{"id":886,"date":"2010-05-31T11:16:23","date_gmt":"2010-05-31T09:16:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=886"},"modified":"2010-05-31T18:35:11","modified_gmt":"2010-05-31T16:35:11","slug":"248-la-ventana-justa-por-salvador-gulaman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=886","title":{"rendered":"248- La Ventana Justa. Por Salvador Gulaman"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>Cuando se escucha cerrar la puerta de la casa. Aniceto cierra el libro de matem\u00e1ticas. Espera algunos segundos antes de correr a mirar por la ventana para asegurarse que sus padres se fueran a la fundaci\u00f3n de ayuda a los inmigrantes, hoy tienen la reuni\u00f3n semanal, estar\u00e1n el resto del d\u00eda afuera, s\u00f3lo llegan en las \u00faltimas horas de la tarde.<!--more--><\/p>\n<p>Cargando su mochila del colegio, Aniceto sale de su habitaci\u00f3n y baja las escaleras hacia el primer piso. Al pasar por el frente de la cocina donde est\u00e1 la empleada de la casa preparando la cena, el ni\u00f1o le dice al pasar -voy a hacer mis tareas a la oficina de mi pap\u00e1 -.<\/p>\n<p>La mujer sin dejar de cortar el trozo de cebolla en la cual ten\u00eda toda su atenci\u00f3n, lanza un suspiro seguido de un gesto de incomprensi\u00f3n tratando de entender porqu\u00e9 al ni\u00f1o le gusta tanto ir a ese lugar frio, oscuro y sin luz natural.<\/p>\n<p>La oficina que tiene en su casa el padre de Aniceto no es m\u00e1s que un cuarto en el subterr\u00e1neo, donde hay un escritorio con una silla, una l\u00e1mpara, un mueble con carpetas llenas de documentos y una caja fuerte de metal. El padre pasa por este lugar dos veces por d\u00eda; en la ma\u00f1ana y al anochecer, siempre antes de cenar con su familia.<\/p>\n<p>Un d\u00eda cualquiera, unas semanas atr\u00e1s, en que Aniceto jugaba con una pelota de golf, y al ir tras ella que hab\u00eda ca\u00eddo por las escaleras, fue que entro por primera vez a la oficina de su padre. Una vez que estaba dentro su atenci\u00f3n solo estaba en encontrar su pelota. Al intentar mover un mueble y alejarlo de la pared para as\u00ed alcanzar la pelota fue cuando vio una luz salir por un orificio cuadrado no m\u00e1s grande que la hoja de un cuaderno. Esta especia de ventana era parte de una puerta levemente m\u00e1s alta que \u00e9l. La puerta estaba cerrada con un gran candado. Aniceto con la curiosidad normal de sus siete a\u00f1os, mir\u00f3 por la ventana hacia la habitaci\u00f3n de donde venia la luz. Al comienzo un poco confundido s\u00f3lo logr\u00f3 distinguir una cama y una meza larga en donde hab\u00edan muchos instrumentos y bolsas arrumbadas. Cuando estaba a punto de tomar la pelota y subir de vuelta, percibi\u00f3 un movimiento, era una persona vestida completamente de blanco, sentada en el rinc\u00f3n m\u00e1s lejano de la mesa, al parecer trabajaba en algo que lo ten\u00eda muy concentrado. Aniceto en un principio se asust\u00f3 de estar espiando a alguien, dio un paso atr\u00e1s pero finalmente volvi\u00f3 a mirar hacia esa habitaci\u00f3n que no conoc\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>Arturo ten\u00eda 28 a\u00f1os cuando lleg\u00f3 a Barcelona desde su lejana ciudad de Puno, en Per\u00fa. Dej\u00f3 la muy tranquila pero aun m\u00e1s pobre vida de pescador de truchas en el lago Titicaca. Con la contaminaci\u00f3n y sobre todo con la explotaci\u00f3n indiscriminada casi