{"id":830,"date":"2010-05-30T22:56:10","date_gmt":"2010-05-30T20:56:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=830"},"modified":"2010-05-30T22:56:10","modified_gmt":"2010-05-30T20:56:10","slug":"230-el-hombre-enamorado-por-saraiba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=830","title":{"rendered":"230- El hombre enamorado. Por Saraiba"},"content":{"rendered":"<p>Recuerdo que no sent\u00eda envidia cuando me hablaba de su novia. A las mujeres no nos suele gustar que alaben a otras en nuestra presencia. <!--more-->Quiz\u00e1 no me importaba porque, aunque Iv\u00e1n ten\u00eda los mismos a\u00f1os que yo, lo hab\u00eda acogido desde su llegada a la oficina como a un hermano. Al contrario, escuchaba todos aquellos halagos con una sonrisa en los labios, mientras me recreaba en mi propia felicidad. Recuerdo que hace exactamente ocho a\u00f1os de esto, y lo s\u00e9 porque son los mismos que cumplir\u00e1 mi hija peque\u00f1a en agosto. Por aquel entonces mi m\u00e9dico me hab\u00eda confirmado que el beb\u00e9 que esperaba ser\u00eda ni\u00f1a, \u201cc\u00f3mprale los pendientes\u201d me recomend\u00f3 entusiasmada la enfermera, y yo me pasaba el d\u00eda entero en un ensue\u00f1o pensando en vestiditos rosa y lazos para el pelo de mi princesa.<\/p>\n<p>Martina, la novia de Iv\u00e1n, era lo m\u00e1s parecido a la mujer perfecta. Licenciada en Derecho, premio extraordinario de fin de carrera, doctorada summa cum laude; a\u00fan no hab\u00eda cumplido los treinta a\u00f1os y ya era Juez, muy competente seg\u00fan sus propios compa\u00f1eros y con una carrera por delante de lo m\u00e1s prometedora. Recuerdo que era bajita y rubia natural. Mona \u2014no la belleza que mi compa\u00f1ero de trabajo cre\u00eda\u2014, pero s\u00ed de rasgos dulces y agradables a la vista. Seg\u00fan Iv\u00e1n, ten\u00eda adem\u00e1s un gusto perfecto, tanto para la ropa como para los complementos.\u00a0 Era la pareja mejor avenida del mundo y, aunque viv\u00edan en ciudades diferentes por causa de sus trabajos respectivos, aprovechaban los fines de semana para no separarse ni un segundo; convertidos en aut\u00e9nticos siameses, compart\u00edan los mismos gustos en cine, teatro, m\u00fasica, y en general en todo lo que fuese cultura y ocio.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 las cosas empezaron a cambiar cuando en nuestra oficina hubo un importante recorte de personal. Como Iv\u00e1n hab\u00eda sido el \u00faltimo en llegar, fue entonces el primero en irse. Lo sent\u00ed mucho, le hab\u00eda cogido aprecio en los apenas dos a\u00f1os que pasamos juntos; pero \u00e9l, con su incorregible optimismo, me anunci\u00f3 que esta era su oportunidad, que se iba a vivir con Martina y que seguro encontrar\u00eda un buen trabajo en su ciudad.<\/p>\n<p>Durante meses perdimos el contacto, hasta que en Navidad se acerc\u00f3 a la oficina a felicitarnos las fiestas a los compa\u00f1eros. En un aparte, me coment\u00f3 que se sent\u00eda feliz, que las cosas con Martina iban de f\u00e1bula y que ni siquiera los problemas que le daba \u00faltimamente su diabetes lograban apagar su optimismo. Trabajaba de camarero, parece ser que lo que sobraban en la ciudad eran graduados sociales; tampoco de eso se quejaba; Iv\u00e1n no ve\u00eda el vaso medio lleno, para \u00e9l siempre estaba a rebosar.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 otro a\u00f1o en el que no tuvimos apenas oportunidad de hablar, y de nuevo llegaron las fiestas y la visita de Iv\u00e1n. Esta vez supe que algo hab\u00eda ocurrido. Su sonrisa, siempre tan franca, se notaba apagada, sus hombros ligeramente hundidos. Aprovech\u00f3 la hora del caf\u00e9 para quedarse a solas conmigo y desahogarse. Martina lo hab\u00eda abandonado. Apenas unos d\u00edas antes le pidi\u00f3 que hiciera las maletas y se fuese del piso.<\/p>\n<p>\u2013Fue a una despedida de soltera de una amiga \u2013me cont\u00f3, sus ojos azules oscurecidos por las ojeras\u2013. All\u00ed conoci\u00f3 a un t\u00edo, muy alto, muy guapo, con mucha pasta, con un cochazo. \u00a1Yo qu\u00e9 s\u00e9! El caso es que el muy cabr\u00f3n le ha llenado la cabeza de p\u00e1jaros, y ahora ella dice que necesita tiempo, que tiene que replantearse las cosas.