gmt":"2010-05-27T23:05:31","slug":"211-imperfeccion-perfecta-por-lola-urrutia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=765","title":{"rendered":"211- Imperfecci\u00f3n perfecta. Por Lola Urrutia."},"content":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La mira desde el otro extremo del sal\u00f3n. Ha envejecido tanto, en tan poco tiempo, con tantos surcos \u00e1ridos e indomables arrastrando su epidermis. <!--more-->La piel de la anciana en el extremo oeste contrasta con la de la adulta, sencilla y firme, tensa y a la vez deshilachada por el llanto. Ambas se sienten confidentes y, en silencio, se escuchan entre premeditaciones y recuerdos. Mientras tanto, el amanecer de una ma\u00f1ana de Marzo comienza a atravesar las persianas, despacio, llev\u00e1ndose toda la juventud, abandonando a sendas mujeres, consiguiendo que la Tierra contin\u00fae su giro, que el mundo recobre el equilibro.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Abuela, ya son las seis, es hora de regresar. &#8211; La voz de la ni\u00f1a, que acaba de crecer, de convertirse en mujer con casi cincuenta a\u00f1os, habla con una voz distinta, aparentemente calmada y tranquila.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo siento, Clara, de verdad que lo siento. &#8211; La abuela llora, con una fuerza desconocida, con noventa y ocho a\u00f1os a la espalda y la juventud brillando en sus pupilas. &#8211; D\u00e9jame aqu\u00ed, te lo ruego, no me lleves, d\u00e9jame aqu\u00ed. &#8211;<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Abuela, no tengo nada que perdonarle. Sabe que me prometi\u00f3 que regresar\u00edamos por la ma\u00f1ana, no me falle abuela, he confiado en usted, no me falle.<\/p>\n<p>Salieron las dos de la habitaci\u00f3n, una sosteniendo el cuerpo de la otra, la otra sosteniendo la esperanza a cada paso. Sab\u00edan que no iban a volver nunca m\u00e1s a aquel tercero de las afueras, de la calle San Eliseo, apartado y deshonesto con todos, menos con ellas. De todos modos, era su casa, la \u00fanica de sus vidas, pues todas aquellas paredes que ahora se antepon\u00edan al piso de la calle San\u00a0 Eliseo eran simplemente eso, paredes. Nada m\u00e1s, muros que resguardan cuerpos n\u00e1ufragos pero que no acogen ni cobijan sentimientos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nadie nos sacar\u00e1 de aqu\u00ed nunca, pensaba Clara mientras manten\u00eda a su abuela de la cintura, mientras abandonaban para siempre el \u00fanico hogar de sus vidas.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Cuarenta a\u00f1os antes, en el mismo tercero de la calle San Eliseo, se escuch\u00f3 un temblor intenso y escalofriante, un grito quiz\u00e1s, mas fue demasiado met\u00e1lico y desgarrador.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ana respire, ya est\u00e1 casi. Puedo verle la cabeza, venga un empuj\u00f3n m\u00e1s.- La mujer no contestaba, la matrona la miraba con horror, con una boca descompuesta y rota, desquebrajada hasta los extremos porque Ana no abr\u00eda los ojos, no los abr\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 le pasa a mi hija?- la mujer m\u00e1s vieja se impacientaba por segundos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ana, \u00bfest\u00e1 usted bien? Por favor, respire, \u00a1traigan agua, aprisa! \u00a1Que esta mujer no vive, que no vive!-<\/p>\n<p>En aquel peque\u00f1o dormitorio pod\u00edamos contar a tres mujeres y a un beb\u00e9 a las compuertas del mundo. La vieja se llama Matilde, la moribunda Ana, la matrona no tiene nombre, el beb\u00e9 es una ni\u00f1a, se llamar\u00e1 Clara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hab\u00eda un hombre tambi\u00e9n. Este esperaba en el otro extremo del piso, agarr\u00e1ndose la cabeza con las dos manos, agit\u00e1ndose con furia de un lado para otro. El hombre se llama Rom\u00e1n, es viejo pero parece joven, tal vez por su porte altivo y su frente altanera. Es feo, pero parece guapo, por su camisa y su violenta mirada. A este hombre no le gusta el ruido, no lo soporta, le provoca dolor de cabeza y el dolor de cabeza, todos saben, es uno de los m\u00e1s temidos homicidas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hombre, que parece manso, pero no lo es, pues un hombre nunca es manso, se levanta airado y se dirige hacia la habitaci\u00f3n ruidosa.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Hacerla callar de una vez! &#8211; Grita golpeando la puerta de madera. Las paredes temblaron y la madre, que no llegar\u00e1 a ser madre, se calla.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se\u00f1or su hija necesita un m\u00e9dico urgentemente, la hemorragia no se detiene y yo ya no se lo que hacer&#8230;- antes de que acabara sus lamentos Rom\u00e1n asi\u00f3 a la comadrona del cuello, la estrangul\u00f3 contra la pared, y el piso de la calle San Eliseo volvi\u00f3 a temblar.