ya no hab\u00eda que pescar. Fue entonces cuando conoci\u00f3 a Pablo, un peruano que ven\u00eda desde Espa\u00f1a reclutando gente para un \u201ctrabajo\u201d que le hab\u00eda ofrecido un espa\u00f1ol. El trabajo parec\u00eda sencillo, al menos como lo describ\u00eda Pablo. La paga era buena y s\u00f3lo se hacia una vez. Adem\u00e1s el espa\u00f1ol ten\u00eda contactos con una agrupaci\u00f3n que ayudaba a establecer extranjeros en Espa\u00f1a y pod\u00eda conseguirle un trabajo estable y papeles legales. Era una oportunidad que no pod\u00eda rechazar. S\u00f3lo hab\u00eda que \u201cllevar\u201d dos kilos de \u201cOro Blanco\u201d en un vuelo a Espa\u00f1a. Los contactos y rutas ya estaban establecidos y limpios.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s de conocer a Pablo, Arturo hizo el trabajo, todo resulto bien. En Espa\u00f1a lo recibi\u00f3 el padre de Aniceto, don Emilio, quien era el jefe de la operaci\u00f3n. En un principio le dio algo de dinero explic\u00e1ndole que ten\u00eda que vender los dos kilos para pagarle el resto, tambi\u00e9n le ofreci\u00f3 un lugar donde dormir y un trabajo sencillo. Arturo acepto dormir y trabajar en una habitaci\u00f3n subterr\u00e1nea en la casa de don Emilio. Hab\u00eda una cama, un ba\u00f1o y una gran meza. El trabajo consist\u00eda en multiplicar la coca\u00edna en por lo menos cuatro veces su peso original, esto lo hac\u00eda con diferentes qu\u00edmicos y con ayuda de un manual que don Emilio le entrego.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Ya llevaba seis meses sin poder salir de ese cuarto. En un principio las explicaciones al encierro se refer\u00edan a que Arturo lo buscaba la polic\u00eda. Don Emilio le pidi\u00f3 a Arturo los datos de su familia en Puno para contactarse con ellos y as\u00ed decirles que \u00e9l se encontraba bien. Le obligo a escribirles cartas dando cuenta de su falsa buena situaci\u00f3n. Despu\u00e9s ante los reclamos seguidos de Arturo las explicaciones se transformaron en amenazas directas contra su familia en Per\u00fa y contra \u00e9l mismo, mostr\u00e1ndole incluso una pistola.<\/p>\n<p>\u00a0Arturo estaba desolado, no entend\u00eda de qu\u00e9 forma hab\u00eda llegado a ser pr\u00e1cticamente un esclavo. Todos sus sue\u00f1os y anhelos estaban sumidos en una nube oscura y gris que atormentaba su mente. El odio original se hab\u00eda transformado en una profunda depresi\u00f3n. Ya no reclamaba. Don Emilio era la persona que le llevaba comida, qu\u00edmicos y sobre todo noticias de su familia en Per\u00fa. Le contaba en detalle las visitas al m\u00e9dico que hab\u00edan tenido su madre y su hermana gracias a las gestiones de \u00e9l mismo. Ellas le enviaban cartas de agradecimiento. Comprendi\u00f3 que no pod\u00eda hacer nada. No hab\u00eda salida alguna a esta situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los d\u00edas pasaban, las noches corr\u00edan, a Arturo simplemente no le importaba. Su \u00fanica entretenci\u00f3n, si es posible llamar as\u00ed, eran los juegos de imaginaci\u00f3n que hac\u00eda con la peque\u00f1a ventana abierta que hab\u00eda en la puerta, ventana que tambi\u00e9n serv\u00eda de purificador de aire para su celda. Los juegos consist\u00edan en transformar ese espacio cuadrado a veces en una televisi\u00f3n, en donde \u00e9l intentaba proyectar las animaciones infantiles y sobre todo las pel\u00edculas que