{"id":833,"date":"2010-05-30T22:59:05","date_gmt":"2010-05-30T20:59:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=833"},"modified":"2010-05-30T22:59:05","modified_gmt":"2010-05-30T20:59:05","slug":"231-cuestion-de-fidelidad-por-amaturi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=833","title":{"rendered":"231- Cuesti\u00f3n de fidelidad. Por Amaturi"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0Un d\u00eda cualquiera, con nubes y claros, entre semana, laborable, un d\u00eda vulgar y corriente, a Daniel le cerraron los ojos para siempre y le taparon la cara con la s\u00e1bana.<!--more-->\u00a0El proceso canceroso hab\u00eda sido relativamente r\u00e1pido, pero cruel, devastador y humillante. El alma \u2013si es alguna cosa m\u00e1s que una entelequia\u2013 deb\u00eda de haber huido presta y aliviada de lo que \u00faltimamente hab\u00eda degenerado en una ruinosa y mortificadora prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0 Pero aquel d\u00eda, para Elvira, en absoluto fue uno cualquiera; y no lo fue, sobre todo, porque lo entendi\u00f3 como el de una liberaci\u00f3n que hab\u00eda de marcar un ben\u00e9fico punto de inflexi\u00f3n en su existencia, aunque se cuid\u00f3 mucho de no manifestar de ninguna manera este sentimiento. La experiencia le hab\u00eda ense\u00f1ado que algunas cosas es mejor call\u00e1rselas, ya que en seg\u00fan qu\u00e9 circunstancias la verdad entra en conflicto no solo con el respeto, sino tambi\u00e9n con esa parte tan trascendente del ceremonial de la vida que podr\u00edamos llamar est\u00e9tica social. Pero la sensaci\u00f3n de libranza era la que ella, en lo \u00edntimo, percib\u00eda por encima de cualquier otra tras la muerte de su marido; y esa percepci\u00f3n no le dejaba ni el m\u00e1s m\u00ednimo regusto de culpabilidad. Hab\u00eda luchado mano a mano con Daniel durante toda la enfermedad; se hab\u00eda esforzado al m\u00e1ximo para que no se traslucieran los desfallecimientos que sufr\u00eda su coraz\u00f3n de esposa y de mujer, y hab\u00eda intentado corajudamente mostrar una fuerza y una solidez de las que, con el paso de los d\u00edas, se fue sintiendo tan desguarnecida que frecuentemente le retemblaban los fundamentos del car\u00e1cter, de las convicciones y de la actitud. Pero hab\u00eda aguantado entera hasta el final. Por eso no cre\u00eda que tuviera ning\u00fan reproche que hacerse si, una vez llegado el inevitable desenlace, los dejes de la relajaci\u00f3n, del sosiego y hasta del confort le embalsamaban el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>\u00a0 Y esta convencida absoluci\u00f3n que se otorgaba no se ce\u00f1\u00eda a la reacci\u00f3n experimentada despu\u00e9s del dram\u00e1tico episodio que acababa de vivir; se hac\u00eda extensiva a todo su comportamiento durante los quince a\u00f1os que le hab\u00eda durado el matrimonio. Ahora, en el momento del balance, solo se acusaba de una cosa, y no era de la relaci\u00f3n ad\u00faltera mantenida con Esteban, sino de la ingenuidad de, una vez finiquitada la cuesti\u00f3n, hab\u00e9rsela contado a su marido \u2013es probable que fueran los efectos de aquel gesto los que la convenciesen de la inconveniencia de decir ciertas verdades\u2013. Porque lo \u00fanico que hab\u00eda conseguido con su confesi\u00f3n era que dos amigos de toda la vida dejasen de serlo y que a los ojos de Daniel \u2013aun habi\u00e9ndola perdonado; a quien no pudo ni quiso perdonar fue a Esteban\u2013 ella no pudiera volver a encontrar ya, nunca, el enternecedor brillo de ingenuo y arrobado fervor con que hasta entonces