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1He dicho que la haga callar! Aqu\u00ed no se est\u00e1 produciendo ning\u00fan parto, \u00bflo ha entendido?- La mujer sin nombre aparta la cara, tiene miedo de los hombres, de los hombres que parecen mansos, de aquellos que esconden la bestia, el horror, la cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>La vieja Matilde, de s\u00f3lo cuarenta a\u00f1os, tiene escalofr\u00edos y no levanta la mirada del suelo para mirar a su marido, tambi\u00e9n le aterroriza aquel env\u00e9s violento.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Rom\u00e1n se acerca a la parturienta y la mira con arrogancia, como si no fuera su hija, como si aquella mujer, a los extremos de una muerte injusta, se mereciera morir. Entonces aferra su garganta y presiona contra ella, la asfixia con sus dos manos, hundiendo los pulgares, clavando su mirada col\u00e9rica en la angustia de la v\u00edctima.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pasados unos segundos decide presionar con la almohada, para asegurar el parricidio. Sin embargo, las piernas contin\u00faan abiertas. Son las puertas de la vida, que dejan paso a una imperfecci\u00f3n perfecta. De la muerte sale vida, y de la vida un llanto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Clara naci\u00f3 con la p\u00farpura en lo labios, con un clamor \u00e1cido, los pu\u00f1os presionados, la intranquilidad de una hu\u00e9rfana defectuosa. Desconocedora de padre, grit\u00f3 por venganza a la muerte de su madre, desde el primer instante odi\u00f3 a Rom\u00e1n, a los hombres mansos y farsantes, crueles y esclavos del resentimiento.<\/p>\n<p>\u00a0***<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El geri\u00e1trico es dif\u00edcil, incluso para las mujeres como Matilde, tan resignadas y conformes, tan felices con la podredumbre. Ella supo nada m\u00e1s verlo que no se trataba de ning\u00fan triunfo, de ninguna victoria, que su vida tampoco significaba demasiado comparada con aquello. Ten\u00eda la fachada de una c\u00e1rcel, con las ventanas peque\u00f1as y los ladrillos grises, con escasez de vida y juventud.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La primera vez que aterriz\u00f3 en aquellos parajes desolados, su hija menor, Araceli, conduc\u00eda el coche de su marido. Era fea, hasta su madre lleg\u00f3 a reconocerlo delante suya, y odiosa. Ten\u00eda la nariz demasiado grande, los ojos demasiado separados, el cabello demasiado \u00e1spero y el car\u00e1cter demasiado paterno. Matilde hab\u00eda llegado a preguntarse si quer\u00eda a su hija, y jam\u00e1s lleg\u00f3 a contestarse, quiz\u00e1s por miedo de culpa o por impropiedad espiritual. Hasta su nombre era repugnancia para su madre. Por eso a veces la llamaba Celia, a veces la disfrazaba con los velos de las novias para ocultar el rostro, a veces la ignoraba para ahorrarse una n\u00e1usea, a veces llegaba a odiarse a s\u00ed misma por mala madre, por el odio injustificado. Pero las razones era inescrutables para una mujer como Matilde, conforme y resignada, llena de odio sosegado, que la engull\u00eda poco a poco, pero que la hizo fuerte a lo largo de los a\u00f1os, que err\u00f3 sus llagas y endureci\u00f3 la piel morena.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El odio la hizo octogenaria, m\u00e1s tarde alcanzar\u00eda los noventa con la rabia y la memoria intactas, pero siempre tranquilas, reposando en su vientre, oprimiendo la libertad femenina.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Araceli fue la cabecilla de la misi\u00f3n. Intent\u00f3 convencer a su sobrina Clara al principio, pero no dio resultado. Para nada, todo fue mucho mejor. Su madre apenas opuso resistencia, hasta lleg\u00f3 a agradecerlo. Qu\u00e9 tonta es Araceli, y fea, y odiosa. Porque sabe que su madre la odia y ella tambi\u00e9n corresponde el sentimiento. Porque sabe que su madre la teme, como temi\u00f3 siempre a su marido, y ahora es Araceli quien ejerce ese poder sobre ella. V\u00edctima del macho inhumano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Clara no la ha vuelto a ver desde aquel d\u00eda. Araceli conduc\u00eda, Matilde dorm\u00eda en el asiento del copiloto y Clara, detr\u00e1s, observaba el paisaje inerte. Prometi\u00f3 a su abuela que jam\u00e1s volver\u00eda por aquellos parajes, minti\u00f3, pero s\u00f3lo por una vez. Su abuela as\u00ed lo reclam\u00f3 desde el primer momento, porque ella amaba a su nieta, m\u00e1s que a nadie y que nunca. Y al contrario que a su hija, jam\u00e1s se lo comunic\u00f3. Nunca pronunci\u00f3 una palabra de afecto hacia ella, la observaba siempre en la c\u00faspide de una pir\u00e1mide dorada. Ella no se merec\u00eda la opacidad del geri\u00e1trico, ni siquiera su semblante torturado. Ella, Clara, la de los labios p\u00farpuras, era de la vida. Luch\u00f3 por ella con la ingravidez de la infancia y con los colores de un arco iris infame. Clara se merec\u00eda todo lo que ella nunca pudo darle, por eso, antes de su muerte, le otorg\u00f3 su \u00fanica posesi\u00f3n, la verdad.