ten\u00eda en su memoria, cambiando los finales e incluso mezclando los personajes. Otras veces pensaba que ese era la entrada a un gran \u201cagujero negro\u201d que se com\u00eda la energ\u00eda del universo, tal como lo ley\u00f3 en alguna revista cient\u00edfica tiempo atr\u00e1s. De esta forma sent\u00eda cierto confort de estar en esa habitaci\u00f3n, que era la \u00fanica del universo que aun no era absorbida por el aguajero negro, por lo tanto era el \u00fanico con vida, era el ser m\u00e1s afortunado del planeta, pero todo se dilu\u00eda y se convert\u00eda en una oscura realidad al aparecer su captor, sintiendo Arturo que toda esa energ\u00eda oscura entraba a su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Un d\u00eda cualquiera, unas semanas atr\u00e1s en que Arturo estaba terminando de mezclar cuatrocientos gramos de algo, con medio litro de otra cosa fue que tras sentir una extra\u00f1a sensaci\u00f3n miro de improviso hacia la ventana. Sus ojos se toparon con los de un ni\u00f1o que lo miraba asustado. El ni\u00f1o al verse descubierto corri\u00f3 escaleras arriba. Pero para sorpresa de Arturo volvi\u00f3 unos minutos despu\u00e9s. Las primeras palabras cruzadas fueron enfriadas por la desconfianza, sobre todo para el ni\u00f1o. Arturo por el contrario vio una posibilidad e intento ser agradable, inventando una historia \u201cm\u00e1gica\u201d para su situaci\u00f3n. El ni\u00f1o le crey\u00f3. Arturo contin\u00fao con su relato improvisado, explicando y advirtiendo a Aniceto que no deb\u00eda contarle a su padre, ya que don Emilio no quer\u00eda que nadie se enterara que \u00e9l viv\u00eda en ese lugar.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Aniceto prometi\u00f3 guardar el secreto y volver; As\u00ed lo hizo, casi todos los d\u00edas regresaba para apoyar su cabeza en la ventana de Arturo. Se hicieron \u201camigos\u201d. Arturo le conto de Per\u00fa, de su vida de pescador tal como Pedro, el de la biblia. As\u00ed se fue ganando la confianza del ni\u00f1o, hasta que le hablo de su deseo de salir a la calle a visitar a un amigo que estaba enfermo. Le pidi\u00f3 ayuda al ni\u00f1o, la misi\u00f3n era encontrar las llaves de la puerta, sin que nadie m\u00e1s supiera. Aniceto le dijo que las buscar\u00eda. Arturo vio una luz de esperanza.<\/p>\n<p>Aniceto intent\u00f3 encontrar las llaves durante varias semanas, pero no lo logro. No ten\u00eda idea de c\u00f3mo conseguirlas, salvo pidi\u00e9ndoselas a su padre, le angustiaba el no poder ayudar a su amigo. Pens\u00f3 en contarle todo a su madre. Le pregunto a Arturo, est\u00e9 le replicaba que era una muy mala idea ya que pod\u00eda traer como consecuencia que a \u00e9l lo llevaran a otro lugar, no pudi\u00e9ndose seguir vi\u00e9ndose. Cada vez que ten\u00edan este tipo de conversaci\u00f3n Aniceto notaba en los ojos de Arturo una gran pena. El ni\u00f1o se sent\u00eda culpable de esta situaci\u00f3n. De paso ya miraba con otros ojos a su padre, no entend\u00eda por qu\u00e9 ten\u00eda encerrado a Arturo, si supuestamente su padre trabaja ayudando a otras personas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Aniceto bajo corriendo las escaleras, corri\u00f3 el mueble y grit\u00f3 &#8211; \u00a1Arturo! \u00a1Arturo! mi profesor de religi\u00f3n te va ayudar a salir de aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0El ni\u00f1o le relato a Arturo que en la ma\u00f1ana convers\u00f3 con su profesor, quien era adem\u00e1s muy amigo de sus padres y participaba con ellos en la fundaci\u00f3n de ayuda a los inmigrantes. Le hab\u00eda contado de la existencia de \u00e9l, del cuarto, de la puerta con candado y sobre todo de la ventana por donde ellos conversaban. El profesor le dijo que no se preocupara, que hablar\u00eda esa misma tarde con su padre.