{"id":787,"date":"2010-05-29T01:27:51","date_gmt":"2010-05-28T23:27:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=787"},"modified":"2010-05-29T01:27:51","modified_gmt":"2010-05-28T23:27:51","slug":"216-arcon-de-odio-por-anny-zetto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=787","title":{"rendered":"216- Arc\u00f3n de odio. Por Anny Zetto"},"content":{"rendered":"<p>Para un tipo solitario y hura\u00f1o como \u00e9l, la fuerza de la costumbre hab\u00eda acabado por convertirse en rito, como si necesitara de la reiteraci\u00f3n de gestos y de horarios para sentirse arropado y seguro, cotidiano, a salvo en un mundo hostil hacia su persona y su desvencijado ego.<!--more-->\u00a0<\/p>\n<p>Hac\u00eda tiempo ya que cada d\u00eda de su cotidianidad era un perfecto clon del anterior, sin el menor resquicio de novedad o cambio, ni siquiera en lo m\u00e1s nimio. Cada acci\u00f3n la llevaba a cabo a su hora exacta, cada cosa emplazada en su lugar concreto, pautada, milim\u00e9tricamente. Esa pulcritud en el detalle, esa repetici\u00f3n de acciones, esa simetr\u00eda en la ubicaci\u00f3n de los objetos eran el \u00fanico y poderoso sost\u00e9n de su sosiego. Las toallas del ba\u00f1o perfectamente dobladas y estiradas en el toallero: a la izquierda la beige, a la derecha la blanca; la colonia y la espuma de afeitar con la marca del producto \u2013siempre el mismo- mir\u00e1ndole a los ojos, la una detr\u00e1s de la otra; el dent\u00edfrico y el cepillo dental, callados frente a frente en el ruedo del vaso, cabeza arriba, sobre la mustia\u00a0 soledad de la repisa; el despertador, digital, concienzudo y exacto en perversi\u00f3n de gui\u00f1o; la l\u00e1mpara impert\u00e9rrita; el <em>lifting<\/em> matutino e incruento al edred\u00f3n n\u00f3rdico; la meticulosidad kafkiana del desayuno; la salida a la calle, siempre con el pie derecho; tomar \u2013siempre como \u00faltimo pasajero- el autob\u00fas hacia el trabajo; leer los \u00e1rboles; recontar los sem\u00e1foros y, al caminar las calles, empezarse a preocupar por el maldito desorden s\u00f3nico y el bullicio gestual de lo asim\u00e9trico.\u00a0<\/p>\n<p>Hab\u00eda o\u00eddo decir, m\u00e1s de una vez, que tan reiterativas y met\u00f3dicas acciones terminaban por acomodarse en la antesala de un siqui\u00e1trico, abrochadas a la camisa de fuerza de una perversi\u00f3n psicopatol\u00f3gica.\u00a0<\/p>\n<p>Tonter\u00edas, \u2013pensaba Herm\u00f3genes- a esos insufribles te\u00f3ricos de la mente quisiera verlos \u00e9l reaccionar ante una experiencia de vida como la suya.\u00a0 La p\u00e9rdida tan temprana y tan profunda \u2013en la impericia m\u00e9dica de una simple apendicitis- de su a\u00f1orad\u00edsima madre, le despert\u00f3 de golpe a la inh\u00f3spita realidad de un mundo adulto, mientras le emborronaba el alma neonata a un ni\u00f1o de seis a\u00f1os. Porque su padre, a partir de entonces, hizo por \u00e9l lo que pudo o lo que supo, sin saber si supo o si pudo hacer m\u00e1s de lo que hizo. Hasta que el alcohol interpret\u00f3 en su nombre una mazurca oblicua de cipreses. Desde luego, lo que no supo nunca hacer aquel hombre -actor mediocre- fue interpretar, siquiera como figurante, el papel comprensivo de una madre.\u00a0<\/p>\n<p>El Seminario \u2013con trece a\u00f1os y un d\u00eda- trat\u00f3 de imbuirle en la doctrina de lo m\u00edstico, del creerse y crearse un m\u00e1s all\u00e1 que le aliviara un m\u00e1s ac\u00e1 destartalado; pero su dolor creci\u00f3 tan retorcido, que se lo guard\u00f3 todo intacto en un arc\u00f3n de odio secular, bajo una llave herida de silencios. El mismo arc\u00f3n que, por grande, cobij\u00f3 poco despu\u00e9s otras experiencias de t\u00farbida prosodia, como los insanos manoseos investidos de presunta candidez del hermano confesor \u2013tan ros\u00e1ceo como orondo- a solas y en atm\u00f3sfera inusual con aqu\u00e9lla parafernalia de cirios y de inciensos.