{"id":800,"date":"2010-05-29T19:22:46","date_gmt":"2010-05-29T17:22:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=800"},"modified":"2010-05-29T19:22:46","modified_gmt":"2010-05-29T17:22:46","slug":"221-las-cenizas-del-jarron-por-romulo-danetti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=800","title":{"rendered":"221-Las cenizas del jarr\u00f3n. Por R\u00f3mulo Danetti"},"content":{"rendered":"<p>El jarr\u00f3n se meci\u00f3 por tres segundos antes de fracturarse en millares de pedazos al azotarse contra el piso. Junto a sus trozos esparcidos por el suelo,<!--more-->\u00a0se mezclaban los restos cenicientos de una mujer fallecida hace m\u00e1s de dos d\u00e9cadas, a\u00fan cuando el muchacho que vio &#8211;\u00a0 y lament\u00f3 la ca\u00edda- no era m\u00e1s que un ni\u00f1o de pecho. Y todo por culpa de una despreciable paloma que, envalentonada por el fest\u00edn que constitu\u00edan las migajas de un desayuno sobre la mesa, hab\u00eda osado a invadir la aparentemente vac\u00eda morada humana. Para suerte del sucio plum\u00edfero, la ira del joven no aflor\u00f3 en \u00e9l hasta que vio como su accidentado aleteo pudo encontrar una fuga salvadora en el agujero de la ventana. Mientras el ave se alejaba suspendida en el aire, como burl\u00e1ndose del hombre, el arrebato m\u00e1s exacerbado se apoderaba de \u00e9ste, al ver como un polvo gris llamado abuela yac\u00eda irremediablemente derramado sobre el opaco suelo de madera. Los rojos ojos del muchacho se hincharon y sobre sus p\u00e1rpados se pos\u00f3 una tensi\u00f3n extrema conteniendo a duras penas el brote de una l\u00e1grima; sus fauces se abrieron furiosamente, maldiciendo a la paloma atrevida y a toda su parentela, desde su madre hasta su lejana prima estandarte de la paz. Al cabo de unos minutos de histeria un balde de hielo detuvo sus imprecaciones y lo introdujo a una angustiante calma semejante al cr\u00edptico silencio que anida en los camposantos al caer la noche. De un cementerio, precisamente, ven\u00edan sus padres. De un funeral en una ciudad remot\u00edsima, que marcaba los l\u00edmites m\u00e1s australes de la Rep\u00fablica. La pena seguramente los embargar\u00eda por un par de semanas m\u00e1s, afect\u00e1ndolo a \u00e9l tambi\u00e9n, y aunque el fallecido le fuera ajeno, su partida de este mundo \u2013 el \u00fanico que \u00e9l conceb\u00eda- dejar\u00eda su estela f\u00fanebre en los rostros y muros de su casa por al menos un par de semanas. La mano diestra del joven tom\u00f3 un pu\u00f1ado de cenizas y lo apret\u00f3 tenazmente tratando de impregnarla en su piel. Pero el consuelo no se hallaba en tratar de sujetar mediante el contacto de las cenizas los escasos recuerdos que cre\u00eda tener de su abuela sino en alivianar y secar lo m\u00e1s r\u00e1pido posible los pesados ojos h\u00famedos de su madre. Seg\u00fan lo estipulado el avi\u00f3n aterrizar\u00eda en dos horas en la ciudad, lo que le permitir\u00eda tener unas tres horas a lo sumo como marco de acci\u00f3n. De su abuela no sab\u00eda mucho, mas si sab\u00eda que el jarr\u00f3n no era un ejemplar de porcelana de la dinast\u00eda Ming y que alguna vez su padre se sinti\u00f3 estafado al comprarlo, previo examen de vitrina,\u00a0 en alg\u00fan centro comercial. \u201cEs exactamente el mismo jarr\u00f3n que compr\u00e9 hace dos d\u00e9cadas\u2026 pero ahora los caraduras lo venden como baratija\u201d, hab\u00eda dicho su padre en tono