{"id":797,"date":"2010-05-29T19:19:07","date_gmt":"2010-05-29T17:19:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=797"},"modified":"2010-05-29T19:19:07","modified_gmt":"2010-05-29T17:19:07","slug":"220-el-borracho-y-los-pumas-por-p-numancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=797","title":{"rendered":"220- El borracho y los pumas. Por P. Numancia"},"content":{"rendered":"<p><em>La Vista<\/em>, poblaci\u00f3n sure\u00f1a en donde los d\u00edas corren sin demasiada importancia, sin \u00a0eventos que sacudan el tedioso avanzar del tiempo; <!--more-->peque\u00f1a villa no contemplada en la creaci\u00f3n divina que apenas tendr\u00e1 poco m\u00e1s de 40 caser\u00edos apretujados en medio de la nada, donde ninguna ruta la alcanza y sus habitantes parecen perdidos en el tiempo y en el espacio.<\/p>\n<p>El lugar contaba con un joven comisario; que dada su corta edad, su escasa madurez y su limitada inteligencia siempre buscaba robos, desapariciones o conflictos donde no los hab\u00eda. Ya nadie recordaba cuando hab\u00eda sido el \u00faltimo delito y ni hablar de alg\u00fan asesinato.\u00a0<\/p>\n<p>Pero el impetuoso comisario siempre intentaba encontrar algo fuera de lo normal, sus ansias de actuar lo llevaban a generar un despliegue policial tortuoso toda vez que alguien presentaba alguna queja hacia el lugare\u00f1o m\u00e1s ignorado, Don Teobaldo, que era el viejo y borracho vagabundo del lugar. El olvidado se\u00f1or dorm\u00eda en el p\u00f3rtico de una antigua y descuidada biblioteca ubicada en la entrada del pueblo, frente a la diminuta plaza fundacional, que por cierto, de interesante s\u00f3lo ten\u00eda dos estatuas con la forma de dos peque\u00f1os pumas. El resto del espacio verde era puro aburrimiento. El abandono, el viento y las lluvias colaboraron pacientemente para que alrededor de las figuras esculpidas s\u00f3lo permanezca en pie un gran \u00e1rbol donde, no pocas veces, los paisanos tomaban una relajada siesta escapando del calor.<\/p>\n<p>Pobre Teobaldo, resultaba curioso que sea v\u00edctima de los delirios policiales del comisario ya que apenas pod\u00eda estar de pie. Era un hombre que habitualmente s\u00f3lo iba desde la peque\u00f1a plaza al p\u00f3rtico devenido en cama. S\u00f3lo una vez al d\u00eda se dirig\u00eda quejosamente a mendigar un poco de comida -como para pasar el d\u00eda-\u00a0 y el vital l\u00edquido, claro, me refiero al whisky que le regalaba Do\u00f1a Lupina, una simp\u00e1tica dama que hab\u00eda encontrado la forma de deshacerse lentamente de las aparentes inagotables reservas alcoh\u00f3licas de su difunto esposo.\u00a0<\/p>\n<p>Justamente en torno a Teobaldo y a la placita, tuvo lugar una historia que marc\u00f3 a todos los habitantes de esta parte olvidada por el futuro de la humanidad.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, como cualquier otra, los hombres que salen de sus hogares y parten para el sembrad\u00edo antes de que canten los gallos, notaron perplejos que faltaban las peque\u00f1as estatuas de los pumitas. Estas obras, fundamentales en la identificaci\u00f3n del pueblo, se encontraban en el centro de la plazoleta. Estos monumentos eran de acero macizo, por lo tanto muy pesados; y recordaban una vieja f\u00e1bula relacionada a los pesares sufridos por los primeros pobladores con las matanzas que realizaban los pumas en sus criaderos. La cuesti\u00f3n es que gran confusi\u00f3n y revuelo se desat\u00f3, nadie lo pod\u00eda creer. Alguien hab\u00eda violado el orgullo de todos. R\u00e1pidamente se llen\u00f3 de gente el lugar, todos miraban asombrados el espacio vac\u00edo, no era posible que alguien se haya robado las estatuas que horas antes estaban a la vista de todos. Adem\u00e1s, para que querr\u00edan semejantes armatostes. Y para colmo, parec\u00eda que nadie hab\u00eda visto movimiento alguno.