<\/p>\n<p>\u00a0Lo de Marina, su ex novia, fue otro golpe bajo, aunque distinto. Una mala experiencia en el amor es susceptible de cegar a cualquier mortal que a sus labios de carm\u00edn se asome. A\u00fan as\u00ed enterarse, al cabo de unos pocos meses, de que su sensual Marina atend\u00eda no mucho antes por Mariano, factor de RENFE, le mantuvo por un tiempo al borde del precipicio de ese arc\u00f3n de rencores donde guardaba, sin aparente fecha de caducidad, las esquirlas atormentadas de los suicidios. All\u00ed se le aparecen y se le agolpan un mill\u00f3n de dudas todav\u00eda, susurr\u00e1ndole en las noches de insomnio.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0Demasiada adrenalina amarga y picuda hasta para un hu\u00e9rfano prematuro, ex seminarista, met\u00f3dico, bajo, calvo y de provincias, con vocaci\u00f3n tard\u00eda de ferroviario del siglo XXI.\u00a0<\/p>\n<p>Aquel arc\u00f3n \u2013de por s\u00ed grande- se le iba agrandando m\u00e1s y m\u00e1s a medida que crec\u00edan sus vivencias por esos mundos hostiles; y por mucho que aposentaba duelos y desgaires en aquel alma de conciencia oscura, segu\u00eda habiendo espacio todav\u00eda para m\u00e1s y m\u00e1s congoja.\u00a0<\/p>\n<p>Entrar, por oposici\u00f3n, en la Red Nacional de Ferrocarriles del Estado supuso para \u00e9l un apreciable alivio de luto, ya que al cabo de pocos a\u00f1os consigui\u00f3 por fin la ansiada plaza de maquinista. Y es que all\u00ed, la soledad de su cabina de mando, sin compa\u00f1eros chismosos y suspicaces, la reiteraci\u00f3n matem\u00e1tica de horarios y frecuencias, y el viaje a trav\u00e9s de un mundo f\u00e9rreo y unidireccional encauzado en ra\u00edles, le aportaba a su mente monorrima las dosis imprescindibles de tranquilidad y de sosiego.\u00a0<\/p>\n<p>Hasta que Celso, <em>el broker<\/em>, -\u00a1maldito hijo de mala p\u00e9cora!- se fug\u00f3 con sus ahorros en acciones preferentes al diez por ciento libre de impuestos, las suyas y las de otros tantos incautos como \u00e9l que, cegados por la avaricia, olvidaron la sabidur\u00eda popular del refranero, en lo relativo a duros y a reales. Eso, y las apreturas hipotecarias sobrevenidas por la falta de efectivo, le tra\u00edan acogotado y al borde del marasmo.\u00a0<\/p>\n<p>Nada \u2013pens\u00f3- nada ten\u00eda que agradecerle a este ingrato mundo de los vivos, mientras controlaba las riendas de un pura sangre de acero con nombre de p\u00e1jaro y tecnolog\u00eda punta, a doscientos cincuenta kil\u00f3metros por hora, trotando por la \u00e1rida Meseta, camino de Madrid.\u00a0<\/p>\n<p>Y siempre por culpa de seres tan mezquinos como aquellos viajeros que transportaba a su grupa, repanchingados en sus asientos de c\u00f3modo desd\u00e9n, entre los que pod\u00eda imaginarse \u2013seguro- a m\u00e9dicos de pulso err\u00e1tico, padres con manos firmes pero sin vocaci\u00f3n, sacerdotes con vocaci\u00f3n y manos firmes pero malditamente impuras, o Marianos ataviados de Marinas minti\u00e9ndole al coraz\u00f3n la verdad de su entrepierna. Todos leyendo \u00e1vidos la prensa, o presumiendo de m\u00f3viles, o dilapidando su tiempo en agendas personales y ordenadores port\u00e1tiles, tras un rictus inequ\u00edvoco de triunfadores al uso que les engre\u00eda y engolaba de auto ego, como a dioses de un Olimpo de papel social o de papel moneda, tan falsos como el mismo Celso, <em>el br\u00f3ker<\/em>.\u00a0<\/p>\n<p>-\u00a1Malditos imb\u00e9ciles!