la hab\u00eda mirado siempre despu\u00e9s de hacer el amor. Pero no se sinti\u00f3 capaz de mantener en secreto la deslealtad cometida. Y, m\u00e1s que por una cuesti\u00f3n de probidad, se sincer\u00f3 por el temor de que aquella ocultaci\u00f3n se le hiciera una carga demasiado pesada para arrastrarla. O sea, por ego\u00edsmo. De eso, pues, era de lo que se pod\u00eda acusar, y considerarse culpable; no de una cosa en s\u00ed tan f\u00fatil como un breve episodio de desfogue voluptuoso, sino del ego\u00edsmo de no ser capaz de asumir en silencio las consecuencias ps\u00edquicas con que una educaci\u00f3n viciada, y la malformaci\u00f3n moral que de ella se deriva, nos penan por algunas de nuestras m\u00e1s consustanciales flaquezas.<\/p>\n<p>\u00a0 El asunto hab\u00eda surgido cuando Daniel y ella llevaban ya casi un lustro de matrimonio, es decir, dos a\u00f1os despu\u00e9s del accidente de autom\u00f3vil que le provoc\u00f3 el aborto del que habr\u00eda sido su primer hijo, a consecuencia del cual qued\u00f3 imposibilitada para volver a gestar. A partir de aquel infortunio, la convivencia conyugal, adem\u00e1s de la habitual declinaci\u00f3n a mon\u00f3tona y gris que \u2013aunque no concurra ning\u00fan suceso especialmente traum\u00e1tico como el que ellos hab\u00edan padecido\u2013 suele ir estragando a la mayor\u00eda de las parejas, fue tambi\u00e9n impregn\u00e1ndose de una melancol\u00eda amargosa que ten\u00eda el fondo c\u00e1ustico de ciertas frustraciones capitales. Y en aquel defraudado abatimiento existencial, la amistad y la frecuencia en el trato con Esteban, un amigo de infancia, soltero, de Daniel, desemboc\u00f3 en un idilio que para ella resultaba seductoramente revitalizador, y que lleg\u00f3 a su momento clave cuando, al cabo de tres meses de relaci\u00f3n, Esteban le propuso marcharse juntos a vivir a Montreal \u2013de donde acababa de recibir una muy interesante oferta de trabajo\u2013, ya que el apasionamiento de \u00e9l parec\u00eda haber cuajado en amor y haber tomado pretensiones de futuro.<\/p>\n<p>\u00a0 Pero Elvira desestim\u00f3 la propuesta. Y lo hizo porque sab\u00eda que aquello hubiera dejado muy malherido a un Daniel que, pese a la decadencia matrimonial, a\u00fan la quer\u00eda de muchas maneras y, adem\u00e1s, quer\u00eda mucho a Esteban. As\u00ed y todo, era consciente de que si el d\u00eda a d\u00eda con su marido no se hubiera mantenido formalmente cordial e \u00edntimamente c\u00f3modo, y \u2013\u00bfpor qu\u00e9 no reconocer la importancia de este factor?\u2013 no hubiera sido econ\u00f3micamente holgado; si se hubiera tratado de una rutina malcarada, rencillosa u obligada a determinadas privaciones materiales&#8230;, o tramposa \u2013pero habr\u00eda puesto las manos en el fuego respecto a que la primera trampa la estaba haciendo ella\u2013, probablemente, pese a no estar convencida, se habr\u00eda marchado con Esteban. Porque pensaba que todo el mundo tiene derecho a darse, en alg\u00fan momento, otra oportunidad; tambi\u00e9n en cuanto al aparejamiento, claro, y m\u00e1s sin haber hijos de por medio. Pero no se sent\u00eda suficientemente justificada, ni por el talante de Daniel, ni por las condiciones de la convivencia, para dar aquel paso. Y aun hab\u00eda otro factor que influ\u00eda, determinantemente adem\u00e1s, en su decisi\u00f3n: siempre se hab\u00eda complacido en considerarse una mujer entera, coherente y magn\u00e1nima. Y quer\u00eda, y necesitaba, poder continuar haci\u00e9ndolo. Se trataba pues, tambi\u00e9n, de una cuesti\u00f3n de fidelidad