<\/p>\n<p>Como era de esperarse, no tard\u00f3 en llegar el impulsivo comisario, desde lo lejos ven\u00eda vociferando que \u00e9l les hab\u00eda advertido de la necesidad de vigilancia y de la existencia de delincuentes en la zona. Luego del memorable reto, se acord\u00f3 de preguntar que hab\u00eda ocurrido. Una vez anoticiado dedic\u00f3 un exhaustivo y minucioso an\u00e1lisis de la zona ante la atenta mirada de la mayor\u00eda de los pobladores que murmuraban asombrados por todo lo sucedido. Finalmente, el joven uniformado se detuvo frente a todos y sentenci\u00f3: \u201cNo hay huellas en el barro, ni signos de violencia en los pedestales\u201d; tras lo cual se march\u00f3 dejando en silencio a los pobladores.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, el anciano, vitalicio, y a esta altura casi sabio jefe comunal, convoc\u00f3 a una asamblea vecinal para tratar la situaci\u00f3n; y porque el representante de las fuerzas de seguridad se lo hab\u00eda solicitado insistentemente con el argumento de que deb\u00eda recaudar informaci\u00f3n que le fuera \u00fatil. Todos estaban presentes y discut\u00edan. Pero nadie hab\u00eda visto nada, ni siquiera escuchado. Esto preocupaba ya que la sustracci\u00f3n y el traslado de dos estatuas de acero deb\u00edan haber provocado alg\u00fan ruido.<\/p>\n<p>A pesar de todo, el joven comisario estaba exaltado, por fin un caso; comenz\u00f3 a interrogar uno a uno a todos los presentes; hasta que le lleg\u00f3 el turno al viejo Teobaldo. Quien sorprendi\u00f3 a todos relatando que \u00e9l se encontraba durmiendo, como es su costumbre, frente a la plaza y que tras un leve ruido se despert\u00f3. Y al hacerlo, observ\u00f3 una camioneta que ingresaba al espacio verde rumbeando para las estatuas. Pero no recordaba nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Carcajadas burlonas dieron cuenta del descreimiento que tron\u00f3 en todo el sal\u00f3n, claro, esa noche hab\u00eda llovido y cuando todos se hab\u00edan acercado al lugar de los hechos no vieron ni una sola huella de neum\u00e1tico, cuando lo l\u00f3gico hubiera sido que en el barro formado por la tormenta se distingan las huellas de cualquier veh\u00edculo que hubiera pasado por all\u00ed.<\/p>\n<p>Pero el comisario, a quien alguien le hab\u00eda ense\u00f1ado que todo puede ser,\u00a0 tom\u00f3 nota y pens\u00f3 que tal vez en esta oportunidad el ebrio no se equivocaba, adem\u00e1s hab\u00eda un detalle que su escasa intelectualidad no hab\u00eda \u2013sorprendentemente- dejado pasar: Don Teobaldo dijo que un \u201cleve\u201d ruido lo despert\u00f3 cuando normalmente, y debido a la abusiva ingesta de alcohol, hab\u00eda que molerlo a palos para que despierte, literalmente.<\/p>\n<p>Los d\u00edas pasaron y las respuestas no llegaron. Y la gente comenz\u00f3 a inquietarse. Sobre todo surgieron dudas sobre la aptitud del representante del orden. Como si todo esto fuera poco, una anciana due\u00f1a de un almac\u00e9n complic\u00f3 aun m\u00e1s la situaci\u00f3n desparramando entre los vecinos que visitaban su negocio, una historia que se extendi\u00f3 a todos los habitantes. Dicha f\u00e1bula produjo un efecto de terror en los pobladores que la creyeron al pie de la letra, manteni\u00e9ndolos asustados por las noches. La historia dec\u00eda que anta\u00f1o, cuando los primeros pobladores luchaban contra la voracidad de los pumas, y en momentos