{"id":925,"date":"2010-05-31T23:46:13","date_gmt":"2010-05-31T21:46:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=925"},"modified":"2010-07-25T10:44:30","modified_gmt":"2010-07-25T08:44:30","slug":"261-carta-desde-paris-por-violeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.canal-literatura.es\/7certamen\/?p=925","title":{"rendered":"261- Cartas desde Par\u00eds. Por Violeta"},"content":{"rendered":"<p>Todos guardamos secretos. Algunos durante a\u00f1os. Otros durante toda la vida. Tal vez sea por eso por lo que mi padre afirmaba\u00a0 que nunca se acaba de conocer a las personas.\u00a0<!--more--><\/p>\n<p>Mi padre y su afici\u00f3n por hacer prisioneras frases ajenas. Registraba todas ellas en una libretilla que siempre llevaba consigo. De tanto en tanto, transcrib\u00eda su contenido a unos cuadernos pautados y numerados de forma rigurosa que descansaban, junto a centenares de libros, en la enorme librer\u00eda del cuarto habilitado como despacho. A menudo sospech\u00e9 que esa particular biblioteca del saber la ten\u00eda memorizada y el hecho de conservar aquellos cuadernos obedec\u00eda m\u00e1s a una costumbre irracional que a una posterior necesidad de consulta. Recuerdo que una de sus citas favoritas la hab\u00eda obtenido de un libro de esoterismo a los que tan aficionado era en su juventud. Rezaba algo as\u00ed como que la vida de las personas s\u00f3lo se justificaba por el esfuerzo que hicieran por comprender.\u00a0<\/p>\n<p>Comprender, entender. Acaso esa sea la clave necesaria para evadirme del\u00a0 laberinto de dudas en el que me encuentro. Estoy desconcertada, tan dolorosamente perdida que creo que lo mejor ser\u00e1 remitirme al principio. Pero \u00bfcu\u00e1l es? \u00bfcu\u00e1ndo comenz\u00f3 toda esta historia?\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Puede que para m\u00ed fuera aquella noche en la que \u00e9l lleg\u00f3 a casa un poco m\u00e1s tarde de lo habitual. Mam\u00e1 estaba en la cocina dando los \u00faltimos toques a la cena, embutida en su segunda piel en forma de bata rosa, arrastrando las zapatillas entre el fregadero y los fogones.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Recuerdo que cenamos bajo una atm\u00f3sfera densa, salpicada a ratos por comentarios intrascendentes.\u00a0 Argos, nuestro golden, en contra de su rutina, no cesaba de rozar su cara contra las piernas de mi padre y de vez en cuando lam\u00eda su mano. No se hab\u00eda separado de \u00e9l ni un segundo desde que hab\u00eda entrado por la puerta. Entonces record\u00e9.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; Por cierto, pap\u00e1 \u00bfno ten\u00edas que ir hoy a recoger los resultados de los an\u00e1lisis?\u00a0<\/p>\n<p>Pregunt\u00e9 casi a traici\u00f3n. Hubo un silencio inc\u00f3modo seguido de una repuesta imprecisa; est\u00e1 todo bien, un poco de estr\u00e9s, ya sabes; una contestaci\u00f3n demorada unos segundos que se me antojaron eternos; me conviene descansar unos d\u00edas, trabajar\u00e9 desde casa. Mam\u00e1 segu\u00eda mirando absorta el televisor.\u00a0<\/p>\n<p>La ambig\u00fcedad alimenta la imprudencia y conduce a la curiosidad. A la ma\u00f1ana siguiente, antes de ir a la universidad, abr\u00ed el malet\u00edn de mi padre. All\u00ed estaban los papeles del hospital con la realidad impresa a m\u00e1quina, la situaci\u00f3n irreversible, la renuncia expresa al tratamiento y\u00a0 un diagn\u00f3stico en cursiva: d\u00edas contados, no m\u00e1s de un mes.\u00a0 Un sello de tinta azulada y una firma ilegible lo certificaban.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Doce d\u00edas despu\u00e9s falleci\u00f3. La madrugada de un cuatro de mayo.