{"id":847,"date":"2010-05-31T10:29:39","date_gmt":"2010-05-31T08:29:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=847"},"modified":"2010-05-31T10:29:39","modified_gmt":"2010-05-31T08:29:39","slug":"236-recuerdos-pluma-de-aguila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=847","title":{"rendered":"236- Recuerdos. Pluma de Aguila"},"content":{"rendered":"<p>Le gustaba sentarse en el porche de la casa para ver atardecer. Era el mejor momento del d\u00eda. <!--more-->En su vieja mecedora, cogiendo con ambas manos su taz\u00f3n de malta y leche caliente, se dejaba hipnotizar por esa deslumbrante esfera de intenso color de fuego que lentamente descend\u00eda por el cielo hasta el horizonte\u00a0y estallaba entre las nubes en una bell\u00edsima escena de rosas, rojos y anaranjados.<\/p>\n<p>El silencio, tan profundo como intenso, se romp\u00eda a cada tanto por el canto distante de las \u00faltimas aves de la tarde o el eco del aullido lejano y melanc\u00f3lico de alg\u00fan perro vagabundo.<\/p>\n<p>El aire, rendido a los pies de la tarde, placido al fin, recog\u00eda los aromas de la tierra y de su hogar de siempre, componiendo la fragancia conocida y entra\u00f1able que la iba transportando a trav\u00e9s de sus recuerdos\u00a0a otro tiempo m\u00e1s feliz.<\/p>\n<p>No siempre vivi\u00f3 all\u00ed sola. Los recuerdos, como las olas de un lago, se acercaban a su orilla, dulcemente. Muchas voces acud\u00edan a su memoria y las risas, los gritos y los olores, haciendo vibrar el aire de entonces, acariciaban sus sentidos, \u00a0calent\u00e1ndole el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Olor a caf\u00e9 y a su padre, a bu\u00f1uelos y\u00a0a su madre. A ropa reci\u00e9n planchada a mazorcas, al regazo de su\u00a0abuela, que la ense\u00f1\u00f3 desde muy ni\u00f1a,\u00a0 siendo ya casi invidente, a contemplar los atardeceres con sacra actitud ceremonial desde esa misma mecedora en la que ahora, sola, se balanceaba.<\/p>\n<p>Los aromas, los sonidos y la gente se le entremezclaban en el alma, construyendo sus im\u00e1genes queridas, tantas veces recreadas en sus tardes de a\u00f1oranza. Y los ecos de esas voces entra\u00f1ables resonaban todav\u00eda en sus o\u00eddos. La voz de su madre, de su hermana, las de de sus primos en verano, la de su madrina Fidelia, la cubana, cuyas carcajadas alegres y desbocadas llenaron de vida su infancia y el hogar de sus recuerdos. \u00a0<\/p>\n<p>Tantas tardes disfrutadas en ese mismo escenario. Tantos seres queridos, tantos juegos, charlas, peleas, risas, lagrimas y tambi\u00e9n\u2026besos. Recuerdos de besos furtivos en sus est\u00edos en flor, escondidos entre las sombras azuladas de los atardeceres largos, secretos, prohibidos\u2026 Palabras tiernas y proyectos compartidos con alg\u00fan chaval, desdibujado ahora por el paso del tiempo, que se march\u00f3 un d\u00eda\u00a0 lejan\u00edsimo, dejando desmadejados aquellos c\u00e1ndidos sue\u00f1os de su primera juventud.<\/p>\n<p>Inolvidables d\u00edas pasados para siempre.\u00a0 Momentos malos y buenos guardados como un tesoro en el hueco de su pecho, tan vac\u00edo como fr\u00edo, a fuerza de no tener desde hace ya tanto tiempo alguien a quien estrechar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0Recuerdos tristes del d\u00eda en que se fue su hermana a estudiar a la ciudad y ya no regreso m\u00e1s. Alegres, en cambio, los del d\u00eda de su boda y felices aquellos primeros a\u00f1os de muchacha dichosa y reci\u00e9n casada, viviendo con su marido aqu\u00ed en su querido hogar, rodeada de todo lo suyo.<\/p>\n<p>Pero el recuerdo m\u00e1s hermoso entre todo lo que era hermoso era el de la plenitud del d\u00eda en que su hijo naci\u00f3. Su peque\u00f1o y querido Juan. Hermosa era su sonrisa, sus ojos, su carita tierna. Hermoso ni\u00f1o, hermoso joven, hijo de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0Nada le faltaba entonces. Era tan feliz as\u00ed que no supo darse cuenta que era\u00a0 pura necesidad el af\u00e1n de su marido por marchar lejos de all\u00ed. No supo ver lo que ahora sent\u00eda \u00a0tan evidente. No comprendi\u00f3 que \u00e9l all\u00ed no era feliz. Que se ahogaba, que sus sue\u00f1os se escapaban y que \u00e9l quer\u00eda vivir. La esper\u00f3 por mucho tiempo, demasiado, \u00a0pod\u00eda entender ahora,\u00a0 pero en aquel pasado inmutable, por m\u00e1s que \u00e9l lo intent\u00f3, \u00a0no consigui\u00f3 arrancarla del refugio de su hogar. Finalmente, una tarde se march\u00f3. Ella, con el coraz\u00f3n roto, lo vio\u00a0 alejarse abatido. El abrigo en una mano y en la otra una maleta. Su silueta triste recortada contra el leve sol de invierno se perdi\u00f3 tras el horizonte al igual que se perdi\u00f3 tras ella, un pedazo de si misma.