airado durante alguna cena mientras sorb\u00eda una cazuela de pollo. S\u00fabitamente sus manos comenzaron a temblar en se\u00f1al de que soslayando sus nervios exist\u00eda soluci\u00f3n; un ocultamiento, una mentira, una falta a la verdad pero sin duda alguna un sedante para el hondo pesar de sus padres. Con pulso tembloroso se acerc\u00f3 raudamente al refrigerador, cogi\u00f3 tres hielos y los deposit\u00f3 en un vaso chato. Luego sali\u00f3 de la cocina y volvi\u00f3 a cruzar su umbral con una botella de whisky en la mano; la abri\u00f3 con un movimiento\u00a0 parsimonioso\u00a0 y cont\u00f3 hasta tres mentalmente\u2026 todo de un sorbo. Despu\u00e9s de la primera y \u00fanica arcada sinti\u00f3 un fuego rasp\u00e1ndole la garganta y quemando en tan s\u00f3lo segundos el temporal mal de parkinson que lo aquejaba. De un oscuro rinc\u00f3n del cuartucho de las herramientas sustrajo una brocha y con ella y la ayuda de una peque\u00f1a pala deposit\u00f3 a su abuela hecha polvo en un plato de greda. Enseguida tom\u00f3 el trozo m\u00e1s grande del jarr\u00f3n y la tapa que milagrosamente hab\u00eda resultado indemne a la tragedia. Los dem\u00e1s trozos inservibles fueron a dar al tacho del vecino. Ahora s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de ir a alg\u00fan centro comercial que albergara a las gemelas de la cer\u00e1mica destruida. Al mismo tiempo en que corr\u00eda con todas sus fuerzas fue descartando las tiendas m\u00e1s lejanas e improbables de haber sido visitadas por su padre; su respiraci\u00f3n se aceleraba y la sangre aumentaba su caudal a medida que se acercaba a la arteria principal en donde se situaba el paradero indicado. S\u00f3lo faltaban dos cuadras cuando un redondo goter\u00f3n toc\u00f3 resbaladizamente su sien izquierda. Dobl\u00f3 en la esquina y de pronto rugi\u00f3 estent\u00f3reamente el cielo, las nubes se deshicieron en agua faltando una cuadra para la parada del bus; el veh\u00edculo estaba frenando, el muchacho corri\u00f3 desesperado cual bisonte escapando del le\u00f3n y, empapado hasta los huesos, fue el \u00faltimo pasajero en subirse a <em>la micro<a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/wp-admin\/post-new.php#_ftn1\"><strong>[1]<\/strong><\/a><\/em>. \u201cS\u00ed, &#8211; dijo para sus adentros- o es al que voy o no es ninguno\u201d. Con la adrenalina a\u00fan movi\u00e9ndole los pies, el viaje de media hora no fue m\u00e1s que un parpadeo. Frente a \u00e9l se situaba el colosal centro del comercio que le permitir\u00eda obviar un sufrimiento, peque\u00f1o opinar\u00eda un tercero, pero totalmente de sobra para sus padres. Las puertas autom\u00e1ticas le abrieron el paso y su mirada dej\u00f3 escapar un brillo fugaz al divisar la tienda de baratijas para el hogar y su luminoso letrero distintivo. Entr\u00f3 a la tienda; era Al\u00ed Bab\u00e1 cruzando el umbral de la cueva de los cuarenta ladrones. Camino \u00e1gil al pasillo de las cer\u00e1micas y al llegar ah\u00ed un grumo amargo de saliva baj\u00f3 por su tr\u00e1quea. Sobre un estante vacio colgaba un aviso de oferta: <em>Jarrones Chinos, \u00a1\u00daltima piezas! \u00a1\u00a1 A s\u00f3lo 2990!! <\/em>Extremadamente asustado, y con un incipiente sudor fr\u00edo agu\u00e1ndole la espalda, pregunt\u00f3 a un esmirriado vendedor si es que quedaban m\u00e1s jarrones en la bodega. El vendedor, confuso al o\u00edr la voz quebrada del muchacho, le indic\u00f3 que se acababan