<\/p>\n<p>Me dijo muchas m\u00e1s cosas aquella ma\u00f1ana, cosas que nunca he repetido a nadie. Lo que se hab\u00edan dicho, lo que \u00e9l la hab\u00eda llamado, palabras impensables en la boca de la persona m\u00e1s amable, m\u00e1s dulce que nunca he conocido. Tambi\u00e9n hubo mucho que no dijo, pero que supe leer entre l\u00edneas. Que a Martina comenzaba a sub\u00edrsele el \u00e9xito profesional a la cabeza; que ya no se sent\u00eda a gusto con un novio, un simple diplomado en graduado social, y encima trabajaba de camarero. Adem\u00e1s estaba lo de su enfermedad, la posibilidad de que sus hijos, si es que los pudieran tener, la heredasen. Eran muchos factores en contra, los dos lo sab\u00edamos y a su favor s\u00f3lo contaba su grand\u00edsimo coraz\u00f3n, rendido a sus pies, un coraz\u00f3n que Martina no hab\u00eda tenido pudor alguno en pisotear con sus elegantes zapatos de piel.<\/p>\n<p>Le llev\u00f3 casi dos a\u00f1os recomponer los pedazos de aquel \u00f3rgano destrozado. El pegamento se llamaba Bego\u00f1a. El d\u00eda que lleg\u00f3 con ella a la oficina, para present\u00e1rmela, cruc\u00e9 los dedos rezando para que no fuera un calco de la otra. Si se hab\u00eda buscado una sustituta, alguien que se la recordase y que cubriese el vac\u00edo que Martina dej\u00f3 en su vida, tem\u00eda no poder disimular mi decepci\u00f3n. Por suerte no fue as\u00ed.<\/p>\n<p>Bego\u00f1a era una chica alta, de larga melena morena y curvas generosas; algo t\u00edmida y muy risue\u00f1a; no es que me cayera fenomenal al principio, pero viendo la sonrisa de adoraci\u00f3n con la que Iv\u00e1n la contemplaba, el recelo se me pas\u00f3 al momento. Se hab\u00edan conocido en el nuevo trabajo de mi antiguo compa\u00f1ero, en una asesor\u00eda fiscal, donde compart\u00edan labores y miradas c\u00f3mplices. No hab\u00eda sido un flechazo \u2014mejor, pens\u00e9\u2014 sino un sentimiento que va creciendo y de repente te sorprende cuando te das cuenta de que ya no podr\u00edas vivir sin ver cada ma\u00f1ana la sonrisa de quien se te sienta enfrente durante siete horas al d\u00eda.<\/p>\n<p>Han pasado cuatro a\u00f1os m\u00e1s. Asist\u00ed, con mi marido y mis dos hijos, a la boda de Iv\u00e1n y Bego\u00f1a, un fiest\u00f3n por todo lo alto al que invitaron a todos sus familiares, amigos y conocidos; menos a Martina, desde luego. Iv\u00e1n me dice que se la ha cruzado alguna vez, y que ya no le impresiona; sus heridas han cicatrizado bien y no necesitaban m\u00e1s cirug\u00eda que el nacimiento, hace unos meses de su primer hijo. En cuanto a ella, parece ser que aquel pr\u00edncipe azul que la deslumbr\u00f3 fue s\u00f3lo una ilusi\u00f3n, desde entonces enlaza breves romances sin final feliz que la han cambiado, hasta el punto de que ha perdido buena parte de sus amigos y en los juzgados la conocen con sobrenombres no muy halagadores.<\/p>\n<p>En alg\u00fan rinc\u00f3n de mi desv\u00e1n, lleno de polvo, supongo, guardo un ejemplar de un libro que public\u00f3 al poco de iniciarse en la carrera judicial, una pedanter\u00eda sobre la judicatura desde el punto de vista de una reci\u00e9n llegada. Un ladrillo que, por supuesto, nunca llegu\u00e9 a leer, pero que Iv\u00e1n me regal\u00f3 con buena intenci\u00f3n aunque poco acierto en cuanto a mis gustos. S\u00ed le\u00ed, por supuesto, la cursi dedicatoria del principio: \u201cPara Iv\u00e1n, el amor de mi vida. Junto a ti envejecer ser\u00e1 la mayor felicidad.\u201d. Si yo fuera una persona agria, podr\u00eda despotricar contra lo poco que dura el amor eterno. Por suerte, no lo soy. Y mi querido Iv\u00e1n, el hombre m\u00e1s enamorado que nunca he visto (por segunda vez en su vida), tampoco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recuerdo que no sent\u00eda envidia cuando me hablaba de su novia. A las mujeres no nos suele gustar que alaben a otras en nuestra presencia.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/830"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=830"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/830\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=830"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=830"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=830"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}