<\/p>\n<p>Debi\u00f3 correr tras sus pasos. Debi\u00f3 marcharse con \u00e9l y dejarlo todo. Todos sus recuerdos, su gente, su tierra adorada y empezar la nueva vida que tanto le pidi\u00f3 \u00e9l. Pero no lo hizo. Lo dej\u00f3 marcharse solo, quebrado, rendido. Tal vez sinti\u00e9ndose segura en su creencia de que tarde o temprano, habr\u00eda de volver de nuevo hasta sus brazos, hasta su\u00a0 calor y el de ese hogar que a ella le sosten\u00eda,\u00a0 y a \u00e9l, ahora se daba cuenta, le hac\u00eda morir en silencio.<\/p>\n<p>Y nunca m\u00e1s regres\u00f3. Atr\u00e1s quedaron los d\u00edas felices de joven esposa. Se qued\u00f3 sola, con su peque\u00f1o y sus padres en su casa, en su tierra, en su mundo. Ella sin marido y su hijo sin padre. Cada tarde desde el porche, mientras el ni\u00f1o jugaba, ella,\u00a0 mirando el crep\u00fasculo,\u00a0 encontraba una y otra vez, como en un juego, la esperanza renovada del retorno inminente, del reencuentro, de la nueva oportunidad. La realidad sab\u00eda que eran solo fantas\u00edas, pero ella con un gesto, la apartaba neg\u00e1ndola, para poder seguir meci\u00e9ndose en sus ensue\u00f1os de\u00a0 atardecer. \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0As\u00ed pasaron los a\u00f1os y un d\u00eda, llegando ya primavera, \u00a0muri\u00f3 su madre. Recuerdos de las campanas ta\u00f1endo al atardecer. La figura de su padre triste, negro, encogido. Juanito, el ni\u00f1o,\u00a0 de negro luto de entierro. Mucha gente aquella tarde y un hueco vac\u00edo e inmenso en su coraz\u00f3n. \u00a0Sin ella las tardes se hicieron tristes y extra\u00f1as. El viudo anciano, \u00a0siempre en la mecedora del porche, se qued\u00f3 como\u00a0 ausente, dejando pasar los d\u00edas\u00a0 y las tardes con la mirada perdida en el rojo cielo de abril. Solo a veces la voz del ni\u00f1o o su propia mano de hija acarici\u00e1ndolo,\u00a0 provocaba apenas alguna sonrisa en el viejo triste.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n \u00e9l acab\u00f3 march\u00e1ndose, y con su muerte murieron los restos de aquella ni\u00f1a que fue y que todav\u00eda, en su oto\u00f1al madurez,\u00a0 guardaba en el alma las mu\u00f1ecas y los sue\u00f1os de los\u00a0 tiempos de ese ayer.<\/p>\n<p>El\u00a0 peor, el m\u00e1s terrible y el m\u00e1s amargo de sus recuerdos tambi\u00e9n lleg\u00f3, como llegaba cada tarde. Recuerdos de aquella guerra y del hijo que le rob\u00f3.\u00a0 El hijo de sus entra\u00f1as al que ella tanto hab\u00eda amado, la vida le arrebat\u00f3. Aquella absurda guerra, tan necia, tan cruel y asesina,\u00a0 arras\u00f3 para siempre su mundo sobre esta tierra, su hogar y su coraz\u00f3n de madre. Nunca le dieron su cuerpo. Ni ese consuelo qued\u00f3 para su alma. Nunca m\u00e1s lo volvi\u00f3 a ver. Por eso, sola, sentada en su mecedora mirando el atardecer rodeada de sus recuerdos, sus im\u00e1genes y su amor de madre marchita,\u00a0 pasaba las tardes.<\/p>\n<p>Cobijada en las presencias de su ayer volv\u00eda a la vida, en esas horas absortas, perdidas en su pasado y halladas en sus recuerdos.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 fri\u00f3. Un suspiro profundo la trajo a la realidad. Era ya noche cerrada. Sus dedos estab\u00e1n fr\u00edos y aferrados a la taza helada y vac\u00eda. Las estrellas brillaban en la noche oscura. Se levant\u00f3 despacio y arrastr\u00f3 sus pies hacia la puerta de su casa. Iba a entrar pero se detuvo. Una intuici\u00f3n imposible. Un segundo, dos\u2026 y entonces, una voz&#8230;<\/p>\n<p>-\u00a1Madre!<\/p>\n<p>Se giro muy lentamente, contenida la respiraci\u00f3n, sobrecogida el alma y&#8230; \u00a1lo vio!<\/p>\n<p>-\u00a1Hijo! \u00a1Hijo m\u00edo! \u00a1Me dijeron que&#8230;!<\/p>\n<p>Un abrazo. El abrazo. Un hijo entre sus brazos. El mayor regalo, el m\u00e1s anhelado\u2026y la vida lentamente,\u00a0 volvi\u00f3 a latir otra vez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Le gustaba sentarse en el porche de la casa para ver atardecer. 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