{"id":903,"date":"2010-05-31T11:25:18","date_gmt":"2010-05-31T09:25:18","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=903"},"modified":"2010-05-31T23:09:31","modified_gmt":"2010-05-31T21:09:31","slug":"253-el-programa-por-fender","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=903","title":{"rendered":"253- El programa. Por Fender"},"content":{"rendered":"<p>Cuando acced\u00ed a participar en el programa no consider\u00e9 la posibilidad de que pudiera acabar siendo semejante desprop\u00f3sito.<!--more-->\u00a0Resolv\u00ed no hacer demasiadas preguntas y apoyarme en el beneficio social que su puesta en marcha reportaba, por aquello del autoestima y las redenciones personales. \u00bfQui\u00e9n discutir\u00eda la reinserci\u00f3n social de delincuentes a un amigo, casi un hermano, m\u00e1s a\u00fan si llevase estudiando sus pormenores lo que muchos tendr\u00edan a bien de considerar una eternidad? Siempre escuch\u00e9 estoico sus disertaciones al respecto, barruntando que todo aquello desembocar\u00eda en la nada, que no pasar\u00eda de ser simple teor\u00eda. Por eso cuando, tras servir ceremonioso sendas tazas de caf\u00e9 imp\u00edo y cruzar como suele las manos con aspavientos exagerados, me confirm\u00f3 que hab\u00eda conseguido luz verde, me lanc\u00e9 a ofrecerle cuanta ayuda pudiese requerirme. Ignorante. Cegado por el orgullo y la camarader\u00eda. Feliz de ver a un colega henchido de aquello que a mi siempre se me ha escurrido: la ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>De ah\u00ed a verme envuelto en tama\u00f1o disparate. Escucho impert\u00e9rrito el discurso en favor de la piroman\u00eda que un individuo sudoroso y como embotado me ofrece, sin \u00e1nimos ni empuje para evidenciar el pavor que me atenaza. Como si fuese la cosa m\u00e1s normal del mundo dialogar sobre combustiones lentas y aceleradores, estructuras carbonizadas y el cromatismo del fuego. Mi cerveza pierde fuerza entre sus manos inquietas y mi hieratismo de manual egipcio. Vender\u00eda mi reino por un cigarrillo (la presi\u00f3n siempre afloja un poco con nicotina, alquitr\u00e1n, benceno y dem\u00e1s ali\u00f1os entre los bronquios), pero los f\u00f3sforos est\u00e1n sin duda mejor donde est\u00e1n, en alg\u00fan bolsillo del cortavientos. Carraspeo y me llevo a la boca el reguero de u\u00f1eros que ba\u00f1an mi mano izquierda, aprovechando para blasfemar entre dientes.<\/p>\n<p>A unos doce metros mi pareja de mus de toda la vida luce encantado con su sujeto de estudio. Me llegan retazos de conversaci\u00f3n solapados con la algarab\u00eda, intenciones de estudiar magisterio infantil mezcladas con la quema indiscriminada de pl\u00e1sticos y los \u00faltimos \u00e9xitos en el panorama musical. R\u00eden, y el que nunca envida por miedo ofrece un sin filtro al futuro empleado de un jard\u00edn de infancia. \u00c9ste declina la oferta. Mi cerebro hace ya unos minutos que abandon\u00f3 toda funci\u00f3n anal\u00edtica y comenz\u00f3 a quemar glucosa por el simple gusto de mantenerme mareado. Mi contertulio se retira de la frente una densa capa de sudor con el reverso de la mano, y contin\u00faa elogiando la pirotecnia forestal.<\/p>\n<p>Es la primera fase, por eso nos encontramos todos recluidos en este antro mal ventilado y peor iluminado, donde el caf\u00e9 es un eufemismo y el hilo musical apenas se soporta. Si nosotros, gente corriente, damos el visto bueno, nuestros entrevistados pasar\u00e1n a la fase dos, en la que un equipo especializado analizar\u00e1 nuestras selecciones. Este primer escal\u00f3n, esta criba tan informal y en principio amigable, s\u00f3lo es una ayuda para los pacientes. Para que no se sientan violentos, o intimidados, o preocupados con ex\u00e1menes psicol\u00f3gicos de momento. Cuando llegue a casa habr\u00e9 de redactar un informe sobre mi charla con el hombre de la transpiraci\u00f3n preocupante y la cabeza llena de serr\u00edn en llamas, y enviarlo ma\u00f1ana a primera hora a trav\u00e9s de mi correo electr\u00f3nico. As\u00ed de simple. \u00bfQui\u00e9n no se prestar\u00eda a algo tan sencillo, tan a primera vista inofensivo y gratificante?