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Unas horas antes, cuando pas\u00e9 a su despacho para darle las buenas noches, me mir\u00f3 por encima de sus gafas con una mezcla de dulzura y de serena aceptaci\u00f3n del destino.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; Me voy a dormir. \u00bfNecesitas algo, pap\u00e1?\u00a0<\/p>\n<p>No contest\u00f3. Termin\u00f3 de escribir unas l\u00edneas en el folio que ten\u00eda delante, lo meti\u00f3 en un sobre y, sin decir nada, me invit\u00f3 con una se\u00f1a a que me acercara. Sobre el techo y las paredes se difuminaba un mosaico de suaves colores procedentes de la l\u00e1mpara Tiffany del rinc\u00f3n.\u00a0 Afuera, la lluvia ara\u00f1aba los cristales en silencio.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Borde\u00e9 la mesa y me situ\u00e9 detr\u00e1s de \u00e9l. Acarici\u00e9 su pelo y sent\u00ed como se abandonaba al contacto de mis dedos. Permanec\u00ed as\u00ed unos minutos, tratando de expresar con mis manos las palabras que naufragaban en mi garganta. No quer\u00eda llorar. No quer\u00eda que me viera. Me agach\u00e9 a su lado y le tom\u00e9 la mano. Cog\u00ed el vaso de g\u00fcisqui que ten\u00eda sobre la mesa y se lo acerqu\u00e9 a los labios. Bebi\u00f3 apenas un sorbo, sin apartar un solo momento sus ojos de los m\u00edos. Con ternura me apret\u00f3 contra \u00e9l y pude sentir su coraz\u00f3n latiendo acelerado en mi mejilla. Lo abrac\u00e9 con fuerza, como cuando era ni\u00f1a y \u00e9l llegaba a casa al anochecer\u00a0 preguntando a voces:\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 mi princesa?\u00a0 \u00bfAlguien ha visto alguna princesilla por aqu\u00ed?\u00a0<\/p>\n<p>Y yo me situaba delante suyo, brincando, agitando los brazos para hacerme notar mientras \u00e9l simulaba que no me ve\u00eda hasta que, dando un grito de sorpresa, me alzaba hasta el techo y me dejaba caer en sus brazos, cubri\u00e9ndome de besos mientras yo deseaba con toda mi alma quedarme colgada de su cuello eternamente.\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; Papi, \u00bfhasta cuando podr\u00e1s alzarme alto, muy alto?\u00a0<\/p>\n<p>Su respuesta era invariable: Siempre, cari\u00f1o, siempre.\u00a0<\/p>\n<p>Luego, al terminar de cenar, me sub\u00eda a su espalda y me llevaba al dormitorio. Tumbado junto a m\u00ed, inventaba cuentos de pa\u00edses misteriosos y de h\u00e9roes con mantos m\u00e1gicos que les volv\u00edan invisibles. A menudo era \u00e9l quien se quedaba dormido y yo ten\u00eda que llamar a mam\u00e1 para que lo despertase.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Y ahora estaba all\u00ed, convertida de nuevo en su ni\u00f1a, m\u00e1s unida a \u00e9l de lo que nunca me hab\u00eda sentido. Dejando pasar los minutos en aquella penumbra tan deliciosamente acogedora, escuchando uno de sus discos de vinilo.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2018&#8230; dust in the wind, all we are is dust in the wind\u2026\u2019.\u00a0<\/p>\n<p>Antes de salir de la habitaci\u00f3n pronunci\u00f3 mi nombre, dubitativo. Me gir\u00e9 y vi que a\u00fan ten\u00eda en sus manos el sobre que acababa de cerrar. Alarg\u00f3 el brazo.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; Ven, Violeta. Coge esto. No preguntes nada, por favor. Ya lo entender\u00e1s.\u00a0<\/p>\n<p>Cerr\u00e9 la puerta del despacho con la carta en mi regazo, sabiendo que no volver\u00eda a verlo con vida. Lo encontr\u00e9 unas horas m\u00e1s tarde, alrededor de las tres de la madrugada, con la cabeza apoyada en los brazos sobre el escritorio. Parec\u00eda dormido. Comenz\u00f3 a llover en mis ojos.