<\/p>\n<p>Arturo al o\u00edr esas palabras sinti\u00f3 un frio sudor recorrer su cuerpo, quedo petrificado. Le pidi\u00f3 al ni\u00f1o que se fuera y que volviera en 5 minutos. &#8211; Quiero pensar &#8211; le dijo.<\/p>\n<p>\u00a1Pensar que!, &#8211; reflexionaba Arturo &#8211; todo se ha acabado, ya no podr\u00e1 salir vivo de aqu\u00ed, incluso su familia tendr\u00e1 que pagar. Ya no tiene un buen pretexto para esperar, ya no quiere seguir.<\/p>\n<p>Arturo piensa en lo que vendr\u00e1, lo m\u00e1s probable que sea esta noche. Trata de imaginar \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1?, \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1?, \u00bfc\u00f3mo lo mataran?<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p>-Arturo, volv\u00ed, \u00bfqu\u00e9 pensaste? \u2013 dice Aniceto<\/p>\n<p>La vos del ni\u00f1o saca del aturdimiento a Arturo, en la ventana ve los ojos claros de Aniceto, son como un destello, como un destello de luz que le hace imaginar cosas nunca pens\u00f3 que podr\u00eda hacer.<\/p>\n<p>En forma pausada y con una falsa sonrisa Arturo se acerc\u00f3 a la ventana. Aniceto aun est\u00e1 feliz con la soluci\u00f3n que ha encontrado y no se da cuenta de lo apesadumbrado <em>que<\/em> est\u00e1 su amigo. Arturo le pide al ni\u00f1o que se acerque, le dice que quiere darle un abrazo de agradecimiento, Aniceto lo hace. Arturo con mucho trabajo logra sacar sus brazos por la ventana, rodea al ni\u00f1o suavemente, cierra los ojos y piensa en todas las cosas que Aniceto no ver\u00e1. Arturo le susurra al ni\u00f1o que lo disculpe, lo abraza con fuerza. Lanza un suspiro, con una mano le toma la cabeza y se la azota contra la puerta, lo hace varias veces, solo se alcanza a escuchar un peque\u00f1o quejido. Pronto Aniceto no es m\u00e1s que un cuerpo fl\u00e1cido y sin vida.<\/p>\n<p>Pasan algunos minutos, Arturo intenta deslizar los dedos por la cintura del ni\u00f1o, quiere desabrochar el cintur\u00f3n que tiene puesto, le cuesta maniobrar, la \u201cpantalla de su televisi\u00f3n\u201d es peque\u00f1a. Ya con e1 cintur\u00f3n en sus manos Arturo vuelve al centro de la habitaci\u00f3n. El cintur\u00f3n es azul claro. \u00a1Qu\u00e9 infantil!-, pens\u00f3 Aniceto. Pero inconscientemente record\u00f3 el azul profundo del Titicaca.\u00a0<\/p>\n<p>Arturo camina algunos segundos por la habitaci\u00f3n, muy r\u00e1pido, dando c\u00edrculos. Despu\u00e9s se arrodilla y\u00a0 cierra los ojos. Piensa en su familia, en su madre especialmente. Se pone de pie y toma el cintur\u00f3n con fuerza, casi con rabia. Se encarama a la mesa y anuda el cintur\u00f3n en una viga del techo. Rodea el anillo que ha hecho a su cuello. Mira a su alrededor. Respira una gran bocanada de aire por \u00faltima vez. Por fin tuvo su justicia. Con los ojos abiertos salta desde la mesa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I Cuando se escucha cerrar la puerta de la casa. Aniceto cierra el libro de matem\u00e1ticas. 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