a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>\u00a0 Por su parte, Esteban, ante el rechazo a su proposici\u00f3n, no adopt\u00f3 ninguna actitud melodram\u00e1tica, ni porfiadora, ni reprensiva. Quiz\u00e1 porque era demasiado orgulloso para hacerlo o quiz\u00e1 porque nunca hab\u00eda sido un luchador. Seguramente por la suma de ambas cosas, ni siquiera intent\u00f3 hacer cambiar de opini\u00f3n a Elvira. Se limit\u00f3 a pedirle que, si pod\u00eda evitar hacerlo, no le contase a Daniel lo que hab\u00eda pasado; pero a\u00f1adi\u00f3 que, de cualquier manera, tanto si se lo contaba como si no, \u00e9l ya nunca podr\u00eda mirarle abiertamente a la cara. \u201cPorque le quiero demasiado. Igual que \u00e9l a m\u00ed\u201d, dijo. Y se fue de Barcelona para instalarse en Montreal.<\/p>\n<p>\u00a0 Despu\u00e9s de su marcha, no volvi\u00f3 a ponerse en contacto con Elvira hasta pasada una decena de a\u00f1os. Le telefone\u00f3 cuando supo que un c\u00e1ncer de pr\u00f3stata le conced\u00eda a Daniel, como m\u00e1ximo, un a\u00f1o de vida, y le dijo, sinceramente, que lo sent\u00eda mucho, y tambi\u00e9n, con la misma sinceridad, que continuaba soltero y que a\u00fan estaba enamorado de ella. Y que cuando se quedase sola, si quer\u00eda, pod\u00eda contar con \u00e9l para cualquier\u00a0 cosa.<\/p>\n<p>\u00a0 Y el hecho de que Esteban se hubiera enterado de la enfermedad de su viejo amigo no ten\u00eda nada de extra\u00f1o, porque pese a los a\u00f1os que llevaba viviendo en el Canad\u00e1 segu\u00eda manteniendo relaci\u00f3n con la mayor\u00eda de sus amistades barcelonesas, algunas de ellas compartidas con Daniel y Elvira. Incluso Alberto, el m\u00e9dico que llevaba el caso, formaba parte de aquel c\u00edrculo. Pero su llamada, y su ofrecimiento, al combinarse con el morboso proceso terminal y la consecuente fragilidad del momento an\u00edmico de Elvira, comportaron para ella una conmoci\u00f3n desproporcionada a la tibieza de su sentimiento durante la antigua aventura. Sin embargo, aquel vivo trastorno se le desvaneci\u00f3, casi como por arte de magia, con el \u00faltimo aliento de Daniel. Fue lo m\u00e1s parecido a despertarse de una pesadilla. Y a partir de entonces, con una serenidad y una objetividad de las que en absoluto hab\u00eda previsto disponer, vio de claro en claro que sus prioridades en aquella circunstancia hab\u00edan de ser adaptarse a la nueva situaci\u00f3n y luchar por reencontrarse. Era una mujer que acababa de cumplir cuarenta y tres a\u00f1os. Una persona joven. Solo le hab\u00eda de hacer falta reposar lo necesario para recuperar fuerzas, y despu\u00e9s, una vez afianzada contextual e \u00edntimamente, seguir adelante por otras v\u00edas. Y en este \u00faltimo punto pod\u00eda estar la clave del proceso: las v\u00edas nuevas.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0II<\/p>\n<p>\u00a0 En lo alto del Tibidabo soplaba una brisa fresca y h\u00fameda. Apenas hab\u00eda p\u00fablico, y solo funcionaban media docena de atracciones. Elvira siempre se sent\u00eda rejuvenecida, revitalizada, cuando volv\u00eda al Tibidabo. Quiz\u00e1 por eso, casi sin darse cuenta, hab\u00eda ido a parar all\u00ed aquella ma\u00f1ana de martes en la que, terminados ya los \u00faltimos protocolos de la deplorable parafernalia posterior a cualquier \u00f3bito, percib\u00eda una consolidaci\u00f3n de su convalecencia emocional.