en que ya hab\u00edan aniquilado a la mayor\u00eda, quedaba uno especialmente feroz. Una hembra que hab\u00eda hecho estragos. Los campesinos, ya hartos de sus matanzas, decidieron salir a cazarla. Recorrieron en masa y con ardientes antorchas noches enteras en su b\u00fasqueda, y cuando por fin lograron darle alcance la mataron sin contemplaciones, casi con crueldad. Al hacerlo, descubrieron que la felina ten\u00eda dos cr\u00edas a su cuidado. Circunstancia que motiv\u00f3 continuar descargando la furia y los cartuchos de los enardecidos campesinos devenidos en despiadados cazadores, eliminando as\u00ed la amenaza animal. La do\u00f1a, en su relato, sosten\u00eda que esas estatuas representaban a esos peque\u00f1os cachorros, y que hab\u00edan desaparecido porque su madre los hab\u00eda venido a buscar; para as\u00ed vengarse juntos de los humanos.<\/p>\n<p>La historia se hizo eco cada d\u00eda m\u00e1s, y los valientes ya pr\u00e1cticamente no sal\u00edan de sus hogares. A todo esto, el defensor de la ley y el orden se encontraba excitado con la situaci\u00f3n presentada. Aunque al cabo de un corto mes, la adrenalina del joven polic\u00eda se transform\u00f3 en una enorme frustraci\u00f3n, y\u00a0 poco a poco comenz\u00f3 a ser objeto de despiadadas cr\u00edticas de los m\u00e1s ancianos, que ve\u00edan en \u00e9l, a un joven inexperto y falto de ideas. D\u00eda\u00a0 a d\u00eda el investigador se sum\u00eda en la cruel impotencia. En forma insistente su mente lo llevaba a Teobaldo. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de mencionar un veh\u00edculo si era obvio que nada hab\u00eda ingresado al terreno? Esto le robaba el sue\u00f1o por las noches.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, tras la cotidiana taza de caf\u00e9 en la taberna del pueblo, decidi\u00f3 visitar a su abuelo. El padre de su padre que viv\u00eda a unos cuantos kil\u00f3metros al norte; en otra peque\u00f1a poblaci\u00f3n que hac\u00eda de punto de conexi\u00f3n de toda la zona, con lo poco de modernidad que tra\u00eda la escasamente transitada ruta que abrazaba a esta otra comunidad.<\/p>\n<p>Cuando emprendi\u00f3 el polvoriento recorrido se sumergi\u00f3 en sus pensamientos rogando que \u00e9stos le traigan alguna pista, alguna que haya pasado por alto. Que lo llevara si quiera a imaginar el porqu\u00e9 de los hechos. Si, tal vez logre despejar la mente, pens\u00f3. Su abuelo era un hombre ya mayor, alejado de <em>La Vista<\/em> debido a sus constantes exabruptos hacia el jefe comunal, y a decir verdad, enemistado con la mayor\u00eda de las personas con influencia de aquella zona.<\/p>\n<p>Tras una charla trivial su abuelo volvi\u00f3 a tocar el tema de todas las veces. Los habitantes de La Vista y sus debilidades morales. Comenz\u00f3 a disparar munici\u00f3n gruesa hacia todos, contando historias que iban desde miserias familiares, hasta intereses pol\u00edticos.<\/p>\n<p>De pronto, una idea golpe\u00f3 la cabeza del comisario, se levant\u00f3 y parti\u00f3 raudamente. El coraz\u00f3n le golpeaba el pecho con fuerza, sent\u00eda la emoci\u00f3n del triunfo y ansiaba ver las caras de todos al anunciar la resoluci\u00f3n del caso de la centuria. Estaba convencido, se sent\u00eda tonto al no haberlo advertido antes, ahora lo ve\u00eda todo muy claro.\u00a0 Recorri\u00f3 la distancia velozmente y, ya en el poblado, reuni\u00f3 a todos en un santiam\u00e9n golpeando puerta por puerta.<\/p>\n<p>Una vez que contaba con una importante audiencia, se par\u00f3 frente a todos con un aire de solemnidad inusual, disfrut\u00f3 del momento, y lo anunci\u00f3: \u00a1Don Teobaldo es el culpable! Exclam\u00f3 extasiado.