de llevar el \u00faltimo y que no llegar\u00edan m\u00e1s dentro de una semana. Los m\u00fasculos del joven se cristalizaron y crey\u00f3 sentir que un martillazo le hund\u00eda la frente, penetrando el g\u00e9lido metal hasta el centro de su viscoso cerebro. El nervioso vendedor, boquiabierto y propietario un rostro que prend\u00eda una imb\u00e9cil expresi\u00f3n, opt\u00f3 por escabullirse velozmente de tan extra\u00f1o cliente. Pasaba la gente, pasaba como un ganado descarriado frente a la desaz\u00f3n del muchacho. Sentado en una banca vac\u00eda ve\u00eda como una verdad inveros\u00edmil da\u00f1ar\u00eda el coraz\u00f3n de su madre sufriente. Tristeza, m\u00e1s dolor porque s\u00ed, porque s\u00ed, porque la cabrona paloma hab\u00eda invadido su casa con su da\u00f1ino aletear miedoso. Decidi\u00f3 volver a ella; al menos estar\u00eda presente cuando sus padres arribasen y vieran como las cenizas de su abuela estaban colmando un plato para el pastel de choclo. Pero de s\u00fabito algo capt\u00f3 la mirada afligida del muchacho. Por lo menos algo de risa ten\u00eda que tener su amarga jornada; al menos una sonrisa le ofrec\u00eda este d\u00eda al poner a su alcance la caminata de una vieja rid\u00edcula, ataviada de un corto y juvenil vestido rosado, que llevaba un chiguagua en uno de sus brazos. Para mayor jocosidad, sus patas largas le hac\u00edan ver como una garza senil reci\u00e9n fugada del zool\u00f3gico que trataba de adquirir forma humana y confundirse en medio de la afluencia multitudinaria. Ri\u00f3 a boca suelta al ver metamorfosis tan graciosa, captando la atenci\u00f3n de la gente con su carcajada solitaria. La vieja extravagante tambi\u00e9n se volte\u00f3 y el muchacho pudo ver c\u00f3mo del brazo libre de la cadena del perro colgaba una bolsa que trasluc\u00eda \u00a1La tapa de un jarr\u00f3n!\u2026 Jubiloso brinc\u00f3 desde el banco hacia la anciana estramb\u00f3tica, rog\u00e1ndole una venta del jarr\u00f3n. \u201cPero, por qu\u00e9 lo quiere tanto, mijito\u201d, inquiri\u00f3 la mujer, produciendo como reacci\u00f3n que el joven le contase la pura y santa verdad con lujo y detalles. \u201cEs tuyo, mijito, ni me lo pagues \u2013 su voz gargajeo levemente-\u2026 Lo necesitas m\u00e1s que yo. Para que tu abuela siga descansando en paz\u201d. Sin dudarlo el joven tom\u00f3 el jarr\u00f3n y lo aferr\u00f3 como una madre aferra al hijo que acaba de salir de su vientre. La vieja se despidi\u00f3 cort\u00e9smente, le habl\u00f3 a su inm\u00f3vil perro ratonil, y dio media vuelta encamin\u00e1ndose a su casa con la conciencia tranquila, pues, ya hab\u00eda hecho su buena acci\u00f3n del d\u00eda. El joven, feliz y aliviado, observ\u00f3 c\u00f3mo se alejaba su peculiar salvadora y se dispuso a volver al hogar siempre bien agarrado a su jarr\u00f3n chino. El retorno fue sereno; le sobrar\u00eda una media hora, incluso, una vez que llenase el jarr\u00f3n de cenizas mortuorias. Al llegar a la esquina de su casa se content\u00f3 al divisar un sol encumbrado en lo m\u00e1s alto del firmamento que disipaba cualquier indicio de borrasca. Avanz\u00f3 a tranco firme y seguro, introdujo la llave en la cerradura y abri\u00f3 la puerta. Un olor a vainilla le suscit\u00f3 una breve extra\u00f1ez. Cerr\u00f3 la puerta y se dirigi\u00f3 a la cocina para arribar a su umbral y ver c\u00f3mo su madre y padre yac\u00edan sentados en la mesa, rodeando las cenizas de su abuela. El