<\/p>\n<p>\u00a0 Se apoyaba en el barandal pintado de gris y lleno de inscripciones. All\u00e1 abajo estaba la ciudad, y el futuro. El humo del cigarrillo, llevado por el viento, se le meti\u00f3 en los ojos y ella agradeci\u00f3 aquella excusa que se le ofrec\u00eda y dej\u00f3 ir un par de l\u00e1grimas anchas y plenas, pero de las que solo aligeran, sin escocer en el \u00e1nimo ni ara\u00f1ar en el coraz\u00f3n. A unos pocos metros, ten\u00eda a una pareja de adolescentes intercambiando mimos, y se los mir\u00f3 con ternura. Se sent\u00f3 en un banco, de cara al mar, y contempl\u00f3 el dibujo del puerto en la lejan\u00eda, desde la Barceloneta hasta Montju\u00efc. Sobre la raya del horizonte, dos min\u00fasculos retales, uno blanco y el otro oscuro, se persegu\u00edan lent\u00edsimamente. \u201cVa a ser toda una experiencia&#8230;\u201d, pens\u00f3, con un m\u00ednimo esbozo de sonrisa ambigua en los labios. Estaba recuperando las fuerzas con mucha m\u00e1s rapidez de lo que hab\u00eda imaginado que podr\u00eda hacerlo. Y sus prop\u00f3sitos se iban perfilando: \u201cAhora tendr\u00e9 suficiente dinero para vivir sin trabajar, pero no voy a hacerlo. Soy una mujer preparada y sin ataduras de ning\u00fan tipo. Quiero mantener una obligaci\u00f3n, una exigencia, un reto&#8230; No pienso dejarme disminuir por el ocio, ni por la artera suplantaci\u00f3n que ofrecen los diletantismos\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0 La mirada se le perdi\u00f3 en el panor\u00e1mico laberinto metropolitano, y pens\u00f3 en Montreal y en Esteban. Pero la decisi\u00f3n al respecto ya la hab\u00eda tomado, y era firme: \u201cNo voy a ir. Tal vez lo habr\u00eda hecho si hubiese necesitado consuelo, pero no lo necesito. No me hace falta llorar sobre tu hombro, Esteban, ni sobre el de nadie; no tengo ganas de llorar, sino de volver a re\u00edr. Y no siento que esto sea ni un agravio p\u00f3stumo a mi marido ni un desprecio hacia ti. Quiero volver a ser feliz, y quiero que el mundo todav\u00eda cuente conmigo, pero lo buscar\u00e9 por caminos nuevos, no por antiguas veredas. Y los recuerdos, todos, se quedar\u00e1n en su lugar, all\u00ed donde han de estar y donde ya est\u00e1 el de Daniel: en la memoria\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0 Bajando en el coche por la Rabassada, puso la radio. Sonaba un bolero de los cl\u00e1sicos: \u201c<em>Cuando t\u00fa te hayas ido, me envolver\u00e1n las sombras<\/em>\u201d, cantaba Lucho Gatica. \u201cPues, no va a ser as\u00ed, Daniel. No quiero sombras de ninguna clase en torno a m\u00ed&#8230; Y lo siento por ti, Esteban\u201d, murmur\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0 Se detuvo en una gasolinera y se dispuso a llenar el dep\u00f3sito. Cuando ya lo estaba haciendo, por efecto de un ligero remolino de aire se le alborot\u00f3 un poco la ca\u00edda d\u00f3cil y holgada de la falda, y desde el otro lado del surtidor, un hombre maduro \u2013quiz\u00e1 ya a media cincuentena, pero que a\u00fan rezumaba vitalidad\u2013, con una expresi\u00f3n elegantemente insinuadora, se la mir\u00f3 como a una chica. O al menos eso es lo que a ella le pareci\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Un d\u00eda cualquiera, con nubes y claros, entre semana, laborable, un d\u00eda vulgar y corriente, a Daniel le cerraron los ojos para siempre y le taparon la cara con la s\u00e1bana.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/833"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=833"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/833\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=833"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=833"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=833"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}