- rumi\u00f3 entre dientes, inyectados sus ojos en inquina, mientras aceleraba el tren con rabia hasta su m\u00e1s f\u00e9rreo galope.\u00a0<\/p>\n<p>La cercan\u00eda de la estaci\u00f3n de \u00c1vila le conmin\u00f3 en voz alta a decelerar la marcha, pero Herm\u00f3genes -por\u00a0 primera vez en su vida de estricta sumisi\u00f3n- se iba a atrever a desobedecer un mandato y a comulgar -tambi\u00e9n por vez primera- con el diablo vigoroso de la adrenalina del miedo.\u00a0<\/p>\n<p>La noticia en primera p\u00e1gina de<em> <\/em>\u201cEl Norte de Castilla\u201d aparec\u00eda obligadamente escueta y contundente: <em>\u201cAVE Valladolid \u2013 Madrid, choca violentamente con mercanc\u00edas detenido en estaci\u00f3n de \u00c1vila. Cuantiosas v\u00edctimas\u201d.<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Herm\u00f3genes volvi\u00f3 de pronto en s\u00ed, sobrecogido, opt\u00f3 por cerrar su peri\u00f3dico mental r\u00e1pidamente, abrir los ojos, palpar la realidad y apretar con firmeza la palanca del freno. La adrenalina pas\u00f3 a ser entonces relincho de alaz\u00e1n, por la inercia del frenazo, y un griter\u00edo de p\u00e1nico se desat\u00f3 en los vagones a sus espaldas, colmatando la atmosfera de insultos e improperios -hacia \u00e9l y sus progenitores- en un improvisado orfe\u00f3n de viajeros.\u00a0<\/p>\n<p>-\u00a1Pandilla de cobardes! <em>&#8211;<\/em>mascull\u00f3 Herm\u00f3genes- si os acabo de perdonar la vida. \u00bfY as\u00ed me lo agradec\u00e9is, imb\u00e9ciles?\u00a0<\/p>\n<p>Pero inmediatamente torn\u00f3 a lo suyo. A sufrir callado la histeria de su historia, a seguir atesorando silencios en ese arc\u00f3n obtuso, a alinear ideas, cepillos de dientes y toallas y \u2013en \u00faltimo t\u00e9rmino- a limpiar el polvo a su colecci\u00f3n callada de venganzas, que hac\u00eda tiempo ten\u00eda desatendida, con sitio tambi\u00e9n en aquel arc\u00f3n sin nombre, grande y silencioso, en el fondo intemporal de su trastero de alma.\u00a0<\/p>\n<p>Y es que \u00e9se minuto, esos escasos segundos de desobediencia consciente, de intromisi\u00f3n diab\u00f3lica, acababan de despertar en \u00e9l una extra\u00f1a querencia por volver a saborear los desfiladeros del miedo. Del suyo s\u00ed, pero tambi\u00e9n del de los otros, por una \u00fanica vez, pero sentando un peligroso precedente.\u00a0<\/p>\n<p>El inequ\u00edvoco sabor de la venganza, fr\u00edo, paciente, meditado, curvo, delicioso&#8230;\u00a0<\/p>\n<p>Y prorrumpi\u00f3 en una estruendosa carcajada, mientras aposentaba delicadamente el M-8R-V 527 en los andenes de Chamart\u00edn, ahora que ya sab\u00eda d\u00f3nde encontrar\u00a0 la llave inexistente con que abrir -para enmendar- aquel arc\u00f3n ficticio de perversidad con hielo.\u00a0<\/p>\n<p>-Tal vez ma\u00f1ana\u2026 \u00bfpor qu\u00e9 no? ma\u00f1ana, s\u00ed, ma\u00f1ana con el AVE de regreso a Valladolid\u2026 \u00a1ja ja ja ja ja!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para un tipo solitario y hura\u00f1o como \u00e9l, la fuerza de la costumbre hab\u00eda acabado por convertirse en rito, como si necesitara de la reiteraci\u00f3n de gestos y de horarios para sentirse arropado y seguro, cotidiano, a salvo en un mundo hostil hacia su persona y su desvencijado ego.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/787"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=787"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/787\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=787"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=787"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=787"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}