jarr\u00f3n se solt\u00f3 de sus manos quebr\u00e1ndose en mil pedazos contra el inclemente piso de baldosas. Un silencio vici\u00f3 el aire. Tras un prolongado velo de mutismo, el gesto de su padre dej\u00f3 a un lado la severidad y su rostro esboz\u00f3 una sonrisa lastimera. \u201cHijo, ahora que est\u00e1s grande puedes saber algunas cosas\u201d, afirm\u00f3 en l\u00e1nguido tono paternal; su madre solloz\u00f3 livianamente, pero fue un sollozo m\u00ednimo, casi tan ingr\u00e1vido que la \u00fanica l\u00e1grima se evapor\u00f3 antes de reventar contra el piso. El muchacho estaba flotando, su inquietud se sosten\u00eda en una tabla en medio de un vehemente mar de dudas. Continu\u00f3 el padre, \u201cHijo, no venimos de un entierro com\u00fan. Fuimos a un reconocimiento de osamentas. No encontramos a tu abuela, pero se nos inform\u00f3 que su paradero final es casi seguro. Un teniente confes\u00f3\u201d. El mar tormentoso de dudas arreciaba su oleaje y la corriente golpeaba con fuerza su rostro pantanoso. Su madre suspiraba entrecortadamente; a pesar de sus ojeras parec\u00eda atravesarla una sensaci\u00f3n de alivio. Luego de un corto silencio, ella tom\u00f3 la palabra: \u201cNo quisimos decirte, no quer\u00edamos que el odio penetrara en tu cuerpo inocente, llen\u00e1ndolo de agria cicuta. En realidad jam\u00e1s perdonar\u00e9 a los asesinos de mi madre, mas el dolor que sent\u00eda no se va a acabar si mato a esos cerdos. Todav\u00eda queda mucho\u2026 por hacer en los tribunales\u2026 \u2013 su madre segu\u00eda hablando apagadamente y brotaban l\u00e1grimas fugitivas de su testimonio-\u00a0 pero finalmente, hijo, y eso es un alivio gigante, una certeza terrible pero infinitamente mejor que una incertidumbre igual de siniestra; finalmente sabremos a d\u00f3nde podemos arrojar nuestro dolor. Es casi seguro. Ya no tendr\u00e9 que desparramar claveles en monumentos; ahora plantar\u00e9 una flor y la regar\u00e9 con una l\u00e1grima postrera.\u201d Con dichas palabras su madre finaliz\u00f3 su discurso, sec\u00f3 con un pa\u00f1uelo la \u00fanica gota restante de dolor y se puso de pie. Su padre y \u00e9l acudieron a ella y se fundieron en un largo abrazo. El oc\u00e9ano de dudas segu\u00eda ah\u00ed pero la tormenta se deslizaba hacia puertos remotos. Quedaba mucho por hablar. De rond\u00f3n, el \u00faltimo cabo de la tormenta toc\u00f3 su cabeza, generando una pregunta obvia: \u00bfY de qui\u00e9n son esas cenizas, pap\u00e1? Su madre sonri\u00f3 en triste adem\u00e1n y adelant\u00e1ndose a la r\u00e9plica del padre, respondi\u00f3: \u201cSon cenizas de tabaco&#8230;\u201d.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<hr size=\"1\" \/><a href=\"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/wp-admin\/post-new.php#_ftnref1\">[1]<\/a> Forma de referirse al bus en Chile.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El jarr\u00f3n se meci\u00f3 por tres segundos antes de fracturarse en millares de pedazos al azotarse contra el piso. Junto a sus trozos esparcidos por el suelo,<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/800"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=800"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/800\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=800"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=800"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=800"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}