<\/p>\n<p>He recibido expresas instrucciones de no presionar al paciente, se encuentre en el nivel que se encuentre de su recuperaci\u00f3n. Todo lo que tengo que hacer es escuchar, asentir con la cabeza y formular alguna pregunta discreta dirigida a reconducir la conversaci\u00f3n a las cotas de lo estipulado. As\u00ed, no puedo levantarme y gritar al lastre social que tengo frente a m\u00ed que me interesan m\u00e1s bien poco sus piras y sus cenizas y su dantesco coloquio sobre c\u00f3mo el hombre puede morir bien por asfixia o bien por cocci\u00f3n de v\u00edsceras internas si queda atrapado en un edificio en llamas. Tampoco es que me vea con fuerzas de tal estallido. Lo cierto es que conforme pasan los minutos me voy encogiendo cada vez m\u00e1s en el taburete, y menos capaz me veo de reconducir nada. Procuro consolarme recordando que el tiempo fijado para cada entrevista son veinticinco minutos, lo que en unidades aplicables a aqu\u00ed y ahora son unas cinco canciones y doce o trece escuelas m\u00e1s calcinadas.<\/p>\n<p>Reconozco al carnicero de mi barrio al fondo del local, sentado frente a una mujer de dimensiones m\u00e1s que generosas embutida en una camisa cuya transparencia permite intuir su torso tatuado. M\u00e1s tarde le sugerir\u00e9 que contrate a su entrevistada, mucho m\u00e1s capaz de despiezar una res que \u00e9l mismo a pesar de su experiencia. El sudoroso pasa a explicarme c\u00f3mo improvisar un cortafuegos si las cosas se complican y me veo atrapado en \u201cmi propia obra de arte\u201d. Tuerzo el visaje fingiendo inter\u00e9s, mientras repaso mentalmente el calendario que mi amigo ha elaborado para m\u00ed, y que me somete a cuatro torturas m\u00e1s s\u00f3lo esta semana. Tal vez tenga suerte. Quiz\u00e1s mi pr\u00f3xima cita sea con un violador o un proxeneta o un asesino en serie de los de motosierra pero con sentido del humor. Quiz\u00e1 incluso consiga departir con un pederasta y mostrar la efusividad que a escasos doce metros rezuma mi colega de baraja.<\/p>\n<p>Es curiosa la irrealidad que infunde tanto consejo pirot\u00e9cnico. Ayer compulsaba planes para el fin de semana, intentando decidir entre cine y escapada al campo, para hoy verme a mi mismo como delegado de la sociedad, representante de sus miedos y prejuicios, cancerbero del orden y la salud p\u00fablica. O, simplemente, para encontrarme inmerso en el absurdo, en el m\u00e1s insondable de los surrealismos, compartiendo mesa con alguien a punto de sufrir un colapso nervioso a causa de la excitaci\u00f3n. Hago acopio de arrestos y me aventuro a preguntar cu\u00e1les son sus intenciones si el programa sentencia que no es un peligro andante y sella su expediente con un \u201capto\u201d. Se frota las manos y hunde los hombros, adoptando un aire confidente, dibujando una suerte de sonrisa aviesa en el caos que tiene por rostro. Y cuando creo que la far\u00e1ndula ha apurado aptitudes y elenco lo suelta, casi inaudible, apenas una exhalaci\u00f3n de irracionalidad. Quiere ser bombero, pues en su honradez y valor ve la expiaci\u00f3n id\u00f3nea, la redenci\u00f3n en forma de manguera y cami\u00f3n-cisterna. Y si no doy de bruces en el suelo debido a la incredulidad es porque, aunque el taburete no tiene respaldo, estoy lo que pudiera decirse encaramado a esta mesa ra\u00edda.