\u00a0<\/p>\n<p>La muerte es cruel, despiadada, soez. No s\u00f3lo nos arrebata a quienes m\u00e1s amamos sino que corrompe el tiempo, forma crep\u00fasculos permanentes, contamina los recuerdos, diluye la l\u00ednea que separa la vigilia y el sue\u00f1o. Espera paciente a que cerremos los ojos para proyectar en nuestra dolorosa a\u00f1oranza las im\u00e1genes de quienes nos dejaron. En este estado, adormilada en la soledad de la noche en el tanatorio, vi o cre\u00ed ver a un hombre de pie frente al f\u00e9retro de mi padre, observ\u00e1ndolo a trav\u00e9s del cristal. Ten\u00eda esa edad indefinida que poseen algunas personas cuyo pelo se vuelve cano de forma prematura pero conservan tersa la piel. Vestido con un impecable traje oscuro, manten\u00eda sus delgadas y p\u00e1lidas manos entrelazadas mientras sus labios se mov\u00edan de una forma casi imperceptible. Tal vez rezaba. Trat\u00e9 de salir de mi sopor, preguntarle qui\u00e9n era pero, antes de que pudiera decir nada, me mir\u00f3 un instante con sus ojos grises, gir\u00f3 sobre s\u00ed mismo caminando hacia la salida y se fundi\u00f3 con la oscuridad.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>********************<\/p>\n<p>Vaciar un armario es una forma de deshabitar la memoria.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Mam\u00e1 se decidi\u00f3 a hacerlo cuando las fuerzas volvieron a acompa\u00f1arla y abandon\u00f3 los sedantes. Arrodillada frente al ropero, iba depositando con mimo las prendas de mi padre en cajas de cart\u00f3n. De vez en cuando se acercaba\u00a0 alguna a la cara y permanec\u00eda unos segundos inm\u00f3vil, con los ojos cerrados, llen\u00e1ndose de recuerdos con su olor. Yo la observaba desde el quicio de la puerta.\u00a0<\/p>\n<p>Entonces sucedi\u00f3. Escondida tras una monta\u00f1a de calcetines grises, en el fondo del caj\u00f3n inferior, mam\u00e1 encontr\u00f3 la caja. Vi su gesto de sorpresa al ponerla delante de ella en el suelo; sus dedos nerviosos al levantar la tapa y descubrir el paquete de cartas atadas con una estrecha cinta verde; su boca tr\u00e9mula al abrir la primera; su rostro contra\u00eddo al leerla; sus ojos como lunas azules al asimilar su contenido; su espalda encorv\u00e1ndose por segundos. Y luego otra carta, y otra m\u00e1s, y otra. En un inquietante silencio, devorando con ansia las palabras, extrayendo sin control aquellas hojas repletas de una caligraf\u00eda pulcra y cuidada. Ley\u00f3 diez, tal vez quince, antes de ponerse en pie, trastabill\u00e1ndose, dejando que los sobres que a\u00fan ten\u00eda en las manos se precipitaran hasta el suelo mientras ella se derrumbaba en la cama sofocando su llanto con la almohada.\u00a0<\/p>\n<p>Durante unos instantes no supe qu\u00e9 hacer ni qu\u00e9 decir. Me acerqu\u00e9 al mont\u00f3n de cuartillas esparcidas frente al armario y comenc\u00e9 a leerlas. Todas ellas hab\u00edan sido remitidas desde Par\u00eds y estaban encabezadas con el nombre de esa ciudad y la fecha. Sin duda alguna, mi padre era el destinatario de aquellos p\u00e1rrafos. Su nombre se repet\u00eda por doquier precedido de los m\u00e1s sutiles adjetivos. Adorado J&#8230;., querido J&#8230;, mi muy amado J&#8230;\u00a0<\/p>\n<p>Mam\u00e1 grit\u00f3 desde la cama fuera de s\u00ed.\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Qu\u00e9malas! \u00a1Qu\u00e9malas todas!\u00a0<\/p>\n<p>Lo hice, no sin antes haber procedido a ordenarlas y a leerlas con detenimiento. La m\u00e1s antigua estaba escrita unas semanas antes de la boda de mis padres. La m\u00e1s reciente databa de un par de meses atr\u00e1s. Cartas hermosas, celdas de papel ambarino que encerraban palabras delineadas a pluma y repletas de una conmovedora prosa que hechizaba los sentidos; trazos de tinta que pose\u00edan el misterioso encanto de saber deslizarse entre los pliegues de la raz\u00f3n y posarse como p\u00e1jaros incorp\u00f3reos muy cerca del lugar donde todo nace. Nadie escribe con tanta delicadeza si no ama desde lo m\u00e1s hondo de s\u00ed mismo.