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Has matado a tu hija. &#8211; Silencio, l\u00e1grimas y un rencor lejano.<\/p>\n<p>Rom\u00e1n no habla. \u00bfVerg\u00fcenza o ignorancia?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfPrefer\u00edas morir t\u00fa? &#8211; Analfabetismo rancio y seco.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La fallecida yace en un colch\u00f3n empapado de sangre, la ni\u00f1a, a su lado, la mira con ojos grandes y despiertos. Es un beb\u00e9 que no tiene m\u00e1s de una hora de vida, sin embargo, abre los ojos queriendo poseer el recuerdo de una madre que jam\u00e1s volver\u00e1 a contemplar. Una madre que no ha podido arrollarla en los brazos durante las primeras bocanadas de ox\u00edgeno, una madre que ha muerto para salvarla, para entregarle el aire de sus pulmones y el ins\u00edpido sabor de una leche inexistente.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 S\u00ed, m\u00e1tame a m\u00ed, pero no toques m\u00e1s a las ni\u00f1as. No mates a Clara, no la toques, a ella no, es tu hija Rom\u00e1n, no mates a un beb\u00e9 inocente. &#8211; La primera bofetada no le doli\u00f3, la rabia consumi\u00f3 deprisa la chispa del golpe.<\/p>\n<p>La segunda bofetada estuvo acompa\u00f1ada de un empuj\u00f3n, pero Matilde no call\u00f3. Fue la primera y la \u00faltima vez de su vida que lleg\u00f3 a contestar a su marido.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No, Rom\u00e1n, esa ni\u00f1a debe vivir, por su madre, \u00a1 por tu doble delito! No te atrevas a tocarla, a Clara no, a ella no, ya tuviste suficiente con Ana. Ya violaste suficiente su cuerpo, era tu hija&#8230;hijo de puta, no mates de nuevo a una vida nacida de tu semilla.<\/p>\n<p>Dos semanas en cama le cost\u00f3 esa contestaci\u00f3n, con dolor en las costillas, con sangre en los labios, los ojos hinchados; pero con Clara en sus brazos, con la fortuna de poder otorgarle una guarida, con la felicidad de sus manitas intactas, su cuerpo claro y puro, fruto de un incesto ilegal, pero hermoso, bello, resplandeciente, distinto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0***<\/p>\n<p>En la calle San Eliseo se han cometido muchas violaciones, pues los hombres mansos abundan en las casas antiguas. Logran camuflarse entre las mujeres piadosas y permisivas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Rom\u00e1n viol\u00f3 a Ana, una joven casta\u00f1a de diecisiete a\u00f1os.\u00a0 Siempre utiliz\u00f3 un argumento a su favor: sus hijas eran sus posesiones, al igual que su mujer. Por ello, Clara, hija de su hija y de su propia sangre, se merec\u00eda su tortura.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Pero Matilde, aunque nunca lleg\u00f3 a la c\u00faspide del triunfo, aunque se resign\u00f3 muchas veces ante los pies de su marido, logr\u00f3 salvar a Clara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Clara, la ni\u00f1a incestuosa y perfecta, agradeci\u00f3 a su abuela el regalo de la verdad. No le reproch\u00f3 nada aquella noche de Marzo. Llor\u00f3 por su madre, por su abuela y por ella misma. Pero jam\u00e1s llorar\u00eda por su abuelo, ni por los hombres mansos, ni por la violencia de g\u00e9nero. Porque ella supo, desde la revelaci\u00f3n de Matilde, que con\u00a0 l\u00e1grimas no se deshace ninguna maldici\u00f3n. S\u00f3lo luchando, como su abuela nunca lo hizo, podr\u00eda alcanzarse la cumbre de la libertad femenina.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las mujeres como Matilde y Araceli son imperfecciones del pasado, son fruto de las malas hierbas, son recuerdos de hero\u00ednas cautelosas, que lloran pero no blanden la espada, son figuras moldeadas por machos iracundos. Clara es la imperfecci\u00f3n perfecta, con grietas en el ADN y quiz\u00e1s con un atrofiado recuerdo infantil, pero con la fuerza de los gladiadores en las manos, sin armas ni combates, s\u00f3lo con palabras y esp\u00edritus sanos. As\u00ed, lucha por su abuela, por su madre, incluso por su t\u00eda, por todas las mujeres del planeta, hasta por las m\u00e1s cobardes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por ellas, porque entre mujeres, las imperfecciones de los hombres resucitan perfectas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La mira desde el otro extremo del sal\u00f3n. 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