<\/p>\n<p>El encargado levanta la vista del peri\u00f3dico y, tras consultar su reloj de pulsera, golpea tres veces la barra. Dos agentes uniformados se personan en el local, con cara de poca paciencia y amigos contados, para llevarse no sin esfuerzo a los pacientes. Algunos remolonean. Otros son incapaces de ocultar su alivio por que haya terminado el trance. Mi asignado abandona la estancia sin ni siquiera despedirse, cual aut\u00f3mata guiado por control remoto, dejando en su silla una humedad que se ir\u00e1 reabsorbiendo mientras yo apuro una cerveza grumosa. Nos quedamos \u00fanicamente los voluntarios de la primera fase, semblantes de satisfacci\u00f3n o de indolencia o de aburrimiento o de profundo impacto, testigos del cambio o de la primac\u00eda del instinto m\u00e1s bajo, mir\u00e1ndonos unos a otros como intentando adivinar los escoyos que han llegado a las costas de cada cual.<\/p>\n<p>Huyo de la cafeter\u00eda y de su calor artificial, enfilo la calle que lleva a mi estudio y me enciendo un cigarrillo. Me duele la cabeza y noto el tu\u00e9tano de la mand\u00edbula inflamado, preludio inequ\u00edvoco de las jaquecas que me corresponden por toda herencia familiar. Mi pareja de mus, un tipo enjuto con pelo cortado como con cuchillo y tenedor, me da alcance y comienza un soliloquio con la atiplada voz del resfriado. Desde su punto de vista, no encuentra ning\u00fan motivo para desconfiar de la recuperaci\u00f3n de su sujeto de estudio, y no dudar\u00eda en poner a sus hijos a su cargo. Es una soberana estupidez, pues ni tiene hijos ni papeletas de encontrar con quien tenerlos, pero aparenta convicci\u00f3n al decirlo. Me pregunta c\u00f3mo me ha ido a mi. Escuetamente, le explico que sus hipot\u00e9ticos hijos y a\u00fan el mundo est\u00e1n m\u00e1s seguros sin gente de ese pelaje en la calle. Me recrimina estar siendo demasiado cr\u00edtico, como si de repente hubi\u00e9semos pasado de ser pareja en los naipes a ser una de esas parejas de la Benem\u00e9rita en las que uno juega el papel de bueno y al otro no le queda sino ser el malo. Horadarle con la mirada parece respuesta suficiente a su invectiva, as\u00ed como motivo para que se disculpe y reconsidere su ruta, dej\u00e1ndome de nuevo a solas con la cefalea.<\/p>\n<p>Al acercarme el cigarro a la boca observo su extremo rusiente, humeando. Nunca me he parado a pensar que ese, mi vicio m\u00e1s pernicioso junto al ron a\u00f1ejo y el ara\u00f1arme hasta hacer sangre los padrastros, sea sencillamente aspirar los vapores de un incendio diminuto. Y es entonces cuando me viene a la mente que en algunos casos el hombre no muere por asfixia cuando se ve sitiado por el fuego sino porque se le cuecen los \u00f3rganos vitales ah\u00ed en su sitio, y le hierve la sangre en venas y arterias, y se convierte en un solomillo descomunal a la brasa, y es entonces cuando tiro el cigarro bien lejos y me deshago del resto del paquete, sabiendo que ma\u00f1ana asaltar\u00e9 el estanco en busca de otra cajetilla pero resuelto hoy a no prender nada con mis propias manos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando acced\u00ed a participar en el programa no consider\u00e9 la posibilidad de que pudiera acabar siendo semejante desprop\u00f3sito.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3],"tags":[],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/903"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=903"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/903\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=903"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=903"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=903"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}