<\/p>\n<p>Nadie daba cr\u00e9dito a lo que escuchaban, el lugar se llen\u00f3 de escandalosos murmullos cada vez menos disimulados. Vamos en busca de \u00e9l y les mostrar\u00e9, dijo con un maravilloso tono de superioridad.<\/p>\n<p>Y hac\u00eda all\u00ed parti\u00f3 la pueblada extra\u00f1ada. Una vez en el cobertizo-casa de Teobaldo, encontraron una vieja pala llena de barro, un par de botas, y algunas sogas. Y ante la at\u00f3nita mirada de Teobaldo y del gent\u00edo, el triunfante lector de las aventuras de Sherlock Holmes cruz\u00f3 la calle y camin\u00f3 pesadamente hacia la plaza, como sopesando cada paso que daba. Obviamente disfrutando a pleno del momento. Al llegar al vac\u00edo lugar, otrora morada del monumento, comenz\u00f3 a cavar. Y cav\u00f3 durante un breve lapso, ya que a los pocos minutos se not\u00f3 sobresaliente el metal con la forma de las peque\u00f1os cr\u00edas inmortalizadas.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo? Fue la pregunta. \u00bfPor qu\u00e9? El interrogante. Mientras todos buscaban respuestas en los rostros de quienes estaban a su lado, el viejo y olvidado borracho habl\u00f3. Todos escucharon atentamente, el viejo no ten\u00eda la voz dubitativa que impregna alcohol, ni le temblaban las manos. Mirando a todos con una profunda amargura evoc\u00f3 su juventud y sus aspiraciones truncas de convertirse en el l\u00edder de la comuna. Record\u00f3 que en aquella pelea sucia por el poder, donde el alma es corrompida por las ambiciones personales, lo acusaron injustamente de actos il\u00edcitos que se perpetraron en zonas aleda\u00f1as, y que aparentemente tuvieron lugar en su adolescencia. Cosa que realmente nunca sucedi\u00f3. Esto fue lo suficientemente letal como para arruinar su reputaci\u00f3n y su carrera pol\u00edtica. Narr\u00f3 pausadamente, como reviviendo cada minuto de aquella \u00e9poca, los sinsabores de la impotencia para revertir lo que su sociedad ya hab\u00eda juzgado y sentenciado. Por m\u00e1s que intentara demostrar su inocencia el da\u00f1o estaba hecho, hab\u00eda sido condenado; todos lo abandonaron en el descreimiento. Incluso su esposa hab\u00eda huido en medio de la noche sin destino conocido, dejando al hombre sin ver crecer a sus hijos.<\/p>\n<p>En medio de todo, rememor\u00f3 tambi\u00e9n que el abuelo de quien es hoy el comisario fue unos de los pocos que crey\u00f3 en \u00e9l. Contando aun hoy a quien quiera o\u00edr, la verdadera historia, relato manchado de fines pol\u00edticos y con un final te\u00f1ido por las ansias, no ahogadas en el vicio, de vengarse de toda una poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La masa, aun aturdida y conmovida por un extra\u00f1o y sentimiento de culpa general,\u00a0 march\u00f3 silenciosamente hacia sus hogares. S\u00ed, nadie olvidar\u00eda aquel d\u00eda. Especialmente el joven comisario; que ya no tendr\u00eda deseos de perseguir delitos, ni sent\u00eda \u00e1nimos de cruzarse con fantasmas y miserias del pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Vista, poblaci\u00f3n sure\u00f1a en donde los d\u00edas corren sin demasiada importancia, sin \u00a0eventos que sacudan el tedioso avanzar del tiempo;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/797"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=797"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/797\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=797"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=797"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=797"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}