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Comprend\u00ed entonces que en aquellas hojas estaba la justificaci\u00f3n de sus prolongadas ausencias por viajes de trabajo, la respuesta a sus noches de insomnio encerrado en el despacho y la explicaci\u00f3n de sus ambiguos y profundos silencios.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>********************<\/p>\n<p>Los d\u00edas transcurren ahora con una cadencia espesa.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Argos est\u00e1 desconcertado. Olisquea aqu\u00ed y all\u00e1 para terminar recostado en la alfombra del despacho con la cabeza entre sus patas y las orejas ca\u00eddas. Un ligero gru\u00f1ido se le escapa de vez en cuando.\u00a0<\/p>\n<p>Mi padre confinado en su sue\u00f1o eterno, ajeno a todo en la opresiva oscuridad de un arc\u00f3n de roble, convirti\u00e9ndose como sus cartas en cenizas. Igual que la nota que deposit\u00e9 entre las flores de su f\u00e9retro a modo de despedida.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Mi madre languidece en su dormitorio, sentada en la mecedora de la abuela, apag\u00e1ndose\u00a0 con cada atardecer, con la mirada vac\u00eda y perdida en alg\u00fan punto del cuadro de Tamara de Lempicka, en donde una bella mujer enredada entre gasas rojas y gladiolos blancos parece lamentar el haber sido durante m\u00e1s de tres d\u00e9cadas mudo testigo de un amor que nunca lo fue. Ya no llora.<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfY qu\u00e9 puedo decir de m\u00ed? Arrinconada en el v\u00e9rtice formado por la l\u00ednea del desencanto y la del dolor que se ha instalado como un inc\u00f3modo inquilino en mis entra\u00f1as. Incapaz de saber c\u00f3mo debo manejar a partir de ahora las piezas de este rompecabezas, dejando escapar palabras entintadas sobre el papel con la vana esperanza de que se desvanezcan las sombras que me rodean.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Jam\u00e1s sabr\u00e9 por qu\u00e9 mi padre no se deshizo en sus \u00faltimos d\u00edas de aquellas cartas, ni por qu\u00e9 represent\u00f3 durante toda su vida el papel de esposo perfecto y el de amante furtivo de forma simult\u00e1nea. Ahora ya no importa. De lo que estoy segura es que ten\u00eda raz\u00f3n cuando afirmaba que nadie conoce a nadie.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 &#8211; Ven, Violeta. Coge esto.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>La carta,\u00a0 su \u00faltima carta; la que me entreg\u00f3 aqu\u00e9lla noche fijando sus ojos suplicantes en m\u00ed, mientras sus manos temblorosas abrazaban las m\u00edas. Dormida en el fondo del caj\u00f3n de mi mesilla, guardando las palabras que conforman el puente entre el deseo de conocer y el miedo a encontrar las respuestas.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; No preguntes nada, por favor.\u00a0<\/p>\n<p>Y en alguna parte el hombre de pelo canoso que cre\u00ed haber imaginado en el tanatorio; tan real como lo soy yo. A ratos me pregunto c\u00f3mo se sentir\u00e1 y si tambi\u00e9n hubiera deseado dejar un postrero mensaje escondido en el ramo de flores para su amado.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>&#8211; Ya lo entender\u00e1s.\u00a0<\/p>\n<p>No, pap\u00e1. No lo entiendo. A\u00fan no.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><em>(A la memoria de mi padre)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos guardamos secretos. Algunos durante a\u00f1os. Otros durante toda la vida. 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